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1.Mi casa |
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MI NUEVA CASAPues
sepan vuestras mercedes ante todas cosas que a mí me llaman Douce, que
así me pusieron mis padres adoptivos,
porque de mis verdaderos padres no
me acuerdo. Sólo recuerdo que me dejaron sola, abandonada, en una casa
de asilo donde deja la gente desalmada a los perritos que por cualquier
causa ya no quieren. Bien pudiera llamarse a estos sitios “perrerías”
Pero un sábado del mes de julio, hace ahora algo más de 5 años, se presentaron en aquel asilo de perros cuatro jovencitos: dos chicas y dos chicos que tendrían en torno a los 20 años, aunque la más joven de las muchachas rondaría los 15. Estuvieron echando una ojeada a las decenas de canes del albergue y, no sé porqué, se fijaron en mí. Quizás porque no era demasiado grande, quizá porque se apiadaron de mi cara desvalida y triste, o puede que su instinto les dijera que yo era la más dulce de todos mis compañeros. Lo del dulce lo digo, porque cuando al llegar a casa se preguntaban entre sí qué nombre me pondrían, salió espontáneamente “dulce” y todos coincidieron en que me cuadraba como anillo al dedo. Lo de “Douce”, fue luego ocurrencia de mi segundo padre que es un poco cursi, le gusta el francés, y dijo que así sólo los de casa sabrían el verdadero significado de mi nombre, porque para mucha gente el nombre de “Dus” no les dice nada. (Escribo “Dus”, porque es como se pronuncia mi nombre en francés, porque yo soy una perrita que conoce muchas lenguas) Pero no crean que con la llegada a mi nuevo hogar se acabaron los problemas. Los jóvenes que me sacaron de aquel antro no habían dicho nada esto porque temían que sus padres no quisieran tener un perrito en casa. Así que antes de subir a mi nueva morada llamaron al telefonillo para que bajaran a verme. El primero en bajar fue mi segundo padre. Le llamo segundo porque el primero es el mayor de los muchachos que me recogieron. Se llama César , yo le quiero, pero ha pasado largas temporadas fuera de casa y lo he visto menos. Cuando volvía, o ahora que está de nuevo en casa, duermo con él, y aunque a veces me haya sentido un poco abandonada por él, le quiero mucho. Pero con esta digresión –como notarán soy una perrita que tiene sus letras – me había alejado de decirles cómo fue el recibimiento en mi nuevo hogar. Mi segundo padre, el “francés” para entendernos, bajó al jardín, me observó de arriba a abajo, de delante hasta atrás y de lado a lado. Yo miraba la expresión de sus ojos y la verdad es que me sentí un poco asustada y un escalofrío interior recorrió todo mi cuerpo. Me veía de nuevo en aquella perrera y estaba segura de que si volvía allí me dejaría morir de pena. Después de este minucioso examen en el jardín, subimos a la casa. Yo temblaba por dentro. Asistía muerta de miedo a la discusión entre mi segundo padre y los chicos. -“¿Por qué habéis traído este perro sin consultarnos?” (Me dolió que me llamara “perro” en aquel tono enfadado, en todo caso debería haberme llamado “perrita”.Señor , hasta para con los perros hay eso que los cursis llaman “violencia de género”) “Quién se va a ocupar, de sacarla a pasear, a comprarle la comida, a llevarla al veterinario?” Los chicos se vieron también sorprendidos, no sabían qué responder, balbucían algo así como “ nosotros nos ocuparemos...” “¿Y dónde se va a quedar cuando tengamos que salir de viaje?¿Eh, dónde?
Al volver a casa los ánimos estaban ya algo más calmados. Seguían las frases de rechazo pero eran más suaves. Los chicos y yo seguíamos perplejos , pero sus caricias me tranquilizaron un poco. “ Ya verás , es sólo la primera reacción, en poco tiempo se le habrá pasado y podrás quedarte en casa. No tengas miedo” Así pasé la noche, dormida junto a mi “amo”. Con el miedo aun en el cuerpo pero más tranquila. Poco a poco los ánimos se fueron apaciguando, el enfado primero se fue diluyendo. Desde el primer momento supe que aquella primera reacción de mi segundo padre, el francés, sólo pretendía acallar la necesidad íntima que sentía de alguien como yo. Estuve segura desde el primer momento. Sabía que mis zalamerías, mi paciencia, mi dulzura, mi capacidad de entenderle, de no protestar por nada, de mostrarme siempre contenta, de no exigir de él nada más que un poco de cariño, acabarían haciéndome indispensable. Sabía que aquel primer rechazo se convertiría en una necesidad de mi, en elgo imprescindible, en algo que si llegara a desaparecer se convertiría en un vacío muy difícil de llenar. Estaba segura de mi misma, sabía perfectamente que en aquella casa había un hueco que yo podía llenar. Ya sé que me pueden ustedes tratar de pedante, pero yo sé muy bien de qué me hablo. En esta casa soy la única que no tengo problemas con nadie. Todos me quieren, cada uno a su manera y según su forma de ser y yo me acomodo perfectamente a cada uno de sus cariños. Por ejemplo, sé que Teresa no me sacará casi nunca a pasear, casi no sé lo que es dar un paseo con ella desde que llegué aquí. - “ No quiero pasar mi infancia sin un perro” Creo que algo así dijo un día y de ese deseo partió la decisión de encontrar algún perrito antes de que se acabara su famosa “infancia”, que yo creo que sigue estirándola cuanto puede. Pero yo sé que me quiere a su manera, que le gusta que me acurruque junto a ella en la cama y a mi me gusta sentir cómo sus dedos se meten entre mis lanas. Me gusta que me acaricie el cuello, me encanta. Me gusta mucho también cuando me acaricia la cabeza e insisto si noto que se cansa, y deja de acariciarme. Y no lo hago sólo por mí , de paso le enseño que es bueno acariciar y dejarse acariciar, porque ella es algo tímida y le cuesta expresar sus propios sentimientos. No es por presumir, pero creo que sirvo de mucho a esta familia, porque casi todos son algo retraídos y les cuesta expresar sus propios sentimientos. Y yo en esta cuestión no me recato o, como dice un perrito amigo mío, “no me corto un pelo”. Como me gusta que me acaricien busco al primero que veo disponible y le provoco. Soy una perrita muy femenina, por eso no me he apuntado a ninguna grupo o asociación de “ peritas feministas”.
