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Forman parte del misterio y de la leyenda popular, las hadas son los seres más puros de los cuentos de la infancia. En Inglaterra ilustran un calendario que se edita en forma anual. De la misma manera en que los ángeles habitan entre nosotros y velan por nuestros deseos, las hadas, criaturas compuestas por puro prana, es decir, por una parte de la energía que habita el cosmos y que rara vez se manifiesta haciéndose corpórea, también hacen lo suyo. Se supone que su función principal es la de absorber la energía del universo y proyectarla a través de las distintas formas en las que se manifiesta la naturaleza (como montañas y ríos, por ejemplo), además de ofrecer protección y armonía a quienes las albergan en su casa. Otras funciones que se le adjudican son las de contribuir con la fertilidad de los suelos o las personas, armonizar las relaciones entre ellas, evitar enfermedades y otorgar lucidez para tomar decisiones. En Inglaterra, que es de donde provienen la mayor cantidad de escritos sobre su existencia, se dice que el rey Arturo era un protegido de ellas y que fue en las colinas de Avalon donde recibió la información de estos seres para montar las estrategias políticas que lo llevaron a ser coronado como rey. Otra leyenda da cuenta que las hadas deben su origen a una anécdota: Cuando Dios vio a Eva bañando a sus hijos, ella advirtió su presencia y como algunos de los chicos todavía estaban sucios, decidió ocultarlos de su vista, preocupada por lo que Él iba a pensar al ver que no todos estaban en las mismas condiciones. Entonces, Dios le advirtió que así como ella habíalos escondido, Él haría que quedaran ocultos a los ojos del hombre. Es así que surgieron las hadas. Sin embargo, esta invisibilidad no funciona a los sentidos de ciertas personas más perceptivas y sensitivas. Es por eso que no hay que ser rey ni artista para contactarse con ellas. Todos tenemos un hada madrina. A lo largo de la historia de la humanidad distintas personas han declarado que estas personitas se les habían revelado. Los artistas las definieron como musas, que no son otra cosa que hadas que con su energía les proporcionaron la inspiración para crear grandes obras. Al igual que los ángeles, a las hadas se las reconoce por una gran variedad de nombres -ondinas, elfinas, feis-, y habitan distintos escondites de la naturaleza, pero eligen preferentemente las flores, tal como lo hacía Campanita, el hada de Peter Pan. En esta nota le proponemos armar su propia jardin "mágico", aunque más no sea en el balcón y le sugerimos las flores que nunca deben faltar en casa durante todo el año para poder albergarlas. Las flores que atraen a las hadas La mejor manera de invitar a estas criaturas a nuestra vida y poder aprovechar algunos de sus poderes es a través de las plantas. Cada especie es visitada por un determinado tipo de hada, dotada de un poder especial para transformar la energía de la casa o de nuestra vida. La elección, entonces, estará vinculada con el fin que pretendamos lograr. * Para reforzar la fertilidad. Elija margaritas, es a través de su polen que se reproducen las semillas. Se dice que estas flores siempre albergan hadas que propician la fertilidad y la abundancia. * Para armonizar ambientes. La begonia es la planta utilizada por las hadas para reciclar la energía de lo natural y mantener el equilibrio que necesita todo elemento para vivir y desarrollarse en plenitud. Pero por estar llena de energía es que se ha convertido en una planta de exterior. Si la coloca en el interior de la casa puede recargar la energía del sitio y generar agresividad en el ambiente. Pero en un balcón o jardín restituye la armonía de las relaciones que se generan en sus habitantes. * Para amores difíciles. Nada mejor que llenar la casa de pensamientos, una flor en la que se sabe habitan hadas traviesas que acercan una cuota de energía que debe ser utilizada como refuerzo para lograr cualquier anhelo sentimental. * Para aumentar la inspiración y la creatividad. Por sus colores, las fresias y las anémonas se convierten en las preferidas de las hadas. En ellas se inspiran estos seres para proyectar todo su poder. Esta planta es una fuente de energía capaz de inspirar grandes obras, habitada por criaturas que funcionan como musas. * Para alejar el estrés. Los tréboles de cuatro hojas son considerados de la buena suerte porque habitualmente los usan las hadas para recuperar sus fuerzas y energías. Es como una especie de "spa" para ellas, y una planta ideal para recargar las baterías de personas expuestas a grandes presiones.
