Nada es demasiado insignificante.
No debemos apartarnos de las tareas humildes porque son
trabajos que nadie quiere hacer.
Somos tan pequeños, que miramos todo desde una óptica
de pequeñez. Pero el Señor, siendo todopoderoso, ve
hasta lo más pequeño como grande.
Por lo tanto, aun si sólo le escribes una carta a un
hombre ciego que no lo puede hacer por sus propios
medios, o si simplemente te sientas junto a él y lo
escuchas, o llevas una carta al correo para otro, o
regalas un ramillete de flores a alguien -todas éstas
son pequeñeces- o lavas la ropa para alguien o le
limpias su casa, para El no serán pequeñeces.
Tu y yo debemos dedicarnos a las tareas más humildes.
Hay mucha gente que puede hacer grandes cosas.
Pero son muy pocos los que están dispuestos a dedicar
su vida a estas pequeñeces.
Madre Teresa de Calcuta