El Zaragoza sí que es un campeón
10/06/2007
JORGE OTO
Un gol en el último
minuto del Madrid priva de la victoria a un Zaragoza heróico que se queda a un punto de certificar su
presencia en Europa.
Resulta frustrante ver al rival dando la vuelta al
campo y a su presidente bajar a la arena y acaparar
focos. Fastidia, sí, más allá de lo que celebren.
Títulos, medios títulos o historias. Duele porque es
injusto. Porque esa vuelta y esos honores debieron
corresponder al Zaragoza, el único que se portó como
un campeón ayer en La Romareda. Fue un guerrero
sublime que pudo con todo y que sólo cedió ante el
agotamiento de una batalla que ganaron los de aquí
pero que celebraron los otros. Allá ellos. Europa
tiene que esperar, pero sólo un poco.
El Zaragoza, un equipo sin extremos y amparado en la
profundidad de sus laterales para llegar por banda,
se quedaba, de un plumazo, sin Diogo y Juanfran. Por
su parte,
Helguera sustituyó al lesionado Torres y
el Madrid formó con una defensa casi idéntica a la
que lució en el glorioso 6-1, con la única novedad
de Cannavaro. Buen presagio.
La posesión era del Zaragoza. Y también las ganas. A
base de solidaridad en defensa y buscando la espalda
de los dos centrales en ataque, el equipo de Víctor
se empleaba mejor bajo la incesante luvia que caía
sobre La Romareda. Había tormenta. Y tormento.
Porque Ewerthon, rayo y centella, era un incordio
constante para la retaguardia blanca, que se veía
superada una y otra vez por la velocidad de la
Flecha.
Apenas habían pasado siete minutos y Casillas ya se
había visto obligado a intervenir en dos ocasiones,
a sendos disparos de Ewerthon y D’Alessandro.
Robinho replicó pronto y también se encontró con el
meta rival. Caían chuzos de punta, pero era una
noche preciosa. Magia en estado puro, como sólo el
fútbol puede provocar. Una delicia.
El Espanyol marcó en el Camp Nou y la nutrida
parroquia madridista se volvió loca y se dispuso a
descorchar el champán. Craso error cuando enfrente
está el Zaragoza. Ya lo avisó Víctor en la previa:
“Estos no saben con quién se la juegan”, vino a
decir. La algarabía madridista apenas duró unos
segundos, lo que tardó Zapater en encontrar a Diego,
que dejó pasar el balón para que Aimar acometiese el
último acto previo regate a Helguera, al que el
esférico le dio en la mano. Undiano no se lo pensó y
decretó penalti. Diego no falló y la locura cambió
de frente. El Real Zaragoza estaba en la UEFA y el
Madrid se quedaba sin título poco después merced a
un gol de Messi. Lo dicho, una locura. Una bendita
locura.
Los de Capello sólo llegaron con peligro en el
último minuto, cuando Van Nistelrooy encontró un
balón de oro procedente de Beckham que cabeceó en
dirección a las mallas. El holandés procedía a
celebrar el tanto sonrisa en ristre, pero César se
la borró con la mano derecha. Capello recurrió a
Guti e Higuaín en el descanso y el Madrid tomaba
otro cariz. Más estético que práctico. Víctor tomó
nota y fortaleció la medular, dando entrada a
Movilla, pero mandando a la ducha a Ewerthon, un
delantero. Y pasó lo peor que podía pasar. El Madrid
empató justo un minuto más tarde gracias a un gran
centro de Beckham que cabeceó a la red, esta vez sí,
Van Nistelrooy. El efecto buscado por Víctor se iba
al garete.
Pero, de repente, Aimar se puso a correr con el
balón en los pies. Circular, se denomina. Magia,
digo yo. Uno a uno, los rivales hincaban la rodilla
hasta que el ‘Cai’ asistió a Diego para que éste
volviera a castigar a Casillas, su víctima
preferida. El mundo entero se rendía al Zaragoza, el
único campeón sobre el césped. El Madrid se quería
morir. Otra vez La Romareda, otra vez el Zaragoza.
Pero los de Víctor no podían más y quedaba mucho
partido. Aunque ese ejército de valientes aguantaba
en pie. Como héroes. Europa merecía al Zaragoza
tanto como el Zaragoza merecía Europa. Por fútbol,
por magia, por sangre, por arrestos. César era un
gigante, pero a Capello le volvió a salir un tulipán
en el culo. Van Nistelrooy marcó en el último
minuto. Duele. Mucho.