| Entrevista
a Samir Amin:
“He sido y sigo siendo
comunista”
Gabriela Roffinelli y Néstor
Kohan
Universidad Popular Madres
de Plaza de Mayo, agosto de 2003
CSCAweb http://www.nodo50.org/csca/
“La
elección de la clase dirigente de EEUU
de militarización, de “guerra
preventiva”, de guerra continua e “infinita”
no es la expresión de una superioridad,
ni la punta del iceberg detrás de la que
se esconden ventajas económicas de EEUU.
Por el contrario, constituyen un medio para compensar
su vulnerabilidad en el plano económico,
utilizando su ventaja comparativa efectiva en
el área del armamento.”
El pensador e investigador
egipcio Samir Amin
constituye uno de los científicos sociales
más importantes del mundo. Sus
libros son devorados con pasión en todas
las universidades. Hasta
aquellos autores que cuestionan en forma terminante
sus teorías, como por
ejemplo Toni Negri, no pueden dejar de reconocerle
su seriedad y
rigurosidad. Pensando a contracorriente de las
modas y los lugares
comunes que los monopolios de la comunicación
han logrado instalar, Samir
Amin sigue siendo un vehemente antimperialista.
Cuando dictó su
conferencia en la Universidad de Buenos Aires
(el 8 de agosto de 2003) un
estudiante lo interrogó sobre “el
terrorismo”. Era de esperar.
Ese es, precisamente, el caballito de batalla
empleado por la
administración Bush para legitimar sus
guerras e intervenciones
militares. Amin no dudó un segundo. En
forma pausada, pero firme, le
respondió que: “No hay que confundirse:
la lucha armada no es
sinónimo de terrorismo”.
En la siguiente entrevista, realizada poco antes
de esa conferencia,
recorre los temas más variados: desde su
análisis de la mundialización y
el capitalismo contemporáneo, hasta su
vínculo con la teoría
latinoamericana de la dependencia, reconstruyendo,
al mismo tiempo, su
biografía político-intelectual.
Mientras se reivindica en forma
entusiasta como “un comunista” -con
el mismo orgullo que
sentiría un joven de 17 años que
recién se inicia en la política,
aunque
él ya tiene 72- se pone a recordar, junto
con su compañera, las polémicas
militantes de los años 50 y 60. La época
de la clandestinidad y el
carácter precursor de sus primeros análisis
teóricos. Con humildad
reconoce que su reflexión, hoy celebrada
y estudiada a escala mundial, no
fue un invento personal sino el producto de las
preocupaciones de todos
los revolucionarios de África y Asia. Como
en este diálogo Samir Amin
hace referencia a diversos autores, personalidades
y eventos históricos,
hemos incorporado una serie de notas aclaratorias
para facilitar la
lectura. Militancia
y teoría: una misma pasión política
P: En sus análisis
teóricos, incluso en los más tempranos,
se deja oír
siempre el eco de la pasión política.
¿Su primera militancia política
fue
comunista? R: ¡Sí!
¡Yo he sido y sigo siendo un comunista!
Me considero comunista;
para mí la perspectiva comunista es la
única humanamente aceptable.
Incluso he sido miembro del partido comunista,
un partido comunista que
estuvo en la clandestinidad durante mucho tiempo
P: ¿Esa militancia
fue en el Partido Comunista Francés?
R: No, en el Partido Comunista
de Egipto [PCE] (allí milité desde
1951
hasta la desaparición del partido, en 1965).
¡El Partido Comunista en
Francia no estaba en la clandestinidad! [Risas].
Aunque yo también fui
miembro del PCF mientras estudiaba en Francia
(desde 1947 hasta 1957,
cuando me marché de ese país).
P: En muchos de sus libros,
usted analiza críticamente la experiencia
soviética y de algún modo rescata
la de China. ¿Tuvo influencia maoísta?
R: Bueno, por entonces,
el PCE era un partido muy influido por la visión
soviética. Con algunos problemas, quizás
con tendencias internas
conflictivas, pero el conflicto apareció
más tarde. Digamos que la
percepción de lo que fue este conflicto
me parece comprensible más tarde.
La disputa se produjo entre una visión
estratégica alineada con la
posición soviética y una concepción
estratégica más
independiente. El
conflicto chino-soviético se produce en
el año 1957, antes de que
estalle oficialmente en 1960. Entonces me encontré
muy atraído por las
propuestas chinas, por la visión china
del orden internacional, por la
concepción china de la transición
al socialismo y por lo tanto por el
maoísmo. P:
¿Qué balance haría hoy del
maoísmo? R:
Creo que el maoísmo representó un
paso adelante en relación con la
visión soviética sobre las cuestiones
de la transición. Cualquiera sea el
juicio que tengamos hoy sobre la Revolución
Cultural o el juicio que
podamos tener en cuanto a la ingenuidad que hacía
pensar que la juventud,
porque era “la juventud”, podía
ser el motor de una
transformación cualitativa de la sociedad,
etc me parece que los lemas y
los objetivos que proponía la Revolución
Cultural, fueron un intento de
ir más allá del impasse del comunismo
soviético. Cuando Mao Tse Tung, en
1963, en la carta de los 25 puntos, dijo que el
enemigo no está fuera del
PC sino dentro del PC
P: ¿La burocracia?
