STENDEK Nº40. Junio l980
A finales de mayo del año 1979,
saltó a las páginas de los periódicos uno de tantos casos OVNI
a los que ya estamos prácticamente habituados.
El caso en sí parecía importante, y el hecho de que un oficial del Ejército del Aire de las Fuerzas Armadas de Chile estuviese involucrado, le confería indudablemente un especial atractivo.
Los hechos sucedieron el día 26 de mayo del pasado año, cuando el oficial instructor de vuelo Danilo Catalan Farias, piloto del Ala número 1 de las Fuerzas Aéreas de la base de Cerro Moreno en las proximidades de Antofagasta en el norte de Chile, realizando un vuelo rutinario de instrucción sobre el territorio norte, fue advertido por el control de tierra de la presencia en sus inmediaciones de un aparato no identificado.
El acontecimiento no era excesivamente anormal ya que en ocasiones aviones comerciales se desviaban de su ruta y se procedía del mismo modo.
Catalan recibió la orden, junto con otro aparato que le acompañaba de su interceptación e identificación.
Su compañero emprendió rumbo norte sin lograr alcanzar el objetivo perseguido.
Danilo Catalan por su parte aceleró su F-5 hasta colocarse a unas 20 millas del objeto desconocido, reflejándose en su pantalla de radar de a bordo como algo mayor que un avión normal.
En ese momento el objeto se desplazaba a una velocidad de 0,92 Mach y a unos 33.000 pies aproximadamente de altitud.
Danilo Catalan siguió acelerando su aparato hasta alcanzar punto tres (algo más de la velocidad del sonido), consiguiendo situarse a unas 10 millas de distancia del objeto perseguido lo que le permitió un contacto visual, y continuó su persecución hasta colocarse a apenas 2 millas de distancia del aparato.
El piloto señaló que a esa distancia todo piloto es capaz de distinguir e identificar prácticamente cualquier tipo de aparato, pero el que veía no encajaba con ninguno de los que conocía, ya que a esta distancia sólo apreciaba una mancha oscura nebulosa.
El piloto chileno describe el aparato como un triángulo negro con dos pequeñas colas.
Al aproximarse Catalan al aparato a tan sólo una milla y media, este hizo un viraje y se alejó violentamente.
Esta maniobra fue detectada por el Control Central de la base aérea de Cerro Moreno por medio del radar, lo que confirmaba la impresión visual del piloto.
La velocidad de escape fue de tres Mach o quizás más.
Hasta aquí resumida de una forma esquemática la noticia del suceso, evidentemente todo parece coincidir en señalar que el caso es un típico encuentro en el aire con un OVNI, sin embargo en el caso se conjugan elementos que hacen que el suceso sea analizable desde un punto de vista radicalmente diferente, es posible que pese a todo, el piloto chileno observase un "Ovni" de fabricación norteamericana.
Tratar de identificar un objeto aéreo en función de unos datos escuetos impresos en un diario con la cantidad de incorrecciones que habitualmente comportan este tipo de noticia, es evidentemente arriesgado.
Sin embargo, sí puede hacerse lo que podría llamarse una catalogación de posible identificación, lo que de alguna manera restaría al suceso parte de su importancia inicial, y dejaría el acontecimiento en su justo valor real.
La descripción hecha por Danilo Catalan del objeto y de sus características de vuelo, coincide con el sofisticado aparato norteamericano SR-71, más comúnmente conocido como «Black Bird» (Pájaro Negro) debido a su color de un azul muy intenso de pintura antirreflectante de las ondas radáricas. Es este un avión de reconocimiento estratégico, es decir, de espionaje, fabricado por la Lockeed-California Co. de U.S.A., es lo que podríamos denominar el sustituto de los ya famosos U-2 ampliamente conocidos al protagonizar uno de ellos un sonado incidente al ser derribado sobre la Unión Soviética y su piloto sometido a juicio.
El SR-71 realizó su primer vuelo el 26 de abril de 1962, pasando a ser fabricado para las Fuerzas Aéreas Norteamericanas el 22 de diciembre de 1964 con el nombre de SR71A.
Sus cualidades de vuelo son realmente excepcionales, capaz de alcanzar los 24.400 m. de altitud es capaz de desarrollar una velocidad de 3.220 Km. a la hora (Mach 3), y aún superar esta velocidad.
Es uno de los aparatos más veloces que se conocen, sólo se le equipara su homólogo soviético, realizó la travesía New York-Londres en apenas 1 hora y 55 minutos. Sus dimensiones son: longitud 32,74 m. y altura 5,64 m.
Debido a la velocidad y la temperatura que generan sus reactores se le observa en vuelo envuelto en una especie de neblina.
Si cotejamos la descripción de Danilo Catalan con lo expuesto del SR-71 observaremos cómo se dan toda una serie de curiosas similitudes.
En principio el oficial afirma que a dos millas de distancia no pudo identificar el objeto, ya que solamente distinguía una mancha nebulosa, lo que coincide con el efecto ya mencionado que se produce en el avión espia.
También afirma que cuando volaba a apenas milla y media de distancia el objeto dio un brusco acelerón y se alejó a 3 Mach o quizás más, y que lo hizo en un giro bastante rudo.
