STENDEK Nº46. Diciembre de 1981
«Quien recorra la Vía Cassia entre San Quirico d'Orcia y Buon convento debe hacer un alto en Montalcino, cerca de Siena. Esta pequeña población yergue sus torres sobre una alta colina poblada de viñas y olivos. Parece uno de esos paisajes con los que nuestros antiguos pintores decoraban algunas pinturas de santos.
Surge Montalcino a 567 metros sobre el nivel del mar, entre el Valle del Ombrone (al noreste) y el Valle del Asso (a levante), y flanqueado por los de Orcia y Mezzogiorno.
Desde la población se observa un soberbio paisaje: hacia levante las onduladas crestas cultivadas pertenecientes a la antigua población de San Quirico d'Orcia, Pienza y Montepulciano. En la lontananza se perciben Casentino, Subasi y el Monte Catria. Hacia el mediodía se divisa el núcleo de Amiata. Hacia poniente Maremma y las colinas que discurren a lo largo del Tirreno, entre las que se halla situada la importante población de Volterra.
En dirección de Grosseto se divisa, a lo lejos, resplandecer el mar. Al norte, la importante ciudad de Siena y más a lo lejos los Montes Apeninos, coronados por el Protomagnó y el Abetone.
Montalcino dista 40 kms. de Siena, 9 de la estación ferroviaria de Torrenieri-Montalcino, 13 de la estación de Monteamiata y 16 de la de San Angelo Cinigiano. Desde Siena y hasta estas estaciones parten cómodos y frecuentes servicios de autobús.»
Hemos copiado este párrafo de la "Guía turístico-artística de la Ciudad de Montalcino" publicada por C. Sante Fanti, porque nos ha parecido la mejor introducción para quien visite esta esplendida localidad. La primera impresión que el complejo de Montalcino ofrece al visitante que llega en automóvil es realmente bella.
La majestuosa fortaleza que se yergue por encima de las casas y de los campanarios de las iglesias, contempla desde hace siglos las ondulantes colinas que la rodean y hace que la localidad parezca inexpugnable. Encerrados en el interior de sus muros, que se conservan en buena parte de la ciudad, la localidad parece una anciana mujer durmiente. A diferencia de otras ciudades y poblaciones de Toscana, Montalcino parece estar situada en otro mundo como consecuencia de la tranquilidad reinante en sus calles al faltarle la simpática y bulliciosa hospitalidad que domina la vida de las poblaciones toscanas.
Nuestra visita a Montalcino estaba motivada no solo por nuestro amor a la región que nos recibía también lo estaba como consecuencia de nuestro interés por las investigaciones clipeológicas que motiva todos nuestros desplazamientos y peregrinaciones.
Todos sabemos que en Montalcino y en una pequeña iglesia que no viene señalada en las guías turísticas, existe la más bella escena clipeológica que jamás pudo haber soñado investigador alguno.
Tomemos de nuevo el texto de C. Sante Fanti:
«... A través de Via Moglia se accede a la Iglesia de San Pietro, que aunque románica de origen, fue reconstruida y modernizada durante el seiscientos.
En el altar mayor vemos la entrega de las llaves a San Pedro. En el altar de la derecha observamos la Glorificación de la Eucaristía. Y en el de la izquierda vemos a Cristo Crucificado. Las tres grandes pinturas debidas a Buenaventura Salimbeni, fueron ejecutadas entre 1598 y 1614.»
El cuadro que nos interesa es el llamado "La Glorificación de la Eucaristía". En los textos de la historia del arte que hemos consultado no se menciona esta amplia pintura y es de notar que las citas bibliográficas de Salimbeni son realmente escasas. Para quien esté interesado en los detalles biográficos del autor procedemos a copiar lo que se cita en la Enciclopedia Motta:
VENTURA SALIMBENI:
Familia de pintores sieneses que operaron desde la mitad del
Siglo XVI a la mitad del Siglo XVII.
Arcangelo, muerto después de 1580, fue el iniciador de la
dinastía y un mediocre pintor.
Ventura (o Bonaventura), 1567-1613, hijo de Arcangelo, trabajó
en Roma realizando algunos frescos en la Biblioteca Vaticana. En
Siena pintó el fresco del Oratorio de la Trinidad en el que
aparecen San Bernardino y el Espíritu Santo. En Perugia pintó
en la Iglesia de San Pietro y un fresco en el Cavaleriato del
Esperon de Oro, lo que le valió del Cardenal Bevilacqua la
facultad de llevar su apellido (desde entonces fue llamado
"El Cavallero Bevilacqua").
En Florencia pintó dos vidrieras del claustro grande de la
Anunziata. Trabajó también en Siena y en Génova revelando sus
excelentes dotes como decorador espléndido y meticuloso.
Para poder describir el fresco de Montalcino deberemos dividirlo al menos en dos partes principales:
En la parte alta podemos observar sobre una gruesa nube, a la izquierda a Jesús y a la diestra a Dios Padre, quienes sujetan con sus manos, uno con la izquierda y el otro con la derecha, dos especie de antenas que parten de una gran esfera transparente, más bien sólida, que recuerda las modernas antenas de un autorradio del tipo no telescópicas.
La punta de una de ellas está rematada por una cruz y la otra por una pequeña esfera, cuyo significado és fácilmente imaginable.