R: ¡La burguesía! No la burocracia.
La burguesía no es un enemigo
exterior. Mao dijo: “Estamos construyendo
la burguesía”. Creo
que, intuitivamente, era una visión muy
justa. Ahora bien, ¿los maoístas
del PC chino de aquel momento pudieron extraer
las conclusiones y
realizar estrategias eficaces? La historia nos
demostró que no. Pero no
hago mi propia autocrítica, no digo “nos
equivocamos”. Digo que
fue un paso hacia delante y que con la distancia
vemos las insuficiencias
de este paso hacia delante. Y vemos también
las contradicciones
escondidas por los análisis que se hacían
en aquel momento.
P: El maoísmo fue en aquella época
muy influyente sobre la
intelectualidad occidental
R: Yo creo que sí, ¡completamente!
Un fenómeno como mayo de 1968, en
Europa, y quizás también acá,
en América Latina, pero digamos en Europa,
un fenómeno así es impensable sin
la influencia de la Revolución Cultural
china. Es la Revolución Cultural del año
1966 la que dio lugar a esta
esperanza, con sus ilusiones Estas esperanzas
de transformación del mundo
por la juventud revolucionaria, con todos los
problemas que planteó
luego. P: ¿En
su primera juventud usted provenía de una
familia con militancia
política?
R: No, mi familia no era comunista. Pero digamos
que del lado de mi padre
y del lado de mi madre, tomando en cuenta aquella
época, eran
progresistas, en relación con las clases
a las que pertenecían.
P: ¿Qué opinión y qué
posición adoptó usted con respecto
a Nasser [1] y a
su movimiento? R:
En 1960 yo escribí mi segundo libro (el
primero, publicado en Egipto,
había sido escrito en árabe en 1958).
Al segundo lo publiqué en 1963,
después de mi rápida partida de
Egipto de 1960. Fue publicado bajo un
seudónimo: en aquel momento lo firmé
con mi nombre de clandestinidad en
Egipto. Este libro es muy crítico del nasserismo.
Yo era un militante, no
diría disciplinado -”tontamente
disciplinado”-, pero era un militante como
cualquier otro. El PC
egipcio, al que pertenecía, fue muy crítico
del nasserismo desde el golpe
de estado de 1952 hasta 1955. Durante estos tres
años, el PC fue muy
crítico del nasserismo y lo que se dijo
del nasserismo en aquel momento
-aunque hubo exageraciones- no era falso. Se ponía
el acento sobre el
carácter antidemocrático, anticomunista
y no socialista del nasserismo.
Se enfatizaba su perspectiva nacional burguesa
reaccionaria. Luego, en
1955, se produjo la Conferencia de Bandung [2]
que significó un viraje en
la historia de Asia y África. Esa conferencia
de Bandung permitió la
cristalización de un frente antimperialista
nuevo, de los países
no-alineados, con China de Mao Tse Tung, con India
de Sri Pandit
Jawaharlal Nehru, con Egipto de Gamal Abdel Nasser,
con Indonesia de
Sukarno, con Yugoslavia de Josip Broz [Tito] y
con los movimientos de
liberación nacional de África, encabezados
por Kwame Nkrumah de
Ghana. Esto permitió
abrir un gran capítulo histórico
de conflictos reales con
el imperialismo. En este conflicto antimperialista,
los soviéticos se
posicionaron como aliados de estas nuevas potencias
no alineadas dándoles
su apoyo que no era un apoyo despreciable. Les
daban un apoyo militar. El
armamento y la diplomacia permitían neutralizar
las agresiones del
imperialismo. Lo que sucede hoy en día
no podía pasar en aquel momento.
Esto era un desafío real para los comunistas
de estos países: ¿qué
actitud adoptar frente a los regímenes
de esas sociedades?
Y entonces pasamos de un extremo al otro. En el
caso de Egipto pasamos a
un acuerdo con Bandung, en abril de 1955. En junio
de ese año, 1955, un
documento del PCE denuncia de nuevo el nasserismo
y después pasamos a las
nacionalizaciones del 56. Llega la amenaza de
agresión
franco-anglo-israelí [3] en octubre de
1956, a raíz de la nacionalización
del canal de Suez, que se produjo el 26 de julio
de 1956. Después del
discurso de la nacionalización del canal
de Suez (en julio) aparece el
primer documento del PC egipcio que hace una autocrítica
-leída desde hoy
es muy ingenua- pero que es total. A partir de
aquel momento, hubo un año
de acercamiento entre el PCE y el régimen
nasserista. Estamos hablando
del año 1957. No duró mucho tiempo.