-“Sigue, le digo en mi lenguaje canino ¿No ves que me gusta?” Reconozco que a veces resulto algo pesada , pero es que quiero demostrarles a estos animales de seres humanos lo importante que es el tocarse. A fuerza de querer ser hombres se han olvidado del leguaje del cuerpo y de los gestos. Yo, además de letrada, soy muy psicológica, quiero decir psicóloga. Se que me he ido un poco por los cerros de Úbeda – por cierto que no sé dónde queda ese pueblo, porque nunca me han llevado – pero lo que quería decir , en resumen, es que les he venido muy bien a los miembros de esta familia. Que sé tratar a cada uno como es y me llevo muy bien con todos. Cuando el ambiente se pone tenso por cualquier cosa, yo soy el punto de distensión, saben que todos pueden venir a mi con la seguridad y la confianza de que yo sé comprenderle. MI VIDA DE PERRITA FELIZ ... ¿PERRA VIDA? Aunque soy una perrita pacífica, nada follonera, me molestan algunas cosas de este perro mundo, que para mi es “ humano mundo”. No sé por qué casi todo el vocabulario y todas las expresiones en que aparece de una manera o de otra la palabra perro o aledaños, tienen un sentido peyorativo. Como tengo bastante tiempo libre, sin descuidar nunca mis deberes familiares de los he más arriba he hablado, a veces me da por pensar o me dedico a leer. Perdonen que insista en eso de que soy muy “leída”. Como estos días, además, estoy de vacaciones me he dedicado a consultar varios diccionarios humanos para ver qué dicen de nosotros, los perritos. Abro en primer lugar el diccionario de la RAE (bueno, lo he cogido de la biblioteca de mi amo) y he visto la primera acepción, creo que se dice así, de la palabra “perro”... ¿ Qué creen ustedes que pone? ¿No lo saben? Pues yo se lo digo: Perro: 1. adj. coloq. Muy malo, indigno.- Dicho de una persona: Enojada, de mal genio. ¡Vamos, que es para cabrarse! ¡Hay qué ver qué fama tenemos! Me pica la curiosidad y me digo: voy a ver qué dicen de ellos. Y busco la palabra “hombre”. Y miren lo que me encuentro: Del lat. homo-inis (ellos sí tienen origen, nosotros , ni eso) Y luego: 1.m. Ser animado racional, varón o mujer ¡Manda...güebs! Ellos son los “racionales”.¡ Si yo hablara...! Y ¿ “Animados”? ¡Pero si son de lo más aburrido!. Yo sí que estoy siempre de buen ánimo y me distraigo con cualquier cosa. Si les hablara con qué me divierto, de mis juguetes, se quedarían patidifusos. Yo no necesito ni playstations, ni móviles, ni ropa de marca. No gasto nada en maquillajes y cosas de ésas. Mi único gasto “cosmético” es ir a la pelu ( mi pelu se llama “Bonnie & Clyde” y tengo un peluquero guapísimo , que me quiere mucho). Y no piensen que voy todas la semanas , como otras que yo conozco, sino un par de veces o tres al año porque mis uñas y mi pelo crecen y necesito estar fresquita en verano. Y ya que les hablaba de mis juguetes, pues son una colección de pelotitas de diferentes formas y tamaños , algún hueso de plástico y últimamente un muslo de pollo, también de plástico.
Bueno, a lo que íbamos. Ya ven que soy un poco desordenada, me lío con una cosa y me olvido de lo que les había empezado a hablar: de diccionarios y perros, de expresiones perras o perrunas. Les hablé de la primera acepción de la palabra perro en el diccionario de la Real Academia, y quiero ser justa. En segundo lugar añade lo siguiente, que es casi lo único un poco amable que dicen de nosotros en esos gruesos libros: Perro 2.- m. Mamífero doméstico de la familia de los Cánidos, de tamaño, forma y pelaje muy diversos, según las razas. Tiene olfato muy fino y es inteligente y muy leal al hombre. Menos mal que dicen algo elogioso de nosotros. De lo poquito que he encontrado, oigan, porque si echo mano de otro de esos volúmenes, por ejemplo el de la muy ilustre señora Dª María Moliner se contenta con decir: *Mamífero carnicero cánido, doméstico, del que hay infinidad de razas muy distintas entre sí por la forma , el tamaño y el pelaje. ( ¡Nos ha merengaó! ) Y el señor Julio Casares idem de lo mismo... Pero si les digo la verdad, lo que digan estos señores y señoras me importa un rábano, porque yo sé muy bien cómo soy yo y la mayoría de mis amigos. Y si hay perros que hacen cosas malas, no es culpa de ellos, sino de los “humanos” de sus dueños, que yo no les voy a llamar “perros”, sino “humanos”. Luego todo lo demás que ido recordando o leyendo, más que nada, me ha hecho gracia , me lo he tomado un poco a risa y hasta me ha divertido. He visto que nuestro nombre vale ya para cualquier cosa. Sino miren... “No me queda ni una perra chica en el bolsillo”, para decir que están sin blanca. O bien: “¡Para ti la perra gorda”! Cuando se encuentran con un pesado y ya no saben cómo quitárselo de encima. Y lo peor es que ni siquiera saben que las perras “chicas” y “gordas” eran una monedas de 5 y 10 céntimos, de cobre, de hace más de un siglo y que ni siquiera llevaban la efigie de un perrito, sino que hacen alusión al extraño león que figuraba en su reverso. Si ya digo que son un poquito ignorantes... Y si seguimos de broma, para no enfadarnos demasiado, ¿Qué les parece eso del “perrito caliente”? Cuando lo comento con mis amigos los perritos, sobre todo con “Marzo” , que es muy amigo mío, pone cara de pícaro y se sonríe... Le hace gracia que llamen así a un bollo untado con ketchup y mostaza con una mísera salchicha dentro. Y se acuerda de aquel chiste del lepero que veía por primera vez a un señor vendiendo “perritos calientes”: -¡Oye!¡Dame un perrito caliente! El hombre le dio la salchicha metida en el pan y le dice el lepero: -¡Coño!¿No tenías otra parte mejor? ¿Y qué me dicen del dicho ése de “atar los perros con longaniza”, para expresar lo rumbosos y espléndidos que pueden llegar a ser? Además no saben que esa idea se le ocurrió a una obrera que trabajaba en una fábrica de embutidos en Candelario, bonito pueblo de Salamanca, y que apremiada por las circunstancias y teniendo que atar a un perrito faldero a la pata de un banco no encontró correa más a mano que una ristra de longanizas. Enseguida se corrió por todo Candelario, ya sabe cómo son las gentes de los pueblos, que en casa de Constantino Rico, alias el choricero, ataban a los perros con longaniza. Si les cuento todo esto, es porque no quiero tomarme demasiado en serio la mala imagen que los canes (¿ a qué soy fina?) tenemos entre los humanos y que se sirvan de nuestro nombre para designar a una “prostituta”, con todos mis respetos para esas señoras, a un “infiel” las gentes de otro credo, o a una “persona mala o despreciable”, siempre desde el punto de vista del que trata de insultar. Yo que no soy “perro viejo”, sino una perrita aún joven y de muy buen ver, quiero recordar aquí con ternura una historia que un día leí: Un perro, ya mayor , escribió esto a su amo: “Aquí estoy, tirado en un rincón. Sobre el charco de orín que yo mismo he provocado y que vos estáis cansado de limpiar. Las moscas sobrevuelan mi comida, desde ayer que la pusiste en el plato....es que ya no tengo hambre... ni ganas de levantarme....estoy todo el día echado....y casi sin moverme. Me siento cansado. Aunque no hago nada, igual estoy cansado. No sé, pero siento que me pesan los huesos. Y eso que estoy tan flaco que tan solo el cuero me sostiene. Pero por sobre todo estoy triste. Pero no tanto por mí, que me veo así como un trapo viejo. No. No más que nada por vos ¿sabéis?. Ya no me prestáis atención y que veo que cada vez te molesto más.” Pero como no quiero terminar tristemente este capítulo de me mi “Vida de una perrita feliz”, y yo nunca estoy de “un humor de perros”, porque mi humor de perro es muy alegre, les comentaré otra expresión referida a nosotros que me parece injusta y que indica lo poco que nos conocen los que se llaman hombres, humanos. Me refiero a ese dicho que dice “llevarse como el perro y el gato”.
