OVNIS Y
EXTRATERRESTRES
EN LA PANTALLA
No
espere el lector un compendio completo de producciones
cinematográficas, ni tampoco un estudio erudito y definitivo
sobre esta cuestión. Tanta ambición excede con mucho a mis
conocimientos, limitándose lo que viene
a un sucinto viaje por una parte de la extensa filmoteca
ufológica.
95 años de cine sobre ETs
La primera producción sobre el espacio y los extraterrestres se debe a Georges Méliès, quien en 1902 rodó Viaje a la Luna en la que propio astro está humorísticamente dotado de vida y poblado de unos bulliciosos aunque poco consistentes selenitas, imaginados como seres altamente primitivos frente a los civilizados científicos terrestres que les visitan. ¡Cosas de la época!.
Sin embargo, parece que el mundo del celuloide no está preparado para estas maravillas que buscan refugio en la incipiente ciencia-ficción y en las historias ilustradas cuya transcripción cinematográfica, los dibujos animados, nos muestran mundos muy semejantes al de los humanos, recorridos por Buck Rogers y Flash Gordon. Este último da título a una producción de 1936 interpretada ya por humanos.
Marte ataca a la Tierra (1936), de Frederick Stephani, es el preludio al memorable 30 de octubre de 1938 en que treinta millones de americanos aterrados se lanzan a las carreteras después de escuchar a un joven Orson Welles anunciar que ya han desembarcado, que están aquí y que sus intenciones son pérfidas. No cuesta mucho imaginar que tras esos inexistentes marcianos ideados 40 años antes por H. G. Wells se esconde latente el jinete apocalíptico de la esvástica.
La Guerra Fría
Llegan la guerra, los espías y las paranoias. La revolución tecnológica, la decisiva aviación, el radar. La bomba atómica. El hombre mira al cielo con miedo. La guerra ya no se resuelve en las trincheras sino a gran escala. Los países distantes son algo más que enemigos en un atlas. A partir de 1947 la gente ve platillos voladores en cada esquina. Después la guerra fría. Durante más de diez años las pantallas son invadidas por una oleada de extraterrestres, enemigos crueles y horrorosos ...
Es a partir de 1950 que se inicia esta invasión particular. Ese mismo año, en 24 horas en Marte (Cohete X-M) (1), Kurt Neuman describe un mundo con criaturas que han regresado a la barbarie de la Edad de Piedra, aviso del apocalipsis terráqueo que se presagia. Una producción de serie B dirigida por el autor de La Mosca, con la curiosidad de que las escenas que pasaban en el planeta rojo fueron teñidas de rojo en las copias.
En 1951 E. G. Ulmer presentaba El hombre del planeta X, donde el alienígena solitario, un humanoide con escafandra que viene a morir a la Tierra, no es más que la cabeza de puente de una invasión cercana.
Pero en la mayoría de las películas los extraterrestres son incluso más agresivos y sobre todo repugnantes. Desde los viscosos seres de La Guerra de los Mundos, de Byron Haskin (1953), basada en la novela homónima de Welles, producida por George Pal con unos efectos especiales que alucinaron en su momento, hasta los entes tentaculares de Monstruo (1955), de Val Guest, inicio de las aventuras del profesor Quatermass (Reino Unido).
Dos años después, la BBC produce Quatermass and the pit (2), una historia no exenta de interés, puesto que en ella aparecen muchos de los elementos que posteriormente serán pródigos en la literatura ufológica, como la presencia de los alienígenas en nuestro pasado evolutivo -popularizado por Erich von Daniken- o muchos aspectos de los «Ufo-crash».
En Peligro Planetario, de Irwi S. Yeawoth (1958), el alienígena es una masa gelatinosa bautizada como «Blob». En La bestia de otro planeta (A 20 millones de millas de la Tierra) algunas muestras de vida traídas de Venus quedan libres y, como consecuencia, la Tierra se enfrenta a un monstruo terrible que crece, se transforma y arrasa. Sin duda, un antecedente de Alien, de Ridley Scott, muy creíble en su momento gracias a los efectos especiales del maestro de la época, Ray Harryhausen, quien, por cierto, aparece en una escena de forma breve.
Harryhausen también es el responsable de los efectos de La Tierra contra los platillos volantes, de Fred F. Sears (1956), donde las evoluciones de las naves alienígenas contra el Capitolio y otros edificios inspiraron sin duda a Tim Burton en la reciente Mars Attacks.
