Calles Real y Zapatería
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Las ruinas de San Nicolás se levantan en el borde de la
calle Real. La arteria formada por esta calle y la de Zapatería, separadas ambas
(o unidas, según se mire) por la plaza de Fuente Cabrejas, fue central en la
Soria medieval, constituyendo el cauce de expansión hacia el oeste de la ciudad
que, inicialmente, se había reducido a la plaza de San Pedro y aledaños. En
aquel tiempo la muralla era de un amplio contorno pero, en el interior de la
misma, existían grandes espacios vacíos entre una barriada y otra. Dentro de
cada una se había ido levantando una parroquia que se hacía cargo del número
reducido de vecinos a que atendía, tanto de la propia ciudad de Soria, como de
los pueblos adyacentes. Más de treinta parroquias en tiempos de Alfonso X el
Sabio, durante el siglo XIII, para un número de habitantes que apenas superaba
el millar.
Cuando la ciudad fue creciendo al amparo de su
condición de fronteriza entre los reinos de Castilla y Aragón, recibiendo
aportaciones de unos y de otros, según los intereses reales de la época y el
deseo de estar a bien con la pequeña nobleza del lugar y el clero eclesiástico,
su desarrollo se llevó a cabo por esta calle Real. Ésta es estrecha, de una
anchura muy similar a la de Zapatería con la que continúa el trazado. Es difícil
aventurar simplemente una descripción que encierre las sensaciones que un
paseante andaluz puede tener al caminar por ellas. Es todo tan distinto que
pareces haber entrado en otro mundo, uno donde las casas son altas y no las de
uno o dos pisos como máximo que hay en los pueblos del sur, donde las fachadas
no están encaladas ni reflejan el sol cegador de Andalucía sino que, con un alto
contenido férrico que se degrada con el tiempo, muestran un tono rojizo muy
oscuro, que evoca el tiempo pasado y muestra todos los años que han pasado sobre
ellas. El suelo no es de albero sino empedrado, a veces algo desigual, que con
el paso de los años ha adoptado un tono oscuro similar al de las fachadas.

De modo que te das cuenta, al pasear por la calle Real,
que esas casas han sido testigos privilegiados de gran parte de la historia de
la ciudad. Las hay del siglo XVI, más en la calle Zapatería, cuyo deterioro es
acusado. Allí encontró acomodo, como lo indica el nombre, el gremio de
zapateros, de considerable importancia en aquel tiempo. Muy cerca, transversal a
la izquierda, se encuentra la calle Cuchilleros o la de Carbonería, evocando la
presencia de otro gremio o los almacenes de tan preciado material para conseguir
el calor que una ciudad tan fría demandaba. A la derecha se extiende la calle
del Común, donde se reunía el estado más llano de la ciudad, el Común de los
ciudadanos, para dirimir posturas de cara a la política ciudadana.
La calle Real se abre a su final mostrando un ancho
espacio del que irradian varias calles: es la plaza de Fuente de Cabrejas. En
ella aparecía desde antiguo una gran fuente que recogía las aguas del arroyo que
provenía del cerro del Castillo. En tiempos modernos se observó su contaminación
y terminó por clausurarse. Luego, el paso de los coches hizo conveniente su
desaparición. Muy correctamente empedrada, todos sus lados muestran ahora casas
relativamente recientes salvo uno donde se levanta una fachada de piedra muy
sencilla y austera, pero llena de belleza. Es el convento de las carmelitas
descalzas de Nuestra Señora del Carmen.

En el mismo lugar se situaba una de esas parroquias
originales de la ciudad, la de Nª Sra. de Cinco Villas. Estando próxima a
desmoronarse en el siglo XVI, el obispo de Osma se la cedió a una conocida monja
de Ávila, fundadora de varios conventos castellanos, para situar su nueva orden
de las carmelitas. Santa Teresa llegaría a la ciudad, según reza una placa en la
puerta del actual convento, el 2 de junio de 1581, para inaugurarla. Desde el
primer momento fue una orden muy bien acogida y el convento original se fue
ampliando para albergar otros servicios. Así, al año siguiente de su
inauguración, la señora Beatriz Beaumont, viuda de un hombre rico e ilustre de
la ciudad (Juan Alonso de Vinuesa), cedió su casa aneja para ampliación del
convento y construcción de una iglesia.

Intentando observar el monumento desde otro ángulo me interno por una estrecha
calle aledaña, la
del Carmen. El convento ocupa toda la manzana y, a medida que
entro por esta calle, encuentro las puertas de lo que fue un hospicio y un
pequeño convento de monjes de la misma orden, en el lado opuesto. Hace tiempo
que esta parte fue adquirida por una Sociedad que constituyó allí una escuela de
maestros.
Luego vuelvo y continúo por la calle Zapatería. Las
paredes desconchadas alternan las casas viejas y humildes con entradas de lo que
parecen clubes nocturnos algo sórdidos. No llego hasta su final. Una desviación
a la izquierda se abre en una especie de calle ancha e irregular. Es la calle
del Arco del Cuerno. Antiguamente se denominaba del Peso pero al fondo de su
corta longitud se levanta un arco y, detrás de él, uno de los lugares centrales
de la ciudad, la Plaza Mayor. En ella se llevaron a cabo las corridas en otra
época y era por allí, bajo dicho arco, que pasaban los animales entrando en la
plaza para ser toreados. Ahora sólo hay esa corta calle con un pequeño bar a la
izquierda. Paso bajo el arco, cual toro moderno, y desemboqué en la plaza, en la
amplia y hermosa Plaza Mayor de Soria.
