La información sobre el caso viene recogida en el expediente 820819 del Mando Aéreo Operativo, desclasificado en enero de 1996, y consiste exclusivamente en una carta y un prolijo informe que un vecino de Blanes remitió al Cuartel General del Aire. No hay constancia de que se realizara un seguimiento del caso.
El avistamiento, que duró unos tres minutos, tuvo
lugar el 19 de agosto de 1982 a las
22 h. 30', cuando el testigo se encontraba en el ático de un
bloque de dicha localidad situado en primera linea de mar.
En el informe, éste describe con todo detalle su observación -a simple vista y con prismáticos- de un objeto volador en forma de disco cilíndrico de unos 50-100 mts. de diámetro, aparentemente metálico, liso por la parte superior y con un «habitáculo» en su parte inferior.
El disco giraba, mostrando en su parte visible lo que parecían unos 7 u 8 paneles cuadrados iluminados, de color amarillo anaranjado, con espacios oscuros entre ellos.
Su velocidad (comparable a la de un avión comercial) y su altura (estimada entre 1.000 y 2.000 mts.) eran constantes. Las evoluciones del objeto permitieron al testigo observarlo desde distintos ángulos, comprobando que el disco no llegaba a cerrarse completamente sino que tenía un «triángulo» vacío perfectamente marcado.
El objeto era silencioso, si bien al comienzo el testigo apreció un ruido parecido al de un avión, que más tarde interpretó «como el eco de un vehículo que pasaba por la calle al chocar con el ovni en el instante que pasaba por encima de la casa».
Siete familiares que lo acompañaban también pudieron observar el objeto. El testigo indica ademas tener referencias por sus hijos de otros observadores de Blanes.
Asimismo, señala haber oído en la radio que hubo avistamientos similares en Mataró, a la media hora.
El informe del testigo concluye con toda una serie de elucubraciones sobre cuestiones aerodinámicas, sobre el posible sistema de propulsión y de captación de energía del objeto, sobre el número de cuerpos que lo componían, e incluso sobre su origen. Este último asunto, tratado con una pincelada «telepática»:
«Mientras lo observaba recuerdo que pensé que sus tripulantes eran humanos y no sé por qué. ¿Quizás nuestros antepasados que regresaban de alguna exploración y se pasaron de su tiempo?. ¿Quizás alguna civilización que sufrió una de las catástrofes que nos cuenta la historia y son los que pudieron evadirse de ella y ahora vuelven después de unos cuantos años en el espacio para ellos y unos miles para nosotros?. Pudiera ser que este pensamiento que cruzó por mi mente mientras lo observaba y me preguntaba quienes eran, no era otra cosa que su respuesta telepática a mi pregunta, ya que, ¿no hubiera sido lo más lógico pensar que eran gente extraterrestre, que pensar que eran nuestros antepasados?».
Hace unos años tuve ocasión de revisar un caso extraordinariamente similar a éste, que tuvo lugar en Calella de Mar (Barcelona), a una docena de kilómetros de Blanes (1). Por si fuera poco, ambos sucesos tuvieron lugar el mismo día, es decir, el 19 de agosto de 1982, y en la misma franja horaria.
La información disponible sobre dicho caso procedía de una encuesta realizada por el IIEE de Barcelona y publicada en el nº 11 (julio/ 84) de su boletín «Espacio Compartido», p. 30 y ss. La observación tuvo lugar en la citada población costera hacia las 22 horas.
Seis miembros de una familia pudieron contemplar desde un ático un objeto «de forma discoidal» con una especie de ventanillas de luz amarilla (a excepción de una roja) dispuestas en una franja central.
El resto del objeto era plateado. Daba la impresión de girar sobre sí mismo y de encontrarse cerca, a unos 50 metros sobre el edificio (diámetro atribuido: unos 3 metros). Al principio se apreció un "ruido sordo" que podría estar asociado al objeto en cuestión.
Parecía «moverse a saltos, haciendo pequeños giros en el aire». Su trayectoria registró algún cambio de dirección y concluyó con su desaparición repentina. La descripción dada por los 4 testigos entrevistados fue coincidente, estando convencidos de que se trataba de una «nave controlada» no convencional.
Este caso ofrecía la peculiaridad de incluir muchos de los detalles que aparecen en las más típicas confusiones con avionetas de propaganda con paneles luminosos, cuando no son observadas desde el ángulo adecuado.
El aspecto de disco en rotación con ventanillas sugerido por la hilera de luces que se encienden secuencialmente, la luz roja perteneciente a la señalización de la avioneta, los movimientos erráticos y desaparición aparente como efectos producidos por el estado de la iluminación del panel luminoso, etc. El problema estaba en que si bien este tipo de publicidad era muy común en Norteamérica, donde había venido generando abundantes Ovnis (2), prácticamente no se utilizaba en nuestro país. Su aparición en la propaganda electoral de octubre del 82 seria un caso bastante aislado.
