Capítulo V
HISTORIA
DEL CEI
La década
de los 70
Los disidentes
Ya a finales de 1969 se hicieron notorias las diferencias e incompatibilidades entre los propósitos del CEI y la opinión particular sobre los OVNIs de su propio presidente, el Dr.Velasco.
La Junta no tardó en prescindir de alguien que públicamente disentía del resto, ocupando el cargo que ocupaba, aunque desde hacia casi dos años había dejado de asistir a las Asambleas. En diciembre del mismo año Luis María Vallés Tuset pasó a ser el nuevo presidente al ganar su candidatura frente a la presentada por Antonio Ribera.

Luis María
Vallés Tuset (derecha y detrás de A. Ribera) durante la visita
del profesor
Hermann Oberth a la sede del CEI (1969)
En 1971 cierto grupo de socios pretendieron la organización de un nuevo CEI, al margen del ya existente y proponiendo a Alberto Vallés como nuevo presidente.
Naturalmente la Junta Directiva no tardó en amonestarlos lo que provocó la salida del centro en julio del mismo año de 15 socios en tropel, entre los que se contó Carole Ramis.
Ramón Navia, uno de los dimisionarios de aquel verano, no tardaría demasiados años en crear otro grupo en Barcelona al que bautizó con las siglas IIEE (Instituto de Investigaciones y Estudios Exobiológicos) centrado en la investigación de campo.
La presidencia de Vallés fue muy disputada, tanto por el grupo disidente como, a lo largo de esos primeros años de la década, por Antonio Ribera a quien finalmente se le había ofrecido el cargo de Presidente Honorario en vez del de vicepresidente.
La situación, tal vez, cambió a partir de enero de 1972 al ser elegido presidente José María Casas Huguet.

Participación de
José María Casas Huguet (centro), entonces director del CEI,
en el programa de TVE «La Clave» (1976)
Unas piedras en el camino
En agosto de 1974, J.J. Benítez había sido enviado a Perú por su periódico -La Gaceta del Norte- para llevar a cabo una serie de reportajes en torno de los contactos del grupo IPRI. Estando allí se enteró de otro suceso que no tardaría en convertirse en una clásica referencia de la arqueoufología mundial: las piedras de Ica.
A la vuelta de su segundo viaje al país andino, en enero del año siguiente, el CEI se interesó por el descubrimiento y se acordó invitar a Barcelona a Benítez para que hiciera una presentación oficial de sus investigaciones.
En 1975, ya oficialmente extinto el CEI-Madrid, y descabezada la cúpula directiva de éste (Félix Ares había marchado a San Sebastián y, temporalmente, se había distanciado del CEI de Barcelona), otra persona vino a sustituirle en la junta directiva del CEI en Barcelona.
Se trataba de Ramón Simó, un alto cargo de una conocida agencia de publicidad con numerosos contactos en el mundo de los negocios.
Fue así como él mismo logró de manos de un gigante de la banca, concretamente de Banca Catalana, la posibilidad de ofrecer su salón de actos, en su sede central, para poder realizar cualquier charla o simposio sobre los OVNIs.
Solucionado el primer requisito se contactó con J.J. Benítez ofreciéndole la posibilidad de divulgar sus descubrimientos sobre las piedras de Ica en Barcelona, bajo el patrocinio del Centro de Estudios Interplanetarios y la palestra (única en España) de la revista Stendek.
En octubre de aquel año Benítez se trasladó a nuestra ciudad hospedándose en el Hotel Avenida Palace.
El propio Simó y Pere Redon, por aquel entonces secretario general del CEI, fueron inmediatamente a recibirle y a preparar los pormenores del evento.
Invitaciones y propaganda ya habían sido cursados a todos los interesados y a los medios de comunicación; y el encuentro pasaba por ser un mero protocolo, pero el resultado fue muy distinto al esperado.
Los tres se entrevistaron durante algunas horas en el mismo hotel, cuando los miembros del CEI no tardaron en trocárseles sus caras por una mueca de disgusto.
