Editorial

A PROPOSITO DE OTROS MUNDOS . . .


Este pasado mes de agosto hemos tenido ocasión de acceder a un acontecimiento único en la historia de la Humanidad: lo que puede ser la constatación del hecho de que la vida fuera de la Tierra es posible.

Científicos norteamericanos (¡cómo no!) publican su descubrimiento, a saber, la existencia de estructuras unicelulares en un meteorito procedente de Marte.

Los que estén a favor de la existencia de extraterrestres pueden echar las campanas al vuelo. Este hallazgo pone la primera piedra en este fantástico edificio. ¡Ya lo decía yo!, ¡No íbamos a ser los únicos!.

No obstante, debemos tener en cuenta varios detalles, sin ánimo de tirar por tierra las ilusiones de nadie (cada uno es muy dueño de creer lo que quiera).

En primer lugar, se trata de estructuras unicelulares, muy parecidas a nuestras actuales bacterias terrestres (sí, esos pequeños seres a los que no hacemos ningún caso, excepto cuando son las causantes, reales o no, de enfermedades. Entonces las atacamos -o lo intentamos, al menos- con antibióticos).

Ello significa, ni más ni menos, que estamos hablando de los primeros estadios de la evolución, tal como la entendemos hoy día y que estos organismos están a años luz de asemejarse a los seres que supuestamente provocan abducciones o visitan a pacíficos ciudadanos en su dormitorio.

En segundo lugar, este meteorito, aunque descubierto hace sólo 13 años, se desprendió de Marte millones de años ha, estuvo errando por el espacio sideral y se estrelló en la Antártida al final de la prehistoria. Los científicos afirman que las moléculas orgánicas que contiene no son terrestres, porque hay mayor cantidad en el interior que en la superficie del meteorito. ¡Pero eso es solamente una especulación!.

Es lástima que no llevara incorporada una caja negra, así podríamos resolver el misterio. No obstante, respiremos tranquilos. Papá América ya ha anunciado su decisión de reactivar para tal fin su programa espacial.

Mª LUISA ROMERO




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