EL TRIÁNGULO INMORTAL DE LAS BALEARES

 

Contrariamente a lo que algunos piensan (1), el aislamiento que en tantos aspectos padecen las Islas Baleares no ha supuesto a efectos ufológicos la creación de ningún inmaculado santuario preservado de las perversas influencias platillistas peninsulares, sino más bien únicamente la conformación de unas tradiciones ufológicas particularizadas y localistas, pero no por ello ajenas a lo que en cada momento se cocía al otro lado del mar.

Recientemente hemos expuesto lo esencial de dichas ideas autóctonas en una historia de la ufología insular que verá la luz en la Obra Colectiva que se está gestando en el Colectivo Cuadernos, historia en la que, curiosamente, no aparece ninguna mención directa al otrora tan cacareado Triángulo de las Baleares.

Aunque no es un aspecto ni mucho menos esencial, he creído oportuno, a efectos de suplir por un lado esa posible laguna, y, por otro, de mostrar con un ejemplo las interrelaciones entre la ufología balear y la peninsular, abordar monográficamente esta cuestión en el presente artículo. De paso, intentaré aclarar de una vez por todas uno de los mitos que más ha mediatizado la comprensión del fenómeno OVNI en el Archipiélago.

 

UN POCO DE GEOMETRÍA

Según el Diccionario Temático de Ufología (2), se conocen por triángulos mortales ciertas áreas geográficas, normalmente delimitadas por triángulos (3), donde se dice que han tenido lugar desapariciones de barcos y aviones por motivos desconocidos, comúnmente asociados a la presencia en dichas zonas de anomalías físicas o bases de OVNIs.

En realidad, como vemos, este huidizo concepto se nutre de dos diferentes ideas: las pérdidas inexplicables de naves, por un lado, y, por otro, la supuesta vinculación de tales áreas con, cuando menos, una cierta alta frecuencia de avistamientos que dé a entender que son ufológicamente especiales.

Estos dos aspectos poseen orígenes diferenciados y hasta contrapuestos. Así, los naufragios misteriosos y las desapariciones de tripulantes (dejando al margen muchas antiguas leyendas marinas) aparecen ya citados como tales, es decir, debidos a causas no naturales, en las obras de Charles Fort (4), para quien podrían estar provocados por capturas indiscriminadas llevadas a cabo por seres del espacio.

De ahí la idea pasó a Morris K. Jessup, que la expone literalmente en el libro The Case for the UFO (1955), de gran influencia en su época. Sin embargo, la primera localización exacta de una de estas zonas se debe a Vincent H. Gaddis, quien en febrero de 1964 publicó un artículo titulado The Deadly Bermuda Triangle en la revista americana de ciencia-ficción Argosy, luego ampliado en forma de libro (5).

Dicho trabajo sería reproducido con el mismo título en el número de julio-agosto de ese mismo año de la Flying Saucer Review, cosa que lo difundió ampliamente y dio lugar a un aluvión de artículos semejantes de diversos autores (6).

Mas corresponde a la celebérrima obra de Charles Berlitz El triángulo de las Bermudas (7) la definitiva popularización de las ideas triangulescas (no necesariamente entendidas como manifestaciones del fenómeno OVNI), que a su vez alumbró toda una pléyade de títulos posteriores de imposible reseña aquí.

En todo caso, ya en 1977 se publicó la puntilla de tanta geometría fantástica: El misterio del triángulo de las Bermudas solucionado, de Lawrence David Kusche (8), libro en el que, previa consulta a los registros de las aseguradoras navales, se explicaba en términos banales la casuística alegada por Berlitz y sus seguidores.

Por otro lado, la tradición de bases submarinas alienígenas reconoce su fundador en la persona de Ivan T. Sanderson, el cual en su obra Invisible Residents: A Disquisition upon Certain Matters Maritime, and the Possibility of Intelligent Life under the Waters of this Earth (1970), postulaba la posibilidad de que tanto una acuática civilización nativa como los mismos extraterrestres estuviesen habitando las profundidades oceánicas, tal como lo demostraría el hecho de que, según Sanderson, el 50% de los sucesos ufológicos tendrían lugar en las proximidades de masas de agua.