Como veíamos la velocidad de escape del objeto coincide con la del avión americano y cualquier especialista en la materia sabe que cuando el SR-71 acciona a fondo sus posibilidades puede dejar prácticamente parado a un simple, avión como el F-5.
El hecho de giro brusco puede estar más en función de la velocidad desarrollada en la partida que en giro real efectuado. No olvidemos que el piloto se encontraba según sus propias palabras: «bastante agitado ya que era una experiencia que no esperaba».
Un testimonio incontrovertible es la detección que se hizo mediante el radar de Cerro Moreno, pero este sólo pudo ratificar la velocidad empleada, no el ángulo efectuado en la maniobra de escape. La descripción. que del objeto da el piloto es una perfecta copia de avión, ya que afirma que era un triángulo negro con dos colas y de un tamaño del triple que el de su aparato.
La cuestión entonces estribaría simplemente en por qué Catalan no logró identificar el aparato con el que tuvo su encuentro.
Dos posibilidades se plantean entonces como respuesta:
La primera sería que efectivamente Catalan no lograse identificar el aparato lo que nos llevaría a la hipotética conclusión de la falta de preparación de los pilotos de combate chilenos, cosa poco probable, pero no debemos olvidar que pilotos de combate de otras nacionalidades, han perdido los nervios al enfrentarse a verdaderos OVNI, el caso de los cuatro F-84 de las Fuerzas Aéreas Portuguesas que huyeron a la desbandada presos del pánico es bien conocido en los medios ufológicos y no hay que olvidar que el oficial que mandaba la escuadrilla es hoy uno de los tres Jefes del Estado Mayor de las FAP, el General Lemos Ferreira, o también el caso ocurrido en 1970 en España en que dos «Sabres » de las Fuerzas Aéreas Españolas huyeron ante la presencia de un objeto desconocido.
La segunda posibilidad sería que efectivamente el oficial chileno no identificara el SR-71, y que por razones "de Estado" se considerase más oportuno notificar el encuentro como un OVNI, asunto siempre más desprestigiado y lógicamente menos incómodo.
No olvidemos para esta segunda posibilidad que la situación política chilena es bastante delicada, sobre todo a raíz de los últimos roces habidos entre ambas naciones a consecuencia del caso Letelier.
Por último el hecho de que China venda armas a Chile no debe ser muy del agrado de la superpotencia del Norte.
Quedan indudablemente cuestiones difíciles de explicar: ¿por qué el SR-71 cedería tanto en su techo de vuelo teniendo en cuenta que habitualmente opera a setenta u ochenta mil pies?, o bien, ¿por qué un avión de las características del avión norteamericano permitió que un simple F-5 lograse situarse a tan sólo milla y media?.
Solamente se pueden aventurar algunas posibilidades, tales como la identificación óptima de un posible objetivo, o simplemente dejar patente que están sometidos a control dejando entrever una velada amenaza.
En cualquier caso, la primera conclusión que se desprende tras el análisis del caso es que es necesaria una gran dosis crítica a la hora catalogar un objeto como OVNI sin apurar todas las posibilidades de identificación a nuestro alcance.
Es evidente que el objeto divisado en el cielo de Chile puede no ser nuestro SR-71, pero hemos barajado una serie de datos que como mínimo dejan abierto el margen de la duda, y esto ya es suficiente como para que el caso entre en la categoría de dudoso.
Allen Hynek y Jacques Vallee establecieron unas categorías determinadas para intentar etiquetar cada caso en su importancia intrínseca.
Los diferentes tipos de encuentros de Hynek intentan, para en función de la proximidad y el estímulo que causan en el testigo, asignar a cada caso un valor que nos indique la importancia de la observación acontecida.
Por su parte Vallée atiende más a una posible identificación del fenómeno en función de sus características.
Pero existe una tercera categoría, perfectamente compaginable con las dos anteriores, y que atiende principalmente a valorar el conjunto de observaciones habidas en un determinado espacio de tiempo, dándole al conjunto el verdadero valor que debe tener.
Esta tercera categoría fue establecida por las Fuerzas Aéreas Norteamericanas en el tan debatido y polémico «Project Blue Book».
Al establecer los factores de:
- Identificados
- Posible Identificación
- Probable Identificación
- No Identificados
permite en el seno de todo un cúmulo de observaciones establecer cuáles de ellas pertenecen a la categoría de los No Identificados y que por tanto son válidos para establecer algún tipo de estudio restrictivo.
El establecer estas categorías está en función lógicamente de la capacidad de criterio de los investigadores, que de esta manera se ven presionados a aumentar su capacidad de discernimiento a través de una mejor preparación e investigación.
Es más interesante un sólo caso bien estudiado y delimitado que muchos casos en los que no se está seguro de nada.
Tal vez resultaría más interesante, para todos aquellos que nos interesa el fenómeno, establecer una relación pormenorizada y estudiada de todo aquello que puede infundir a error que perderse en divagaciones abstractas que no conducen a ningún sitio.
Estoy seguro de que el día que realmente estemos preparados para una identificación previa de cualquier posible OVNI, podremos tirar todos nuestros archivos y quedarnos con una docena de casos, pero esos doce casos serán sin duda los goznes que nos abran la puerta del futuro.
DIEGO FUENTES MADRID