El agua es el elemento natural de los habitantes etéreos llamados "ondinas", su reino se encuentra en todas partes, pues el planeta contiene un 70% de agua. Estos seres no son diminutos, pero como el agua tienen una forma difícil de captar y apenas pueden verse figuras alargadas brillantes algunas veces y opacas otras. En días de mucho calor salen a la superficie y se confunden con brumas sobre el agua, también en invierno salen a pasear a traves de la niebla. Estos elementales, como los otros actúan muchas veces como puertas dimensionales hacia otros lugares superpuestos con el planeta, tanto cuando están en su habitat como fuera de él. Cuando están presentes en la niebla muy espesa, toman un color verde opalino y hay que tener cuidado de no pasar por esos lugares pues pueden registrarse fenómenos extraordinarios de los que muchas veces no se puede saber nada acerca de los mismos. Hay casos en que las personas que los traspasaron aparecieron en sitios muy lejanos de sus casas, se ha hablado mucho de ovnis, ésta es una posibilidad, pero desde muy antiguo ya se mencionaba esto, pero era atribuido a los elementales, no a seres extraterrestres. Aunque conviene ser precavido antes de arriesgado. Los ondinas tienen una relación directa con las sirenas y los tritones que son seres mitad humanos y mitad pez, a los seres femeninos se las llama sirenas y a los seres masculinos se los llama tritones. También forman parte de la mitología antigua y sus relatos contienen siempre un encanto atrapante. En los rituales mágicos, el agua siempre está presente, pues como dije anteriormente este fluido se carga muy fácilmente de las radiaciones, cuanto más si son psíquicas. Por eso cuando se bendice el agua, ésta queda realmente cargada con las buenas intenciones y vibraciones de amor y pureza que se trata de irradiar a quien haga uso de esa agua. El bautismo es una forma de liberación de la cadenas espirituales que nos atan a tentaciones y al pecado original, y en los rituales más antiguos que el cristianismo, el agua tiene una relación directa con Dios, pues es pura como el más brillante cristal. Las ondinas trabajan gustosamente con los humanos y son muy amigables con los otros elementales de la naturaleza, pero cuando su poder es desafiado, las fuerzas ocultas no se hacen esperar y pueden causar estragos tan grandes como el diluvio universal. La forma de atraer su amistad es con flores, perfumes, inciensos y velas que se colocan a la orilla del mar sobre una canasta pequeña para que el agua se la lleve mar adentro, si no regresa el pedido es aceptado, pero si vuelve significa que algo no está funcionando bien. En casi todas las religiones existe una imagen, un icono representativo de la fuerza del océano y de las aguas, en el cristianismo católico es la imagen de Stella Maris la que actualmente toma el significado de entidad protectora de los viajeros y marinos. En otras, como por ejemplo la Umbanda en Brasil, una forma de espiritismo, es Iemanja la imagen de la reina del mar que protege a los navegantes y a la familia. Antiguamente, en la mitología la imagen era la de Neptuno, como rey de los océanos y jefe regente de todos los elementales y habitantes del agua. LAS ONDINAS ONDINAS DE LOS VAPORES Podremos encontrar a estos seres allí donde la acción del sol actúa sobre las aguas evaporándolas. Son extremadamente sutiles y que no los clasificamos como pertenecientes al aire pues tienen formas semejantes a los peces. Poseen un pequeño par de alas que se parecen a las aletas de los peces, pero son más translúcidas y las mueven cuando salen del agua para poder flotar en los aires. Su cuerpo sólo puede verse cuando hay poco sol y la evaporación toma forma de brumas. Son muy simples en su conducta y nada las distrae de sus constantes paseos por el agua y el aire. Rara vez sobrepasan de los tres a seis metros de altura. Y cuando la evaporación cesa, retornan en apariencia al agua y no se mueven de allí. A veces no poseen un cuerpo con forma definida, parecen globos o formas ovaladas que emergen lentamente del agua y flotan en el aire, quedan suspendidas en un lugar por mucho tiempo y en pocos segundos se trasladan rápidamente a otro para volver a quedar estáticas por un rato largo. Pueden penetrar en la mente de las personas que se pasean por las inmediaciones. Al ser cabalgado por un espíritu de los vapores, el hombre se siente hechizado por el lugar, liviano, pero a la vez inmóvil, incapacitado de pensar en nada y como embriagado por perfumes y colores. Este hechizo no dura largo tiempo: al bajar el sol, o al disminuir la evaporación, lo liberan y le dejan un grato aturdimiento que gradualmente va desapareciendo, sin que se llegue a saber con claridad qué es lo que ha ocurrido. Al día siguiente, la persona se siente animada por bellas ideas y por una potencia nueva, una paz interior y un