PRENSA
Aquello venía a rumbo de colisión

JUAN I. LORENZO TORRES
Tengo 65 años y he volado durante 40 en el Ejército, en Iberia y ahora dirijo una escuela de pilotos. Nací en Madrid, mi padre era general de aviación. El día que avisté un ovni desde mi avión no pude dormir: no he dejado de pensar en aquello durante este tiempo. Acabo de escribir «Destino Cielo», sobre todos mis años de piloto y aquel encuentro.
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¿Por qué ahora se empeña en recordar aquellas luces?
Creo que a mucha gente le gustará saber que mi tripulación y yo vimos algo que todavía nadie me ha sabido explicar.
¿Cuándo?
Era el 4 de noviembre de 1968 a las 18 horas y 23 minutos.
¿Dónde?
En la vertical de Sagunto, Valencia. Yo era el comandante de un Caravelle 6-R, un aparato muy moderno entonces, que cubría el vuelo de Iberia IB 249 Londres-Alicante. No hubo ninguna incidencia hasta que nos acercamos a Barcelona. A unas 100 millas, el control de Barcelona nos ordenó abandonar el nivel 310 -31.000 pies- y que descendiéramos al nivel 280.
¿Por qué?
Venía un British Caledonia en sentido opuesto. Así que nos ordenaron descender para evitar la posibilidad de colisión.
¿Y...?
Bueno, yo había ordenado la cena y teníamos las bandejas ya en cabina, pero a ese nivel estábamos en las barbas de las nubes que producen una turbulencia ligera, aunque incómoda. Era desagradable cenar así. Pedí al segundo piloto que alertara la vigilancia exterior para ver si veía el tráfico opuesto y podíamos volver así a nuestro nivel para cenar tranquilos.
¿Lo vio?
Creíamos que sí. Dijo: "Ya lo tengo a la vista", pero lo que vimos entonces fue un fogonazo y una luz que venía contra nosotros a una velocidad impresionante.
¿Susto?
Y miedo. Aquello venía a rumbo de colisión.
¿Qué hicieron?
Tiramos las bandejas y nos quedamos boquiabiertos mirando aquella luz cegadora que no era nada habitual. Llamamos a la azafata para que mirara también aquello. Ninguno de nosotros sabíamos qué podía ser.
¿Qué hizo la luz?
Se quedó a 10 metros del morro de mi avión. Subía y bajaba y se movía a derecha e izquierda, pero siempre volvía allí, a 10 metros del morro de mi avión.
¿No llamó al control de Barcelona?
Bueno, no era tan fácil. ¿Qué podía decir? Todos tenemos sentido del ridículo. Intenté hablar con el objeto en inglés y en español. Después llamé al control, al VOR de Barcelona, y pregunté si había tráfico en la zona. Me dijeron que su cobertura de radar sólo alcanzaba 60 millas.
¿Y qué hizo usted entonces?
Llamé por el canal de emergencia 121.5 para que todas las aeronaves que pudieran estar cerca se comunicaran con nosotros.
¿Y después?
Todos
mirábamos las luces. Había una luz grande y dos pequeñitas a
los lados. Intenté establecer un código primario de
comunicación con mis luces de aterrizaje.
Dije en español: "Enciendo y apago dos veces es no;
enciendo y apago una vez es sí".
¿Y se entendieron ustedes?
Yo creo que sí. Les hice varias preguntas, entre otras: "¿son amigos o enemigos?".
¿Qué respondieron?
Había lógica en sus movimientos.
¿Cuánto tiempo duró el avistamiento?
Algo más de diez minutos.
Eso es mucho tiempo.
Sí.
¿Qué hizo usted al aterrizar?
Aquella noche todos dormimos mal, como me dijo mi tripulación al día siguiente. Todos hicimos un pacto de silencio, pero el jefe del control de Barcelona, el teniente coronel Aleu, me llamó al aterrizar en El Prat y me dijo que la cobertura de radar del este español había registrado esos ovnis. Le pedí una copia de estos registros y me la dio.
¿Tiene esa copia?
No, porque, cuatro meses después, otro Caravelle pilotado por el comandante Ordovás hizo otro avistamiento en la misma zona... ¡viajando con el mismo ingeniero de vuelo, José Cuenca!. La noticia trascendió porque la azafata de aquel vuelo tenía un novio periodista.
Y se difundió el rumor.
Sí. Me empezaron a llamar los periodistas y a los cuatro meses se presentaron en mi casa el teniente coronel Ugarte y un jurídico y me requisaron aquella copia.
Vaya.
Después de instruir la causa del avistamiento, el teniente coronel Ugarte concluyó que lo que habíamos visto mi copiloto, el ingeniero, la azafata y yo era... Venus.
¿Venus?
Sí, Venus. ¡Había tenido a Venus pegado al morro de mi avión! ¡Y yo sin enterarme!
¿Por qué dijeron eso?
Supongo que en su cultura militar es muy embarazoso no encontrar una explicación a algo: Venus era una solución como otra cualquiera.
¿Y usted qué cree?
Yo creo que pudo ser -¿por qué no?- una nave o lo que fuera de otros seres vivos extraterrestres. Cuando la inteligencia militar desclasificó los documentos del avistamiento eché en falta en ellos los registros de los radares. El teniente coronel Aleu me dijo que los radares habían registrado tres ovnis.
¿Cree usted en ellos?
Creo que aquel día vimos algo de otra cultura no terrestre.
¿Tiene algún otro dato?
Daría lo mismo. Los que mandan negarán lo que ven antes de aceptar que no pueden explicarlo ni controlarlo. Y, desde luego, ¡no era Venus!.
LLUÍS AMIGUET
Fotografía: PEDRO MADUEÑO
Publicado en LA VANGUARDIA
14-07-2000
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