Historia de una derrota

Prólogo a:

FENÓMENO OVNI
ANÁLISIS DE TREINTA AÑOS DE OBSERVACIONES EN ESPAÑA


Dadme en cualquier momento un error fructífero (1), lleno de semillas, repleto de sus propias correcciones y,
 ya podéis guardaros vuestras verdades estériles.

Vilfredo Pareto


 

Hace cierto tiempo se me propuso algo que en principio me sorprendió: permiso para que el CEI hiciera una reedición de una antigua obra codirigida por David G. López y por mi titulada:

Fenómeno OVNI: Análisis de treinta años de observaciones en España.

La sorpresa procedía fundamentalmente de ver que alguien se acordaba de un trabajo escrito hace más de dieciséis años. Más sorprendente, si cabe, tras el cambio drástico ocurrido en el panorama de estudio de los ovnis, que, indudablemente, ha pasado de aquellos intentos más o menos científicos de ataque del problema a una creencia religiosa con muchas sectas.

La segunda sorpresa procedía del hecho de que Ballester me sugirió la posibilidad de hacer un pequeño prólogo para centrar la obra.

Ni que decir tiene que le di mi permiso y que le prometí el prólogo, que en su día salió publicado en la segunda edición de la citada obra. Lo que hoy escribo es una reelaboración del mismo, ligeramente retocado, para que el CEI lo publique como algo independiente.

Como todos sabéis, todo trabajo de investigación está incrustado en las ideas de su tiempo. Sacado de su contexto histórico lo que queda es un esperpento. Valgan como ejemplo las ideas de Darwin/ Wallace sobre la selección natural como explicación del origen de las especies. Si hoy leemos a Darwin, y más aun a Wallace, como si fueran obras actuales, nos daríamos cuenta de lo simples que son sus ideas. Hay que adentrarse en su tiempo para entender la grandeza de su pensamiento.

Descontextualizadas, las ideas espiritualistas de Wallace son sencillamente ridículas, y del mismo modo llegaríamos a la conclusión de que El origen de las especies no es Darwinista, es más bien Lamarkiano. ¿Debo recordaros que Darwin creía en la herencia de los caracteres adquiridos?.

Por eso voy a tratar de dar una visión "histórica" de las circunstancias en las que se escribió el Análisis de treinta años...

Aquella obra fue el producto de doce años de trabajo y reflexión no sólo de David y mío, sino de las más de cien personas que colaboraron directa o indirectamente en su elaboración.

El principio se remonta a 1967, cuando un grupo de personas, que entonces formábamos parte de Eridani A.E.C, decidimos hacer un estudio sistemático de los casos de ovnis ocurridos en España.

Nuestra intención no era tanto la de obtener unos resultados como la de establecer una metodología de trabajo y aguijonear a los investigadores del fenómeno ovni a trabajar de un modo que pudiera ser reproducible y, por tanto, falsable (2) y evolutivo.

Estaba convencido de que para que la investigación de los ovnis evolucionase y adquiriese madurez y respetabilidad, era absolutamente imprescindible que pudiera ser reproducido, verificado o refutado por otros investigadores. El motivo de esta exigencia era que los investigadores, por buenos y honrados que fuésemos, siempre teníamos ideas sesgadas, que podrían deformar de algún modo nuestra búsqueda. Un sesgo muy habitual podría ser el de ver sólo los datos que coincidían con nuestras creencias explícitas o implícitas (3), pero también me preocupaba otro sesgo, el contrario: ser tan conscientes de que había una creencia implícita en nuestra investigación, que rechazásemos todo aquello que se aproximase demasiado a nuestra creencia.

Para evitar los sesgos era imprescindible que otros grupos de investigación, ajenos a nosotros, y -todavía mejor- contrarios a nosotros, pudieran reproducir nuestras investigaciones, para llegar a sus propias conclusiones.

Mi deseo intimo era que los demás ratificaran nuestros descubrimientos. Ese seria nuestro mayor éxito, el ideal, la culminación.

 

 

Pero también era consciente de que es muy difícil llegar a todas las soluciones de golpe y por un solo equipo de trabajo; por eso, también me complacía la idea menos ambiciosa de pensar que nuestra obra seria ratificada en unos puntos pero que en otros quedaría refutada o surgirían enormes dudas, con lo que habría que hacer nuevas experiencias para decidir entre hipótesis competidoras.