verdadero sosiego. Posiblemente, este estado sea debido a que las ondinas han "evaporado" la humedad radical, o lo que antiguamente se llamaba "humores y bilis negra", dejando al psiquismo limpio de impurezas y afectos desordenados. Esta acción, realizada por las ondinas en algunos hombres, muestra hasta qué punto su tarea es importante en el medio en que habitan, pues su simple flotación sobre las aguas descontamina al lugar de las impurezas que pueden desequilibrar el sistema ecológico imperante. Ondinas o Nereidas. Hadas de ríos o de mar respectivamente. No hay que confundirlas puesto que las funciones que desempeñan son bastante dispares. Las ondinas suelen establecerse en el fondo de los ríos sirviendo y trabajando para que el cauce del agua llegue correctamente a su destino, o sea, el mar. Las Nereidas se dedican a controlar las corrientes marinas, sobretodo, cuando hay tormentas y se dice que suelen vivir un año en plano físico y cinco en plano astral. Normalmente, miden alrededor de cinco centímetros y se agrupan en jerarquías donde se distinguen varios grupos. ONDINAS. Las Ondinas son las hadas o ninfas de los lagos, según la mitología de los países escandinavos. En realidad, corresponden a las náyades griegas. Suele representársela surgiendo del agua con la cabellera húmeda y flotante. Lo mismo que las sirenas las ondinas tienen fama, seguramente justa, de seducir a los hombres que surcan sus aguas, hipnotizándolos hasta el punto de hacer que zozobren sus barcas. Otras, en cambio, se enamoran de los seres humanos y la felicidad suele reinar en sus hogares. Debajo de los ríos y los mares hay inmensas ciudades y reinos de ninfas y duendes del agua, pero principalmente se dividen en dos grupos: las Ondinas y las Nereidas. Las Ondinas o hadas de los ríos son de una gran belleza y así como Ondinas se les denomina a las criaturas femeninas, el término masculino es Wallanos. Aman y gobiernan el agua y se encuentran en sus profundidades, dirigiendo grupos de Minutes, que trabajan continuamente, guiando el agua por su cauce natural y hasta su salida al mar. Las Nereidas o hadas del mar para el género femenino y Ensines para el masculino, son los que controlan las aguas del mar, sobretodo cuando hay tormentas, ya que sin su trabajo el efecto del agua en las costas sería devastador. Prestan gran ayuda al hombre, sobretodo en alta mar. Permanecen 1 año en plano físico y 100 años en plano astral. Trabajan en grupos y forman parejas en las que se intercambian poderes. Nereidas, en la mitología griega, ninfas del mar Mediterráneo. Eran las cincuenta hermosas hijas de Nereo, el viejo hombre del mar, y de su mujer, Doris. Vivían en el fondo del mar, pero solían subir a la superficie para ayudar a los marinos y otros viajeros. Se creía que montaban en delfines y otros animales del mar. Las nereidas más famosas eran Tetis, madre del héroe griego Aquiles, Anfitrite, la mujer de Poseidón, dios del mar, y Galatea, de quien se enamoró el cíclope Polifemo.
Las sirenas, en el mundo de la mitología y el folclore, criatura marina; desde la edad media, la iconografía la presenta con cabeza y torso de mujer y cola de pez, aunque en la mitología clásica tenía cuerpo de ave, y así aparece en numerosos vasos griegos. A las sirenas se las describe con frecuencia asomándose a la superficie del agua, o sentadas en una roca, peinándose su largo y rubio cabello con una mano y un espejo en la otra; se las considera seres inalcanzables y hermosos. Según las diferentes tradiciones se dice de ellas cosas contradictorias: que adivinan el futuro, que coaccionadas otorgan poderes sobrenaturales a las personas, que con sus cantos hacen que los hombres se enamoren de ellas y los arrastran al fondo del mar para devorarlos o transformarlos en sus amantes bajo el agua. Tanto la idea de un amor ideal pero fatal, como la de una belleza femenina inalcanzable forman parte inherente de su leyenda, y a este respecto existen paralelismos entre las historias que se cuentan de ellas y las que aparecen en la mitología clásica. Las sirenas detentaban una voz de inmensa dulzura y musicalidad y se prodigaban en cantos cada vez que un barco se les acercaba, por lo que los marineros, encantados por sus sonidos, cuando no podían huir de ellas se arrojaban al mar para oírlas mejor pereciendo irremediablemente. Sin embargo, si un hombre era capaz de oírlas sin sentirse atraído por ellas una de las sirenas debería morir. Es un personaje muy ligado a la literatura clásica. En la Odisea de Homero, unas sirenas intentan seducir con sus cantos hechiceros a Ulises y su tripulación cuando navegaban de regreso de la guerra de Troya; Platón, en La República, sitúa a ocho sirenas en las esferas que separan el mundo de los espacios celestes; Ovidio, en la Metamorfosis, hace que estos seres alados acompañen a Perséfone en sus viajes al