 

Las doce zonas de aberraciones magnéticas, de acuerdo con Ivan T. Sanderson. Las áreas que no aparecen corresponden a los polos.

 

El mismo autor señalaba 12 zonas (no triángulos) de supuestas perturbaciones magnéticas, dispuestas dos en los polos y diez sobre los 301 de latitud norte y sur (separadas por 701 de longitud entre una y otra), donde los avistamientos parece que serían más frecuentes.

 

INFANCIA, VOCACIÓN Y PRIMERAS LOCALIZACIONES

Inspirado por estas teorías y por su indisimulada afición hacia los temas submarinos, Antonio Ribera, que en 1964 había escrito un artículo sobre estas cuestiones (9) y en 1966 les había dedicado un capítulo de su obra El gran enigma de los platillos volantes (6), publicó en 1976 el libro Los doce triángulos de la muerte (10), auténtico centón de naufragios e incidentes ufológicos de todo tipo, en el que encontramos una primera muestra de algo semejante al triángulo de las Baleares.

En efecto, pues, siguiendo las tesis de Sanderson, Ribera enumera cada uno de los doce triángulos (o rombos, como a veces sugiere) que en el mundo han sido, citando entre ellos el del Mediterráneo occidental, trasunto de lo que para el americano era la zona del Gran Erg Occidental argelino. En realidad, como veremos, el baile de posiciones es algo tan común en relación con este tema que nadie debería sorprenderse de los vaivenes que experimentan los sufridos triángulos.

En la versión de Ribera, dicho polígono cubriría la zona del Mar de Alborán y alrededores, zona que acota más precisamente en su artículo de igual título publicado en agosto de 1976 por la revista Mundo Desconocido (11), según el cual los vértices del mismo son el estrecho de Gibraltar, Tinduf y el monte Canigó (fig. 1).

Figura 1

No obstante, en la práctica estos límites son muy relativos, pues el decano investigador incluye dentro del radio de acción de su criatura, ya sea por méritos propios o por su vinculación con la línea BAVIC y la malla ortoténica también descubierta por Ribera, numerosos sucesos más o menos acaecidos en sus proximidades, aunque sin mencionar jamás la casuística balear.

 

Mapa de las ortotenias en 1950, según Antoni Ribera

 

Esta circunstancia no deja de ser curiosa, pues las ortotenias del flap de los años 50 que en apoyo de sus tesis esgrime Ribera (v. El gran enigma..., op. cit.) apuntan descaradamente hacia un punto entre Mallorca e Ibiza correspondiente a un viejo conocido de estas páginas: el incidente del 17/06/1953, que ya analizamos en otra ocasión (12).

Para el veterano ufólogo, la línea BAVIC cortaría los principales triángulos del orbe y sería su razón de ser, si bien no puede dejar de reconocer que el de las Bermudas (y casi todos los otros...) no obedece dicha alineación. En el caso mediterráneo, este hecho vendría reforzado por el supuesto foco de radiación que Ares y López (13) habían vislumbrado también frente a las costas orientales de la península.

Sin embargo, pronto aparecería quien pondría en conexión el globo sonda ibicenco y las ideas triangulistas. En 1977, Mundo Desconocido publicó un artículo (14) de Mariano Planells, periodista del Diario de Ibiza, en el que junto a la descripción de unos casos paupérrimos en cantidad y calidad se insinuaba ya la presencia de una base submarina en las proximidades de la Pitiusa mayor.

Según un gráfico de la página 62 de la revista (no apoyado por ningún comentario en el cuerpo del artículo), su ubicación se hallaría en la prolongación de las ortotenias peninsulares que al cortarse situarían el supuesto OVNI de 1953, es decir, al norte de Ibiza.

