OVNIS: ENCUENTROS DE FOTOGRAFÍA DE ARLES

Este verano se ha celebrado en Arles una exposición de fotografías de OVNIS en los Encuentros Internacionales de Fotografía ("Rencontres Internationales de la Photographie").
Gracias a la colaboración del Centre d'Art de Santa Mònica tuvimos cumplida información y acceso al catálogo de la exposición, redactado por Joachim Schmid y traducido del alemán al francés por Peter Krauss, titulado "Documentos Enigmáticos. Fotografías de OVNIS".


 

Bajo estas frases el autor analiza la evolución del fenómeno OVNI en base a los documentos gráficos existentes a lo largo de su historia.

De entrada, la exposición tiene como objeto algo para nosotros desconocido, lo cual plantea una dicotomía lógica: o bien argumentamos que los OVNIS existen, ya que han sido fotografiados, o bien las fotos sobre este tema son todas falsas o ilusiones de los sentidos, puesto que el objeto supuestamente fotografiado no existe.

La conclusión no es concluyente, pues esta argumentación se basa en fundamentos falsos: las fotos no son los documentos fiables que a veces parecen, ni la ciencia moderna es capaz de explicar suficientemente todos los fenómenos terrestres y celestes.

Desde la observación en verano de 1947 de los primeros supuestos "platillos volantes" se engendraron numerosas suposiciones. Es evidente que esa gente vio algo y en muchos casos no se sabe realmente qué, siendo sus descripciones difíciles de analizar satisfactoriamente por los métodos de que disponemos.

Lo primero que choca es la época, poco después de finalizar la Segunda Guerra Mundial, cuando la amenaza atómica se convirtió en real y las religiones tradicionales habían perdido su autoridad, mientras el ocultismo golpeaba de lleno.

En medio de esta situación de confusión, sólo era comprensible el aspecto teórico científico, mientras la evolución tecnológica ofrecía aparatos cada vez más sofisticados.

Ello empieza a cuestionar la figura de Dios como Creador y a considerar la posibilidad de la existencia de otros seres, tan o más inteligentes que nosotros.

De esta forma, no sólo no estaríamos solos en este enorme Universo, sino que podrían convertirse en nuestros salvadores.

Los científicos nos ponen en evidencia constantemente lo poco que sabemos en comparación a lo que querríamos saber y sabremos un día.

Las preguntas son numerosas, sobre todo tras la afirmación efectuada el pasado año por Stephen Hawkins, nuestro experto en tiempo, sobre su creencia en la posibilidad de viajar a través del tiempo.

Además se probó la existencia de planetas fuera de nuestro sistema solar y, experimentalmente, la existencia de la antimateria.

De esta forma, si estos científicos consideran que pueden explicar todos los fenómenos de nuestro planeta y no saben decirme qué eran las luces plateadas que vi la semana pasada con mis propios ojos, entonces es que eran de origen extraterrestre (no hace falta pensar en la cena pesada que ingerí antes de tal observación).

Poco después del primer informe sobre platillos volantes se registró una verdadera avalancha de observaciones en el mundo occidental, que alcanzó su apogeo cuando un portavoz anunció en verano la caída de un platillo en Roswell.

Las declaraciones posteriores para desmentirlo no hicieron más que exacerbar las imaginaciones: las autoridades querían ocultar las pruebas.

Después, los que causaron sensación fueron "los hombres de contacto", que afirmaban haberse comunicado con extraterrestres, bien por vía telepática o por contacto directo.

Estos extraterrestres nos avisan de los peligros de la energía atómica y nos incitan a seguir un régimen vegetariano. Como ejemplo, la serie Alrededor de lo Imponente (All Around Awesome) de Simon Gren-nan y Christopher Sperandio. Sus trabajos, que no parecen fotografías, se basan en informes de contemporáneos que ellos transforman en imágenes estereoscópicas.

Eliminan todos los detalles fotográficos. La imagen se ve a través de lentes rojas y verdes, presentándonos en mano lo que consideramos habitualmente como poco probable o imposible. Al basarse en historias veraces, se nos aparecen todavía más horrorosas.

El sensacionalismo está asegurado con el reciente capítulo de visitantes de dormitorio, secuestros y abusos.

Los extraterrestres molestan durante la noche a ciudadanos inocentes, los llevan a sus platillos volantes y allí les quitan esperma y óvulos. A veces llegan hasta la violación para apropiarse más tarde de los fetos híbridos.