Hades. La leyenda cuenta que eran seres humanos en el pasado, pero fueron convertidos en un pez por poderes desconocidos. Su cuerpo es, en su parte superior, el de una hermosa mujer de piel bronceada y de cabellos verdosos. Su parte inferior es la de un pez con cola y escamas verdes-plateadas. Su complexión es parecida a la de los seres humanos, con el mismo peso y altura. Aunque las sirenas suelen vivir unos 150 años. Los machos son conocidos como sirenios. Sus sociedades son fuertemente patriarcales y están instaladas en acantilados y arrecifes. Estos poblados están construídos con corales y conchas marinas. Les gusta habitar aquí en paz y armonía con su entorno. Las sirenas son muy coquetas y les encanta adornarse el pelo con corales y conchas. Suelen salir a la superficie y tumbarse sobre rocas a entonar sus cantos. El canto de la sirena es muy dulce y melodioso. Muchos son los marineros que han encontrado la muerte al escuchar este canto tan hechizante. El lugar predilecto por la Sirena es la isla Laitec, una de las más australes del archipiélago de Chiloé. Posee una playa de arenas grises, en partes blanqueadas por la cal de las conchuelas, que se alarga siguiendo la curva de una bahía, hasta la punta "Lile", en donde forma una angosta faja, que como pequeña rampa termina en un islote de rocas estratificadas, blancas, grises y rojizas; parcialmente cubiertas de verdosos matorrales y hierbas de múltiples colores, con vistosas flores, que se reflejan en el espejo de las aguas azules de la quieta ensenada. En las noches tranquilas y protegida por el velo tenue de la niebla, sale desde el fondo del mar, la bella Sirena, a disfrutar de la placidez de este rincón maravilloso. Se posa en la más alta de las rocas que circundan el islote, haciendo bruscos movimientos de cabeza, para secar su cabellera, de gruesos cordones, parecidos a los tallos del sargazo. Su estatura y las curvas de su cuerpo plateado, que emite una suave y pálida luz, son comparables, tan sólo, a las de una mujer hermosa. La belleza extraordinaria de su rostro, se ve realzada por el color ligeramente rosado de sus mejillas, por sus grandes ojos pardos, ligeramente oblicuos, de tierno mirar, por su boca bien proporcionada de labios finos y rojos, que le añaden singular simpatía. Si bien, desde el tronco hacia arriba, no se diferencia, fundamentalmente, de una mujer, sus miembros inferiores, muy bien formados en los muslos, se van confundiendo hacia el extremo distal de sus piernas, para terminar en una cola de pez. Reposa largo tiempo, sentada sobre las rocas, contemplando la tierra y el mar, siempre atenta al menor ruido y cuando siente la presencia del hombre, se desliza, huye veloz, y se hunde en las profundidades del mar. Un viejo poblador de la isla, cuenta que hace años, estando una noche en plena faena de pesca con otros compañeros, sintieron, de pronto, bruscos movimientos y sacudiones en la red, la que una vez elevada, con grandes esfuerzos, hasta la embarcación, mostró envuelta en sus mallas a una hermosa sirena. La contemplaron con admiración y éxtasis, por largo rato, pero aún no repuestos de la fuerte impresión, decidieron y debieron dejarla en libertad, conmovidos por su amargo llanto y sus lamentos cuajados de emoción. La Sirena suele acompañar, a distancia prudente, la barca de algún pescador de su agrado, al que proporciona abundante pesca. Sus padres fueron Calíope (musa) y el río Aqueloo según unas versiones, y Forcis o Gea según otras, y son el equivalente a las ninfas pero en el mar. Residían en la zona de Sicilia cerca del cabo Pelore. De cintura para arriba poseían cuerpo de mujer, de cintura para abajo, cuerpo de ave. Tenían una maravillosa voz con la que compitieron contra las musas. Las últimas ganaron y les arrancaron las plumas a las sirenas. Las sirenas avergonzadas, se retiraron a las costas sicilianas. Con su canto atraían a los marineros, que sin poder sustraerse a su encanto se estrellaban contra las rocas. El número exacto de ellas no está totalmente claro, hay quien afirma que eran tres pero también se dice que fueron cinco e, incluso, ocho. El cuerpo de las sirenas, a pesar de que vivían en los océanos y de lo que tradicionalmente se ha representado, estaba formado, por un cuerpo de ave y un rostro de mujer, por lo tanto, no tenían aletas, sino alas. Las sirenas detentaban una voz de inmensa dulzura y musicalidad y se prodigaban en cantos cada vez que un barco se les acercaba, por lo que los marineros, encantados por sus sonidos, cuando no podían huir de ellas se arrojaban al mar para oírlas mejor pereciendo irremediablemente, como ya he comentado. Sin embargo, si un hombre era capaz de oírlas sin sentirse atraído por ellas, una de las sirenas debía morir. Fue esto lo que propició el héroe Odiseo, más conocido como Ulises. Cuando Odiseo estaba viajando en barco en