Según Planells, que de hecho se limita a citar los comentarios y testimonios de Nito Verdera y Josep Riera, en concreto cabría localizar la base no lejos del islote de Sa Conillera.

Ahora bien, no se menciona en ningún momento que esto suponga la existencia de ningún triángulo propiamente balear, sino que se asume que «de haber una base de OVNIS en las profundidades del Mar Mediterráneo, muy bien podría estar ubicada en el Norte de Ibiza. Creo que Antonio implícitamente ha sugerido algo de eso» (15).

Erraba por completo Planells en sus apreciaciones y en más de un aspecto, pues ya hemos visto cómo Ribera sólo había aludido al Mar de Alborán y había ignorado todos los sucesos baleares, la posición del globo de 1953 es incompatible con la propuesta de Sa Conillera, y, sobre todo, porque produce vergüenza ajena sacarse de la manga toda una base alienígena para pseudo-explicar la abrumadora cifra de los cuatro casos mal testimoniados que se recogen en el artículo, que pese a su parquedad daban un ingente trabajo a un equipo de más de 25 hombres (sic) del que nunca más se supo (¿cayeron en el triángulo?).

Sea como fuere, y dejando al margen las consideraciones que nos merecen los modos ufológicos de tiempos pasados, lo cierto es que en este trabajo de Planells se encuentran, para bien o para mal, las referencias primeras al triángulo que nos ocupa, que tuvo por tanto su cuna en aguas pitiusas.

Algún tiempo después, en 1979, la revista Contactos Extraterrestres resucitará el tema en un artículo (16) del que no consta el autor (¿Enrique de Vicente?).

Bajo el encabezamiento genérico de «¿Bases de OVNIS en aguas españolas?» y el concreto título de «El triángulo de Ibiza», viene a resumir los citados precedentes de Ribera y demás, completados con la más reciente casuística registrada en las Pitiusas y en Mallorca, para que no falte de nada.

En él leemos algunas peculiares localizaciones del triángulo debidas a investigadores extranjeros. Así, un tal Gustav Sjöberg, periodista sueco, situaba los vértices del mismo en el islote de Es Vedrà, el Peñón de Ifac en Calpe y la montaña emplazada junto a la capital alicantina (fig. 2); una zona muy estrecha con un campo marino de atracción energética que provocaría la desorientación de las palomas mensajeras. Por su parte, unos alemanes suponían la presencia de una base submarina hacia el sur de Formentera, por ser éste un lugar de aguas tranquilas y solariegas (sic).

Figura 2

Con todo, el principal mérito de este artículo reside en la síntesis que realiza su ignoto autor de todas las ideas previas sobre el particular, vinculando explícitamente los casos de 17/06/1953 y verano de 1958 (17) con el triángulo, y poniendo falsamente en la pluma de Ribera la expresión «agujero negro de las Baleares», que no se menciona en ningún momento en Los doce triángulos de la muerte. Además, la gratuita extensión de la acción del polígono ibicenco a otros puntos del archipiélago marca ya el inicio de la desvirtuación del concepto.

 

AUGE Y CAÍDA

Antes de la publicación de este último trabajo, que no hace sino seguir la tradición clásica de la historia de nuestro triángulo, había comenzado de hecho la corrupción de dicho mito, que correría a la par de su más amplia divulgación.

El punto de inflexión de este proceso tuvo lugar en el I Congreso Nacional de Ufología, celebrado en Barcelona durante los días 3 y 4 de diciembre de 1977, durante el cual la inefable Carole Ramis (una ex-bailarina austríaca afincada en Palma que era amiga de Ribera) sorprendió al auditorio con una aberrante disertación sobre, entre otras cosas, la supuesta base submarina del Mar Balear.