Mi sueño era que produciríamos un impulso inicial que animaría a los demás a repetir nuestras experiencias, a exponer a la luz pública sus puntos de coincidencia, sus discrepancias y que de la discusión (4), poco a poco, nacería una luz que se iría consolidando en una disciplina sólida. Rememorando la frase de Pareto con la que he introducido este trabajo, soñaba en que estuviera preñado de semillas que en sí mismas llevasen los gérmenes de su transformación. No se trataba sólo de sembrar semillas, sino de que éstas fueran capaces de autocorregirse. No me servían las explicaciones todopoderosas al uso, pues lo explicaban todo sin dejar el más mínimo resquicio a su falsación.

Tal vez fueran tremendamente sugerentes, muy buenas como semillas para novelas de ciencia ficción; pero para ser los cimientos de un estudio científico les faltaba la capacidad de autocorrección. Un ejemplo, para concretar. La "hipótesis" de que los ovnis eran naves extraterrestres -así enunciada- era tremendamente sugerente para una novela de ciencia ficción, pero absolutamente vacía como inicio de una ciencia. Las razones son múltiples. Centrándonos tan sólo en lo que estábamos hablando: se trata de una hipótesis todopoderosa, infalsable. Nadie puede diseñar una experiencia que, si falla, demuestre que la hipótesis es falsa.

Lo más curioso es que es precisamente su omnipotencia -su infalsabilidad- lo que la hace tremendamente atractiva para la gente. De hecho, todos recordaréis los cientos de libros que hay circulando por el mundo, cuyo argumento principal es que las demás hipótesis no explican algunas cosas y que, sin embargo, la hipótesis extraterrestre lo explica todo. Ese es un encanto irresistible, en el que todos los estudiosos del fenómeno ovni, en nuestro viaje a Ítaca, hemos caído alguna vez.

"Llega acá, de los danos honor; gloriosísimo Ulises, de tu marcha refrena el ardor para oír nuestro canto, porque nadie en su negro bajel pasa aquí sin que atienda a esta voz que en dulzores de miel de los labios nos fluye. Quien la escucha contento se va conociendo mil cosas: . . ."

[Homero. La Odisea. Canto XII. Versos 185-190. Subrayado del autor del presente trabajo].

Quien escucha la hipótesis extraterrestre contento se va conociendo mil cosas que los demás mortales desconocen.

¿Y si la supuesta hipótesis extraterrestre no fuera más que los engañosos dulzores de miel que fluyen de las bocas de las sirenas?.

Esa pregunta me llevó a meditar muy seriamente sobre aspectos tales como:

¿Cómo podemos hacer repetible un tema que se basa en testimonios?. Mi razonamiento rezaba más o menos así:

Es "muy fácil" repetir una experiencia cuando se trata de objetos palpables que podemos llevar al laboratorio; pero ¿cuándo se trata de testimonios, cómo podemos reproducir la experiencia?.

La verdad es que el razonamiento era un poco tendencioso. Ni es fácil diseñar buenas experiencias de laboratorio, ni es imprescindible para la ciencia llevar al laboratorio sus observables. Como ejemplo de esto último tenemos la astronomía. Por un lado, nunca hemos metido una galaxia en nuestras probetas; por otro, la teoría de los meteoritos nació basándose en testimonios.

 

Distribución horaria durante el período 1950-1977

 

La solución podría encostrarse en el tratamiento matemático de los casos. Probablemente el tema exigiría grandes potencias de almacenamiento y cálculo. Para ello, en 1967, empezábamos a contar con computadores capaces de hacerlo.

El problema de la repetibilidad no estaba tanto en que tratábamos testimonios, como que no sabíamos qué testimonios se referían a ovnis y cuáles no.

No me preocupaba tanto que el testimonio fuera cierto o falso como que el investigador supiera inequívocamente en qué saco meterlo. Esto sorprendió a muchos investigadores de la época y creo que sigue sorprendiendo a los pocos que quedan actualmente. (¿Quedan más de los que puedo contar con los dedos de una mano?).

Repito: no me importaba demasiado que el caso fuera "cierto"' o "falso", era más importante saber definirlo como ovni o no. La sorpresa -entre los ovnílogos- se fundamentaba en la difusión de un viejo dicho informático, no totalmente acertado para el caso que nos ocupa: basura de entrada, basura de salida. El pensamiento más o menos rezaba así: si mezclo los pocos casos "ciertos" con los muchos casos "falsos" estaré ante el dicho informático: tendré mucha basura de entrada y, por tanto, la salida será basura.