Uno de los grandes clásicos del cine de ciencia ficción es La invasión de los ladrones de cuerpos (1956), de Don Siegel, que utiliza un tratamiento propio del cine negro para explicar la invasión extraterrestre en forma de vainas que van suplantando poco a poco a cada uno de nosotros.
No todas las películas tienen desde luego el mismo aire. En Los supervivientes del infinito, de Joseph Newman (Esta isla La Tierra, 1955) hay extraterrestres buenos y malos. En Ultimátum a la Tierra (El día que la Tierra se detuvo), de Robert Wise (1951), un extraterrestre llamado Klatoo es portavoz de un ultimátum: o respetamos la Tierra abandonando las belicosidades atómicas o seremos destruidos. Es un mensaje a todos los pueblos del mundo, claro que, inevitablemente, capitalizado desde EE.UU.
Mención aparte merece el título Planeta Prohibido (1956), de Fred McLeod Wilcox. Aquí son los terrestres los que en un futuro viajamos hacia otros mundos. En uno de ellos se descubren los restos de una civilización ya desaparecida, pero cuyo poder tecnológico fue tan inmenso que llegaron a manipular la realidad mediante sus pensamientos lo que supuso su fin al no tener defensas ante la parte irracional del ser, convertida en monstruo imparable. Curiosamente, en este film se utiliza por primera vez el término «inteligencia artificial» acuñado por los científicos poco después, aunque con un sentido diferente al que se le da habitualmente ahora.
También es de 1956 el título Plan 9 del espacio exterior, del director Ed Wood, elevado actualmente a los altares, otrora considerado con merecimiento el peor director del mundo, con vampiros levantados de sus tumbas por extraterrestres y todo tipo de despropósitos involuntarios salpicando las imágenes. Entre los actores, citar a la célebre vampira y al antaño reputado y perturbado Bela Lugosi, que aparece en unas imágenes rodadas antes de su muerte y horrorosamente intercaladas con otras de un doble que, para disimular, se cubre ridículamente la faz. Pese a todo, el film es tan nefando que es imposible obviarlo.
Una película poco citada pero interesante es Viene del espacio exterior, (1953) de Jack Arnold, en el que los extraterrestres llegan en un gran globo volante. Curiosamente cambian su apariencia externa para asemejarse a los humanos y poder llevar a cabo sus planes.
Otras películas de este periodo son (3) El enigma de otro mundo (La Cosa, 1951), de Howard Hawks y Cristian Nivy; Los Invasores de Marte (1953), de William C. Menzies; y Prisioneras de los marcianos (1958), de Inoshiro Honda, con extraterrestres ávidos de carne fresca enmarcada en un culto a la violencia, a la sangre, al sexo y a la agresividad que los japoneses han cultivado de forma independiente y que la mayoría en occidente ha descubierto de forma muy tardía en la pasada década.
Los años sesenta
El final de los 50 y el principio de los 60 no fueron tan prolíficos en este tipo de cine, sobre todo porque la gran factoría americana es sensible a la distensión internacional que los aleja de los pérfidos invasores.
Así Norteamérica sonríe con los amores de un E.T. y una linda bailarina de rock'n roll en Veinteañeros en el espacio (1959), de T. Graet, logra enternecerse con El hombre del cosmos (1959), de H. Green, o ríe con los errores y pifias de Jerry Lewis en Un marciano en California (1960).
Pero fuera de EE.UU las cosas no se ven igual. La industria cinematográfica inglesa facilita nuevas entregas de Quatermass. En El día de los trífidos (1963), de WS. Sakely, el profesor se enfrenta a unas plantas terroríficas que quieren terminar con la humanidad.
Mario Bava dirigió en 1965 Terror en el espacio, una coproducción hispano-italiana con Barry Sullivan, Norma Bengel, Angel Aranda, Evi Marandi, Fernando Villena y Stello Candelli entre otros artistas. Con un presupuesto escaso, la producción se salva gracias a la elegancia de Bava. Otro antecedente de Alien transcurriendo las escenas en un planeta desconocido visitado de forma accidental por dos naves terrestres.
En Japón Inoshiro Honda, en su particular ciclo apocalíptico, rueda Dagora, el monstruo del espacio (1964) y Los monstruos invaden la Tierra (1966). En Gran Bretaña, Roy Ward Baker rodaba ¿Qué sucedió entonces? (1967), tercera entrega de las aventuras del profesor Quatermass, producida por la mítica Hammer.
