
Josep Guijarro Triadó se ha sentido siempre atraído por las llamadas paraciencias. Siendo muy joven funda la Unión Autónoma de Investigadores Parapsicólogos (UAIP, 1983). A partir del Primer Simposio Nacional de Ufología celebrado en Barcelona en 1988 comienza a conocerse públicamente su especialización como ufólogo.
Con vocación periodística es articulista, ha presentado diversos programas en la Televisión local de Terrassa, conduce programas de radio y ha colaborado en la elaboración de la enciclopedia Mas Allá de Los OVNIS.
En 1994 se publicó su primer libro Infiltrados. En la actualidad es el responsable de la sección de OVNIS de la revista MÁS ALLÁ DE LA CIENCIA y de la WEB Punto de Encuentro Ovni: http://www.ctv.es/USERS/mulder
Como declaración inicial de intenciones debo de expresar que el denominado fenómeno OVNI es, en realidad, un montón de «fenómenos» juntos y que, consecuentemente, no existe una sola explicación que se amolde a la totalidad de esta compleja materia. Resulta evidente que fenómenos atmosféricos, astronómicos, meteorológicos e incluso aeronáuticos pueden explicar una gran parte de las manifestaciones que se producen alrededor de nuestro planeta, pero ¿hay alguna que sugiera la intervención de un fenómeno inescrutable?.
Desde mi punto de vista si, y es a estos NO IDENTIFICADOS (que no necesariamente objetos) a los que creo debemos de centrar nuestra atención. Dentro de estos hechos inexplicados excluiría por su dudosa vinculación ufológica a las abducciones, contactos y visitantes de dormitorio, pues aunque muchos de estos casos se iniciaron con un avistamiento o encuentro cercano (que puede o no ser cuestionado), el desarrollo posterior del contacto (telepatía o presencias pseudo-materiales) poco o nada tiene que ver con el modus operandi de los OVNIs.
Hablaba de fenómenos inexcrutados y no escribía, por ejemplo, fenómenos inexplicables, porque entiendo que el investigador OVNI debe entender que «sus casos» están permanentemente abiertos a que la ciencia halle una explicación.
Desgraciadamente la ufología se ha visto invadida con frecuencia por charlatanes y contactados que la han estigmatizado con tópicos, ideas preconcebidas y enorme misticismo, pero bien entendida la ufología puede ser una herramienta de enorme importancia para la ciencia, ya no tan sólo en los campos humanísticos donde en disciplinas como la psicología y la sociología puede encontrar las claves de la génesis de las religiones o las mitologías, sino también en el campo científico donde expertos como Jacques Vallée han sabido encontrar un campo de estudio del que deducir datos de interés para las ciencias positivas. En España, me atrevería a denunciar, hay muy pocos investigadores (si los hay realmente).
La mayoría de los autoproclamados ufólogos se limitan a encuestar y recoger testimonios. Tantos que, necesariamente, no se puede profundizar en ellos como para encontrar una explicación plausible. Por otro lado las guerras entre bandos (creyentes y «no creyentes») dificultan el aunar los esfuerzos en aras a enconar metodologías y objetivos comunes. Voy a tirar alguna piedra a mi propio tejado y diré que en España se divulga mucho y se investiga muy poco. Lo que no es malo sino sólo descompensado. La divulgación, y el CEI lo sabe muy bien, siempre trae consigo una oleada de informaciones.
En los años 60 eran los periódicos quienes lo hacían y tras períodos de gran presencia comunicativa se recogían casos cuyo estudio se prolongaría durante años. Cuando la presencia de noticias OVNI decrece (en parte porque el divulgador por excelencia J.J. Benítez se aleja momentáneamente de la historia) el número de casos decrece de forma alarmante.
Se divulgaba probablemente igual en las revistas especializadas, pero los ufólogos tenían dificultades para acceder a los grandes medios de comunicación. En la actualidad la denominada tercera generación de investigadores (la mayoría periodistas) ha centrado sus esfuerzos en la divulgación: no sólo en revistas especializadas sino en los mass media; consecuencia: enormes oleadas.
Hay una gran pregunta que, a estas alturas, resulta ineludible.
¿Tiene que ver el fenómeno OVNI con seres procedentes de otros planetas, o sólo es el reflejo de la respuesta social a los medios de comunicación?. Sinceramente lo ignoro, pero me inclino a pensar en hechos objetivamente reales.
Cuando hace diez años empezaba a devorar literatura ufológica tenia el convencimiento de que los extraterrestres eran los responsables de los OVNIs. No sé si la madurez o el sentido común ha ahuyentado esas ideas claras y parece evidente que la teoría ET no tan sólo no explica sino que dificulta la existencia de los OVNIs ante la imposibilidad de cruzar las enormes distancias siderales.
Hay, sin embargo, un hecho palmario: muchos testigos de aterrizaje han descrito entidades de aspecto humanoide al lado de artefactos no convencionales y también conocemos que muchos de estos objetos han realizado maniobras y aceleraciones «imposibles» para nuestra tecnología actual.
Por otra parte muchos científicos admiten la posibilidad de que existan otras inteligencias en el Universo, la dificultad, entonces, esta en la tecnología que nos permita cubrir un viaje de tanto tiempo... salvo que no precisemos del espacio tiempo y, en consecuencia, todos los parámetros espacio temporales que ahora dificultan nuestro estudio puedan ser salvados. Por ese motivo conviene seguir investigando zafándose de la religión, el mesianismo y las convicciones apriorísticas que tan en boga están en el fin de este milenio.