Y perdonen que una vez más haga referencia a una experiencia personal.
Han de saber que mi mejor amigo en estos 5 años de mi feliz vida, ha
sido un gato. Sí, como lo oyen: un gato. Se llamaba “Calcetines”,
digo se llamaba porque aunque le advertí mil veces que tuviera cuida Otro día a lo mejor sigo comentándoles toda la leyenda negra que existe sobre nosotros. LA HISTORIA DE “ San Perro Amarillo” Hoy les voy a contar una historia que he leído y me ha conmocionado . Si un día me decido a contar la "hagiografía" de los perros , o sea la vida de los perros "santos" , empezaré por cambiarle el nombre (pero primero tengo que aprender como se dice perro en griego). En ese libro incluiré esta historia y su protagonista formará parte de mi santoral de perros mártires. Se titulará "Vida y muerte de S. Perro Amarillo, mártir de la Inquisición." Pues sí señores, como me ha dado por leer cosas sobre mis congéneres, me he topado con la siguiente historia. Los hechos ocurrieron allá por el el año de 1643, en Antequera, pero no en la Antequera que ustedes se piensan, sino en México donde existe una ciudad del mismo nombre, en el estado de Oxaca. Y en esta ciudad hay una calle que se llama la del Perro Amarillo , de ahí mi interés por saber el porqué de ese nombre. Pues a esa ciudad había llegado un portugués, natural de Lisboa, llamado D. Pedro de Oliveira y Badillo, que era un tipo algo misantrópico pero muy generoso , por lo que era muy querido por la gente sencilla y no tanto por los que se dedicaban a la misma industria que D. Pedro. Porque han de saber ustedes que este industrioso portugués ,que se dedicaba a la minería, se había hecho rico porque había introducido unos métodos muy modernos para sacar más rendimiento en su negocio. No me pregunten en qué consistía el método, porque yo soy una perrita y a mi lo que me interesan son los detalles humanos o perrunos y no la técnica. La cosa es que él había simplificado la cosa y había conseguido aumentar los rendimientos de su industria minera con menos pérdidas. Claro, esto había puesto de los nervios a sus rivales en el negocio. Por aquellas fechas , como ya saben ustedes, la Inquisición estaba en pleno apogeo y los autos de fe servían de macabra diversión y severo aviso a los que se desviaban de la fe oficial. Total que sus enemigos, tratando de buscarle las cosquillas al portugués, y como era hombre misterioso , callado, aunque religioso y generoso con curas y conventos, empezaron a propalar la idea de que se dedicaba a realizar prácticas condenadas por la Igesia. Le acusaron de herejía y decían que era como uno de aquellos alquimistas de la Edad Media que se dedicaban a buscar el secreto de la piedra filosofal. Un día que D. Pedro dormía tranquilamente acompañado por su perro, un mastín amarillo que seguía a su dueño en todo momento, oyó en el silencio de la noche delante de su mansión un estruendoso: " ¡Abrid al Santo Oficio! " (¡Jolín con el nombre, pues vaya oficio!) Total que mi amigo, al oirlo les soltó un ladrido que asustó al alguacil y a todos los esbirros que le acompañaban. Pero repuestos del primer susto, con una viga, forzaron el portón y penetraron en la mansión de D. Pedro. Entonces mi colega para defender la casa de su amo se dedicó a soltar dentelladas en sendas pantarrillas dejando las calzas de los corchetes hechas trizas. Bien empleado lo tenían. Pero como estos señores son miedosos y muy burros cogieron sus picas y un lazo e inmovilizaron a mi amigo y empezaron a registrar toda la casa . Lo único que hallaron fue unas cuantas retortas y crisoles y dos o tres probetas, suficientes para que el Santo Tribunal le acusara de dedicarse a "prácticas demoníacas". Sabiendo lo que le esperaba D. Pedro se vió obligado a huir sin su perro, por miedo a ser reconocido. Cuando aguaciles y corchetes volvieron se encontraron que el pájaro había volado. Enfurecidos, la emprendieron a golpes y patadas contra el pobre mastín, conduciéndole de ese modo hasta el edificio de la Inquisición. Aquella mañana de abril toda la ciudad se despertó sobresaltada por el ruído de trompetas y tambores que precedían al pregonero que, cada dos calles, hacía saber a los habitantes de Antequera que aquella misma tarde se lo podrían pasar pipa asistiendo a un singular auto de fe. Delante de la misma casa del portugués habían levantado una pira y un tablado , nada flamenco, para que se acomodaran las autoridades civiles y eclesiásticas que presidirían tan ejemplar espectáculo. Ahí pueden ver ustedes la comitiva de alguaciles armados de picas y detrás el corchete con una imagen de D. Pedro y a mi pobre amigo al que le habían enfudado el sambenito de los condenados. Mi entrañable compañero - se me saltan mis lágrimas de perrita - caminaba humildemente en un estado lamentable al que le habían reducido los golpes y el ayuno. Detrás, un dominico con un enorme crucifijo y a continuación corregidores, priores y el Comisario de la Inquisición con el pendón , nunca mejor dicho, de la fe. No faltaban tampoco en la comitiva otros miembros del cabildo y miembros de las diversas congregaciones de la ciudad y por supuesto la chusma que suele cerrar siempre semejantes festejos.