¿Qué ocurría mientras tanto en EE.UU?. Curiosamente, la producción más importante de aquellos años apareció en forma de serie para la televisión.
La ideología conservadora que dominaba esa época la programación impedía apenas escribir guiones sobre trabajo, negocios, la carrera de armamento y mucho menos discutir la validez del capitalismo. A Gere Roddenberry se le ocurrió trasladar cualquier problema al futuro y presentó su proyecto a la NBC, siendo emitida con el titulo de Star Trek (4) entre 1966 y 1969 con más pena que gloria.
Nadie podía imaginar entonces que terminaría convirtiéndose en una de las mitomanías más importantes que ha generado la pequeña pantalla y que como consecuencia de ello se rodarían un total de ocho películas -hasta ahora-, desde la primera de Robert Wise (1979) a la última de Jonathan Frakes, Star Trek: Primer contacto (1996), sin contar con las series descendientes La próxima generación (el programa semanal más exitoso de la historia de la TV americana), Voyager, y Deep Space Nine (5) .
El éxito de la serie en su momento se basó en la visión de color de rosa del futuro que irrumpió en EE.UU, enfrescado a la sazón en la guerra en Vietnam. Algún día la violencia y los prejuicios serían erradicados del planeta y la tolerancia y la fe serían la buena nueva para el cosmos. Por ello, Roddenberry pobló su nave espacial con un reparto multiétnico de personajes secundarios: un asiático, un escocés, un afroamericano y, por increíble que fuera, un ruso amigable. Los americanos nunca habían visto nada parecido en sus pequeñas pantallas.
Volviendo a la pantalla grande, en 1968 Roger Vadim nos entrega Barbarella, donde la atractiva Jane Fonda lleva ceñida indumentaria marca de un futuro que, a tenor de este género cinematográfico, nos pondrá en contacto con otros extraños planetas y civilizaciones.

Pero ese mismo año ve la luz un film que por si mismo justificó una década baldía en cuanto a cine ET. La superproducción de Stanley Kubrick 2001: Una odisea del espacio es mucho más realista en el tratamiento de la vida extraterrestre, planteando cuestiones metafísicas con gran derroche de detalles científicos (6).
Los setenta

Las sutilezas filosóficas y la ficción científica más realista no satisfacían a las nuevas generaciones, que no se maravillaban como sus mayores con la conquista del espacio que había comenzado precisamente en la época de su nacimiento. Los relatos épicos que siempre han inflamado los corazones de los jóvenes se trasladan al espacio en La Guerra de las Galaxias (1977), de George Lucas, que actualiza las viejas leyendas del medioevo.
El inconformismo filosófico del final de los sesenta ha quedado atrás. Se avecinan tiempos magros y profilácticos. La Nueva Era está a la esquina y se requieren mesías. Steven Spielberg reinventa la Biblia a su manera en Encuentros en la tercera fase, l977 Encuentros cercanos de tercer tipo (7). El mito del contacto y del abducido queda establecido para el gran público.
Antes de estas dos superproducciones se habían elaborado algunas otras de menor importancia (9). En 1975 la NBC presenta El incidente OVNI, basado en el libro El Viaje interrumpido de John G. Fuller, donde se narran las famosas expe riencias de Barney y Betty Hill (8). Visitantes de otro mundo (1975), de John Hough, se esfuerza en mostrarnos extraterrestres simpáticos.
Pero el final de la década nos dirige hacia el miedo al «otro» encamado en un extraordinario ser que da título a película de Ridley Scott, Alien (1979). Un monstruo del espacio se aloja en las entrañas de su víctima, que así alimenta a una especie de reptil en su vientre. Cuando sale esta ya bien formadito, es inteligente y destruirlo es altamente peligroso, pues su liquido vital es muy corrosivo.
En la siguiente década tuvo dos secuelas muy lejanas en cuanto a calidad e impacto. Un año antes de Alien la angustia llegaba de la mano La invasión de los ultracuerpos, de Philip Kauffman, la nueva versión de la de Don Siegel producida en 1956.
Llegan los ochenta
En los años ochenta la industria cinematográfica del género se lanzó a la producción desmesurada, sin límite. Cualquier motivo es bueno para incluir extraterrestres.
