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La
contaminación y el derroche del agua; la desertización;
la contaminación atmosférica; la generación
de residuos tóxicos y radiactivos; las basuras;
las grandes obras públicas y privadas, y la aniquilación
de la flora y la fauna son los siete principales problemas
que, como siete plagas, amenazan nuestro medio ambiente
y cuestionan la cultura del consumismo desaforado, del
despilfarro y del desarrollo mal entendido.
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El
manifiesto deterioro de nuestro entorno parece indicar
que el progreso está reñido con el medio
ambiente. Pero no: el desarrollo, el bienestar y la
calidad de vida son perfectamente compatibles con la
conservación de la naturaleza.
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Lo
verdaderamente incompatible es un estilo de vida avasallador
e irresponsable, basado en la producción y el
consumo desbocados y sin freno, en el esquilmamiento
y derroche de los recursos naturales, en la creación
de necesidades artificiales.
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Está
claro que el
medio ambiente es uno e indivisible,
que todos sus problemas están interrelacionados
y que cualquier
destrozo tiene repercusiones globales.
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DESPILFARRO
Y CONTAMINACIÓN DEL AGUA
Desperdiciamos
un bien escaso en su conjunto. Hay carestía
de agua, y el problema se agrava por el
uso irracional que hemos venido haciendo
de este recurso limitado. El aumento sin
freno de la demanda hace que padezcamos
un déficit anual. El despilfarro
de agua en la agricultura, en la industria
y en los usos
domésticos reclama sistemas de riego
de menor gasto o riegos de aguas depuradas,
reciclar el agua industrial y planes de
ahorro domiciliario.
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Pero
hay todavía más motivos de
alarma, como la sobreexplotación
de algunos acuíferos; la pérdida
de aguazales del interior y de la costa,
o la realización de obras hidráulicas
de escasa utilidad e irrespetuosas con la
naturaleza. Y es que el problema del agua
es su mal uso: se desperdicia, se llena
de desperdicios y desperdicia el medio ambiente.
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DESERTIZACIÓN
La
pérdida de la cubierta vegetal hace
cada vez más difícil el desarrollo
de especies vegetales. El riesgo de desertización
o empobrecimiento irreversible del suelo
es muy alto.
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Los
incendios forestales; la deforestación
maderera; las agresivas y malas prácticas
agrícolas; las grandes obras públicas
y privadas y la urbanización de montes;
el pastoreo intensivo; la quema de rastrojos
y arbustos, y la avalancha irrespetuosa
de vehículos todoterreno. La acción
conjunta de todos estos factores elimina
la protección natural del suelo (la
vegetación) frente a la lluvia, que
tritura el terreno y luego lo arrastra.
Consiguientemente, año tras año
perdemos centímetros de suelo, la
capa de elementos orgánicos y minerales
que ha tardado en crearse más de
1.000 años.
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La
detención de esta sangría
de suelo pasa por la reforestación
racional, con especies autóctonas,
de los inmensos claros que impiden avistar
claramente el bosque en este solar despellejado
que ya es hoy nuestra Tierra.
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CONTAMINACIÓN
ATMOSFÉRICA
El
adelgazamiento y los agujeros de la capa de ozono, con
sus consecuencias sobre la salud y la disminución
de la producción vegetal; las lluvias ácidas
que destruyen los bosques de las zonas templadas, y
la potenciación del efecto invernadero, con la
consiguiente elevación de la temperatura sobre
la Tierra, que facilitaría el deshielo de los
casquetes polares y la subida del nivel de los mares,
son tres gravísimos problemas que comprometen
la supervivencia en todo el planeta.
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Su
causa común es la emisión de gases contaminantes
a la atmósfera (CFC o clorofluorocarbonos -SO2
Y CO2, respectivamente-), derivada del consumo abusivo
e ineficiente de energía.
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La
electricidad es, junto al tráfico, el principal
contaminante atmosférico. Las sucias centrales
térmicas, además de contaminantes, son
una forma ineficaz de obtener energía: solamente
llega a los enchufes la cuarta parte de la energía
quemada. El despilfarro de electricidad y la utilización
de calefacción eléctrica es además
una irresponsabilidad.