 

Carole Ramis en una fotografía de la época
(Archivo Jordi Ardanuy)

 

La perorata de la centroeuropea no fue considerada digna del alto nivel que se pretendía para el evento, lo que provocó el abandono de la sala por parte del sector de ufólogos más racionalistas (18) (19).

Cabe decir que, pese a la opinión así tan ostensiblemente manifestada por los cientifistas, la intervención de Ramis tuvo al menos el mérito de constituir la primera manifestación documentada del traslado a Mallorca del triángulo y de sus supuestos agentes causantes.

 

Recorte de prensa de La Vanguardia, 28-11-1979
(Archivo Jordi Ardanuy)

Las razones de la mudanza sin duda se hallan en la actividad desplegada durante la segunda mitad de los años 70 por la cuadrilla de contactados de Sóller (Mallorca) que capitaneaba Joan Coll, quienes en aquel entonces fueron protagonistas de numerosos incidentes que les granjearon una cierta popularidad dentro y fuera de los ambientes ufológicos.

No hemos encontrado menciones expresas a bases o triángulos procedentes de tal grupo hasta bien entrado 1978, pero sabemos que dichas ideas estuvieron siempre presentes en su filosofía contactista.

Partícipes de una visión localista de la ufología, opinaban que los OVNIs que decían ver procedían de alguna base situada frente a la costa sollerense (20), cuya localización más precisa la ubicaba entre la Punta Cala Roja y Es Morro de sa Vaca, a unos 1.000-1.500 metros mar adentro, posiblemente enclavada en alguna falla tectónica o fosa marina desconocida (21).

La fama -justa o no- cosechada por estos individuos, transmitida por Carole Ramis a Antonio Ribera, operó un cambio sustancial en las ideas del decano. Ya en 1981, Ribera afirmó que los casos de OVNIs marinos (?) observados en Mallorca permitían sentar la hipótesis de la existencia de una posible base submarina frente al Port de Sóller (22).

Dos años más tarde, en Las máquinas del cosmos matiza que la instalación de los alienígenas estuvo primero entre Ibiza y Mallorca (donde se avistó el globo de 17/06/1953), pero que luego se desplazó a la altura de Sóller, a unos 90 metros de profundidad, aunque la intervención de nuestra Marina de guerra parece que terminó por ahuyentarlos definitivamente (18).

Sorprendente revelación, que contrasta en el mismo libro con la ausencia de mención de ningún triángulo balear en el recuento que se efectúa en el capítulo 4, donde sólo reaparece el del Mar de Alborán (pág. 214).

Curiosamente, mucho después, en 1996, Ribera detallará que la huidiza base se encontraba frente a Deià. Se cansó de ser perseguida por el dragaminas Poseidón de la Armada Española, que efectuó sondeos muy intencionados en esa zona para localizarla (23).

Si bien no hay demasiada distancia entre Deià y Sóller, no deja de ser significativo el nuevo baile de ubicaciones, esta vez muy posiblemente motivado por vivir en la primera localidad Carmen Doménech, periodista que en los años noventa ha divulgado exageradamente diversa casuística ahí acaecida (24).

Las nuevas tesis de Ribera, decantadas más bien por las ideas submarinistas de Ivan T.Sanderson antes que por las propiamente triangulescas, han sido malinterpretadas en más de una ocasión, dando pie a nuevos trazados del polígono.

Así, en 1979 nada menos que Eugenio Siragusa aprovechó una visita a Palma para pontificar que las Islas Baleares son un vértice del triángulo, junto con Barcelona y Tarragona, por donde pasan y se paran las naves que operan en el Mediterráneo (25).

Pero quien se llevó la palma al respecto fue Sebastián d'Arbó, a quien cabe imputar la extensión del triángulo por inconfesables motivos de audiencia televisiva.

