(Londres 19 & 20 Abril 1997)
Como no podía ser de otra manera, en este cincuentenario vamos a tener OVNIs hasta en la sopa. El pistoletazo de salida se ha dado en la reunión que, organizada por la revista FORTEAN TIMES, se celebró el mes pasado en Londres. Este enviado especial (autofinanciado) estuvo allí y a continuación encontraréis mi particular versión del encuentro.
La mayor dificultad es que había dos sesiones de charlas celebrándose al mismo tiempo y uno todavía no ha desarrollado sus poderes de bilocación. Afortunadamente, los tópicos ufológicos se centraron en una de ellas, así que casi no me perdí nada interesante. La otra incluía asuntos tales como vampiros, alineamientos, fantasmas, conspiraciones. etc. Si acaso, se echaba a faltar alguna charla sobre los círculos en la hierba.
Se inició el fin de semana con una interesantísima charla de Richard Wiseman ( versión de un trabajo publicado en NATURE ) sobre el famoso "truco indio de la cuerda", aquel en que un faquir eleva una cuerda en el aire por la que sube un niño hasta desaparecer; luego el faquir sube a buscarlo y lo deja caer en pedazos, para finalizar descendiendo, recogiendo los trozos dentro de una cesta y haciendo reaparecer al niño ileso.
Incluso se proyectó una película (desgraciadamente con la versión descafeinada del truco, donde el ayudante se limita a subir y bajar por una cuerda tiesa en el aire). Pero tras una minuciosa investigación en la que se examinaron todas las evidencias fotográficas disponibles y los relatos de los testigos, se comprobó que el tiempo transcurrido entre la experiencia vivida y su relato posterior contribuía a adornar el relato, así que la conclusión fue que no existían pruebas de tal suceso y que posiblemente esta leyenda se deriva de la mezcla de elementos ya conocidos: equilibrismos sobre pértigas de bambú, más el ya conocido truco del niño dentro del cesto acribillado con espadas.
Como curiosidad, en ningún momento se mencionó aquella alternativa de la vara metálica retráctil que propugnaban los ummitas en uno de sus famosos documentos.
Lo más agradable fue ver a una audiencia mayoritariamente escéptica, tanto con unos como con otros, algo nada habitual en los congresos ufológicos normales para creyentes.
Personas que sabían apreciar una metodología rigurosa, aunque el resultado fuera desmitificador, y que, al mismo tiempo, criticaban con acierto a los desmitificadores cuando caían en estratagemas o atajos simplistas.
A continuación subió
al estrado Budd Hopkins, pero aunque todos esperábamos que nos
hablase largo y tendido sobre su más famoso caso, la abducción,
en pleno Manhattan, de Linda Napolitano... y de "una
importante personalidad política" (sigue sin querer citar
el nombre de Pérez de Cuéllar), apenas si dio algunos datos
novedosos, remitiéndonos a su recién publicado libro «Witnessed»
(«Observados»).
El verdadero núcleo de su charla fue la crítica apresurada y superficial de las distintas objeciones a la realidad de las abducciones, asumiendo el papel de investigador preocupado por sus testigos ante los ataques denigrantes y descalificadores de esos mal llamados escépticos que, para él, en realidad son los verdaderos creyentes con su fe ciega en la ciencia.
Alargó tanto sus descalificaciones, que apenas dejó tiempo para las preguntas del público, y ante el cariz escéptico de las mismas, pronto dio por terminadas las mismas.
Tomó el relevo un ya avejentado Philip Klass, que también decepcionó bastante. En un intento por no romper hostilidades con su predecesor, prefirió dedicar su charla a una aburrida exposición sobre su prolongada investigación del caso radar-visual del RB-47 en 1957, como ejemplo del tiempo que puede necesitarse para llegar a explicar cualquier caso un poco complejo.
Acabó en un tono más informal, haciendo comentarios sobre los cambios surgidos en estos 50 años de ufología, señalando cómo los testigos repeaters han pasado de ser rechazados a ser aceptados (especialmente, si son abducciones), así como sobre el encubrimiento de la verdad por parte de los medios de comunicación de masas, que prefieren explotar el sensacionalismo a ofrecer explicaciones razonables.
Le siguió Jim Moseley, editor de la revista de cotilleos ufológicos SAUCER SMEAR, que dedicó su tiempo a una entretenida serie de anécdotas sobre muchos de los casos y ufólogos que ha tenido ocasión de conocer durante estos 50 años y su progresivo escepticismo sobre el fenómeno, aunque sigue creyendo que existe algo extraño a descubrir.
La única mujer ufóloga de prestigio, Jenny Randles, ofreció una interesante panorámica sobre la ufología británica, empezando por la primera pregunta parlamentaria sobre los fenómenos aéreos anómalos, defendida nada menos que por Winston Churchill en 1910, hasta la más reciente foto de un supuesto alienígena tomada por un abducido en plena campiña inglesa (y que se está investigando).