Dejan libres a sus víctimas tras haberles instalado pequeños aparatos en el cerebro que les proporcionan constantemente consejos para su bien (energía atómica, alimentación vegetariana). El poder superior no nos deja sin esperanza: el fin del mundo está próximo, pero la especie humana continuará viviendo, más allá, gracias a una provisión considerable de informaciones genéticas. Es decir, tenemos un porvenir, independientemente de si es aquí o allá.

Este es nuestro problema, a grandes trazos, y el tema de gran número de fotografías desde hace casi 50 años.

El deseo de conservar un signo visible es enorme, lo que se explica en parte porque tenemos la tendencia a creer lo que hemos visto y también porque la prensa ilustrada, que florecía por aquella época, se había fijado el objetivo de concienciar a través de la imagen.

La fotografía periodística, al igual que la científica, eran consideradas instrumentos de conocimiento. Si el proceso fotográfico ha perdido su credibilidad hay que achacarlo, en buena parte, a las fotografías falsas -pero de calidad- de objetos volantes no identificados que nadie ha visto jamás.

Al principio, la presencia de ovnis en los medios se manifestaba de forma verbal únicamente. Para cazar una imagen auténtica se desarrollaron numerosos trucos.

En 1954 se ofreció un premio millonario a quien proporcionara una foto irrefutable y nunca se pudo otorgar.

Cada observación contenida en la prensa conlleva otras, cada imagen engendra otras. Pero los medios no estimulan sólo cualitativamente, sino que influencian también el contenido del informe: después que un experto en efectos especiales inglés confeccionara un determinado modelo de ovni y de un ser similar a un pulpo, publicando sus fotos en la prensa, ese tipo de "Alien" se observó varias veces durante las semanas siguientes.

Así mismo, muchos procesos verbales de encuentros extraños presentan paralelismos sorprendentes con las películas de ciencia ficción o literatura especializada.

Oliver Wasow introduce en sus montajes todas las imágenes posibles para formar un universo personal que no nos permite distinguir entre la ciencia ficción y una representación fotográfica supuestamente correcta de las realidades de este mundo. Por consiguiente, la imaginación parece jugar un papel importante.

Los defectos sintomáticos de las primeras fotos de ovnis se encuentran más o menos en todas las que siguen, a excepción de las imágenes tomadas por hombres contactados, tan claras que permiten identificar los juguetes utilizados como decoración.

Erik Bullot utiliza esa técnica en su serie de fotos titulada "Objetos celestes", representando extrañas apariciones en el cielo en blanco y negro acompañadas de una segunda foto en color que muestra una persona con el objeto bien identificable.

Sus montajes se inspiran en la estética del "cine negro". En la oscuridad todo puede quedar sin identificar.

Actualmente se examinan las fotos mediante ordenador, con lo cual se proporciona al ordenador la fuerza mágica que acaba de perder la máquina de fotos. Ello hará posible que un día una enorme calculadora electrónica autentifique imágenes que había rechazado la víspera.

Si la mayor parte de fotos se han podido rechazar como falsas o ilusiones de los sentidos, todavía queda una cuarentena de imágenes que, incluso para los escépticos más exacerbados, pasan como verdaderas (es decir, realmente no identificadas) y son las imágenes santas de una creencia moderna.

Retazos espirituales de la era técnico-científica, los informes sobre ovnis han tenido como efecto la fundación de religiones y, como en la época del nacimiento del cristianismo, una multitud de grupos y sectas busca la voz de la verdad, de la felicidad y de la eternidad (el propio Jesús no habría podido parar la progresión de su religión -la causa de los escépticos está perdida de antemano-).

Douglas Curran ha fotografiado como documentalista los monumentos y protagonistas de esta pasión en América del Norte. Su estudio "In Advance of the Landing: Folk Concepts of Outer Space" (Adelantándonos al aterrizaje: conceptos populares del espacio exterior) nos lleva a través de jardines y habitaciones donde los creyentes escenifican sus obsesiones.

Al margen de estas cuestiones se desarrolla el material documental puro y duro, del que se apropia Daniel Reiser para construir instalaciones espaciales a partir de fotos, secuencias de vídeo y cortes de registros de entrevistas.

Fracciones de memoria individual se recomponen en una imagen colectiva compleja que constituye una percepción del nuestro estado actual de toma de conciencia en el terreno de la técnica, la política y la religión.

Sobre estas imágenes se apoyan leyendas y teorías de conspiraciones que sirven de base a un comercio activo de artículos religiosos. Gracias a los libros y revistas la cifra de negocio del sector es millonaria, lo que prueba el carácter religioso y el talento comercial de los ufólogos.

No obstante, ellos nos deben todavía la prueba de la existencia de los ovnis. Sus fotos no nos proporcionan mucho, pero algunas constituyen, no obstante, imágenes grandiosas.

Mª LUISA ROMERO