PORQUE NO PUEDEN EXISTIR
LOS OVNIs
En nuestro afán de recurrir al archivo del CEI en busca de antiguos textos de destacados investigadores, hemos topado con uno de los primeros artículos publicados por nuestro compañero Vicente-Juan Ballester Olmos en la revista «ALGO», en el número de la primera quincena de Mayo de 1968.
Vicente-Juan que con los años ha ido dando a conocer su pensamiento acerca de los OVNI a través de multitud de trabajos, entre ellos media docena de libros, molestó con el trabajo que hoy reproducimos a un sector de los miembros del CEI de aquella época, y en especial a nuestro compañero Lluis María Vallés Tuset (1910-1985), apasionado integrante de nuestra entidad que con una vehemencia digna de encomio defendía en aquel tiempo la procedencia extraterrestre del fenómeno OVNI.
Siempre recordaremos que le molestó en sobremanera la aparición de este artículo, tachando de traidor a su autor (al que todavía no conocía personalmente), por considerar que de algún modo Vicente-Juan se ponía al lado de los detractores.
El amigo Vallés Tuset dejo el CEI allá por el año 1979, un tanto defraudado por el giro que ya por aquel entonces había tomado la temática de los OVNI, y nos cuesta imaginarnos lo que diría hoy cuando el tema ha perdido muchísimo del interés que gozaba entonces y, sobre todo, por el escepticismo con que los «mayores» lo vemos hoy.
Por esto, y por la amistad que nos une con el autor, en cuanto abrimos el archivo y dimos con este texto nos decidimos de inmediato reproducirlo, pensando que han pasado casi treinta y cinco años desde que vio la luz.

Revista «Algo».
Mayo de 1968
El autor de
este artículo se ha propuesto presentar, de manera totalmente
impersonal, las teorías en contra del asunto de los «platillos
volantes» adoptando la posición mantenida por los detractores
apriorísticos de los «discos voladores».
El se reserva su opinión ante el problema, opinión que ya ha
sido antes expuesta desde estas páginas. Así se elimina toda
posible polémica pública, si bien queda a disposición de todo
lector que desee, siempre en comunicación privada, intercambiar
puntos de vista sobre el particular.
Hace más de veinte años que la prensa mundial -con cierta periodicidad- habla en sus diarias columnas de «marcianos», «platos voladores» y de otras noticias de esta índole que, bien colocadas en primera página y acompañadas de apropiado boato editorial, dan un fuerte empujón a la tirada del día, aunque no se puede negar, si queremos escribir objetivamente, que los testimonios de una gran cantidad de personas parecen ser verídicos a juzgar por la categoría -incluso tecnológica- de las mismas, pues también científicos constan entre los afortunados videntes.
Así anunciado, podemos preguntarnos:
¿Cual es el fondo de todo este magnifico aquelarre?. ¿Conduce todo ello a algo positivo?.
Creemos que no.
Nuestra atmósfera es rica en efectos ópticos; el reflejo solar producido sobre las alas, o el fuselaje de un avión en vuelo da sensación de ser la imagen de un disco volante luminoso, y si a esto agregamos la ausencia de cualquier sonido por la distancia, ya tenemos un «platillo volante»; en ocasiones en la madrugada o al caer la tarde se forman cúmulos dispersos y algunas de estas nubes presentan formas lenticulares, las cuales, fotografiadas convenientemente, nos hacen pensar en «platillos volantes»; las estrellas fugaces, cuyo número se incrementa en los meses de julio y agosto, y que llegan a ser de centenares de miles diariamente; los bólidos, meteoritos que abordan la Tierra con un ángulo bastante raso lo que permite que sean vistos durante un largo periodo cruzando en ignición las capas de la envoltura terrestre, proporcionan la imagen perfecta de un cuerpo brillante desplazándose por el espacio.
Precisamente este efecto, el de un cuerpo en estado de incandescencia al entrar en la atmósfera, produjo la noche del 17 de julio de 1967 (el pasado verano) un gran revuelo en toda Europa.
Se pensó, y así lo han admitido varios centros de investigación de los Objetos No Identificados de este continente, en una nave de origen no terrestre.
Afortunadamente, tanto «Comisiones ONI» realmente científicas, una de ellas en España (Valencia), como observatorios y los partes soviéticos anunciaron que se había tratado del satélite ruso «Cosmos 168», cuya órbita no fue alcanzada y se desintegró en su fallida reentrada, dejando un trazo luminoso desde Inglaterra a Italia.
Podemos seguir enumerando fenómenos producidos en nuestro próximo cielo y que se asemejan notablemente al tipo medio de «disco volador».
Los meteoros eléctricos, el rayo, cuya acción suele ir acompañada de efectos lumínicos; las N.L.C. o Nubes Noctilucientes de los países nórdicos, tan en boga su actual estudio, pueden igualmente confundir o alentar las «visiones» de muchos, ya que son uno de los interrogantes de nuestras capas aéreas y se presentan en plena noche con una luminosidad característica a más de 80 kilómetros de altitud; los «Gegenschein» o contraluz, luz semejante a la zodiacal, pero de proporciones más reducidas y que, en vez de tener forma triangular, es semielíptica, suele tener unos siete grados de amplitud, y se desplaza siguiendo la eclíptica a unos 180 grados de distancia al Sol.
Generalmente observaciones de estos fenómenos son la fuente de inspiración de todas aquellas personas con deseos publicitarios e inclusive económicos, pues conocidos son los pingües beneficios que obtienen «caballeros» como G. Adamsky (cuyo teatro culminó en 1965, al fallecer en Norteamérica de un ataque cardíaco), H.Mergerm y demás.