Una vez llegados ante la pira, el fiscal del Santo Oficio,¡ dios
qué oficio! leyó la inquisitorial denuncia que mi amigo escuchó sin
entender ni una papa, la mirada perdida y asustada . Sól Perdonen que me ponga tan triste. Pero se me ha puesto un nudo en la garganta, se me ha paralizado la mano y casi no puedo escribir. Sólo sé que durante muchos años , hasta que el cura de Jalatlaco exorcizó aquel lugar , se oía aquel siniestro y prolongado aullido al filo de la media noche y aparecía la figura del mastín llenando de miedo y de zozobra a los moradores del contorno. Y por tal razón llamaron a esa esquina "El Perro Amarillo". Era el primer perro mártir de la Inquisición: "S. Perro Amarillo. Y yo. a partir de esta noche, antes de dormirme, voy a rezar mis oraciones de perrito para que él proteja a todos los perritos desvalidos y maltratados.
YO "VEO" CON MI OLFATOHoy he tenido que explicarle a mi papá -me gusta más llamarle así que "dueño" - cómo es mi mundo de sensaciones. Le he dicho que si de verdad quiere entenderme, conocerme, debe preguntarse qué siento yo y cómo percibo todo lo que me rodea. Él, como "humano" - es decir: torpe - y aunque sé que me quiere , no acierta a explicarse algunas reacciones mías que para mí y mis congéneres son lo más natural del mundo. Por ejemplo, cuenta a quien quiere oírle - y lo dice muy orgulloso - que no se explica cómo, a veces, cuando yo regreso a casa de algún paseo y él ha estado ausente durante varias horas, yo soy capaz de saber que ya ha llegado. Lo sé antes de entrar en el portal y eso que nosotros vivimos en un cuarto piso y ya en el ascensor me muestro impaciente , entro en casa y voy corriendo a saludarle. Sé que le gusta mucho y a mí también me gusta darle la bienvenida para que me acaricie. Se le cae la baba.
Se maravilla y no para de preguntarse por qué en cuanto salgo agacho mi cabeza, pego mi nariz al suelo y "leo" todo lo que ha pasado por allí, que yo "veo" con mi olfato. Sé qué amigo mío ha pasado por allí, dónde ha dejado su "recado" para mí y sonrío cuando sé con qué intención me ha dejado su mensaje. Nosotros no necesitamos móviles. A veces estoy tan contenta con lo que "veo" que me revuelco en la hierba y la gente se sonríe viéndome dar patadas al aire de puro gusto y no comprende nada. ¡ Qué la vamos a hacer si no son capaces de entender cómo disfrutamos los perritos! No saben que nosotros somos capaces de saber a través de nuestro olfato sus emociones. Que sabemos cuando sienten miedo, porque se lo "olemos", olemos su adrenalina, olemos su miedo. Como olemos otras cosas. Por ejemplo, mi papá que anda estos días preocupado con su próstata, no sabe que en lugar de ir al urólogo o al radiólogo para que le haga "humanerías", podía fiarse de mi que soy más exacta que cualquier ecografía. En esta tarea de darle a conocer cómo soy, cómo yo percibo el mundo y los seres que me rodean, debo explicárselo todo porque no tiene idea. Le ruego que me mire atentamente, que se fije en la posición y la forma de mi nariz. Que preste atención a mi trufa y se pregunte por qué debo tenerla siempre húmeda, a veces goteando un poquito. Le digo que la mucosa de mi nariz dispone de unas células que son las encargadas de “comprender” los olores, esos olores se disuelven en este agua para que yo pueda entender los mensajes que me envían. Él me mira, pone cara de “enterao”, pero sigue sin creérselo y se sonríe pensando que le estoy soltando un rollo. Insisto en que se siga fijando en mi nariz, trato de explicarle que el aire que por ahí penetra se separa en dos corrientes. La primera va hacia los pulmones , como ocurre con su narizota y me sirve para respirar, la segunda corriente se dirige directamente a las células olfatorias y me sirve para reconocer los diferentes olores y sus matices. Y sigue mirándome con la misma cara de abobado.
Si ellos tuvieran tan desarrollado el sentido del olfato nos mirarían todavía con más aire de superioridad y serían aún más inaguantables. Sin embargo encuentran natural que nosotros les ayudemos a buscar a personas desaparecidas oliendo simplemente alguna prenda que les pertenezca. Les parece que no hacemos una cosa del otro mundo cuando les indicamos dónde se encuentran sepultadas bajo los escombros o les ayudamos a localizar dónde se ocultan las drogas o hallamos los explosivos escondidos. Y ya no hablo cuando les levantamos las liebres o les traemos las perdices a domicilio. Teleperdiz, a su servicio. Le he hablado del olfato, pero podría hablarle también de mi finísimo oído. Se extraña que sepa cuando vuelve a casa sin que ni siquiera haya introducido la llave en la cerradura. Le había oído antes de que abriera la puerta del ascensor. No le he hablado de frecuencias ni de ultrasonidos, porque el pobre es de letras y todo eso le suena a chino. Para que me entienda , tengo que decirle que soy capaz de oír sonidos que él no es capaz de percibir – bueno, la verdad es que también está un poco teniente – que reconozco el ruido de su coche, de su voz. Es más, si seré lista, que sé perfectamente por el tono de su voz si me está diciendo que no haga algo, simplemente oyendo el matiz de su “¡no!”, o lo que quiere decirme con un “¡ven aquí!”, o .... “al agua, Douce”. Basta que yo oiga eso para que me esconda debajo de la mesa hasta que haya pasado el peligro de ir al baño, aunque no siempre me libro. Como le veía algo cansado con mis explicaciones –es que no aguanta nada- no le he hablado hoy de mi vista, de mi tacto o de mi gusto... porque el gusto es mío. A lo mejor otro día se lo recuerdo. Seguro que se reirá un poco cuando hablemos de colores porque él es daltónico y tiene más problemas que yo con el rojo.
