DE PLATILLOS VOLANTES A OVNIS

50 AÑOS DE HISTORIA

En estos días celebramos el 50 aniversario del avistamiento de Kenneth Arnold, quien el 24 de junio de 1947 y durante un vuelo rutinario a bordo de su avión, observó cerca del Monte Rainier en el noroeste de los Estados Unidos, un grupo de objetos voladores de extraño aspecto y origen desconocido a los que describió como "platillos volantes".

Poco podía pensar aquel hombre de negocios, amante de la aviación, que aquel encuentro desencadenaría, a través de los años, un flujo de situaciones semejantes a la que él acababa de protagonizar.

Durante estas cinco décadas se ha escrito y hablado hasta la saciedad de platillos volantes, se han realizado películas y se han creado series de televisión. Pero también se ha desarrollado alrededor de este fenómeno una verdadera religión, en la que pueden encontrarse desde sumos sacerdotes hasta una miríada de creyentes.

Crédulos e incrédulos han dado sus opiniones, tan polémicas unas como otras. El espíritu gregario del ser humano ha motivado que se organizaran grupos de estudiosos que, con más o menos fortuna, han abordado, también con más o menos objetividad, el análisis de lo que dicen haber visto los testigos, que se cuentan por millones en todo el planeta.

El CEI, nuestro CEI, nació del interés de un grupo de barceloneses por saber el origen de lo que Arnold y otras muchas personas vieron durante aquellos primeros años.

El Centro de Estudios Interplanetarios, pronto a cumplir sus 40 años de existencia, publicó nada más nacer un MANIFIESTO en el que se decía, entre otras cosas:

«Cuando nosotros estamos comenzando a buscar las rutas que un día habrían de llevarnos lejos de nuestro planeta, nos hemos encontrado -desagradable sorpresa para nuestro orgullo y que tantos tan ciegamente se resisten a aceptar- con que esos caminos ya están trazados en el estrellado cielo desde hace mucho tiempo, sólo que en sentido contrario al que quisiéramos: vienen desde misteriosas e inmensas lejanías en busca de la Tierra.
Existen desde hace siglos, quizás milenios, sólo que casi nadie, en nuestro mundo, parece haberlo sabido hasta ahora. Mas esto no debe asombrarnos: hoy, cuando las pruebas de su realidad son ya abrumadoras, todavía una gran mayoría sigue sin querer darse por enterada».

Estas frases resumen el espíritu innovador con que, en aquellos tiempos, se abordaba el tema.

Pero el MANIFIESTO también añadía: «NOSOTROS no pretendemos convencer a escépticos ni, menos aún, establecer estériles polémicas con quienes se nieguen a ver, serena y objetivamente, lo que a nuestro alrededor sucede»... «NOSOTROS, enemigos convencidos del sensacionalismo, conociendo bien las fatales consecuencias de la fantasía desenfrenada, tenemos como primera norma en nuestras especulaciones hacer que estén regidas por el máximo rigor científico, hasta allí donde la ciencia pueda acompañarlas»...

Han pasado 50 años y algunas cosas siguen igual. El misterio del origen de aquella fila de objetos semejantes a flying saucers sigue sin desvelarse. Las décadas siguientes nos trajeron la oleada francesa de 1954, la española y del cono sur americano de 1968-69, y muchas otras que aportaron miles y miles de observaciones de las que fueron testigos infinidad de seres humanos de todo el planeta.

No obstante, aquella controversia a la que aludía el MANIFIESTO del CEI de 1958 ha dado paso, desafortunadamente, a una toma de posiciones mucho más enfrentada, con la diferencia de que el CEI se halla, en este momento, en una actitud mucho más crítica frente a la sinrazón que parece dominar el ambiente ufológico español.

Pero estos 50 años de ufología también nos han permitido trabar relación y amistad con personas de inquietudes semejantes a la nuestra. Por el CEI han pasado casi dos millares de personas entre socios, suscriptores, colaboradores de nuestras publicaciones e integrantes de nuestra red de corresponsales, dando un prestigio a nuestra Asociación de la que todos debemos estar orgullosos.

Los primeros platillos volantes se tornaron Objetos Volantes no Identificados. Las observaciones lejanas se fueron acercando. Aparecieron numerosos contactados. Después comenzaron los secuestros de forma que poco a poco "la nave" perdía protagonismo. Hoy abundan los Mesías con utilitario por no hablar de los visitantes de dormitorio y otra fauna extraordinaria que nada tiene que ver con la ufología original.

Terminamos volviendo al principio: ¿qué vio realmente Kenneth Arnold?.
Seguimos sin tener respuesta.

PERE REDON
Presidente del CEI