FALSO AVISTAMIENTO EN ASTURIAS. Venus sigue jugando malas pasadas. Una falsa observación, esta vez en Asturias, nos sirve de muestra curiosa y pedagógica sobre la poca fiabilidad que el ser humano acredita como testigo.
Mis colaboradores y yo fuimos alertados por un vecino de un pueblo cercano al nuestro, quien nos dijo que, en las últimas noches, venía observando un extraño objeto en el cielo.
Le recomendamos que la próxima vez nos llamase por teléfono tan pronto le pusiese la vista encima. Y así lo hizo, la noche del 5 del pasado mes de marzo, precisamente a la hora de cenar.
Interrumpimos nuestra cena para correr a comprobar lo que producía una visible emoción en nuestro vecino y, provistos de prismáticos, nos dirigimos al colindante pueblecito acompañados por toda la familia que, ante lo que prometía el evento, no estaban dispuestos a perdérselo.
Cuando llegamos a su casa, un bar situado en la confluencia de una carretera comarcal con la nacional a Oviedo, ya estaban, él y otro vecino, observando el "ovni".
Pero mi desilusión fue grande al comprobar que se trataba de un viejo amigo mío al que, por cierto, mi mujer y yo veníamos visitando cada tarde desde un par de meses atrás: el planeta Venus.
Venus, en esta época del año, venía presentándose con un brillo excepcional en las noches frías y despejadas. Se veía, destacándose en la negrura del firmamento, como una esfera de plata, como algo artificial hecho por manos sabias y colocado allí para deleite de quien alzase la vista, como cada noche hacíamos mi mujer y yo, al cruzar el parque, a eso de las ocho.
El por qué ese aspecto artificial influye en algunas personas hasta hacerles creer que lo es y, a partir de ahí, hacerles ver lo que no se ve, es algo que no comprendo pero que he comprobado en otras ocasiones.
Para mejor contemplarlo, los reunidos, ya una docena de personas, nos apartamos a una zona sin luces de alumbrado público y nos dedicamos durante algo más de una hora a observarlo con todo interés.
Los investigadores teníamos la esperanza de que alguien de los allí presentes dijera que lo que estábamos viendo era un satélite o un planeta; incluso no nos hubiera importado que dijeran que era una estrella. Pero lo que decían era para hacernos meditar.
En la hora aproximada que duró la observación dijeron que aquello tenía luces rojas, verdes y azules, que giraban alrededor suyo y, también, que el objeto se movía.
Dijeron, incluso, que en días anteriores aquello había bajado hasta el techo de las viviendas... Se imponía analizar todo eso y resultó lo siguiente: las luces de colores, que decían ver, eran las clásicas que se observan si se mira una luz puntual con unos prismáticos sostenidos a pulso; los colores los producen las lentes y el movimiento es el de nuestro pulso o temblor de las manos. Todo desaparece al apoyar los codos en cualquier sitio.
¡Que se movía!. Cuando le pregunté a la persona que nos había llamado cuál era la razón de que nos dijera que aquello se movía, me contestó que así era, porque él tomaba una referencia cualquiera -luz, poste, etc.- y, al cabo de un rato, comprobaba que el objeto se había desplazado... ¡Claro! ¡y con él todos los astros del cielo!.
Por último pude constatar que cuando decía que aquello bajaba hasta el techo de las casas, se estaba refiriendo a la posición aparente ya que, efectivamente, estaba sobre el tejado, pero... ¿a qué distancia?.
Uno de mis colaboradores marchó al pueblo a buscar a un amigo nuestro, astrónomo aficionado, y regresó con él provisto de un telescopio con el que todos pudimos ver de cerca al objeto de nuestros desvelos. Este amigo nos confirmó, lógicamente, que aquello era el planeta Venus.
Cuando le hicimos ver todo esto a nuestro vecino, con el mayor tacto posible, parece ser que no le sentó muy bien, pues el comentario que hizo, en tono bastante serio, fue: "entonces... ¿qué? ¿qué hemos fallado?". Al cabo de un rato ya no estaba entre nosotros y no recuerdo que se despidiera...
Lo expuesto aquí debería servir de reflexión a todos aquellos investigadores que, por falta de objetividad o por otros motivos menos confesables, escriben artículos e incluso libros diciendo: "el objeto tenía luces rojas, verdes y azules girando a su alrededor a gran velocidad...", "el testigo dijo que vio al objeto recorrer una gran distancia en muy poco tiempo...", "de pronto bajó hasta situarse sobre...", etc. etc.
Otro caso reciente de confusión con Venus tal y como informamos oportunamente en PAPERS D'OVNIS nº27-28 (Feb-Mar 1996) p.224, se produjo en Cataluña durante el pasado mes de febrero.
Diversos vecinos de Gosol y Saldes contemplaron al atardecer en los alrededores de la cara oeste del macizo del Pedraforca una luz brillante, de intensidad mayor que una estrella y mayor dimensión.
Pese a que muchos identificaron correctamente al astro, otros no lo hicieron así e indicaron que se trataba de un aro de luz blanca (fenómeno óptico) y que se desplazaba, como en el caso expuesto por Carlos León.
Este mismo autor nos apuntó el interesante comentario adicional de que estaba convencido de que este tipo de confusiones tenían mucho que ver con la oleada gallega de los últimos tiempos.
CARLOS LEÓN MARTÍNEZ
Representante de CdU en Asturias