una de sus muchas hazañas halló a las sirenas y para evitar su influjo ordenó a sus tripulantes, según consejo de Circe, que se taparan los oídos con cera para no poder escucharlas mientras que él se ató al mástil del barco con los oídos descubiertos. De esta forma, ninguno de sus marineros sufrió daño porque no oyeron música alguna mientras que Odiseo, a pesar de que había implorado una y otra vez que lo soltaran, se mantuvo junto al poste y pudo deleitarse con su música sin peligro alguno. En consecuencia, una de las sirenas tuvo que perecer y esta suerte le sobrevino a la sirena llamada Parténope. Una vez muerta, las olas la lanzaron hasta la playa y allí fue enterrada con múltiples honores. En su sepulcro se instaló después un templo. El templo se convirtió en pueblo, y finalmente el lugar donde fue enterrada esta sirena se transformó en la próspera Nápoles, llamada antiguamente Parténope. También existe otra leyenda acerca de las sirenas que afirma que los Argonautas también sobrevivieron a su influjo porque Orfeo, que les acompañaba, cantó tan maravillosamente que anuló completamente su seductora voz. Las sirenas, pues, a lo largo del tiempo, cambiaron de forma. Su primer historiador, el rapsoda del duodécimo libro de la Odisea, no nos describe como eran; para Ovidio, son aves de plumaje rojizo y cara de Virgen; para Apolonio de Rodas, de medio cuerpo arriba son mujeres, y abajo, aves marinas; para el maestro Tirso de Molina (y para la heráldica), la mitad mujer y la otra mitad pez. Su género también es discutido: algunos dicen que eran ninfas, otros, demonios; e incluso algunos decían que eran monstruos. Las sirenas tenían una voz de tal dulzura que los marinos que oían sus canciones eran atraídos hacia las rocas sobre las que las ninfas cantaban. Como ya hemos visto, el héroe griego Odiseo fue capaz de seguir adelante al pasar frente a su isla porque, siguiendo el consejo de la hechicera Circe, tapó los oídos de sus compañeros con cera y él mismo se hizo atar al mástil de la nave para oír las canciones sin peligro. En la otra leyenda, los Argonautas escaparon de las sirenas porque Orfeo, que estaba a bordo de la nave Argo, cantó tan dulcemente que consiguió anular el efecto de la canción de las ninfas. Según leyendas posteriores, las sirenas, avergonzadas por la huida de Odiseo o por la victoria de Orfeo, se arrojaron al mar y perecieron. Normalmente en ilustraciones se las representa con una colocación de frente o de perfil. Tienen la figura de una mujer, a la que se le sustituyen las piernas por una cola de pez sencilla, pero a veces doble. Suele pintarse esta figura sosteniendo en su mano derecha un espejo ovalado y en su izquierda un peine con el cual se peina. Es símbolo de elocuencia y seducción. La leyenda de las sirenas se inició probablemente en los relatos de los marineros que tomaron como tales a mamíferos marinos, como manatíes, vacas marinas y focas. En la civilización occidental, se continuaron registrando avistamientos hasta el siglo XVIII, cuando el racionalismo empezó a echar abajo la superstición y la fantasía. Además del ansia de volar como un pájaro, los seres humanos siempre hemos deseado nadar como un pez, lo cual tal vez sea la razón de la existencia de la leyenda de la sirena, presente en todos los tiempos y en casi todos los países. La tradición de las sirenas no derivó directamente, al parecer, de las creencias antiguas, sino que constituye el producto relativamente moderno de los navegantes. Hasta entrado el siglo XIX hubo noticias de apariciones de sirenas. En 1881 un periódico de Boston describió a una sirena disecada que se había llevado a Nueva Orleans: "Esta maravilla de las profundidades marinas se encuentra en un excelente estado de conservación. La cabeza y el cuerpo de mujer se distinguen de manera muy clara. Los rasgos de la cara, los ojos, la nariz, la boca, los dientes, los brazos, los senos y el cabello son como los de un ser humano. El pelo de su cabeza es sedoso y rubio pálido, de varios centímetros de largo. Los brazos terminan en unas garras muy parecidas a las de un águila, en lugar de dedos con uñas. De la cintura hacia abajo el cuerpo es exactamente igual al de una lisa común de nuestras augas, con sus escamas, aletas y cola perfectas." ¿Qué hemos de pensar de tales noticias? Incluso durante el siglo XIX hubo algunos zoólogos que tomaron muy en serio las informaciones sobre las sirenas. De las sirenas se dice que son perversas y malas, pero en el caso de las sirenas de Cantabria, en España, esto no es cierto. Éstas son seres adorables. Es cierto que se enfadan cuando algún marinero canta o silba, pues creen que es una burda mofa de sus delicados cantos, y en estos casos se juntan muchas de ellas y nadan formando remolinos alrededor del barco para asustar al marinero cantarín, pero eso es todo. No son mujeres-pez, sino