Vista completa de la pintura
Entre ambas "antenas" y a la altura de la cabeza de las dos figuras se observa una paloma, símbolo del Espíritu Santo de la que mana una intensa luz.
La esfera de la cual parten las antenas se presenta como si fuera de cristal y en cuyo interior, como para dar idea de la esfericidad, se observa una escena pintada con fuerte cromatismo, que ilustra lo que parece ser el interior de una habitación con una puerta.

Detalle del objeto
Una ancha faja ecuatorial, con apenas relieve, circunda la esfera e incluso puede observarse por la parte trasera como para indicar la transparencia, lo que subraya una vez más la realidad material del objeto.
El detalle que hace que el observador quede más perplejo es la protuberancia, a la derecha y abajo, similar a un objetivo de una telecámara en el interior del cual se adivina la presencia de una lente.
Bajo todo este complejo pictórico, encontramos lo que podría ser la segunda parte del cuadro, que ilustra la reunión de los Obispos y Cardenales que tuvo lugar en el Año de Jubileo de 1600, fecha que se señala en el extremo de la derecha del fresco.
Aunque se observe el cuadro de forma superficial es imposible pensar que el pintor pudiera haber visto un objeto similar a uno de los Sputnik y que lo hubiera representado.

Muchos han sido los que se han referido en diversas ocasiones a la esfera a que nos referimos, a la que se ha intentado relacionar con la ufología.
Por ejemplo la esfera transparente con estructura interna recuerda algún caso ufológico como el de Las Islas Canarias. De esferas rodeadas de anillos ecuatoriales se habla en todos los libros del tema OVNI, en especial en la encuesta realizada en el Brasil por el Profesor Olavo Fontes, por citar al más famoso. También el caso de Isla Trinidade, del que fueron testigos todos los tripulantes del buque oceanográfico Almiro Barauna.
Aún recientemente, y en el ámbito italiano, un colega se ha referido a una esfera con un brillante anillo rosado y luminoso, que se estacionó por lo menos durante veinte minutos sobre la refinería de Arquata Scrivia (Al).


Izquierda: El objeto de la pintura. Derecha: dibujo de un Sputnik
Lo que nos ha dejado más perplejos ha sido lo observado en el volumen "La Conquista del Cosmos", de Ediciones Nord, en el que hemos visto una fotografía de un Sputnik que únicamente se diferencia de la esfera pintada por Salimbeni, por un mayor número de antenas, y que reproducimos en la figura comparativa que ilustra esta nota.
EMY y ROBERTO BALBI