También fue una charla muy seria, señalando la gran dedicación que impone la investigación de cualquier caso, y cómo a veces sólo se logran explicar por pura casualidad.
En la sesión de tarde preferí renunciar a la charla de Paul Devereaux sobre la teoría tectónica de los OVNIs, para escuchar al profesor Duncan Lunan (el mismo que hace más de 20 años afirmaba que unas señales extrañas detectadas en un radiotelescopio de Holanda eran remitidas por una sonda espacial extraterrestre llegada a nuestro sistema solar... y todavía lo defiende), que hablaría sobre los extraños niños verdes de Woolpit (también conocidos en España como los niños de Banjos y que han merecido recientes artículos en las revistas sensacionalistas nacionales).
Aunque otros investigadores, como Mike Dash, consideran que todo pudo tratarse de la huida de una pareja de anémicos, fugitivos de las batallas feudales de la época, a través de unas cuevas cercanas (el color verde sería una forma de anemia denominada clorosis verde), Duncan Lunan asegura haber descubierto sugerentes posibilidades en relación con los templarios... y hasta cree que la chica sobreviviente se casó con un señor feudal y ha podido localizar sus descendientes actuales (...» para comprobarlo bastaría un análisis del ADN»).
Comentó distintas posibilidades, como una maquina teletransportadora, un atajo interdimensional, etc. (publicadas en un artículo en la revista de ciencia-ficción ANALOG de septiembre 1996). Hay gente que nunca escarmienta.
Y si no lo creéis de millones de dólares (sin haber conseguido el prometido éxito), por ocultar las pruebas y denigrar a los investigadores.
La respuesta a estas sempiternas quejas la daba ya Isaac Asimov en uno de sus relatos cortos sobre una persona que descubre la antigravedad y nadie le hacía caso: hagan una demostración pública, pero negando cualquier causa paracientífica. Si se repite el suficiente número de veces, los científicos tendrán que optar entre negar lo que están viendo, o sus teorías preferidas.
O mejor aún, pongan a la venta una fuente de energía tan elemental , y así obtendrá todos los fondos necesarios para poder investigar su origen (empleamos la electricidad durante años antes de saber qué era). Por desgracia, es más cómodo quejarse de la incomprensión ajena y considerarse Galileos renacidos.
Pero volvamos a la ufología. Patrick Huyghe (coeditor de la revista THE ANOMALIST ) acaba de publicar una «Guía de campo de los extraterrestres», con decenas de dibujos a partir de los relatos de los testigos. Realmente da para una charla muy entretenida y quizá apropiadamente desmitificadora para aquéllos que sólo creen en los «grises», pero poco más.
Huyghe señala 4 clases (Humanoid, Animalian, Robotic, Exotic), 14 tipos y ¡49 variantes!. No hemos avanzado nada desde aquella tipología desarrollada por Jader U. Pereira en los años setenta. Realmente resulta imposible sistematizar tal diversidad, una prueba más de que dichos seres, en vez de proceder del espacio exterior; proceden de nuestro espacio interior.
Hillary Evans presentó
la mejor conferencia de todo el congreso, un minucioso alegato
contra la realidad objetiva de las abducciones, ayudado por las
reveladoras anécdotas de una escéptica sui
generis: Betty Hill, quien en su reciente
libro titulado «Aproximación a los extraterrestres desde el
sentido común» aparenta ser mucho más equilibrada de lo que
muchos suponíamos.
Empezando por criticar las extrapolaciones que nos llevarían hasta la increíble cifra de 200 millones de abducciones en todo el mundo, Evans señaló la cantidad de contradicciones que aparecen en las mismas.
Pero dejando aparte sus comentarios sobre las influencias culturales y los casos documentados sobre abducciones imaginarias (frente a la ausencia de casos creíbles con testigos independientes), su crítica principal iba contra los investigadores estilo Budd Hopkins que sitúan sus intereses personales por encima del bien de los propios testigos.
La verdadera prioridad del asunto es determinar si las abducciones son un fenómeno OBJETIVAMENTE REAL, para poder prestar a sus victimas la ayuda más adecuada. También manifestó su convencimiento personal de que las abducciones no tienen nada que ver realmente con los OVNIs.
Como clímax final llegó el momento por todos esperado: la mesa redonda donde podríamos ver cómo Hopkins y Klass se enzarzaban en una lucha a muerte... Pero no, Hopkins renunció a dar batalla ante un público al que consideraba contrario, y su lugar tuvo que ser ocupado por una copia del monigote de la muñecopsia santilliana.
LUIS R. GONZÁLEZ