Para Redon y Simó, Benítez se les presentaba con una historia fantástica que carecía a todas luces de fundamento, a no ser por las ansias de protagonismo de su portador.
Como hombres de convicciones profundas, no escondieron sus impresiones a Benítez, pero dado el enorme compromiso alcanzado, no con el periodista, sino con una entidad tan importante como la banca, decidieron mantener la convocatoria pero retirando totalmente el patrocinio del Centro, evitando así que se viera involucrado en lo que ellos creían una soberana farsa.
Esta actitud, nada agradable para el conocido periodista, fue el preámbulo de otras muchas que se irían materializando, especialmente, con la aceptación o rechazo de artículos para ser publicados en la revista Stendek.
A Benítez jamás se le invitó a publicar en ella. La ruptura llegó, como se indicó en un capítulo anterior, con el I Congreso Nacional de Ufología promovido por Antonio Ribera y celebrado en diciembre de 1977, al provocarse la desbandada de la plana mayor del CEI ante la charla ofrecida por Carole Ramis, punto culminante de lo disparatado e irracional que se diera en aquel congreso, y la posterior publicación de las actas parciales del Congreso, incluyéndose sólo las conferencias del sector llamado científico.
El Consejo Consultor de STENDEK
Como muy bien indica Ballester (1), aquella ruptura posibilitó un replanteamiento de los objetivos y los métodos a utilizar a la hora de tratar la temática OVNI y fruto de esta confluencia de intereses fue la creación, en mayo de 1978, del Consejo de Consultores de Stendek, autodefinido como una «comunidad de intereses metodológicos».

En 1978 se
constituyó el Consejo de Consultores de Stendek,
formado entre otros,
por Richard Heiden, François Louange, Willy Smith, Ballester
Olmos y Carmen Tamayo
Así, ufólogos nacionales e internacionales, con conocimientos académicos específicos sobre diferentes ramas del saber, tendieron una red de colaboración que permitía responder y asesorar en cuestiones técnicas planteadas por la propia investigación OVNI o por los artículos presentados a la revista, brindando así un nivel de calidad y de independencia de criterio a sus miembros, abierto a nuevas incorporaciones de cualquier ámbito científico o profesional.
El Consejo de Consultores casi llegaba a la treintena de miembros, repartidos en diez disciplinas bien distintas, desde la física a la paleontología, pasando por la informática o la psiquiatría.
Algunos de ellos ya eran sobradamente conocidos por sus publicaciones como Albert Adell y su «Manual del ufólogo», Ballester Olmos, presidente del CEONI de Valencia, o los extranjeros Fernando Fernandes (Portugal), Richard Heiden (EE.UU., co-editor del APRO Bulletin), François Louange (Francia), o Willy Smith (también de EE.UU., miembro del CUFOS), además de la totalidad de cabecillas del antiguo CEI-Madrid, entre otros.
Así, mientras se consolidaba una ufología científica a nivel internacional, liderada en buena medida por una ya veterana institución como era el Centro de Estudios Interplanetarios y representada por una revista, referencia obligada para cualquier estudioso de los OVNIs de habla hispana o interesado por la ufología de aquí, como era Stendek, remitida no sólo a la mayoría de centros nacionales e internacionales del ámbito ufológico, sino a personalidades como el Rey Juan Carlos I o la Library of Congress de Estados Unidos, nuevas caras y nuevas voces venían a engrosar el cartel ufológico nacional de la mano del CEI.
Otros, ya veteranos, se apartaban paulatinamente por razones diversas (Crexell por incorporarse a la vida política de partido, Lleget por desacuerdo con la línea editorial, entre otros).
Las desavenencias no cejaron, por humanas, y alejaron al propio presidente Casas Huguet, quien dimitió de su cargo en octubre de 1978, siendo sustituido por Ramón Simó.
La revista Stendek, que desde sus inicios se mantuvo como un órgano gestionado independientemente del Centro (recordemos que la financiación de los primeros seis números corrió, a fondo perdido, a cargo de Joan Crexell, luego se autofinanció), tuvo su momento de máxima difusión al llegar a superar los 1.400 suscriptores, manteniendo una estabilidad envidiable a lo largo de los años.