Claramente este pensamiento es erróneo y peligroso. Con mucha basura de entrada y unos pocos datos valiosos puedo llegar a obtener lo valioso de un modo deslumbrante. Un ejemplo de la época: las sondas Mariner nos enviaban fotos desde Marte. La mayor parte de la señal que entraba en nuestros computadores era ruido -pura basura-, sin embargo éramos capaces de obtener las fotos auténticas del planeta rojo totalmente limpias. Mi planteamiento era similar: los ruidos "testimoniales" se distribuirían aleatoriamente, mientras que la "señal o señales ovni" seguirían unas pautas repetitivas que me permitirían identificarlas.

Otro ejemplo más de hoy nos lo da el GPS. El Global Positioning System es un sistema de navegación por satélites que permite, mediante un pequeño receptor, saber con extraordinaria precisión la posición que se ocupa sobre la superficie de la Tierra. El equipo funciona, es del tamaño de una cajetilla de tabaco y cuesta unas 37.000 pta. Lo curioso es que es capaz de averiguar la posición siendo la señal que recibe de los satélites miles de veces inferior al ruido. Repito: el ruido es miles de veces superior a la señal. ¿El truco?. El ya indicado para los testimonios ovni: el ruido sigue unas pautas aleatorias mientras que la señal es constante.

Había observado que en la definición de lo que era el ovni había discrepancias enormes. Para que nuestro trabajo fuera repetible, debíamos llegar a una definición absolutamente clara, de tal modo que todos los investigadores, ante un evento, supieran si clasificarlo como ovni o no, sin ninguna duda.

Esto que parece sencillo, se convirtió en una de mis preocupaciones fundamentales. Mi experiencia me demostraba que ninguna de las definiciones al uso servían, pues provocaban que unos investigadores incluyeran unos casos y otros investigadores incluyeran otros. Si los casos elegidos eran diferentes, automáticamente, las experiencias dejaban de ser reproducibles . Me di cuenta de que la propia selección de los casos (el corpus de observaciones) llevaba implícita la hipótesis de partida (5). Esto merece una reflexión:

La propia selección de los casos llevaba implícita una hipótesis de partida ergo los casos demostraban la hipótesis. Circulo vicioso endemoniado del que es dificilísimo salir. El investigador se veía envuelto en una vorágine con retroalimentación positiva: los casos que investigaba demostraban la hipótesis, que, a su vez, le indicaba qué casos elegir la próxima vez. Hipótesis y casos se reforzaban. El investigador cada vez tenía más "pruebas" de que su hipótesis era la correcta.

Casi ninguno de los trabajos precedentes me servía de nada, pues la selección de casos ya presuponía una hipótesis previa, con lo cual simplemente demostraban lo que querían demostrar. Sus conclusiones estaban viciadas de partida.

Me di cuenta de que me había metido en una espiral diabólica: normalmente una definición exacta surge tras saber muy bien cuál es el fenómeno subyacente; pero no podía trabajar sin una definición que fuera interpretada del mismo modo por todos los investigadores.

Salí del embrollo cuando me di cuenta de que no importaba que la definición no fuera demasiado exacta; lo que importaba era su univocidad de interpretación. Si no era exacta, los algoritmos de limpieza se encargarían de eliminar la basura y el resultado final sería absolutamente nítido: como las fotos de Marte, como la posición que me da el GPS.

Mí padre me había enseñado la historia de la electricidad, y casi todos los ejemplos que me venían a la mente tenían que ver con la misma. Veía que su definición correcta sólo fue posible tras conocer exactamente qué era; pero, sin embargo, los investigadores trabajaron sobre ella sin una definición precisa. ¿Cómo lo hicieron?.

Le di mil vueltas al tema, y pasé muchas noches en vela; por fin, creo que logré entenderlo: los investigadores de la electricidad no podían definir exactamente su observable, pero sí lo podían diferenciar, sabían lo que era un fenómeno eléctrico y lo que no lo era.

Entonces se me ocurrió la idea reduccionista. Lo que debíamos hacer es describir con exactitud ALGO, de tal modo que no hubiera confusión. Lo que fuera ese algo no importaba demasiado; con posterioridad, según avanzase la disciplina ovni, se irían perfilando nuevas definiciones más precisas y, tal vez, abarcando una mayor cantidad de fenómenos.