Realizadas algunas consultas, el aeropuerto de Sabadell sugirió la posibilidad de la observación del dirigible de la «Goodyear». Sin embargo, esta explicación no parecía del todo satisfactoria, y además no era seguro que su estancia se hubiera prolongado al mes de agosto.
El Centro de Control de Tránsito Aéreo de Barcelona informaba a su vez de la existencia de algún vuelo de prueba, «una noche o dos» durante el mes de agosto, de avionetas publicitarias con paneles luminosos (ver documento adjunto abajo).
Según informaciones facilitadas posteriormente por J. Plana Crivillén, en los días 16, 17 y 18 de ese mes de agosto se habían registrado en la zona de Sitges (Barcelona) varios casos de confusiones con una avioneta de propaganda luminosa («Seven-Up»). Una situación semejante se produjo en Mataró y sus cercanías el día 19. Calella se encuentra a una veintena de kilómetros de Mataró.
La anterior explicación del caso podía considerarse pues como altamente probable (3).
Por las mismas razones, es muy probable que la observación de Blanes que aquí nos ocupa tenga la misma explicación.
Al conocer esta interpretación del caso de Calella, L. A. Gámez Dominguez señaló que algo parecido había sucedido en Bilbao un par de semanas después, en la noche del sábado 4 de septiembre de 1982, a juzgar por algunas informaciones de prensa (4). Así, El Correo Español - El Pueblo Vasco del 5 de septiembre indicaba entre otras cosas:
«Según diversos testimonios llegados hasta nuestra redacción, un objeto volante no identificado fue visto sobre las nueve y media de la noche, de ayer, en varios puntos del Gran Bilbao. Al parecer, el objeto se desplazaba a gran velocidad y portaba gran cantidad de luces ».
La edición del 7 de septiembre del mismo rotativo daba por aclarado el suceso:
«El supuesto OVNI avistado en la noche del sábado en la zona del Gran Bilbao, que despertó gran expectación y algún que otro indicio de tortícolis entre la población, ha resultado ser un avión publicitario con un revolucionario sistema luminoso».
«La confusión sobrevino dada la espesa bruma que imperaba sobre las diez de la noche del sábado, que no permitía leer el mensaje publicitario. Los ojos como platos de los ciudadanos únicamente alcanzaban a distinguir unas luces, centelleantes, a colorines y en forma de círculo, que se desplazaban a una velocidad considerable.
El comentario generalizado de:
«Un ¡OVNI!, ¡Un OVNI! » comenzó a correr como un
reguero de pólvora y a las nueve y media de la noche en Laredo y
a las diez en el Gran Bilbao, los sorprendidos vecinos no
encontraban explicación a las juguetonas luces».
«Según los departamentos de tráfico aéreo de los
aeropuertos de Sondica y Foronda, consultados por este
periódico, el mencionado avión publicitario lleva varios días
en la zona norte realizando una campaña publicitaria para una
firma de productos de limpieza y despegó en la tarde del sábado
del aeropuerto bilbaíno».
«Otras provincias españolas han vivido en los pasados
meses experiencias similares allí donde este nuevo tipo de
publicidad aérea ha sido puesto en práctica».
A título anecdótico puede señalarse que la revista «Garbo» del 20 de septiembre todavía se refería a dichas observaciones sin brindar ningún detalle de su explicación:
«... hecho que nadie ha podido todavía explicar y que, seguramente, continuará siendo un misterio para la mayoría mientras nadie se digne en ofrecer una explicación convincente sobre este tipo de fenómenos».
Recapitulando, la observación de Blanes cobra sentido a la luz de la actividad de alguna avioneta con publicidad luminosa, como la que indudablemente tuvo lugar aquel día en la costa catalana. Esta modalidad publicitaria se puso en práctica en más de una ocasión durante el verano-otoño de 1982, en diversos puntos de la geografía española.
Los anteriores sucesos ponen de manifiesto, una vez más, que ni la existencia de múltiples testigos independientes, ni la aportación de descripciones muy detalladas son garantías suficientes de la total fiabilidad de los testimonios.
Para algunos, las evidencias que presentan los casos de Blanes y Calella superan con creces lo que exigirían como prueba de la existencia de discos voladores de tecnología avanzada surcando nuestros cielos.
En la práctica llegamos a la conclusión de que los testigos vieron realmente algo que no conocían -un extraño rosario de luces volante- y que algunas descripciones no es que sean muy detalladas sino que son excesivamente detalladas.
