EL CASO DEL «COMPACT-DISC» VOLANTE

 

Por razones profesionales, en marzo de 1992 tuve un almuerzo en Valencia con dos directivos locales de una importante compañía multinacional de seguros, a quienes acompañaba el subdirector y jefe de la División Comercial del área de Vida y Pensiones de su central de Barcelona.

Al final de la comida, uno de ellos sacó a colación el tema de los OVNIS, conocedor de mi actividad investigadora en este campo, explicándosela al ejecutivo catalán, quien -sin asomo de complejos- replicó: «Yo he visto un OVNI».

Lógicamente, y aunque es un principio personal nunca mezclar mi trabajo con mi afición, le disparé una batería inicial de preguntas, quedando en que le remitiría un formulario para avistamientos en el que volcase todo lo que pudiera recordar (¡lo que le ocurrió databa nada menos que de 1967!). A los pocos días, recibí el cuestionario debidamente cumplimentado. Lo que sigue es el relato de los hechos.

El 15 de agosto de 1967 (día de apertura de la veda de la codorniz), el testigo, de 17 años de edad, acompañaba a su padre y su tío, ambos por desgracia ya fallecidos, a una jornada de caza, deporte del que los tres eran avezados practicantes.

Eran las seis de la mañana y se hallaban en una zona situada entre Alcolea del Pinar y Sigüenza, en la provincia de Guadalajara, a unos seis kilómetros de la primera localidad. De repente, el perro que iba con ellos -un setter irlandés- comenzó a dar muestras de inquietud, erizándosele el pelo.

En ese momento estaban a un centenar de metros de coronar una pequeña loma, que impedía ver lo que había detrás. Una vez llegados al punto superior del montículo, desde donde se oteaba una buena zona de terreno algo ondulado, vieron de 100 a 150 metros de distancia («a dos tiros de escopeta», en expresión del testigo entrevistado), «como una galleta» situada a 80 ó 100 centímetros del suelo. El objeto estaba estático, «como si fuera un hovercraft».

El dibujo que me hizo se asemeja a una lente muy elongada (en la figura nº1, la relación entre eje menor y eje mayor es de 0.17) y se le calculó un diámetro real de 20 metros aproximadamente, por lo que se puede deducir una altura de tres metros.

 

Figura 1
Figura 1. El supuesto OVNI, según dibujo del testigo.

En opinión del observador, habían suficientes puntos de referencia para que la estimación dimensional sea bastante confiable, además del notorio «buen ojo» que se le supone al cazador. «Parecía un gran compact disc, con muy poco espesor en su altura», relató el testigo en el formulario. De aspecto sólido y metálico, era de color anaranjado, algo más plateado en el centro y tenía los bordes nítidos.

A destacar que el cielo -estaba amaneciendo- también presentaba coloración anaranjada, por lo que podemos deducir que -como asegura el observador- era «luz reflejada por el amanecer». Mientras veían el objeto, el perro aullaba de temor y se escondía entre las piernas de los cazadores.

La visibilidad era perfecta. La observación duró sólo entre 10 y 20 segundos, ya que el disco se elevó rectilíneamente con un ángulo de elevación de unos 60º hacia el noroeste, en dirección opuesta al grupo de testigos, perdiéndose de vista en menos de 10 segundos (la enorme aceleración adquirida instantáneamente fue algo que asombró mucho al joven cazador, por entonces aficionado a la aviación [figura nº 2] ).

 

Figura 2
Figura 2. Página del formulario del CEI rellenado por el testigo.
El dibujo de la pregunta 48 es una composición.

Mientras el objeto estuvo sobre el suelo no se escuchó ningún ruido; al despegar, escucharon un siseo, «un sonido de rasar el aire, parecido a un silbido grave», probablemente debido al efecto de la traslación, pero nada parecido a un motor.

Durante casi toda la mañana fueron vistas parejas de aviones de combate Super Sabre sobrevolar la zona «en vuelos tipo reconocimiento, a velocidad de interceptación, no obstante, que vendrían de Torrejón», comentó mi informador.

Llegados al punto sobre donde el objeto había estado casi posado, no encontraron huellas ni nada anormal en el terreno.

Más tarde pasaron por el cuartelillo de la Guardia Civil de Saúca (Guadalajara), a cuyo Cabo Primero contaron lo sucedido, sin que mediara ninguna reacción. En el bar donde comieron coincidieron con unos ciudadanos franceses, quienes dijeron haber visto una luz anaranjada desplazarse por el cielo. No se conocen sus datos.

Esto es, en su sencillez y extrañeza, todo lo que pasó. No hubo ningún otro elemento fantástico que sumar a lo antedicho.

Para mí, el testigo merece una garantía absoluta. Me contó haber confiado la historia a escasas personas, debido al sentimiento generalizado de duda ante estos casos: «no tengo por qué soportar que mi testimonio sea puesto en cuestión», manifestó el alto profesional de Seguros. Lo cierto es que ninguno de sus dos gerentes conocía la vivencia de su jefe -me figuro que la oyeron estupefactos- y fue precisamente su idea de introducir en la sobremesa el tema de mis investigaciones y libros sobre OVNIS, como un elemento distendido de charla, lo que actuó de disparador para que decidiera compartirnos la experiencia.

El cuasi-aterrizaje de tan dispar objeto y la altísima velocidad que alcanzó suponen características verdaderamente anómalas (ya que los vuelos de cazas militares podrían tener que ver con ejercicios aéreos sin relación con lo sucedido) y cómo analista de informes OVNI debo admitir que me siento incapaz de encontrar una resolución no ilusoria para este fenómeno. Este incidente ve la luz por vez primera en Papers d'OVNIS.

 

VICENTE-JUAN BALLESTER

 

SUMARIO BOLETÍN Nº11
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