mitad mujer mitad pez, como los tritones y la diferencia es que ellas siempre han vivido en el mar, aunque alguna vez las sirenas pueden transformarse en mujeres pero sólo por un tiempo. El marinero que captura una sirena, lo cual es muy difícil, recibe un premio de Lantarón: el derecho a casarse con ella. Para ello el pescador debe besar en seguida a la sirena, cuya cola se transforma en dos hermosas piernas. Además, la sirena le entrega su espejo de nácar, que él debe esconder para que ella no lo encuentre, pues si así fuera, el hechizo se rompería y ella regresaría al mar. Se las conoce bajo nombres genéricos muy diferentes, como el de Sirenas, Nereidas, Náyades, Sílfides... pero no por eso dejan de ser verdaderas hadas. La literatura nos describe su carácter moral, su canto embelesador que atraía a los hombres que pasaban cerca de ellas; si no resistían a tal seducción, su muerte era segura. El nombre más antiguo que se conoce de una sirena, lo tenemos por un vaso del Museo Británico, que nombra a una de ellas, Himeropa. Más tarde: Agleofenia, Telsipia, etc. La cita más antigua de las sirenas está en la Odisea. Ulises, prevenido por Circe, no cae en su engaño al pasar cerca de la isla en que habitan, tapándose los oídos de los marineros y haciéndose atar él mismo al mástil de la embarcación para no caer a la tentación de los cantos de las sirenas. La sirenas se recuerdan como seres graciosos, juguetones, e incluso, amorosos. En todo el mundo hay historias de sirenas que han sobrevivido al paso de los siglos. Su imagen se ha ido transformando de mujeres-pájaro a mujeres-pez, transformación que ha supuesto, en muchos casos, su dulcificación casi hasta el enternecimiento, aunque la sirena mediterránea está muy vinculada a la muerte, ya que personifica la belleza, el misterio y el peligro que supone el mar. Aquello que más caracteriza a las sirenas es su voz melodiosa, dotada de grandes poderes de seducción que los navegantes no podían resistirse a seguir a pesar de que les condujera a la muerte. Sus voces suaves llegaban a los corazones de los marineros que se tiraban por la borda ahogándose. Como la mayoría de nuestros mitos, las primeras referencias provienen del mundo clásico. Aquellas sirenas eras hijas de Calíope y de Aqueloo, y vivían en una isla vecina en el Cabo de Pelore. No se sabe con certeza su número. En la Edad Media las mujeres pájaro y las mujeres pez llevaron el mismo nombre. El porqué de su transformación es bastante oscuro pero puede ser la fusión de diferentes mitos: el de las nereidas, juguetonas y amorosas, el de las arpías, raptoras de almas, e incluso, el de las lamias, vampiresas. Las sirenas de la Edad Media son la imagen de la perversión que siempre se ha atribuido a las mujeres. Atraen a hombres hacia su propia perdición. Son vanidosas, pecado capital, tanto, que además de conducir a los marinos hacia la muerte, la única actividad que hacen es peinarse y mirarse al espejo. Desde la edad Media y hasta bien entrado el siglo XVIII se creyó absolutamente en la existencia de las sirenas. El animal acuático que los marinos identificaban como sirenas pueden ser los manatíes, parecidos a las focas. La visión de las sirenas solía ser interpretada como un signo de desastre o de muerte. En este caso, la única posibilidad de salvarse que existía era desviando su atención. Tenían los ojos alargados, la nariz muy fina y un poco corta, las orejas redondas y bonitas, los cabellos largos y verdes, la piel muy blanca... Mamífero-pez (ave). Monstruo marino, de temperamento malévolo, que explota sus dotes de seducción sexual para engatusar jóvenes y ahogarlos después. La sirena canta tan hermosamente como un instrumento, tiene el cabello largo del color del mar, a veces, lleva un espejo en la mano para contemplarse. El mito de la sirena se repite en todo el mundo sin excluir ningún lugar. En Occidente, ha sufrido transformaciones mucho más complejas que los otros mitos: ha sido imagen del alma humana, demonio mortal en forma de pájaro y seductora ninfa con cola de pez. En Grecia ya estaban presentes, Homero es el primero en mencionarlas. Su número y sus nombres varían mucho. Platón las hace hermanas de las gorgonas, pues afirma que son hijas de Porcis y Ceto. Las otras tradiciones las hacen hijas de Acheloos. A Calíope (musa de la poesía épica), Terpsícore (musa de la poesía jocosa y de la danza) o Stérope (una mujer mortal) se les atribuye la maternidad. Otra versión dice que nacieron de tres gotas de la sangre de Acheloos, caídas al suelo cuando Heracles le corta al dios uno de sus cuernos, durante la lucha por Deyanira. El Tritón, como contrapartida masculina, es una criatura semejante a la sirena que aparece en las mitologías babilónica, semítica y pregriega. La misma idea se reproduce en la sirena japonesa Ningyo y en Vatea, el dios creador polinesio.