 

 

Inicialmente, electricidad, magnetismo y luz eran fenómenos totalmente diferentes, que fueron convertidos en uno solo por Maxwell.

Si los físicos hubieran tratado de resolver el "fenómeno electromagnético" de golpe, nunca habrían triunfado. Fue el reduccionismo lo que les permitió avanzar en cada uno de los campos y luego llegar a la síntesis genial -holista- de Maxwell.

Le estuve dando miles de vueltas. Incluso la reducción era muy difícil. Por ejemplo me decía: ¿Por qué no estudiamos sólo luces en el cielo?. Entonces me daba cuenta de que había que excluir las estrellas, los aviones y los fenómenos meteorológicos. ¿Algo así podría servir como definición?. No, pues esto no es unívocamente interpretado por todos los investigadores. Para algunos, cierta luz forma parte del corpus de los ovnis y, para otros, de los fenómenos astronómicos, etc., etc. No servía como definición, como no sirve ninguna definición negativa. Subrayo: como no sirve ninguna definición negativa.

Un recuerdo: la N de OVNI habla de una definición negativa.

Recuerdo la enorme cantidad de horas pasadas en "La Ballena Alegre"' o en el "Gijón" discutiendo de este tema. Quizá la persona que más me viene a la memoria de ese momento sea Ramiro Blanco. Preguntaba tanto, que te hacia reflexionar una y mil veces. ¿Por qué?.

Recuerdo que pasamos horas y horas de discusión sobre este tema, en lo que hoy llamaríamos brainstorming. Me veo dando vueltas por la mesa y escribiendo en un cuaderno. A mí memoria vienen las caras de José Manuel Castellote, Vicente Vivanco, Joaquín Pueche, Vicente Olmos, Daniel Olmos, Guillermo Cacharrón y David López,... todos aportando ideas.

Con posterioridad, todo el grupo mencionado nos fuimos de Eridani y nos incorporamos al CEI-Madrid. Entonces entró Carmen Tamayo, con contribuciones valiosísimas, tanto en el campo de las ideas como en el de las técnicas de creatividad.

Hablando de creatividad, llega mí segunda preocupación. Este trabajo pretendía ser la chispa iniciadora de un proceso de creatividad: las semillas de Pareto.

Nuestra obra sería criticada, nosotros contraatacaríamos, otros intervendrían, se ocurrirían nuevas ideas, se publicarían nuevos artículos . . . a nuestra vez publicaríamos nuevos artículos y volveríamos al principio, así la ovnilogía avanzaría, paso a paso, crítica a crítica (6), experiencia a experiencia, como lo han hecho todas las ciencias.

¡ Qué desilusión!. Nada de esto se verificó. Pero no debo adelantarme. Volvamos a los requerimientos de la obra: ¿cómo compaginar todos los condicionantes?. La respuesta es simple; la respuesta está en las páginas de Treinta Años de...

¿COMO MANEJAR TESTIMONIOS?. Mediante técnicas que sean capaces de analizar las estructuras sintácticas (7) internas y separen lo que es ruido de lo que es señal, análisis de Fourier, análisis multivariable, análisis factorial, clustering, etc.

Para ello era sumamente importante tener codificados en un soporte legible por un computador todos los casos.

 

El análisis requirió la codificación de las observaciones OVNI.
(Fotografía CEI, 1.979)

 

El grupo de trabajo lo hizo. Dedicó cientos de horas a ello. Hoy reposan en viejas y amarillentas fichas perforadas que ya no se pueden leer en ningún sitio, salvo en los museos de la ciencia.

¿ DEFINICIÓN POSITIVA?. Es ovni todo lo que nos ha llegado con esa etiqueta. Quizá alguno de nuestros lectores se sorprenda: si, esa era nuestra definición positiva: era ovni todo lo que hubiera llegado con esa etiqueta a los archivos del CEI.

Para evitar malos entendidos, en la primera versión de la obra, Estudio de la Oleada 68-69 (8), todos los casos usados estaban reproducidos tal cual nos habían llegado, para que otros pudieran repetir las experiencias . Un jovencito que se llama a si mismo ufólogo de la tercera generación, me dijo en cierta ocasión que si usábamos todos los casos, lo que obtendríamos seria basura . ¡Qué simpleza!. No quiero insistir en que mí equipo GPS me da mi posición con precisión de metros.