Hoy me ha dado por reflexionar un poco sobre nuestros "derechos civiles" en este mundo regulado por los que se llaman humanos. Y la verdad que he llegado a la conclusión de que si algún día nosotros tuviéramos la tentación de organizarlo a nuestro modo, que no la tendremos, no les pondríamos tantas trabas. Se diría que después de miles de años conviviendo no hemos avanzado demasiado. Como últimamente leo bastante me he enterado que llevamos conviviendo juntos desde el Paleolítico, que debe de ser un tiempo muy, muy remoto, cuando aquellos habitantes de las cavernas se cansaron de salir a cazar y empezaron a pensar en tener la caza al pie de casa, perdón de cueva. Un día que quisieron hacerse con alguno de mis antepasados -"lupus"- se dieron cuentan que los mayores mordían si pretendían privarles de su comida. Entonces, pensando , pensando - algunas veces piensan – llegaron a la conclusión que era mejor coger algún lobezno , conocer sus cualidades, y ver que no sería difícil enseñarle a convivir. Supondría tener una ayuda valiosa para cuidar de otros animales y al mismo tiempo servirle de excelente compañía. Hay algunos que piensan que fue al revés, que podrían haber sido aquellos cánidos salvajes los que habrían enseñado a los hombres a "convivir" y "compartir" los recursos necesarios para la supervivencia de ambos. ¿No recuerdan ustedes la historia del zorro y el Principito que cuenta tan hermosamente Saint-Exupéry? A mi siempre me ha gustado mucho. Cuando el Pequeño Príncipe después de haber caído en el desierto llegó a un lugar más habitado de la Tierra se encontró con el zorro. En realidad en mi teoría, ustedes pueden tener la suya por supuesto, fue el zorro el que "domesticó" al Principito que no tenía ni idea de lo que había que hacer para llegar a ser amigos. Y más que amigos, hacerse indispensable el uno para el otro. "Apprivoise-moi", repetía el zorro. Sé un poco paciente conmigo. Siéntate ahí, sin hablar, primero un poco lejos porque aun no estoy domesticado, luego poco a poco iremos acercándonos . Yo sabré a qué hora sueles llegar y estaré impaciente y nervioso hasta que aparezcas y me sentiré triste cuando te vayas. Y si un día desaparecieras por completo, de todas maneras yo habría salido ganando, "por el color del trigo", que me recordaría tus cabellos y los momentos vividos. ¿Sabes? Lo esencial es invisible para los ojos. Sólo vemos con claridad cuando miramos con el corazón, todo eso dijo el zorro. Pues yo pienso que algo así debió pasar entre mis antepasados y los hombres. Fueron los cánidos los que les enseñaron lo bien que les sentaría a los dos la convivencia y que, si sabían entenderse, crearían lazos más fuertes que los de un simple compromiso. Nosotros no les íbamos a exigir nada , ni íbamos a imponerle condiciones con tal de que nos quisieran un poquito. Pues mira tu por dónde, se diría que este milenario y tácito acuerdo se les ha olvidado a los descendientes de los antiguos cavernícolas a quienes enseñamos a ser más civilizados. Y a medida que se han hecho más ricos en cosas materiales, se han hecho más pobres en sentimientos y no hacen más que ponernos trabas e impedimentos como si les molestáramos. Perdonen que les hable una vez más de mí, pero es que no quiero andarme por las ramas y quiero decirles algunas de las cosas que me molestan o me parecen injustas, abusivas. Por ejemplo, a los perritos nos gusta a veces sentirnos libres, aunque también sabemos obedecer y lo hacemos encantados si saben mandarnos. Pero a mi me molesta que sin ir más lejos en los alrededores de mi casa que hay zonas verdes y árboles por donde no pasea mucha gente, hayan puesto un cartelón así de grande que pone: "SUELTOS, NO .El Ayuntamiento". Por supuesto se refiere a los perros, no a los concejales, pero no sé yo quiénes son más peligrosos. A lo que iba, a mi molesta que yo no pueda oler a mis anchas , poder ir de un sitio para otro siguiendo las pistas que otros perritos me han dejado . Me obligan a ir atado por narices, bueno, por el cuello. Si yo no voy a molestar a nadie, sólo saludaré a los amigos como solemos hacerlo u oleré a mis anchas.
Porque han de saber que yo también pago mis impuestos. Los humanos llevan su DNI de plástico, a mi me exigen que lleve un microchip que tengo que pagar y encima me lo incrustan en el cuello. Los políticos ,en cuanto a nosotros se refiere, legislan con los pies nos culpabilizan de todo como si fuéramos nosotros los culpables y no los que nos adiestraron o nuestros propios amos. Sólo les interesan los votos, y como nosotros no votamos... ¿Se imaginan cómo cambiarían las cosas si el censo de perros tuviera la posibilidad como esos que ellos llaman “colectivos”, es decir paquetes de voto: los jubilados, los jóvenes, las mujeres que sufren malos tratos, los emigrantes, las parejas de hecho y demás etcéteras? Estoy pensando en crear el MLC (Movimiento de Liberación Canina) para ver si así nos hacen un poco más de caso. Si nos obligan a pasear siempre atados ¿Por qué no obligan también ir bien amarrados a los que se dedican a romper papeleras, bancos de madera o arrojarlos a la playa, como yo he visto, a los que llenan de botellas, de vasos de cristal o de plástico las calles y las plazas donde arman las broncas las noches de los viernes o los sábados? ¿No serían ellos los que de verdad deberían ir atados cuando salgan de fiesta? Ya sé que los medios de comunicación , sobre todo cuando no tienen cosas más interesantes que contar, les gusta hacer hincapié en las noticias en que un perro ataca a un niño. Aunque en la Facultad les enseñaron de que no es noticia que un perro muerda a un ciudadano, que la verdadera noticia sería que un hombre le diera un bocado a un perro. Bueno , en realidad de eso ya se encargan los políticos legislando como lo hacen para apaciguar a la opinión pública alarmada por tanta noticia inflada. Como dice un señor que yo conozco, que es veterinario y que nos conoce un poco mejor que esos señores sentados en los escaños, le cito porque no quiero apropiarme de sus palabras: “ Las legislaciones deberían salir a la luz pública con alguna intención más profunda que la de apagar las llamas informativas ... deberían salir a la luz para solucionar problemas ¡Bonita utopía!. A nuestros políticos (con ‘excepcionales excepciones’) los problemas de nuestros animales de compañía les importan ‘un pito’, les da absolutamente igual... ¡Qué pena!”