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RESIDUOS
TÓXICOS Y RADIACTIVOS
Las
plantas industriales y energéticas no sólo
producen contaminantes atmosféricos. Cada año
se generan millones y millones de toneladas de residuos
tóxicos y peligrosos de las que apenas un porcentaje
muy pequeño reciben tratamiento adecuado. El
resto se abandona en el medio o es recogido por personal
que en su mayoría no está autorizado para
estas tareas, desconociéndose qué sistemas
utilizan. Con todo, lo de menos es su volumen; lo realmente
importante es que la peligrosidad de estos residuos
se prolongará durante miles y hasta centenares
de miles de años.
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La
vida de animales, plantas y del propio hombre
está además amenazada por
todo un arsenal de pesticidas, herbicidas
y otros biocidas de uso agrícola,
devastadores para un medio ambiente al que
se le ha venido encima un aluvión
de venenos.
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RESIDUOS
SÓLIDOS URBANOS
La
basura nos invade. Producimos a diario kilos
y kilos de residuos orgánicos y,
entre otras cosas, desperdicios compuestos
de: papel y cartón, vidrio, plásticos,
metales, gomas y cuero... Algunos de estos
residuos van a parar a vertederos controlados,
pero ni la mitad de su porcentaje. Su mejor
aprovechamiento pasa, pues, por una recogida
de verdad selectiva que hoy por hoy es insuficiente,
así como por el fomento del reciclado,
sin olvidar que también hay que disminuir
la producción y el consumo para que
no se sigan acumulando en nuestro entorno
montañas y montañas de basura.
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OBRAS
ANTIECOLÓGICAS
El
negativo impacto ambiental de las grandes
y pequeñas obras públicas
y privadas es uno de los principales frentes
de batalla abiertos por el ecologismo.
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El
automóvil y las infraestructuras que le abren
camino, las urbanizaciones en zonas de valor ecológico...
-o sea, más y más cemento- están
en su punto de mira. De verdad, ¿eso
queremos?
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FLORA
Y FAUNA EN PELIGRO
La
aplicación de los estudios de impacto ambiental
es la herramienta que puede evitar la deforestación
y todo tipo de intervenciones y obras antiecológicas,
y preservar las especies autóctonas amenazadas.
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REFLEXIONEMOS
La
Administración, la única con capacidad
para abordar los estudios pertinentes, nos describe casi
a diario los síntomas de enfermedades ambientales.
Por tanto, las críticas de los defensores de
la vida tienen casi siempre como base los datos de las
instituciones oficiales. Cambian, como es lógico,
las interpretaciones. E interviene el subjetivismo.
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De
todas formas, hay otras plagas además de las
descritas. La más peligrosa es considerar que
la mala salud de nuestro entorno no repercute en nuestra
propia salud. De hecho, ya casi no quedan médicos
que no consideren todas las enfermedades de origen ambiental,
incluso las genéticas. Creer que se puede vivir
en parapetos más o menos artificiales es un tropezón
que esperemos no termine en caída.
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Todas
las historias han sido de conquista. No
deja de ser paradójico que la conquista
de la Naturaleza se haya consumado encerrándonos
lo más lejos posible del enemigo.
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Otro
mal, de todo y de todos, es el irresistible
fundamentalismo de la tecnología
y la economía. Ambas han pasado de
ser instrumentos a fines cerrados en sí
mismos, absolutos y totalitarios. Y controladores
de todos nosotros, sus aparentes dueños
y en realidad sus sirvientes.
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Hay,
con todo, resquicios por los que intentar
el cambio de tendencia. Uno de ellos es
ejercer la más poderosa fuerza de
transformación de la realidad: la
transmisión de ideas. Con el conocimiento
se pueden abordar críticas constructivas.
Y a partir de ahí, descubrir o reencontrar,
teniendo en cuenta que ambas actitudes pueden
darse en relación al pasado y al
futuro.
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La
Naturaleza es "una obra perpetuamente
viva, un obrero activo que sabe hacer uso
de todo y que, con los mismos materiales,
lejos de consumirlos los hace inagotables.
El tiempo, el espacio y la materia son sus
medios, el universo es su objeto y el movimiento
y la vida, su fin".
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Y,
además, todos nosotros somos Naturaleza. Traicionarla
es traicionarnos.
Cuidémosla. Sé ecológico.
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