Así, si en 1980 se había comercializado una nueva versión de Flash Gordon, Spielberg decide reincidir en su particular renovación religiosa con ET El extraterrestre (1982), en la que quiere facilitarnos una nueva redacción del Nuevo Testamento. El nuevo mesías del espacio con poderes infinitos, capaz de morir y resucitar, es un niño sabio que viene a enseñarnos el Camino a la Luz.
Por otra parte, George Lucas termina su trilogía con El Imperio Contraataca (1980) y El Retorno del Jedi (1983) (10). Pero lo que predomina es el horror. En La Cosa -nueva versión- (1982), de John Carpenter, la criatura se adapta a todas las formas de vida y toma la apariencia de cada una.
Aliens, de J. Cameron (1986), es la continuación de la de Scott. Tenemos padres que sufren metamorfosis en XTRO, de H. Broomley Davenport (1986), progenitura amenazada en Inseminoid (1982), de Nornian J. Warren, monstruos feroces en Depredador (1987), de J. McTierman, con secuela incluida, o vampiros en Fuerza Vital (1986), de Tobe Hooper, basado en una novela de Colin Wilson y que en 1996 dio inesperado origen al mito de la nave que se escondía detrás del cometa Hale-Bopp.
Quizá el delirio alcanza su zenit en Hidden (1988), de Jack Sholder, en el que nuestro planeta no es otra cosa que un espacio donde un extraterrestre agresivo libera sus instintos.
En El final de Quatermass (1980), Piers Haggard orquesta una visión futura poblada de greñudos aborregados que esperan ser deglutidos por los alienígenas. Menos mal que los científicos, encabezados por el profesor Quatermass, salvan a la humanidad, aunque sea a costa de su propia inmolación. Cuarta y ultima entrega.
También existen películas más dulces como Explorador (1985), de Joe Dante, donde se produce un encuentro entre adolescentes de la Tierra y otros planetas, o visitantes complacientes capaces de retornarnos a la juventud en Cocoon (1985), de Ron Howard, y La vuelta de Cocoon (1988), de Daniel Patrie, por no hablar de la deslumbrante rubia de Me casé con una extraterrestre (1988) de Richard Benjamin.
Otros títulos de esta especie son la hispano-italiana Hermano del espacio (1988), de Roy Garret y Las Chicas de la Tierra son fáciles (1988).
Pero la mayor parte de producciones ensalzan la agresión, la violencia y la sangre. Los tan sexualmente puritanos americanos no hacen asco alguno a las vísceras. En Blob (1988) regresa el monstruo del mismo nombre gracias a Chuck Russel. Los conquistadores llegan de cualquier forma. Se infiltran como en Invasión Los Ángeles (1988), de John Carpenter, o de forma más expeditiva como en La invasión llega de Marte (1988), de Tobe Hooper.
Dune (1984), futuro surrealista en las estrellas de la mano del genio delirante David Lynch, que sigue la estela de otro tipo de producciones que, por situarse en otro tiempo, no son cine de ovnis y extraterrestres en su sentido ordinario.
Comunión (1988), de Phillipe Mora, describe las vivencias con extraterrestres del presunto abducido, el famoso novelista Whitley Strieber. Este apartado especial dentro del género tenía sólo un precedente, en El Incidente OVNI y está emparentada con los Encuentros de Steven Spielberg.
Hangar 18 (1981), de James L. Conway, explota por primera vez de forma significativa el tema del encubrimiento del gobierno de los EE.UU. sobre las cuestiones OVNI, al extremo de perseguir a muerte a los astronautas que quieren desvelar el secreto.
Otras producciones de la década son (11) la italiana Alien: Invaden la tierra (Contaminación: Alien en la Tierra, 1980) dirigida por Luigi Cozzi (Lewis Coates), The Warning (1980) de Greydon Clark, Cielo líquido (1982) de Slava Tsukerman, Enemigo mío (1985) de Wolfgang Petersen, Los cazadores del espacio (1983) de Lamont Johson -con efectos 3D-, El invasor (1989) de Mark Rosman, o 2010: Odisea Dos (1984), secuela innecesaria de 2001, dirigida por Peter Hyams. Además debemos considerar Alien Nation (1988), de Graham Baker, con extraterrestres integrados en nuestra sociedad y con los problemas típicos de las minorías, incluida fuertes discriminaciones en función se su adaptación social.
