OVNIS EN EL SUR DE PALENCIA
1990

 

 

La fecha del 11 de Septiembre de 1990 quedará fijada en la mente de varios vecinos de la palentina localidad de Cevico de la Torre, como consecuencia de un avistamiento OVNI sucedido en las afueras de la población.

Si un importante tanto por ciento de las observaciones incorporadas al archivo del CEI están integradas por sucesos nocturnos en los que los testigos explican el haber visto luces en el cielo, en esta ocasión se trata de una observación a plena luz del día.

Las luces nocturnas dicen poco en relación con el aspecto, la forma y los colores de lo que provoca el susto o la expectación. A lo sumo se puede hablar de luces cegadoras, resplandores de colores o del paso fugaz de una etérea luminiscencia.

Una observación diurna, aunque sea con una duración de escasos segundos, es siempre agradecida por quienes venimos interesándonos por este Fenómeno, ya que consecuentemente aporta preciosos detalles que nos acercan más a las vivencias de los testigos.

 

EL SUCESO

Gregorio Merino es el típico labriego castellano que a sus 68 años de edad ha vivido entrañablemente unido a sus resecos campos. La mañana del día 11 de Septiembre de 1990, a las 10:30 horas, se dirigía, caminando por la carretera que une su pueblo con Tariego de Cerrato, con intención de comprobar el estado de sus majuelos, cuando tuvo la oportunidad de observar como un extraño objeto volante sobrevolaba el lugar a escasa altura.

Al recordar el hecho declaró:

"No me asusté para nada cuando vi un aparato muy raro como era ése. Estaba gustoso de verlo, porque no lo había visto nunca. No tuve miedo y me llamó la atención. Ahora, que si baja alguien del mismo, me hubiera defendido. Pero la verdad es que no tenía miedo ninguno, porque por ahí pasa mucho personal y está muy cerca del pueblo".

El segundo relato del testigo ofrecía detalles como:

"la mitad era más claro y lo otro me parecía entre verde y azul. Brillaba bastante, pero luces no vi ninguna y el reflejo de ello, como iba a mucha velocidad, no me hacía daño a la vista. Resplandecía mucho, como cuando encienden por la noche los faros de un coche y no te deja distinguir lo que es".

El testigo da a entender que el objeto giraba sobre si mismo a gran velocidad y que emitía una suave luz propia.

Gregorio Merino añade:

"de grande a lo primero, según iba al lado del rastrojo del Recaudador, cerca del camino del cementerio, era como un niño grande cuando va montado en una bicicleta de esas que les compran terciadas. Luego cuando se acercó, era más grande que yo".

El testigo declara que no vio a nadie dentro:

"lo único que se distinguían eran como unos cables negros. Si no va conducido por una persona iría en una sola dirección y llegaría a estrellarse. Para mi que iba alguien dentro. No levantaba ni polvo, ni hacía ruido alguno. Iba y venía a flor de las pajas del rastrojo, a una cuarta del suelo".

Lo que debió querer significar el testigo con esa explicación un tanto embarullada, es que el objeto parecía ir conducido de forma lógica y que sus evoluciones nada tenían de erráticas. En cuanto al tamaño, deducimos que debía de tener unos tres metros de alto.

El avistamiento se efectuó a escasos metros de una línea telefónica. Según las palabras de Gregorio Merino:

"La última vez que venía hacia la carretera estuvo a una largura de unos 10 metros de donde estaba yo. El no se posó y tampoco estaba quieto. Iba y venía muy deprisa, muy derecho y no hacía curvas. Seguro que no lo ha visto nadie a pleno día y tan cerca del pueblo tampoco. Cuando vino a la altura de los cables del teléfono, que hay al lado de la carretera, me pareció una cosa más grande que yo".

Con el objeto de buscar testigos por temor a que nadie hiciera caso de sus palabras, Gregorio Merino decidió detener a los vehículos que en esos momentos circulaban por el lugar:

"Cuando se puso tan cerca paré a dos coches que pasaban, para que vieran lo que estaba viendo yo, a ver lo que les parecía que era. Y también para que no pensaran luego que era una chochera mía".

El segundo testigo de este singular suceso fue el industrial de Cevico de la Torre, Vicente Medina Calleja. Este vecino detuvo su automóvil ante las señales que le hacía Merino:

"El hecho ocurrió sobre las 10:30. Yo marchaba a Palencia con el coche cuando Gregorio me hizo señales para que parara, a la vez que señalaba el objeto que estaba viendo. Recuerdo que tenía forma de un globo y empezó a levantarse tomando bastante altura. Volvió hacia nosotros otra vez y al llegar más para acá del camino del cementerio, me dio la impresión de que llegó a posarse sobre el rastrojo. Luego se levantó nuevamente para iniciar un giro en dirección a Valle del Cerrato, para dirigirse seguidamente hacia lo que nosotros llamamos el Murallón. Lo cierto es que a una determinada altura desapareció totalmente y ya no lo vimos más".