Pero vamos a terminar esta crónica reivindicativa de los derechos caninos con una sonrisa, o más bien con un sueño. Soñaremos que allá, para el próximo milenio, habrá playas con tumbonas para perros, tendrán parques especiales donde poder correr libremente y oler a sus anchas, podrán pasear tranquilamente sin que nadie se sienta molesto o tenga que cambiar de acera para no cruzarse con uno de nosotros. Entonces todos los propietarios de perros, los criadores, los adiestradores , los educadores y los veterinarios serán verdaderos profesionales y habrán aprendido y enseñado a entendernos. Ya no se regalarán perritos en Navidad, si es que entonces la celebran, como si fueran juguetes para dejarlos en cualquiera cuneta en las siguientes vacaciones de Semana Santa, o como se llamen entonces. Total, ¡Cuesta tan poco soñar con un mundo más feliz que el del señor Huxley! Alguien me ha escrito últimamente diciéndome que le gustaría saber algo más de mi vida. En ello estoy, no se crean, y les aseguro que vivo muy feliz y me considero una perrita afortunada. Desde luego mi vida no tiene nada que ver con eso que los humanos llaman "vida perra", y sigo sen saber por qué. Nada que ver con esas exclamaciones suyas " ¿Hay qué ver qué cosas pasan en esta "perra vida!" La única coincidencia que puedo encontrar es que mi vida también empieza por p... y no me sean ustedes mal pensados, que les estoy viendo. Lo que yo quiero decir en todo caso es que llevo la "vida p....adre!" Por ejemplo hoy les voy hablar de mis paseos. Me gustan mucho pasear y me considero una perrita privilegiada porque conozco amigos míos que se pasan el día encerrados en un garaje o atados esperando a que sus papás vayan a visitarles y echarles la comida. A otros apenas les sacan a pasear una vez al día. Yo tengo la fortuna de salir varias veces al día, dos , tres...hasta cuatro, si cuento la breve escapada de la noche para depositar la basura y de paso echar algún que otro olfateo. Me encanta sobre todo el de la mañana, algunos días tiene que ser breve si mi papá o quien me saque tienen que acudir a su trabajo. Además enseguida sé cuándo me toca salir , tengo mis trucos para ello. Lo noto si mi papá se cambia de ropa y sobre todo si se pone otro calzado. Otras veces, si ando perdida por cualquier habitación o estoy sentada en mi rincón preferido, me doy cuenta al oír el ruido de las llaves o simplemente al ver recoger mi arnés de donde está colgado. Tengo varias maneras de manifestar que estoy contenta. Unas veces empiezo a dar vueltas haciendo "eses" por entre las piernas de mi papá mientras se calza los zapatos. Reconozco que a veces de puro contenta me pongo algo pesada y no le dejo atarse los cordones. Otras, cuando le veo descolgar el arnés, empiezo a dar saltos increíbles y casi le llego hasta la cara con los brincos que doy. Me pongo muy nerviosa, se me acelera la respiración , resoplo, o emito un curioso sonido de alegría que suena algo parecido a "¡guayyyyy!", cuando veo que por fin se abre la puerta del ascensor. Ya en el portal, espero impaciente a que me abran y salgo disparada y oteo el horizonte para ver si diviso algún amiguito o amiguita , luego empiezo a husmear y oler la hierba. Ya les he dicho que en el entorno de mi casa hay una zona verde , arbolada, yo arrimo bien mi hocico al suelo y empiezo a olerlo todo. Hago un recorrido que yo sólo conozco, voy leyendo los últimos mensajes de mis amigos y sé qué dice cada uno de ellos. A veces, cuando encuentro alguno que me interesa más, yo también dejo mi recado y digo a mi amigo que he pasado por allí y que me ha gustado reconocerle.
Estos son los paseos cotidianos. Pero a menudo, cuando mi papá o mi amo "oficial" tienen tiempo me llevan en el coche hasta alguna playa. Estos paseos también me molan. Yo suelo instalarme muy seria en el asiento trasero del coche y voy mirando por la ventanilla todo lo que se ofrece a mi vista porque soy muy curiosa. A veces cuando nos paramos ante un semáforo y tengo un coche a mi lado observo a la gente que va dentro, sobre todo si van niños. Yo les miro , ellos me miran y sonríen . No entiendo por qué se extrañan de que una perrita sienta curiosidad por lo que ve en su entorno.
Me encanta la playa ,sobre todo en invierno, porque puedo correr y disfrutar a mis anchas. Os podría hablar de todas las playas que conozco, pero no quiero aburriros con nombres. Sólo os voy a nombrar mis dos playas preferidas El Camello y Los Molinucos: la primera durante el invierno y la segunda, cuando puedo, en verano. Las demás, si venís por Santander también puedo enseñároslas. De las únicas que no os hablaré mucho, son aquellas dónde va todo el mundo, las del Sardinero, no me gusta ese barullo de gente que recorre de arriba abajo la larga playa como si fuera una procesión o algo parecido. Me gustan más las playas apartadas , donde no hay mucha gente, aunque en verano a veces es difícil encontrarlas, por eso aprovechamos los días que aparece un poco nublado y la gente se queda en casa. Otro día, al hablar de mis juegos o de mis gustos, os contaré qué me gusta o lo que no me gusta hacer en la playa. Ya les he contado cuánto me gustan los paseos, pero quiero hablarles de otras cosas que me molan y de algunas que no me agradan tanto. Pero les diré que soy fácil de contentar, es una de las cosas que más sorprende a mi papá y una de las causas por las que me quiere tanto. Nunca protesto, puedo hacerme más o menos la remolona, pero nunca doy un portazo. Me encanta jugar y con cualquier cosa me entretengo. Unas veces juego yo sola, otras me gusta mucho que jueguen conmigo y si veo que no me hacen mucho caso, les provoco para que jueguen conmigo un rato. Mis juguetes están recogidos en una cestita, pero no crean que son video-juegos, muñecas que hablan , hacen pís o cosas de ésas y que además son caras. Mis juguetes son sencillos. Tengo varias pelotas de distintas formas, colores y tamaños. Además de una de esas pelotas amarillas de jugar al tenis, tengo una de color naranja, que es como si estuviera llena de granitos que sobresalen, y de tanto morderla se ha pinchado. Ahora, cuando aprieto mis dientes se desinfla, tengo que esperar a que se hinche si quiero seguir jugando. A una de esas pelotas, con bandas blancas, azules y rojas, la llamo la “francesa”, ésta, como otra muy pequeñita y otra mediana, roja, son macizas pero blandas para que yo pueda morderlas. La roja , que tiene unos trazos como si fuera un balón de fútbol en miniatura , la he mordisqueado tanto que ya no es del todo redonda. Ya os he dicho en otra ocasión que a veces quedan perdidas debajo de la biblioteca o de algún armario y no se ven. Pero mi olfato si las “ve” y cuando sé que están ahí, aunque ellos no la vean, me agacho, trato de meter mi patita para alcanzarla y si no llego, reclamo ayuda para que me la saquen. Ellos ponen cara de extrañados, pero ya saben que nunca me equivoco y van a buscar algún palo, paraguas o similar para que yo pueda jugar.