Y, por fin, los noventa
Los años noventa comenzaron recreando en la televisión Intrusos, basada en el libro homónimo de Budd Hopkins sobre abducciones nocturnas. Se trataba de una miniserie para la CBS dirigida por Dan Curtis, pero que en varios países como España se ha emitido de forma continua. Algunas películas violentas de escaso interés, como El Pacificador (1990) de Kevin S, y Asesinos del espacio (1991), telefilme de Daniel Hess.
Robert Lieberman dramatizaba enormemente el ya añejo supuesto secuestro del leñador Travis Walton en Fuego en el Cielo (1993). Pero en Hollywood ningún productor importante apostaba por este cine.
Sin embargo alguna cosa se estaba cociendo. En 1994, una productora británica presenta El misterio de Roswell, dirigida por Jeremy Kagan, mientras que en EE.UU. se lanzaba Stargate, de Roland Emerich, donde recuperando la linea de Von Daniken se nos explican los jeroglíficos egipcios en clave extraterrestre.
Mientras, el boom de Roswell estaba en ebullición. Llegaron las películas de Santilli y todo el mundo se ha lanzado a producir entregas de este tipo. Hasta la República de Suráfrica, con una discreta Perdidos en el Tiempo (El Cazador de Sombras, 1996) de Marc Roper.

La invasión se encadena, Species (1995) de Roger Donaldson, es el primer frente. El extraterrestre nos llega en forma de señal electromagnética, que tras ser descifrada, resulta una cadena de ADN. Cuando se sintetiza el monstruo está servido.

Independence Day (1996), de nuevo de la mano de Roland Emmerich, recrea una nueva versión de La Guerra de los Mundos, donde la salvación viene de nuevo, gracias a los virus, esta vez en versión informática. Han llegado (La llegada, 1996), de Twohy, nos muestra a los extraterrestres camuflados ya entre nosotros.

Nueva entrega de Star Trek, Primer contacto (1996), que ya hemos citado y, por fin, Tim Burton, que nos salva, al menos temporalmente con su particular invasión Ovni, auténticas mutilaciones de ganado (barbacoa) y secuestros con carcajeantes intervenciones quirúrgicas.

En fin, Mars attacks es un oasis de buen humor.
El tema del futuro obscuro e intergaláctico retorna con El quinto elemento (1996), de Luc Besson, que pese a todos los efectos especiales es francesa.
Egipto vuelve a ser la clave, como en Stargate y con presencia de muchas variedades zoomórficas supuestamente inteligentes y un desaprovechado uso de la figura del Mal «per se» en forma de meteoro-planeta destructor.

El humor continúa en Men in black (1997), de Barry Sonnenfeld, recreando de manera bastante transformada, la mítica figura de los hombres de negro.

Y pronto muy pronto otras producciones como Contact (1997,) de Robert Zemeckis, basada en una novela de Carl Sagan del mismo nombre; Starship Troopers, de Paul Verhoeven, donde los protagonistas son marines interestelares; Sphere, de Barry Levinson, con rescate de una nave de otro planeta caída en el mar; y otras anunciadas como Expediente X La película, aprovechando la increíble fama de la serie de la 20th Century Fox en sus cuatro años de realización por el productor y guionista Chris Carter que ha logrado convertir en famosos los nombres de los personajes Fox Mulder y Dana Scully (12).
JORDI ARDANUY
Notas
1 - El título entre paréntesis es el que corresponde a la traducción al español del original, cuando existe discrepancia entre éste y su versión comercial en España. A partir de mitad de los cincuenta se desarrollaron también algunos programas televisivos que incluían historias platillistas como Science Fiction Theater.
2 - Quatermass y la gruta. Desconozco con qué título ha podido ser emitida en España.
3 - Un caso aparte, no citado en este género habitualmente es el de Superman. Es en sentido estricto un extraterrestre, pero se le suele considerar simplemente un superhéroe con poderes especiales. La primera producción fue para la televisión, entre 1948 y 1950. En 1951 se llevó al cine (Superman and the mole man), siendo seguido de 104 capítulos más. En 1978 se rodó Superman, a la que siguieron otras tres secuelas. Además de otras series televisivas que incluso podemos seguir hoy, citar los derivados como Supergirl y otros héroes.
4 - En la España de la época bajo el epígrafe de Viaje a las estrellas: Una odisea del espacio. Posteriormente recuperaría su nombre original.
