UN OVNI EN ALTA MAR
Océano Atlántico, 1975


Cuando menos se espera, salta la liebre. En esta ocasión la liebre era un nuevo caso OVNI, totalmente inédito y desconocido para la comunidad ufológica.

Me hallaba en enero de 1994 realizando ciertas gestiones encaminadas a obtener información adicional sobre un caso OVNI, cuando uno de los interlocutores con los que establecí contacto se ofreció, aunque con ciertas reticencias, a explicarme un avistamiento del cual había sido testigo presencial unos veinte años atrás.

Mi informante, actualmente capitán de marina y desempeñando un cargo directivo, me narró todo lo que le había quedado grabado en la memoria del insólito acontecimiento que vivió. Dado que no desea ningún tipo de protagonismo, silenciaré su identidad, aunque ésta consta en mi archivo.

 

 

UN OBJETO METÁLICO SOBRE EL MAR

 

En una fecha indeterminada, que podría ser hacia agosto de 1975, el buque de carga y pasajeros «Villa de Bilbao», de unas 9.000 toneladas de desplazamiento, perteneciente a la flota de la compañía de bandera española Transmediterránea, navegaba tranquilamente desde Santa Cruz de la Palma (Islas Canarias), hacia su destino en Vigo (Pontevedra, Galicia).

La meteorología era buena, con nubes y claros, la visibilidad perfecta y el sol se estaba ocultando en el horizonte oeste.

Entre las 19 y las 20 horas, el «Villa de Bilbao», con unos 130 pasajeros a bordo, se hallaba en pleno Océano Atlántico, aproximadamente en la posición 34º Norte de latitud y unos 15º Oeste de longitud, es decir, algo al nordeste de la portuguesa Isla Madeira.

En esta situación, de repente en el puente de mando el timonel avisó excitado a nuestro informante, el por entonces Tercer Oficial F.S., que estaba de Oficial de Guardia, pudiendo observar este un extraño objeto situado a unos 200 o 300 metros de distancia al lado de babor (izquierdo) del buque.

Se trataba de un objeto de apariencia metálica brillante, en forma de puro y de unos 15 metros de longitud por unos 2,5 metros de altura, que se desplazaba a unos 10 metros de altura sobre la superficie del mar, en paralelo al barco y manteniendo la misma dirección y velocidad de unos 14 nudos (unos 26 Km/ hora) que éste.

El objeto se movía silenciosamente en trayectoria rectilínea, sin cambios de dirección, altura o velocidad.

Al cuerpo del objeto no se le veían detalles estructurales: era completamente liso y no desprendía estelas o humos.

El radar del buque no estaba en funcionamiento al encontrarse el barco en mar abierto y con una excelente visibilidad, lo cual no hacía necesaria su utilización, pero de estar en servicio posiblemente no hubiera captado el objeto por la cercanía.

Los testigos, aunque disponían de prismáticos en el puente de mando, no atinaron en esos momentos a usarlos para efectuar una mejor observación del objeto, el cual también fue avistado por el capitán y otros tripulantes y, posiblemente, por algunos pasajeros desde la cubierta.

No se produjeron alteraciones de ninguna clase en los instrumentos del barco.

Desde el puente de mando, tanto el Oficial de Guardia como el timonel estuvieron observándolo, con cierto asombro, ya que desconocían el origen y naturaleza del extraño artefacto, durante unos tres minutos, tras los cuales el objeto aumentó bruscamente la velocidad y desapareció con una celeridad calificada de -espantosa-, en la misma dirección que llevaba hasta entonces.

A pesar de tratarse de un acontecimiento anormal, el hecho no se hizo constar por escrito en el diario de navegación del buque.

Finalmente, diremos que el «Villa de Bilbao» causó baja en la compañía Transmediterránea en 1980.

 

JOAN PLANA

 

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