DEVA

            Hoy, al volver a casa, mi papá me ha dicho entre emocionado y resignado:

-         “ Douce: ha muerto Deva, me lo ha  dicho su mamá”

        Mi corazón de perrita  se ha estremecido y me ha recorrido como un latigazo de incredulidad y de pena, hasta que poco a poco lo he ido digeriendo mejor, como sabemos hacer estas cosas los perritos. Deva era una amiga mía, aunque no nos veíamos muy a menudo, sólo en algunas ocasiones que eran verdaderos momentos de gozo y regalo  para nosotras.

De vez en cuando, últimamente con menos frecuencia,  nuestros papás nos llevaban de excursión durante  todo el día, cuando ellos iban a Los Picos de Europa o a cualquiera otra de las rutas que hacían durante algún fin de semana. Nuestros papás no pueden ni siquiera imaginar lo que nosotras podíamos disfrutar teniendo todo el día para oler, correr, subir y bajar sin descanso. Mientras ellos hacía una sola vez la ruta de ida o de regreso , nosotras la hacíamos por triplicado o cuadruplicado. Nos adelantábamos al grupo, retrocedíamos para unirnos a ellos,y nos despegábamos de nuevo . Nos encantaba descubrir nuevos y desconocidos olores, nuevos paisajes, otros congéneres y animales que no podemos ver por nuestra condición de perritos urbanos. A mí, por ejemplo,  me asustan mucho esos animales tan  grandes que se llaman vacas o caballos. Cuando pasábamos por donde pastaban o descansaban , yo los miraba con miedo, me apartaba, aunque ellos no me hacían ni caso. Deva les tenía menos miedo, quizá porque era algo más inconsciente que yo del peligro que suponía que te pisaran con esas enormes patas o te dieran una coz. Cuando pasábamos por lugares donde había todavía algo de nieve , nos revolcábamos , porque nunca antes  habíamos visto ese suelo tan blanco y tan blando.

           Recuerdo también  que mientras nuestros papás, después de la marcha, sentían hambre y se ponían las botas comiendo y bebiendo – que yo creo que era uno de los motivos principales  de aquellas marchas- nosotras teníamos que quedarnos en el coche esperando. Sabíamos  que a la hora en que los demás tomaban el café , nuestros papás venían con una bolsa de plástico donde habían recogido comida para nosotras. ¡Me encantaba esta comida! Alguna vez, Deva me dejaba beber de  su cuenco que su mamá llenaba de agua. No han sido muchas las veces que he hemos podido salir juntas  en estas salidas especiales, pero han sido las suficientes para querernos y que yo sienta mucho que se me haya muerto.

            También me ha contado que para sus papás han sido un golpe muy fuerte y están destrozados, porque además ha sido muy rápido e inesperado. Su papá lo está pasando muy mal, él, que es un hombre curtido en la montaña y que es incansable subiendo a los puntos más altos. Es un dolor que no sabe muy bien explicar, que le sorprende a él mismo. Deva, le ha contado su mamá, era como yo, un miembro más de la familia. Dormía al pie de la cama de sus papás, compartía con ellos su comida, sin apenas hacer notar su presencia llenaba de alguna manera su casa.

             Yo les entiendo muy bien y comprendo que les resulte difícil acostumbrarse a no tenerla y que sientan el vacío que les ha dejado. Le ha dicho su mamá que están pensando en  adoptar otro perrito para llenar ese hueco y el hecho ha suscitado  discusiones en la casa. Los otros hijos piensan que adoptar otro perrito es como traicionar la memoria de Deva. Definitivamente estos humanos tienen un extraño concepto de lo que es el amor. El  amor es una necesidad, pero también  y ante todo, tiene que ser un regalo, algo que se da. Esto lo sabemos muy bien nosotros, los perritos , mucho mejor que los humanos. Los queríamos incluso antes de haberles conocido, los queremos gratis y no  nos importan si son ricos, pobres, perfectos o desgraciados. Los queremos simplemente porque nos apetece y  nos da la gana. A cambio,  pedimos muy poco, que no se olviden del todo de nosotros.

             Yo sé que Deva quiere ahora que sus padres sean felices, no quiere  que lloren o estén tristes por ella. Desde su cielo de perritos les está pidiendo que encuentren la manera de sentirse bien y no le importa para nada que puedan volcar sus sentimientos de  cariño con alguno de mis compañeros. Me pongo en su lugar, con mi corazón de perrita, y yo me sentiría  feliz si viera a mis papás contentos. A algunos humanos les resulta difícil   comprender eso. Puedo entenderlos porque sé la idea que tienen algunos del amor en exclusiva.

              La pérdida de Deva me ha hecho reflexionar  sobre la manera cómo yo veo la idea de  la muerte y se lo he dicho a mi papá:

         -“ Mira, yo veo la muerte  de una manera más natural que tú, porque nunca me he preguntado por qué estoy aquí, por qué vivo, por qué me ha pasado todo lo que me ha pasado. Me he contentado con vivir, con disfrutar de las muchas cosas que la vida me ha dado y soy feliz de esa manera. No me preocupa la idea de la muerte, porque la admitiré con la misma naturalidad con que he disfrutado  de lo que la vida me ha dado.”

            Después de este discurso filosófico, tan canino, me he sentido un poco petulante y al mismo tiempo aliviada por poder compartir con mi papá  mis ideas sobre la vida y la muerte. He querido hacerle reflexionar un poco sobre las tres cosas más importantes que tenemos los seres que vivimos: el amor, la vida y la muerte . Desearía que los  aceptara con más naturalidad, sin angustias  ni perplejidades .