5 - Espacio
Profundo Nueve. También hay que
contabilizar los dibujos animados de la serie emitidos
originalmente en 1973.
En los años sesenta se realizaron otras series sobre viajes
interplanetarios, extraterrestres y platos voladores como Perdidos
en el espacio (Leo Penn / Alexander Singer
/ Tony Leader, 1965-68),
Los Invasores, o Viaje
al Fondo del Mar, pero su enumeración
pormenorizada rebasa los limites del presente artículo.
Tampoco podemos dejar de citar La
dimensión desconocida (The Twilight Zone, 1959-1964)
y The Outer Limits (1963-65)
que incorporaban episodios sobre extraterrestres y cuya
influencia sobre la opinión pública no puede despreciarse.
6 - El estreno de esta película en Barcelona en el año 1968, fue patrocinado por el Centro de Estudios Interplanetarios.
7 - Existe una edición especial de 1980.
8 -Esta producción apenas ha sido vista fuera de EE.UU. y su proyección en octubre de ese año dio paso a la primera avalancha de denuncias de abducciones. Esto ha dado al telefilm, de escaso valor cinematográfico, un relieve importante en los estudios del fenómeno en Norteamérica, que contrasta con el desconocimiento de la misma allende sus fronteras.
9 - En el capitulo de las series podemos citar Espacio 1999 (Cosmos 1999), UFO e Investigación OVNI, este último basado el afamado Proyecto Libro Azul.
10 - Nuevas versiones revisadas por medios digitales y con ligeros cambios de las tres producciones han sido comercializadas en 1997.
11 - En el terreno de las series televisivas solamente citaré a V (1983), de Kenneth Johnson; especialmente adecuada para alérgicos a reptiles, la humorística ALF ( 1986) y Contaminación o la nueva Guerra de los Mundos (1988), de Colin Chilvers y Winrich Kolbe, donde los alienígenas intentan regenerarse gracias a la energía nuclear.
No puede dejarse de citar al culebrón americano Los Colby, serie de gran audiencia en todo el mundo occidental y en la que uno de sus personajes principales, Fallon, fue secuestrada al final de la serie por un ovni que detuvo su coche en una solitaria carretera. Fallon volvió aparecer en una serie hermana posterior, Dinastía, describiendo sus vivencias en diversos episodios. Ninguna inteligencia duda de la influencia de estas secuencias en una serie mundana y, por ello, supuestamente realista.
Otro ejemplo de este tipo es la serie Twin Peaks (1989) de David Lynch donde también se recrea la presencia de los «ufos-abductores».
12 - Si se anuncia una película de los Expedientes X para 1998, curiosamente otras se convierten en serie. Así como ocurriera con Starman, Independence Day da lugar a Los visitantes y Stargate, cuyo éxito todavía sorprende a muchos especialistas da lugar a Stargate SG-1, con Richard Dean Anderson, más conocido por su papel McGyver como protagonista.
Para saber más.
Anton, Jacinto. «Haz el amor y no la guerra ... con los marcianos», en El País, (23-IX- 96), p. 32. [Sobre la sexualidad alienígena en la cinematografía].
Ariza, Claude. «El extraterrestre, reflejo de nuestras obsesiones», en El Correo de la Unesco (ver. española), vol. XLII, nº10, (Oct. 1989), p. 12-13. [Evolución de la antropovisión de los ET's].
Cabria, Ignacio. «El mito de la venida de los extraterrestres: génesis y estructura», en CdU, nº 11, 2ª Época (1991), p. 47-58. [Los ETs y platillos volantes interpretados como númenes].
Hardy, Phil [editor]. The Encyclopaedia of Science Fiction Movies. London, 1986. [Enciclopedia sobre las películas de ciencia ficción]
Kyle, David. A Pictorical History of Sciencie Fiction, London, 1977. [Historia visual de la ciencia ficción].
Martínez, Luis. «Pasarela galáctica», en El País de las tentaciones, 6-IX-96, p. 10. [Indumentaria en los films del espacio y del futuro].
Meheust, Bertand. Science fiction et soucoupes volantes, Paris, 1978. [Búsqueda del imaginario ovni en la ciencia ficción].
Pilkington, Mark. Screen memories. An exploration of the Relationship Between Science Fiction Film and the Ufo Mythology en http://www.hedweb.com/markp/ufofilm.htm
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