Con nuestro método, cualquiera podría hacer otra experiencia similar. Por ejemplo, un estudio de los casos de la década de los 70. Otra posible definición positiva e inequívoca que permitiría hacer análisis repetibles sería ésta: llamaremos ovni a todo aquello que se haya llamado así en los periódicos: ABC, La Vanguardia, Las Provincias y Alerta.

Sí definimos exactamente las fechas y los periódicos, todos los investigadores, fueran de donde fueran, podrían repetir las experiencias, modificarlas y sacar nuevas conclusiones, que, a su vez, podrían ser verificadas por otros equipos, afinar la definición (9), etc . Es decir: se iniciaría el andar científico.

¿REPETIBILIDAD? Con esa definición el fenómeno es repetible. ¿Refutabilidad?. Cualquiera pude repetir la experiencia y llegar a la conclusión de que lo que hemos hecho está mal. ¿Falsabilidad?. Nuestros resultados serían falsables.

 

Círculos concéntricos alrededor de las zonas de la Península con las anomalías magnéticas más importantes. Todos los gráficos de este trabajo proceden de la obra «Fenómeno OVNI: Análisis de treinta años de observaciones en España».

 

En las páginas de Treinta Años. . . están los resultados . Hoy se ven antiguos, el tiempo no pasa en vano. Simplemente te pido que tengas en cuenta cuándo se hicieron.

Hoy me siento triste. El escribir este trabajo me ha hecho pensar en la enorme cantidad de tiempo perdido.

Nuestro trabajo nunca fue formalmente criticado, ni continuado. El único intento, que yo conozca, de retomar aquel espíritu fue el que realizó ARIFO -hoy ARP- . De aquel magnífico e inolvidable grupo cabe destacar Luis Alfonso Gámez, paladín de causas perdidas, soñador y buen espadachín en las lides verbales; Jesús Martínez Villaro, trabajador leal e incansable; Gascón, metódico y ordenado, tremendamente eficaz; Luis Miguel Ortega, un poco soñador y Gabriel Fernández, compañero noble y perseverante todavía le recuerdo en Katmandú, esperándole en el hotel Katmandú, el día antes de salir hacia los Himalayas: él sabe muy bien porqué.

Pero todo cayó en el olvido. Los pocos deseos de hacer Ciencia que había entre una minúscula minoría de interesados (10) en el fenómeno, a finales de los 60 y principios de los 70, se vieron arrollados por las nuevas sectas de la religión extraterrestre, que muy pronto se mezclaron con todas las demás pretensiones acríticas de la New Age, que, como no espabilemos, nos llevarán a una Nueva Edad Media.

El estudio científico del fenómeno ovni nunca gozó de buena salud; pero la New Age y el relativismo cultural imperante produjeron su muerte. ¡Requiescat In Pace!.

Lo que más me preocupa no es la muerte de la investigación ovni. Es probable que estuviéramos equivocados y que no mereciera la pena su estudio (11).

Solamente nos duele a los pocos locos que dedicamos mucha ilusión y mucho trabajo al tema. Mucha ilusión y mucho trabajo.

Me asusta este relativismo cultural en el que "todas las ideas son igual de respetables", con lo que mezclamos churras con merinas e igualamos a un investigador que ha dedicado décadas de esfuerzo crítico y serio con alguien cuyo único mérito es decir que ha sido violado por un extraterrestre.

¡Qué digo, igualamos!. Hacemos muchísimo menos importante la opinión del experto que ha dedicado miles de duras horas al estudio del fenómeno.

Las pruebas son palpables: revistas científicas sobre el tema no hay y en todos los medios de comunicación ¿quién sale?. ¿El experto o la loca de turno que dice que ha sido penetrada por un extraterrestre?. ¿El buen investigador o el charlatán incompetente?. Esta última pregunta quizá necesite una pequeña reflexión adicional.

El buen investigador es capaz de descubrir la realidad de lo que hay detrás de la mayoría de los casos ovnis: obviedades, equivocaciones, vulgaridades: algo poco publicable en los mass media.

Para el mal investigador, todo es misterioso; su incapacidad de descubrir lo que hay detrás de un caso ovni es su sex-appeal para los medios: nos muestra un mundo extraño, exótico. Un mundo que nos gustaría que existiera.