Satélites artificiales tales como el ECO I y II (30,48 y 41,15 metros de diámetro) y el Pegaso I (32 metros de largo) han llegado a confundir a astrónomos y astronautas por no poder identificar debida mente su posición y distancia.
Podemos hablar, igualmente del aspecto psicológico y sociológico del problema.
Existen unos factores que encaminan a las mentes, no precisamente las más lúcidas, a esperar en los extraterrestres, visto el desarrollo de la política, el régimen social, económico, etc., de nuestro mundo.
Una verdadera psicosis colectiva
se ha adueñado de parte de la humanidad, que tiende a confiar en
los
«platos voladores».
De aquí que abunden los falsos testimonios, las apreciaciones totalmente subjetivas de los hechos físicos; observaciones de globos-sonda, de investigación cósmica y meteorológica, cuyos tamaños y formas son tan dispares; arquetipos de la aviación, etc.
Así, el nombre de «platillo
volante» se encuentra en todas las latitudes: «Letaiusche
Tarélki» en Rusia,
«Flying Saucer» en los países anglosajones, «Soucoupe
Volante» en Francia y «Dischi Volanti» en Italia,
por no mencionar más que cuatro denominaciones.
El célebre psicólogo suizo Gustav Yung, a propósito de los «platillos volantes», dijo:
«La gente ve realmente algo, y estas apariciones no son explicables de ninguna manera como hechos psíquicos colectivos».
Pero lo que el doctor Yung parece ser no introdujo en este estudio para llegar a tal conclusión es que el público tiene afición perversa a todo lo que encierra peligro, y llega a persuadirse de la intrusión de naves espaciales en nuestro Globo.
Una prueba que lo demuestra y ya deducible de lo expuesto en el párrafo anterior, es la tendencia a mitificar el asunto de los Objetos Volantes No Identificados.
Un ejemplo lo tenemos en la proliferación de sociedades fundamentadas en los aspectos místicos y pacifistas que se desprenden de los «platillos volantes».
Citábamos antes los modelos aeronáuticos como ingenios capaces de llevar al equívoco, pues debido al extraordinario avance técnico de hoy, nacen toda clase de máquinas voladoras.
Mencionaremos los aviones V.T.O.L. (Vertical Take-Off and Landing: Aterrizaje y Despegue Vertical), que se construyen en los talleres de toda importante empresa de Europa y América, con una autonomía de vuelo mayor.
Otros, son susceptibles de presentar al espectador ocasional, su especial forma, como el M-2 planeador sin alas del Centro de Investigaciones Ames, de California, con una longitud de seis metros, una altura de tres y una anchura de cuatro. Como el aparato es plano por arriba y de panza curva los observadores lo han comparado con una bañera o una cucaracha boca arriba recordemos, también, al planeador Flex Wing, de material flexible, recubierto de plástico unido a una quilla con unos rebordes delanteros en forma de flecha o en V, igual que la superficie de una cometa.
No hablaré, por no extenderme demasiado, sobre los helicópteros y autogiros, que contribuyen igualmente al paroxismo platillófilo.
El profesor Félix Cernuschi, director del Departamento de Física de la Facultad de Ingenieros de Buenos Aires (Argentina), siguiendo las teorías de Menzel, explica las observaciones como resultado de «una ilusión óptica producida por la reflexión total de la luz al atravesar capas de aire de una densidad distinta.
Esto da una imagen invertida, es decir, produce un vulgar «espejismo» y afirma, llenando rápidamente una pizarra de fórmulas matemáticas, que tampoco cumplen las leyes físicas fundamentales en las apariciones y menos en las maniobras a alta velocidad que, según los testigos harían los «platos voladores».
Rebate la posibilidad de que éstos cuenten con un campo gravitatorio propio -lo que explicaría su extraordinaria capacidad de maniobra- con una respuesta terminante:
«Esto es
imposible, las leyes físicas se cumplen aquí y en cualquier
parte del Universo».
«¿Que vienen del espacio exterior?».
«Una tontería. Actualmente las observaciones constantes de la
bóveda terrestre tornan imposible que cualquier objeto espacial
pueda aproximarse a la Tierra sin ser detectado por la Red
Smithsoniana de observaciones astronómicas.
Si se detectan los satélites, ¿por que no los platos?.
Sencillamente porque no existen».
Entremos ahora en lo que concierne a la posibilidad de vida extraterrestre.
Podemos descartar, casi a priori, todo indicio de vida racional en nuestro sistema solar.
En él, y según las modernas hipótesis y los últimos descubrimientos, sólo pueden encontrarse en los distintos planetas moléculas orgánicas, ya que las condiciones ambientales no permiten el nacimiento de formas que no sean las prebiológicas y de ninguna manera una sociedad evolucionada hasta el grado de construir y dirigir los Platillos Volantes, sus naves espaciales.
Esto supera la realidad científica y se adentra en los terrenos de la Ciencia-Ficción, lujo que no puede ni debe permitirse ningún científico.
No queda más que explicar la venida de los «platillos», así de familiares ya los tratamos, procedentes de otros sistemas intergaláticos, pero he aquí que las estrellas más cercanas a la Tierra (Tau Ceti y Epsilon Eridani) se encuentan a 11 años luz (105 billones de kilómetros), lo que significa que si una nave interplanetaria pusiera rumbo a nuestro Globo marchando a la velocidad de la luz (300.000 kilómetros por segundo, de todo punto imposible después de la generalización de la Teoría de la Relatividad restringida a A. Einstein), tardaría en llegar a su objetivo, 11 años.
Nos encontramos, pues, en el límite de lo pensable.
V. J. BALLESTER OLMOS
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BOLETÍN Nº29
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