Ya les he dicho que lo que más me gusta de estos juegos es poder mordisquear y no me preocupa lo que digan esos que escriben sobre nosotros. Me importa poco que mis juegos sean simulación de un combate o instinto de caza, lo que yo quiero es jugar y mantener así ese contacto y esa comunicación con mis padres o hermanos. Me gusta mordisquear, ejercitar mis mandíbulas y sé hasta dónde puedo apretar. Por ejemplo , cuando juego con mi papá, me gusta que él trate de quitarme la pelota o los muñecos de la boca. Forcejeamos a ver quien puede más , yo, meneo la cabeza y tiro con fuerza, algunas veces gano yo , otras, le dejo a él que gane para que no tenga complejos. A veces, para provocarme me mete su muñeca o la mano en la boca y yo le aprieto, pero sé hasta donde debo presionar para no hacerle daño. Si alguna vez me paso un poquito, basta que me diga “¡Douce, no!”, para que yo suelte enseguida. En juegos como éste, mi papá querría que cuando él me tira la pelota yo la recogiera , se la trajera y se la diera para lanzarla de nuevo, pero no lo ha conseguido , porque yo lo que quiero es que él trate de quitármela . Él piensa que si hubiera estado en casa desde que yo era un cachorro , podría habérmelo enseñado y se sentiría orgulloso de haberlo logrado. El pobre se siente un poco frustrado por ello y piensa que no ha sido un buen educador. Entonces yo me enternezco y le explico que no es culpa suya, que cuando llegué a su casa yo había adquirido algunos hábitos, y a mi nadie me había explicado que las pelotas había que devolverlas: “Santa Rita, Rita, lo que se da no se quita”. Y le digo que me gusta más jugar así, a ver quién puede más, por eso a veces les dejo que me gane.
Podría seguir habándoles del juego rato y rato, pero no quiero aburrirles. A veces juego yo sola mientras ellos están en el salón leyendo o viendo la tele, porque a mi la tele no me gusta y no sé cómo ellos pueden aguantar esos programas . En lugar de ver siempre las mismas caras paseándose por las distintas cadenas podrían poner algún “Wuaku wuaku “ más. Pero claro eso será en el próximo milenio cuando aprendan a ser de verdad “humanos”. ¿ O debo decir, algo más ... caninos? EL VACÍO DE LA AUSENCIAHoy he notado a mi papá con cara de preocupación. Le he preguntado qué le pasaba, pero al principio no ha querido contestarme. Me decía. " No te preocupes Douce, no me pasa nada". Pero como yo soy una perrita psicológica , quiero decir, psicóloga, sé que cuando dice eso , es que algo le preocupa. Así que insistí porque era la forma de averiguar la verdad, la causa real de su preocupación. Enseguida me explicó el porqué. Resulta que César, mi amo, tiene desde hace algunos días un sarpullido en la piel y le pica. Había ido a un dermatólogo, de esos que saben muy poco, le había recetado una pomada pero no le había hecho gran cosa. Esta mañana decidió ir a un alergólogo, no sé si estos saben algo más, pero por lo menos te pinchan , examinan la reacción , ponen cara de enterados y luego te dicen: "Tiene alergia a los ácaros, al polen y a los animales domésticos". Y se quedan tan anchos. Además le ha colocado unos botoncitos metálicos en la espalda para ver las causas del sarpullido de la piel. Yo le he preguntado si es por lo de las alergias a los animales domésticos es por lo que estaba preocupado. Me ha respondido con un sí lacónico, que no me ha dejado demasiado convencida. Así que he tenido que insistir de nuevo, diciéndole que no me estaba confesaba toda la verdad. Y al final me ha contado lo que de verdad le preocupaba. Me ha dicho que la verdadera razón de la cara de preocupación que me notaba se debía a otra causa. -"¿Cuál?, le he preguntado.
Sé que no va a ser verdad, que encontraremos la manera de seguir como estamos. Si es necesario me bañaré más a menudo para no criar caspa, iré a la pelu las veces que haga falta para tener el pelo cortito... ¡Qué sé yo, haré lo que haga falta! El me ha dicho, bajito, que no me preocupe que antes que tener que irme yo , buscaría un lugar para César. Pero esta posibilidad de tener que separarnos ha trabajado a mi cerebro de perrita y hasta me he dado cuenta que soy emocionalmente más fuerte que mi papá. Aún sintiéndolo muchísimo y muy dentro, en el caso casi imposible de que tuviera que ser yo la sacrificada, acabaría aceptando la situación más "racionalmente" que él. Sé que lo pasaría muy mal sin mí. Sé que se atormentaría mucho y estaría todo el tiempo echándome de menos. Se preguntaría a cada momento qué haría, dónde me encontraba, cómo lo estaría pasando. Sé perfectamente el vacío que sentiría en su interior. Entonces , tendría que ser yo, una perrita, quién debería enseñarle cómo se colman los vacío que nos va dejando la vida, sobre todo , los vacíos que dejan los sentimientos. Tendría que enseñarle cómo hay que saber seguir viviendo, incluso cuando sentimos que algo que nos llenaba por dentro ya no está, ya no puede estar. Siendo yo una perrita, he tenido que enseñarle a él, que se hombre, maduro y humano cómo se debe seguir viviendo aunque sintamos el vacío que dejan los sentimientos. He tenido que ser yo, una fémina canina, la que he tenido que explicarle que el vacío que dejan los sentimientos que no están , siguen de alguna manera estando de una manera misteriosa, diciéndonos al oído del corazón: " Escúchame bien, quiero que sigas viviendo. No te preocupes por mí que yo también sabré hacerlo." Me he tenido que tragar mis propias lágrimas al decírselo, me he tragado también el nudo que sentía en mi garganta mientras le hablaba y he sentido que sé quererle mejor que é me quiere a mí. Porque en el fondo soy más generosa, más madura, aunque sólo sea una perrita. O quizá precisamente por eso, porque sé lo que es un amor de perrita. LAS
COSAS QUE NO ME GUSTAN TANTO
Hasta ahora les he hablado de las cosas
que me gustan; mis paseos, la playa, mis juegos y algunas más,
de las que todavía no les he hablado. Pero casi no les he dicho nada de
aquellas cosas que no me molan tanto. Tampoco vayan a
creer que soy demasiado caprichosa o testaruda. Siempre acabo
haciendo caso a mis papás o a mis hermanos porque me gusta obedecer y
respetar a los que me mandan, forma parte de nuestras costumbres
caninas.
Les cuento. Los días que salgo a la calle para mi paseo matutino
, si veo el cielo cubierto y las primeras gotas de agua, me resisto a salir , me hago la remolona y me quedo en el patio de casa, a
cubierto. Huelo los recados que han dejado los gatos que merodean por el
jardín y algunas veces asomo un poquito el hocico fuera para dejar
también mis mensajes.
Les he hablado también que mi primer impulso cuando oigo “ ¡Douce,
al baño!”, es correr como perrita que lleva el canino diablo y buscar
el primer refugio que encuentro. Normalmente voy al salón y me escondo
debajo de las faldillas de una mesa para que no me vean. Allí me siento
segura y espero a que escampe. Otras veces me meto debajo de
cualquier mesa , de la cama o en cualquier otro sitio.