Los Silfos, también los llamados Céfiros, son los elementales del aire. Son espíritus que tienen su reino en los vientos, brisas, ráfagas, remolinos, etc. Cada uno es distinto segun su manifestación, adoptan formas muy extrañas y están presentes constantemente, aún en los días en que parece que no se mueve ni una sola gota de aire. El carácter de ellos, por lo general, es muy amigable, salvo en determinadas horas en que los jefes de los aires toman el mando y pueden provocar grandes catástrofes. Son muy cambiantes y la amistad con ellos evitaría muchos problemas. Hay cuatro clases de viento y distintas potencialidades, es decir, según el carácter que tengan en ese momento. Los vientos del hemisferio norte son inversamente contrarios a los vientos del hemisferio sur, por ejemplo, en el hemisferio sur, los vientos del norte son cálidos y humedos, pues vienen de zonas muy calientes, y los vientos del sur son mortalmente fríos, pues provienen de la Antártida. En el hemisferio norte sucede al revés. Pero estos elementales están presentes en todo el globo y en los últimos años es posible que estén enojados pues las acciones humanas han perjudicado el planeta transfiriendo problemas a otras dimensiones o liberando fuerzas que ellos mismos no sabían podían utilizar. Esto es igual en los otros reinos, tanto en las aguas, como en el fuego y la tierra. Sucede que el ser humano normal, razona según sus instintos e intereses egoístas, niega cualquier posibilidad de vida diferente a la que ve en el espejo de su baño, pero el planeta ¡es un ser vivo!, razona, siente, se mueve, crece, se enoja o se apacigua, tanto como los "seres superiores" del planeta lo hacen. ¡Si por un momento nos dejáramos de creer que somos el centro del universo....! Antiguamente la astrología sostenía (y aún lo hace para la confección de la carta astral, pero con otro sentido), que el centro del universo era la tierra... bien, con el desarrollo de las ciencias y en épocas modernas los científicos demostraron que la tierra no es más que un simple y pequeño planeta que gira alrededor de una estrella no muy grande dentro de una de las millones de galaxias en el universo, tildó de absurda a la Astrología pero hizo exactamente lo mismo que anteriormente criticó, se situó la ciencia como centro del universo del hombre. Gran error. Si bien la literatura y la fantasía aportaron sus cuotas de imaginación y dibujaron a los elementales de la naturaleza según el capricho o inspiración de los artistas, estos elementales no dejaron de existir ni modificaron su existencia. El mundo está lleno de poderes que los seres humanos desconocen. Como todo en la vida uno debe andar su camino despacio y con cautela. No negar nada a priori, pero tampoco dejarse embaucar. En estas sendas de magia y misterio uno debe tener mucho más agudizado el sentido común que el común de las gentes, pues es una herramienta que nos ayudará a dilucidar esos enigmas aún cuando no podamos convertirnos en amos y señores de los reinos a los que accedemos. Pero que en todo caso ingresaremos a ellos, aprenderemos muchas cosas y saldremos, seguramente, con más enriquecimiento en nuestro saber. Los Silfos o Hadas del aire, como es natural, se encargan de controlar los vientos y su desarrollo. Si se produce una tempestad y se descontrola el aire y las corrientes, se dice que la causa es de los elementales que han atacado por sorpresa a las hadas mientras controlaban el ritmo del viento. Cuando esto se produce, las consecuencias son devastadoras.
