LOS OVNIS SEGÚN...

LUIS R. GONZÁLEZ

Economista y empresario (Málaga, 1958) comprometido con la ufología desde los años setenta. Sus aportaciones más destacadas han sido el primer estudio sobre casos negativos de humanoides de la Península Ibérica, diversas bibliografías comentadas sobre libros de abducción, así como descubrimientos de fraudes. Escéptico y partidario de las hipótesis psicosociales, forma parte del patronato de la Fundación Anomalía.

 

A estas alturas, estoy seguro que los lectores de Papers d'OVNIs no querrán volver a escuchar la historia del ingenuo joven que empezó creyendo en los OVNIs como naves tripuladas procedentes del espacio exterior y que ha acabado convertido en un adulto desilusionado y escéptico de todo, que considera el fenómeno OVNI sólo como un mito moderno. No es exactamente mi proceso personal, pero los matices no son importantes, así que no les haré pasar otra vez por el mal trago de verse reflejados en los escritos de otros.

Prefiero en cambio hablar de cómo puede ser una Ufología verdaderamente escéptica, dispuesta a sobrevivir al menos otros 50 años más.

Parece existir una contradicción insuperable entre ambos términos: Ufología vs. Escepticismo.

Unos mantienen que todos los escépticos son unos científicos frustrados quienes, incapaces de alcanzar para sí una de esas altas torres de marfil, se contentan con lanzar descalificaciones e insultos infundados sobre los ufólogos (y demás buscadores desinteresados de la verdad), intentando así ganarse el beneplácito de la Ciencia Oficial (siempre con mayúsculas).

Otros, en cambio, consideran a todos los ufólogos cortados por el mismo patrón, una especie de timadores que buscan beneficiarse de la incultura del populacho. E incluso aquellos investigadores que se orientan hacia hipótesis explicativas más psicosociales son mirados como pseudo-conversos de última hora que no han superado todavía la disonancia cognoscitiva de haber desperdiciado años de su vida en el estudio de algo falso e irreal.

Así será si así les parece. Pero algunos, sin dejar de ponderar la parte de razón que tienen ambas posturas, insistimos en la cruda realidad de los hechos: desde siempre ha habido, y siguen apareciendo, informes sobre hechos increíbles experimentados por personas perfectamente creíbles (pero no sólo OVNIs, sino apariciones marianas, poltergeists, etc.).

Y aquéllos que piensan como yo (espero que haya más) NO nos conformamos con decir que todos estos sucesos acabarán teniendo una explicación convencional en cada caso (confusiones, fraudes, alucinaciones, etc.)... eso sólo añade interés al asunto.

Si finalmente los OVNIs fueran efectivamente naves extraterrestres, o la Virgen María se apareciese de verdad, se perdería gran parte del atractivo, dispondríamos ya de una explicación clara, definitiva, y a otra cosa, mariposa.

El verdadero ufólogo escéptico aprende mucho más de un caso explicado que de uno sin explicar.

Dejando aparte los fraudes conscientes (e incluso de ellos se puede aprender algo, aunque sólo sea cuáles son los estereotipos vigentes en la sociedad), el resto de los casos nos ofrece la oportunidad única de analizar la mente humana y su funcionamiento en uno de sus aspectos más íntimos como es la formación de creencias y opiniones.

El llegar a comprender cómo un lejano estímulo luminoso puede convertirse para alguien en una nave espacial que lo persigue ofrece -para mí- una fascinación difícil de superar.

El simple escéptico que sólo se dedica a desmitificar, o el ufólogo que tira el caso a la papelera una vez explicado, se están perdiendo la parte más apasionante del asunto.

Seamos serios. Esta claro que si alguna vez la humanidad entra en contacto con civilizaciones extraterrestres no será a través de los ufólogos ni mediante los OVNIs.

Y en ese momento otras personas mucho más preparadas (mayoritariamente científicos) serán los que monopolicen el trabajo.

Nuestra labor siempre ha sido, y seguirá siendo, algo similar al coleccionismo de sellos.

Es decir, un entretenimiento en el que emplear las horas libres que nos deja la agobiada vida moderna. Sólo unos pocos pueden vivir de esto, y, generalmente, a base de prostituir la realidad del fenómeno adaptándola a los impulsos sensacionalistas del mercado.

Está muy claro cómo NO debe ser la Ufología. Basta seguir las actuaciones de algunos miembros de la llamada última generación de ufólogos en los medios amarillistas de comunicación social para ver que, para ellos, se ha convertido en un mero negocio donde todo vale con tal de vender más ejemplares que la competencia.