Así, me siento fuera del alcance de las manos que quieren
llevarse , en este caso, el perro al agua. Alguna vez me dicen “¡Douce,
al agua!” solamente para ver cómo reacciono, pero la mayoría me toca
ir, un poco a regañadientes, al baño. En verano ni siquiera necesito
que nadie me diga nada. Al llegar de la playa, si vengo un poco sucia,
con arena, intuyo lo que me espera y voy directamente a mi refugio.
Pero no crean que esa resistencia primera dura mucho , ni se
muestra con pataleos o ladridos de protesta, únicamente
practico la resistencia pasiva , no colaboro. Una vez en el baño,
nada más sentir el chorro de agua caliente y las manos de mi mamá que
me enjabona, me masajea , me quedo quietecita y dejo que me bañen.
Luego me secan con mis toallas , me pasan el secador
y me gusta sentir ese calor. Es verdad
que después , si siento que aún no estoy bien seca, o como
tengo la piel tan sensible, noto picores , acabo mi secado particular
revolcándome en las alfombras y paso una y otra vez mi morro hasta que
me siento bien del todo. Así acaba casi siempre la ceremonia de mis baños.
No son los baños de Argel, sino los de Douce.
Cuando termino, casi siempre
están ya mis papás o mis hermanos esperándome. Yo salgo
corriendo hacia ellos, nerviosa y contenta
de verlos. Noto que ponen siempre cara de sorpresa al verme
con el pelo cortado. Yo también me noto rara, me siento como desnuda
sin mis lanas. Mis papás no hacen más que decirme que
estoy muy guapa para que no tenga complejos y me sienta como una
ratita asi, pelada. Sé que me queda muy gracioso el flequillo que me
deja el peluquero , además me protege mis ojos porque como soy casi
albina tengo los ojos muy sensibles a la luz. Todavía nos quedamos un ratito en la peluquería. El peluquero y su compañera siempre dicen que he sido muy buena, que me porto de maravilla y me regalan palitos y otras golosinas por lo bien que me he portado. A veces, mi papá aprovecha también para comprarme alguna chuchería , algún regalo o algo que necesite porque en la pelu hay muchas cosas: bolsas de comida, juguetes, arneses, golosinas para perritos, como si fuera un supermercado canino. Cuando llego a casa siempre hay bromas de los chicos a causa de mi nuevo “look” : “Douce, ¿Pero qué te han hecho?” “Pareces una ratita” y cosas así. Hasta que mi mamá o mi papá cortan esas bromas y dicen: “Así estás muy guapa, no hagas caso a estos tontos”. Entonces yo , casi me lo creo. Pero prefiero mis lanas. El otro sitio al que nunca voy de buen grado es al “vete”. El veterinario es un señor joven, con barba, de aspecto serio pero amable. Siempre nos toca esperar un poco porque tiene muchos clientes , perros o gatos. A mi estas esperas se me hacen muy largas y me muestro más nerviosa que de costumbre. Cuando, por fin, pasamos a la consulta me muestro más inquieta , aunque no me haga daño. No me gusta subirme a esa especie de camilla donde me hace sus “humanerías”. Me toma la temperatura, me examina, me palpa por todas las partes, me coloca un aparatito en el pecho y me mira muy serio y muy callado. Menos mal que mi papá o mi hermano me sujetan, siento sus caricias que me dicen “Douce, tranquila” y eso me da seguridad. El “vete” hace casi siempre las mismas preguntas, si como, si me ha pasado algo raro... Da siempre los mismos consejos: que sólo coma la comida que él me aconseja, a veces dice que me encuentra un poco gorda –y no sabe que eso no se le debe decir a una señorita - , insiste que no me den mis papás de su comida. Mi papá, dice que sólo algunas veces, pero es mentira, porque es más que “algunas veces” . Me gusta estar a su lado y que me dé algo de lo suyo porque me sabe mucho mejor que las bolitas que me da el “vete”. Sólo voy a mi plato cuando veo que ellos han terminado y allí completo mi comida, chascando mis bolitas. No hay derecho. Es un aburrimiento una comida que siempre es la misma, ellos todos los días cambian. Nunca he estado mala por comer más de la cuenta, aunque soy un poco comilona. Además yo sé cuando tengo el estómago algo más pesado. En esos casos, cuando salgo al jardín busco una hierbas que tienen las hojas alargadas, porque yo sé que me van muy bien para aligerar mi estómago, no necesito más recetas. La visita del “vete” siempre termina igual: apunta en mi cartilla cuándo me toca la próxima vacuna o mi próxima visita , me manda que tome unas pastillas para que las pulgas u otros bichos no me hagan daño y mi papá paga la visita. Por la cara que pone, deduzco que a él también le hubiera gustado ser veterinario. Bueno, esto es una deducción mía, porque no le veo a él con bata blanca, atendiendo todo el día de pie a perros , gatos y otros animales. Supongo que debe ser por otra cosa por lo que le gustaría ser veterinario, pero yo de esos pensamientos “humanos”, no entiendo nada. Hoy les he hablado de tres cosas que no me gustan mucho. Otro día les hablaré también de otras cosas que no me gustan mucho y hasta les contaré, si no lo van diciendo por ahí, algunos de mis defectillos, que tampoco son tantos.
Hasta ahora les he contado casi únicamente cosas buenas de mí y de mis amigos. Pero , aunque no lo crean, soy un perrita que cultiva la autocrítica y reconozco eso que los humanos llaman defectos, aunque es un concepto que nosotros no empleamos. Los hombres se creen el centro del universo y creen que todo gira en torno de ellos, quieren que nos apropiemos de sus conceptos sin pensar que tenemos nuestra propia deontología, que tiene muy poco que ver con la suya y lo que ellos llaman principios éticos. Por cierto, que a su ética no deben hacerle mucho caso, porque hay que ver qué tinglado tienen organizado. Pero, en fin para que ellos me entiendan voy a hablarles un poco de mis “defectos”.
Voy a imitar un poco un “decálogo” muy gracioso, que un día leí en una página sobre perros y que yo he adaptado a mi propia experiencia. Las normas de esta casa han ido evolucionando a medida que ellos y yo decidíamos donde terminan mis derechos y donde empiezan los suyos. Y aunque sea medio en broma, voy a contarles la evolución de mi “buena malaeducación”. Como recordarán, mi papá empezó diciendo: 1.- ¡Los perros no podrán entrar en esta casa! Les cuento lo que luego fue pasando: 2.- Bueno, se aceptarán, pero con algunas condiciones. 3.- La perrita podrá entrar en las habitaciones, pero no podrá sentarse ni en el sofá , ni en los sillones. 4.- La perrita se podrá subir sólo a los sillones viejos 5.- De acuerdo, p | ||