En efecto, pues d'Arbó, responsable del espacio de TVE2-Cataluña: Catalunya Misteriosa (en antena entre 1989 y 1990), es autor del artículo El triángulo del silencio (26), básicamente una transcripción del programa de mismo título emitido el 4 de octubre de 1989, en el que se mencionan como vértices del polígono el Delta del Ebro, el Cabo de Denia y un punto indeterminado al este de Mallorca (fig. 3).

Figura 3

De esta manera se implicaba Cataluña en el asunto (aunque fuese a costa de dejar fuera Menorca), justificándose la atención del programa y, consiguientemente, el siempre agradecido viaje a las islas.

El televisivo hipnotizador no aclara las razones de su ciencia, pero recoge que su trazado se basa en otro triángulo más pequeño descubierto por el recientemente fallecido Pedro Crespí (ex-teniente coronel del Ejército del Aire famoso por sus veleidades contactistas), el cual se extendería por su parte superior desde la isla de Mallorca a la de lbiza, y por la inferior hasta un poco mas arriba de la isla de Menorca (!?).

El resto del artículo no es digno del más mínimo comentario, pues está plagado de inexactitudes y dislates de todo género.

No obstante, casi al final del mismo podemos leer el siguiente comentario de Ribera:

«Esta zona está estrechamente relacionada con otra mas grande, que es el llamado Triángulo del Mediterráneo Occidental. Parece ser que mar adentro, en aguas baleares, se encuentra posiblemente una base submarina a la altura de Sóller, en la isla de Mallorca. Esa base submarina ahora ya no se utiliza, pero existió. Todo ello es muy interesante, porque nuestro Triángulo del Silencio forma parte de las doce aberraciones geomagnéticas que existen en el planeta Tierra».

Aquí la confusión es ya absoluta entre bases, triángulo balear y del mediterráneo occidental; pero no es sino reflejo de la labor de zapa que los diversos autores han practicado sobre los fundamentos del concepto, adaptándolos según conviniera a sus variables intereses.

Posteriormente todavía hemos podido encontrar una nueva acotación del triángulo, también debida a Crespí (27), que en 1996 lo ubicaba entre Marsella, Baleares y la costa valenciana (fig. 4). Sin embargo, y pese a rememorarse un tanto con motivo de la desaparición del comandante Bañuls (24), lo cierto es que, huérfano de la casuística que lo justifique, hoy en día se trata de un tema periclitado dentro de la ya de por sí agonizante ufología balear.

Figura 4

 

CONCLUSIONES

Hecho el repaso a la labor de los diversos autores que han abordado el tema, queda ahora patente que, como tantísimas veces ha ocurrido antes con otras materias ufológicas, nos hallamos ante paternidades complejas en las que han tomado parte diferentes sujetos en distintas épocas y movidos por finalidades dispares.

La consecuencia del proceso ha sido una confusa mezcla de especulaciones y pseudo-hechos que hábilmente manipulada se ha adaptado a las necesidades de cada maestro, importando poco si ello suponía renunciar a la verdad o, simplemente, a la sistematización y orden de las cosas, aspectos que parecen ser completamente ajenos a la mentalidad de muchos ufólogos.

Además, todo este asunto, que tuvo un autóctono origen ibicenco y que ha conocido diversas aportaciones de otros elementos insulares, desmiente por tanto la noción de un paraíso antiufológico balear que otros han querido vislumbrar, constituyendo una buena muestra de la retroalimentación existente entre los desarrollos ufológicos locales y el contexto más general en el que también se insertan.

Nada es sencillo con relación a estos temas, y sólo el conocimiento superficial de los mismos puede crear la ilusión de claridad.


MATÍAS MOREY

 

NOTAS

(1) MIGUEL ALCÍBAR (1997): Cultura y mito extraterrestre. Aproximación al paradigma menorquín, en Cuadernos de Ufología, nº1, 3ª época, pp. 96- 105.

(2) FUNDACIÓN ANOMALÍA (1997): Diccionario Temático de Ufología,
Fundación Anomalía (Santander); pág. 372.