La Ufología como modus vivendi siempre estará en función de lo que demande el mercado, y dado el nivel de formación general, esto acostumbra a ser basura.

Y consiste además en alimentar el misterio frente a la investigación imparcial y no preconcebida.

Quizá alguna vez mantuvimos la quijotesca idea de que con nuestros trabajos podríamos forzar a la Ciencia Oficial a prestar atención a un fenómeno nuevo y de gran trascendencia para la Humanidad, sin darnos cuenta de que en caso de conseguir nuestro objetivo, seríamos rápidamente apartados a un lado como simples aficionados.

Pero esos ufólogos modernos ya no se conforman con el papel de mártires o de pedigüeños suplicando la atención de la sociedad, han pasado a convertirse en abanderados de un Nuevo Orden Mundial denunciando conspiraciones a diestro y siniestro que tratan de ocultar la Verdad al mundo.

Si renunciamos a subirnos al carro de la Ufología mercantilista y reconocemos que el estudio científico del fenómeno OVNI es una labor interdisciplinar y que deben desarrollar verdaderos profesionales, ¿qué futuro nos queda?.

Una alternativa que han seguido algunos ha sido incorporarse a ese nivel profesional estudiando aquellas disciplinas científicas que pudieran beneficiar sus investigaciones (Psicología, Física, etc.).

La otra pasa por conformarnos en nuestra labor de recogida de datos y procurar que se realice con la máxima fiabilidad y calidad, obteniendo nuestra satisfacción personal de la labor bien hecha y del contacto cercano con otros seres humanos que han experimentado algo inusual, y también con el resto de colegas que piensan como nosotros.

Porque existe otro aspecto de la Ufología que ha estado demasiado tiempo olvidado.

Estamos tratando con testigos, con seres humanos que en ocasiones se encuentran muy afectados por las experiencias que creen estar sufriendo (p.ej.: las abducciones). Existe una dimensión ética de nuestra labor que está por encima incluso de la investigación. Un caso más de abducción (sin pruebas materiales definitivas) no sirve para nada... una vida más destrozada por creerse una simple «cosa» en manos de implacables seres superiores, es una gran responsabilidad.

Y hablando de abducciones. No se puede negar que es el fenómeno de moda... tan de moda que ufólogos como Sierra, Cantó, Guijarro, etc., que más que a la cuarta generación corresponden a la primera, sector revival (en acertada frase de Matías Morey), han abandonado toda pretensión de presentar pruebas objetivas y vinculan con los OVNIs cualquier suceso onírico/psicológico que les cuente alguien, aunque no aparezca un platillo por ningún lado.

Pero, claro, es más cómodo y rentable denunciar conspiraciones gubernamentales (cuestionando de paso instituciones democráticas) y tener a mano testigos que les aportan relatos sucesivos cada vez más sensacionales sin salir de su casa, que involucrarse tras los «verdaderos» OVNIs e investigar de verdad y en profundidad.

Queda mucha labor por hacer. Incluso si el fenómeno OVNI es poco más que un mito moderno, la situación no tiene nada de simple.

Hay que estudiar y documentar cómo se ha creado ese mito, y cómo ha llegado a configurar el comportamiento de personas que aparentemente jamás han prestado especial atención al asunto.

Por ejemplo, aquel ufólogo que llegue a reconstruir paso a paso, con rigor y pruebas, cómo cierto aldeano analfabeto de un remoto pueblo de Portugal es capaz de montar un avistamiento OVNI a partir de un estímulo natural (claramente identificado en el posterior estudio), habrá hecho por la Ufología racional mucho más que todos los miles de libros escritos hasta el momento. ¿Alguien se anima?.

Con esto acabo. El ufólogo escéptico no se conforma con trasladar la carga de la prueba al testigo y esperar que lo convenzan. Colabora con él en la búsqueda de una respuesta satisfactoria, investigando exhaustivamente el incidente, hasta sus últimas consecuencias pero siempre con un profundo respeto por la situación emocional de la persona involucrada.

Creo que ha llegado el momento de pasar de la juvenil y elemental ansia por la acumulación (y/o explicación) de casos, al análisis en profundidad de casos escogidos y prometedores, documentando detalladamente el proceso y sus resultados finales, sean cuales sean.

 

SUMARIO BOLETÍN Nº 4
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