Paso a paso, las ideas acríticas van ganado terreno y con ellas la intolerancia y el fanatismo. Es curioso ver cómo las nuevas ideas intolerantes y fundamentalistas se disfrazan de tolerancia.

Lo más curioso es que el disfraz engaña. Un ejemplo, ligado al tema que nos ocupa, está en la manía que han cogido los inquisidores de la fe en el extraterrestre de llamar intolerante e inquisidor a todo aquel que no comulga con sus ruedas de molino.

Ya no argumentan; sospecho que no saben lo que es eso; confunden razonar con repetir una y mil veces las mismas inexactitudes como si de un mantra mágico se tratara . Ayer nos insultaban; hoy casi nos han quitado la posibilidad de hablar en los medios de comunicación, dominados por la irracionalidad creciente; mañana nos llevarán a la hoguera. . . Y si no, al tiempo.

Lamentablemente, nuestro trabajo nunca tuvo la continuación esperada. Tengo la frustrante sensación de haber perdido treinta años de mí vida persiguiendo una quimera. A falta de otras pruebas, la Navaja de Occam -la vieja y poderosa herramienta de la ciencia- me obliga a concluir que el fenómeno ovni es una quimera, un mito de nuestro tiempo; su padre fue la bomba atómica; su madre la guerra fría; sus abuelos Palmer y Shaver; sus bisabuelos Schiaparelli, Percival Lówell, H.G. Wells; sus tatarabuelos: Luciano de Samosata, Giordano Bruno, Nicolás de Cusa y un largo etcétera.

Aunque tal vez esa frustración sea mí Ítaca: tan sólo perseguía una quimera y haber llegado a esa conclusión sea el fin del camino, donde mí fiel Penélope me espera, tejiendo y destejiendo esperanzas y sueños, vientos y caminos.

Tal vez lo importante no era llegar, sino hacer el camino.

No lamento no haber llegado a Ítaca, el camino ha merecido la pena; tan sólo lamento que nuestra nave se hundiera tan pronto, apenas levantadas anclas y todavía tan cerca de Troya.

 

Dr. FÉLIX ARES DE BLAS
Junio de 1996

 

Notas

1. Recuerdo con cariño y añoranza que una de las primeras tesis doctorales que dirigí fue el resultado de un error surgido durante la elaboración de una tesina dentro del Departamento Universitario que entonces dirigía. Buscando explicación al error, encontramos un fructífero campo de investigación.

2. Falsable en el sentido de Popper.

3. La mayor parte de los investigadores tenemos nuestras creencias sobre el origen de un fenómeno. Unas veces éstas están claramente explicitadas, pero otras veces se esconden en las brumas de nuestro inconsciente.

4. Discusión seria sin la cual el avance científico es imposible

5. De este tema discutimos ampliamente en las hojas de información de consejo de Consultores de STENDEK, una magnífica iniciativa de Vicente J. Ballester, en las que hay un montón de buenas ideas germinales. Lástima que su espíritu se perdiese.

6. Si la crítica es constructiva, mejor; pero no es indispensable, la critica destructiva también hace avanzar a la ciencia: señala los caminos erróneos.

7. Utilizo la palabra sintaxis en un sentido muy laso. Llamo así a cualquier estructura de información tal que la suma de las entropías de las partes individuales sea notablemente mayor (>10%) que la entropía de agrupaciones de varias de dichas partes.

8. David G. López y Félix Ares. Estudio de la Oleada 68-69. Tres volúmenes. El primero editado por Eridani A.E.C. y los dos siguientes por CEI Madrid. Madrid 1970, 1971.

9. Una afinación de la definición podría ser algo así: llamaremos ovni a tollo aquello que se haya llamado así en los periódicos: ABC., la Vanguardia, Las Provincias y Alerta y que no hable de humanoides. Ni que decir tiene, que se podría dar totalmente la vuelta a la definición.

10. Nunca hubo muchos, y pienso que nunca los habrá. La investigación científica de un posible fenómeno desconocido nunca atrae a demasiada gente, salvo que se ponga de moda. Cosa que no ha sido el caso. Y creo que esto necesita una aclaración: los ovnis como objeto de culto estuvieron de plena moda en las décadas de los 70 y los 80, pero NO como observable de una investigación científica.

11. Quizá a la larga, lo único interesante sea el fenómeno antropológico.