Ciertamente sorprende encontrarse con patrones descriptivos estables no ya de un municipio a otro municipio vecino, sino de un lado a otro del Atlántico, que además se repiten con años de diferencia. No obstante -como señalaba en otra parte a propósito de las observaciones de «meteoros con ventanillas» (5)-, la constancia de un cierto tipo de observaciones, en este caso de discos giratorios con luces en la periferia, no requiere la existencia material de tales artefactos sino que puede explicarse como resultado de la constancia, a su vez, de los diversos factores que entran en juego. Hay que tener presente:
a) La recurrencia del estímulo, es decir, de las avionetas publicitarias con presentaciones luminosas.
b) La persistencia de las factores perceptivos básicos, comunes a todos los observadores, por ejemplo, la ilusión de movimiento a partir de una serie de luces contiguas encendiéndose y apagándose una tras otra, que el testigo puede traducir como rotación si asume que se trata de luces alrededor de un disco.
c) La persistencia de determinados factores culturales que afectan a la percepción, el recuerdo, la comunicación de la experiencia y su divulgación, pudiéndose citar aquí, por ejemplo, la influencia del estereotipo del «platillo volante».
El caso de Blanes también da pié a otro tipo de reflexiones. En materia de observaciones de OVNIs, las emociones, los sentimientos y las esperanzas que acompañan a la experiencia del testigo pueden estar a años luz de la cruda realidad, de la verdadera naturaleza del estímulo observado. Terminaremos estas líneas citando unos comentarios del testigo de Blanes, que no podían ser más expresivos:
«Dentro de mí cabe el pensamiento de volverlo a ver, quizás algún día o en cualquier momento y en ello está mi presentimiento o mi deseo, porque sé que si así fuera podría sacar muchas de las respuestas a tantas preguntas derivadas de la primera observación y que esta vez estaría mejor preparado para interpretarlas. Y es por esto que de forma inconsciente se me van los ojos escrutando el cielo en las noches sin luna, que es cuando más desapercibidos pueden pasar, como si estuviera esperando esta próxima cita, con la esperanza de descubrir los secretos de una nueva tecnología y de una civilización ».
Podemos imaginarnos a este buen señor inmerso en estos pensamientos y dandole vueltas a sus recuerdos en una calurosa noche de agosto de 1982. No cuesta nada imaginarlo mirando por la ventana con una lata de algún refresco en la mano. Quizás una lata de «Seven Up».

Arriba a la izquierda:
Objeto avistado en Blanes el 19 de agosto de 1982
(dibujo del testigo; ref.: expediente 820819 del Mando Operativo
Aéreo).
Arriba a la derecha:
Disco observado en Calella en misma fecha (reconstrucción
artística; ref.: Instituto de Investigación y Estudios
Exobiológicos).
Filas inferiores:
Selección de dibujos de OVNIs observados en Estados Unidos en
los años setenta, identificados posteriormente como avionetas
publicitarias con letreros luminosos destellantes (ref.: The
UFO Handbook, Allan Hendry).
MANUEL BORRAZ
Julio de 1996
Notas:
1). Lo que escribí entonces sobre el caso de Calella apareció en «Cuadernos de Ufología» (1ª época), nº 10-11 (junio-septiembre/85), pp. 20-21. También en «Espacio Compartido» (IIEE), nº 13 (marzo/ 85), p. 27 y ss. En las líneas siguientes reproduzco dicho texto con mínimas variantes.
2).
Consúltese el libro de Allan Hendry, «The
UFO Handbook», Doubleday & Company,
Inc. (Nueva York, 1979).
También pueden encontrarse casos similares en, por
ejemplo, «Tres 'OVNIs' sobre la capital mexicana», artículo de
Luis Ruiz Noguez publicado en «Cuadernos de
Ufología» (2ª época), nº3 (septiembre/
88), pp. 102-103.
3). En el boletín «Espacio Compartido», nº 13 (marzo/ 85) -ya citado en la nota 1)-, el IIEE desestimaba esta explicación del caso de Calella, todo y admitiendo que «por aquellos días, hubo confusiones con «avionetas-anuncio» en varios lugares de la costa barcelonesa». Sus críticas se referían a que:
- El objeto fue observado estático inicialmente.
- A 50 mts. de distancia, al menos alguno de los testigos
debería haber reconocido la avioneta.
- El objeto tenía un tamaño de 3 mts.
- El ruido dejó de oirse.
Los tres primeros argumentos tienen un valor muy
relativo, pues se basan en apreciaciones de los testigos que
pudieron ser muy subjetivas (¡compárese el tamaño aquí
indicado con el del objeto de Blanes, de 50-100 mts. de
diámetro!).
En cuanto a la cuestión de la «desaparición» del
ruido, no es incompatible con la presencia de una avioneta, como
he podido comprobar personalmente en alguna ocasión.
4). Ver «Cuadernos de Ufología» (1ª época), nº 12 (1985), p. 18.
5). Ver mi artículo «Meteoros con ventanillas» en «Cuadernos de Ufología» (2ª época), nº 9-10 (septiembre-diciembre / 90), pp. 15-24.