El Unicornio es quizás el ser mitológico por excelencia. Se trata de un animal mágico, de carácter noble, puro y muy espiritual. Por lo que ha sido símbolo de varias culturas de la Santidad, la virginidad y la fuerza. Su aspecto es el de un caballo joven, generalmente blanco, con un cuerno en espiral, patas de antílope, barba de chivo, y una cola de aspecto leonino. (Los hay que lo pintan con cuerpo de caballo, cabeza de ciervo, patas de elefante y cola de cerdo; y otros con cuerpo de caballo, y en ambos casos con un solo cuerno retorcido en forma de caracol en medio de su frente. Su colocación es pasante y en algún caso rampante. Se le atribuye ánimo feroz y bravo, siempre dispuesto a proteger a quien lo solicita. Es entonces el símbolo por excelencia de la Caballería Andante.) Sus ojos son de un azul intenso y su inteligencia es comparable a la de un humano. El Unicornio aparece descrito en el libro de Job y sus orígenes no están claros. Una posibilidad es que tenga su origen en la India, como un asno hindú, de colores muy distintos al blanco. También se piensa que puede ser originario de África, y que estaríamos ante un antílope con un sólo cuerno. Otra teoría es que puede tratarse de una descripción algo exagerada de un animal real del Tibet, que posiblemente se extinguió. Se piensa que son inmortales, pero lo cierto es que posiblemente sea el hecho de que su vida media es superior a los 1.000 años lo que haga pensar que son inmortales. Su longevidad es debida a la magia de su cuerno, que les hace tener siempre un aspecto juvenil. El unicornio presenta una especial resistencia a la magia, es inmune a los hechizos, a los conjuros de muerte y al veneno. Su cuerno mágico es capaz de detectar el veneno y de curar heridas con un simple roce. Pueden teleportarse una vez al día, lo que les puede beneficiar si se ven en la necesidad de huir de algún peligro. El Unicornio es un ser independiente y solitario, que permite pocos contactos con otros seres, excepto una doncella virgen, humana o elfa, y de corazón puro. Ante ellas, el unicornio se muestra y permite ser montado. Este hecho ha sido aprovechado por los villanos para capturar a los unicornios. Un unicornio es una montura tan leal que protegerá a su jinete incluso con su propia vida. El unicornio era una imagen frecuente en los tapices de la Edad Media. Ha sido ampliamente utilizado en emblemas heráldicos. Animal fabuloso, totalmente blanco, con cabeza y patas de caballo, un largo cuerno recto situado en medio de su frente y de mugido grave. Símbolo de la santidad y de la castidad. Universalmente se admite que el Unicornio es un ser sobrenatural y de buen agüero; así lo declaran las odas, anales, biografías, etc. El unicornio chino o K´i-lin es uno de los cuatro animales de buen agüero; los otros son: el dragón, el fénix y la tortuga. El unicornio es el primero de los animales cuadrúpedos; tiene cuerpo de ciervo, cola de buey y cascos de caballo; el cuerno que le crece en la frente está hecho de carne; el pelaje del lomo es de cinco colores entreverados; el del vientre es pardo o amarillo. No pisa el pasto verde y no hace mal a ninguna criatura. Su aparición es presagio del nacimiento de un rey virtuoso. Es de mal agüero que lo hieran o hallen su cadáver.
En la mitología griega, la hija monstruosa de Forcis, dios del mar, y de Ceto, su esposa. Es una de las Górgonas con sus hermanas Esteno y Euríale, estas tres Górgonas son monstruos marinos. Medusa, la única mortal de las tres hermanas, murió a manos de Perseo. Era una criatura terrorífica, cubierta de escamas doradas era un engendro alado con la cabeza llena de serpientes en lugar de pelo. Tenía un rostro redondo y horrible; la nariz, aplastada; dientes como colmillos y siempre llevaba la lengua fuera. Vivía en lo más lejano del océano occidental, temida por las gentes, ya que volvía de piedra a todo el que la miraba. Dos de las górgonas (hermanas de medusa), Esteno y Euríale, eran inmortales, mientras que Medusa era mortal. El héroe Perseo, joven galante pero insensato, se ofreció a matarla y volver con su cabeza, lo que hizo con la ayuda de Hermes y Atenea. De la sangre de Medusa surgió Pegaso, el caballo alado engendrado por Poseidón; y Crisor, un gigante. Como la mirada de Medusa convertía en piedra, Atenea la colocó en su escudo como arma después de que se la entregase Perseo. La sangre de la Medusa resucitaba a los muertos y con ella Asclepio resucitó a algunos héroes.
Hija de Tifón y Equidna. Monstruo con cabeza de león, cuerpo de cabra y parte trasera de serpiente. Vomitaba fuego. Murió a manos del héroe Belerofontes con ayuda del caballo alado Pegaso. Belerofontes, introdujo en la boca de Quimera un trozo de plomo, que con la llamas que ésta lanzaba, se derritió, abrasándole las entrañas. Simboliza orgullo, malicia y envidia vencidas. (También la describen, con cabeza de león, cuerpo trasero sin definición, cola de serpiente y una segunda cabeza de cabra.)
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