En cuanto al aspecto, este testigo menciona que sólo tenía dos colores, el azul y un color como de madera clara, siendo su brillo moderadamente fuerte. También queda claro que carecía de puntos de luz y que era totalmente liso y que siempre conservó la verticalidad.

El industrial ceviqueño aseguró que:

"no era un globo ni nada parecido, que no había dejado ningún rastro en el suelo y no emitió ningún tipo de ruido y que no levantó polvo alguno a pesar de moverse tan cerca del suelo".

Otro testigo que quiso permanecer en el anonimato, declaró que también fue detenido por Gregorio y que pudo ver:

"un objeto muy extraño de forma elíptica y con bastante brillo".

Al ser entrevistado en presencia de su padre, este último mencionó que estando ese día en el campo, observó el paso de algunos aviones del Ejército:

"concretamente se trataba de dos F-18 y un Mirage, que se desplazaban en una trayectoria que iba desde Tariego a Valle de Cerrato".

Dado lo manifestado por este último vecino, el encuestador local se puso en contacto con el Ejército del Aire, quienes les aseguraron que los únicos vuelos que se había registrado coincidiendo con el día y la hora del avistamiento y sobre esa provincia, correspondían a dos F-18 y un Hércules, aparatos que efectuaron maniobras de repostaje en vuelo, lo que es una operación normal en el seno de las Fuerzas Aéreas españolas. Concretamente, la citada maniobra comenzó a realizarse en la zona el martes, día 11, a partir de las 10 horas de la mañana.

 

SUCINTO ANÁLISIS PROVINCIAL

Comencemos por apuntar que la provincia de Palencia es una circunscripción de baja densidad de población y que buena parte de ella se halla concentrada en la capital, habiendo quedado el campo francamente despoblado.

En el archivo del CEI hallamos referencia de 22 observaciones palentinas, de las cuales 6 revelan que OVNIS se posaron en el suelo o se desplazaron muy cerca de él. Por otra parte, tres de estas observaciones tuvieron efectos sobre los testigos, produjeron efectos electromagnéticos o persiguieron automóviles o tractores:

22-11-1968. Boadilla del Camino. Tipo I y persecución de un tractor.
30-11-1968. Sur de la provincia. Tipo I.
10-12-1968. Olleras del Pisuerga. Tipo I.
30-12-1968. Dueñas. Tipo I y persecución de un coche con efectos electromagnéticos.
25-03-1969. Renedo de Valdavia.Tipo I.
¿?-11-1974. Fromista. Tipo I con efectos sobre el cuerpo del testigo.

Palencia es una provincia que presenta una figura vertical con 130 km de longitud Norte-Sur y 60 km Este-Oeste.

Si situamos los 22 casos sobre su geografía, veremos que 3 de ellos se produjeron en el tercio norte, 7 en el central y 11 en el tercio sur, siendo precisamente en ese área en la que se situa la población de Cevico de la Torre.

De estos 11 casos del sur, 5 se dieron en Dueñas y sus alrededores, 3 en Palencia ciudad, 1 en Astudillo, 1 en Tariego y el que comentamos de Cevico de la Torre.

Tomando como referencia esta última población, diremos que Dueñas dista únicamente 12 km, Tariego 9 km, Palencia 22 km y Astudillo a casi 40 km (todas estas distancias en línea recta).

Añadamos que la observación del 30 de Noviembre de 1968 habla de varios avistamientos realizados en lugares imprecisos, todos ellos situados al sur de la provincia, y que en las notas de prensa relacionadas con el caso de Cevico de la Torre, se citan otros casos ocurridos en esa zona (sabemos por experiencia propia que cuando se acude a una localidad con el fin de investigar un caso, durante la conversación con los testigos éstos manifiestan que a través de los tiempos otras personas de la población también han sido testigos de observaciones).

Un análisis más profundo y tomando referencias de las provincias limítrofes (Valladolid en este caso), quizás revelaran nuevas observaciones cercanas. Pero este trabajo está fuera del propósito del autor, que únicamente lo tenía de entresacar un caso más o menos reciente de nuestro archivo.

 

PERE REDON

 

 

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