(3) Obviamente, el triángulo es la figura más fácil de trazar, pues siempre es sencillo encontrar tres puntos cualesquiera y relacionarlos entre sí. No obstante, tenemos conocimiento de la existencia de, como mínimo, un rectángulo ufológico: el llamado de Faribault en Minnesota (EE.UU.), v. Peter Brookesmith, (1996): Documentos UFO.Catálogo completo, LIBSA (Madrid), pág. 143. También respecto a triángulos y apariciones de OVNIs, recordemos las llamadas Isocelias; cfr. DTU, op. cit., p. 285.

(4) Especialmente en The Book of the Damned (1919). Hay traducción española de 1969: El libro de los condenados, Rumeu Editor (Barcelona).

(5) VINCENT H. GADDIS, (1965): Invisible Horizons: True Mysteries of the Sea, Chilton (Philadelphia).

(6) Reflejados en el capitulo XII de Antonio Ribera (1976): El gran enigma de los platillos volantes, Plaza & Janés (Esplugues de Llobregat), 40 ed. La primera edición es de 1966 en Pomaire (Barcelona).

(7) POMAIRE (Barcelona), 1975. El original, The Bermuda Triangle, es de 1974.

(8) SAGITARIO EDICIONES (Barcelona). El texto inglés se editó en 1975 con el título The Bermuda Triangle Mystery-Solved.

(9) UFO's and the Sea, en Flying Saucer Review de noviembre-diciembre de dicho año.

(10) ATE (Barcelona).

(11) ANTONIO RIBERA (1976): Los doce triángulos de la muerte, en Mundo Desconocido nº l4, agosto de 1976, pp. 71-77.

(12) MATÍAS MOREY (1996): La nave portadora de 1953, en Papers d'OVNIs nº 35-36, noviembre-diciembre de 1996, pp. 289-290.

(13) FÉLIX ARES y DAVID G. LÓPEZ (1970): Estudio de la oleada 1968-1969, Eridani AEC (Madrid).

(14) M. PLANELLS, (1977): Los OVNIS salen del mar en Ibiza, en Mundo Desconocido nº 12, abril de 1977, pp. 61-67.

(15) Ibídem, pág. 67.

(16) El triángulo de Ibiza, en Contactos Extraterrestres nº 1, julio de 1979.

(17) A. RIBERA (1976): El gran enigma..., op. cit., pág. 322.

(18) ANTONIO RIBERA(1983): Las máquinas del cosmos, Plaza & Janés (Barcelona), pág. 212 (nota 1 de la pág. 210).

(19) IGNACIO CABRIA GARCÍA (1993): Entre ufólogos, creyentes y contactados. Una historia social de los OVNIs en España, Cuadernos de Ufología (Santander), pág. 78.

(20) Posiblemente porque, según manifestó Coll en el Diez Minutos de 15/07/1978, pp. 22-23, las Bermudas, el Valle Sagrado de Tepztlán y Sóller se encuentran en la misma línea recta y los tres lugares muestran la misma figura (?) reproducida en las montañas circundantes.

(21) Diario Última Hora de 03/01/1979, pág. 30 (carta al director de Pep Climent y Jaume Bernat).

(22) Diario El Noticiero Universal de 07/02/1981, pág. 16.

(23) Última Hora de 07/06/1996.

(24) CARMEN DOMÉNECH (1996): El último contacto del comandante Bañuls, en Año Cero nº66, enero de 1996, pp. 6-9.

(25) HUMBERT COLOM (1993): OVNI: avistamientos y contactos en Mallorca, en Brisas, nº 306, 28/02/1993, pág. 7.

(26) SEBASTIÁN D'ARBÓ (1992): El triángulo del silencio, en Año Cero nº 25, agosto de 1992, pp. 56-62.

(27) Diario de Mallorca de 07/04/1996, pág. 6 del suplemento dominical.

 

 

SUMARIO BOLETÍN Nº9
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