Tras ellos empezó un goteo lento pero imparable de suscriptores, suscriptores que, en buena medida, habían pertenecido a la Red de Corresponsales iniciada a partir de la correspondencia mantenida por el Centro y los lectores de la revista Algo desde finales de los años sesenta.
1978 no sólo significó la dimisión de Casas Huguet, sino en el ámbito general de la ufología un cambio de mentalidad radical, quien sabe si influido de manera preeminente por la película Encuentros en la Tercera Fase de Steven Spielberg.
De alguna forma ello significó el paso de la investigación sobre los clásicos avistamientos a la irrupción generalizada de los movimientos contactistas.
Lógicamente esto tenía que afectar muy directamente en el interés hacia la perspectiva con que Stendek venía tratando el fenómeno.
Otras circunstancias marcaron el declive, tal vez más en el aspecto de edición de la revista que no en el de recepción.
Personas que venían trabajando muy activamente en ella, como Josep Lleó, marcharon a vivir fuera de Barcelona, viéndose con ello gravemente afectado el aparato de distribución.
También la maquetación se vio resentida (Serra Planas era el encargado). En definitiva, en pocos años la revista pasó a depender casi en su totalidad del trabajo de Pere Redon quien, a la vista del descenso paulatino de suscriptores y la posibilidad de que su subsistencia terminara arrastrando al propio CEl, decidió de forma unilateral terminar con ella en diciembre de 1981 (aunque el último número, el 44, apareció en febrero del año siguiente).
Curiosamente no hubo reacción alguna por parte de los lectores, siendo su silencio la prueba de que algo estaba cambiando en «el problema más trascendental jamás planteado a la Humanidad contemporánea».
La defunción de Stendek también fue posible porque desde junio de 1980 el propio Pere Redon había sustituido a Simó en el cargo de Presidente, siendo los vicepresidentes Francesc Melis y Albert Adell.
Nuevos aires, renovados socios
Pero el fin de Stendek no significó un declive del CEI, nada más lejos, la actividad interna no dejó de crecer en contra a la de otros centros que poco a poco fueron desapareciendo de la geografía hispana.
Algunos de sus antiguos componentes pasaron a engrosar las filas del Centro barcelonés. Entre los nuevos socios figuraron nombres como Joan Plana, Vicente-Juan Ballester, Luis R. González o Enrique de Vicente, todos ellos se incorporaron a lo largo de 1982.
Enrique de Vicente, que vivía en Madrid y ya había coincidido con el grupo del CEI-Madrid antes de la escisión de Eridani A.E.C., solía pasar varias veces por la ciudad condal de camino a París donde acudía a menudo para visitar a sus amigos y comprar libros. Era un ávido devorador de documentos, encuestas y recortes archivados en el CEI y la relación era del todo cordial.
Joan Plana era un joven de 25 años interesado muy especialmente por la temática militar, pero igualmente por los OVNIs. Un buen día se presentó en la sede del CEI con la intención de incorporarse, sin mediación de cualquier otro socio.
Ballester Olmos era un ufólogo conocido del CEI desde muchos años atrás. «Enfant terrible» para los más veteranos que se escandalizaron ya en 1969 con un artículo suyo publicado en la revista Algo donde mostró sin tapujos una premonitoria opinión escéptica hacia los no identificados.
Como presidente del CEONI valenciano la relación se hizo más estrecha a pesar de los exabruptos lanzados contra él por el presidente de aquella época, José María Vallés Tuset. La participación en numerosos proyectos y la alineación con el CEI, encabezando el Consejo de Consultores de Stendek, hizo que su incorporación al Centro fuera una mera consecuencia natural de su posicionamiento.
Luis R. González, malagueño, pasó por el centro en sus años de estudiante de económicas en Barcelona.
MARTÍ FLÒ
NOTA
(1)
LOS OVNIs Y LA CIENCIA
Vicente J. Ballester Olmos-Miguel Guasp (1981).
Esplugas del Llobregat.
Plaza & Janés. pág. 167-177
SUMARIO
BOLETÍN Nº15- 18
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