Porque el nasserismo y Nasser no
podían tolerar el riesgo de ser superados
en la izquierda por el
comunismo egipcio. Entonces se pasó a la
represión brutal. Una represión
que, en su momento, pareció como “poco
comprensible”. Incluso
para los comunistas. No pareció comprensible.
Yo lo digo en mi libro
egipcio de aquel momento....
P: Usted es un crítico muy fuerte de la
ideología eurocéntrica y del
europeísmo. Tiene incluso un libro especial
dedicado a ese tema ['El
eurocentrismo. Crítica de una ideología',
México, Siglo XXI, 1989]. ¿Tuvo
alguna influencia de Frantz Fanon?
R: No, para nada. Independientemente de la simpatía
que pueda tener -que
tengo- por Fanon [4] y su política. Él
ha estado muy marcado por su
nacionalidad del Caribe, con los problemas culturales
específicos de esta
región. El título de su primer libro
Piel negra, máscara blanca [1952]
indica claramente esta problemática. Fanon
está preocupado por esta
cuestión de la identidad -que, dicho sea
de paso, está muy de moda hoy en
día. Para mí, no lo digo sólo
como individuo, sino para nosotros,
comunistas y nacionalistas de Asia y África,
este problema no existe. No
tenemos un problema de identidad. Un chino es
chino, un indio es indio,
un egipcio es egipcio. Nunca se preguntó
“¿quién era?” o
“¿quién soy?”. No es
un problema de identidad. Ésa no era
nuestra problemática.
Mi crítica del eurocentrismo, entonces,
no se basa en ese nivel. Se
fundamenta en otro plano, al nivel de la historia
de la formación de la
ideología del capitalismo. Hablo de capitalismo,
nunca hablo de
“Occidente”, no hablo del “mundo
occidental”, yo
hablo de centro capitalista. Y hago énfasis
sobre el corte que representa
la cristalización de la ideología
capitalista en relación con las raíces
europeas, con el culturalismo europeo que atribuye
a los europeos, por
razones misteriosas, una “especificidad”
del cristianismo,
formulada en términos no muy distintos
del Islam, el judaísmo,
etc. P: Entonces
su crítica de la ideología eurocéntrica
también difiere de
los trabajos de Edward Said?
R: Sí, mi tesis es muy distinta, tanto
de la perspectiva de Frantz Fanon
como de la de Edward Said. Aunque su libro Orientalismo
[1978] tiene
cosas muy interesantes, está muy bien escrito,
la crítica que hace a gran
parte de la literatura europea, principalmente,
es una crítica
justa. P: ¿La
diferencia entre su crítica al imperialismo
y al eurocentrismo y
la crítica de Said tiene que ver con las
mayores simpatías de Said hacia
el postmodernismo?
R: Es cierto, Said es postmoderno, pero en el
buen sentido. Él es
fundamentalmente culturalista. Said tiene un problema
de identidad, él lo
dice incluso en sus libros de autobiografía.
P: ¿Cómo
se vinculó a Paul Baran, Paul Sweezy y
Leo Huberman, los
intelectuales reunidos en la revista de la izquierda
norteamericana
Monthly Review ? ¿Cuándo empezó
a publicar en aquella revista?
R: Ya no lo sé muy bien, no lo recuerdo
ahora con exactitud, pero creo
que fue después de 1968. No tengo muchas
diferencias con ellos: ¡al
contrario! Una de mis primeras lecturas que aparece
en mi tesis de 1957
es la lectura de un libro de Paul Sweezy, que
no era precisamente
reciente. Era Teoría del Desarrollo Capitalista
[de 1942]. Baran
desarrolló luego esta teoría con
la tesis de 1958 sobre el aumento del
excedente y la reproducción por sector,
en la tradición de El capital de
Marx. A mí me impresionó mucho esta
teoría. Me convenció y sigo con
esta
posición. Pienso que es un avance cualitativo
en el análisis marxista de
la transformación del capitalismo moderno.
En relación con la teoría
clásica, es decir, con la primera etapa
del análisis de Lenin sobre el
imperialismo, el análisis de Sweezy del
año 1942 constituye un avance
cualitativo. Esta es la razón por la cual
enseguida simpaticé muchísimo
con Sweezy, Baran y su revista Monthly Review.
P: A comienzos de los años
70 usted participó en Dakar de uno de los
primeros encuentros internacionales que reunió
a científicos sociales y
militantes latinoamericanos y africanos. ¿Con
qué finalidad se pensó
aquel evento y en qué contexto se organizó?
R: De hecho, tuve
la oportunidad de ser director del Instituto Africano
de Desarrollo Económico a partir del año
1971. Una de mis primeras
preocupaciones fue romper el aislamiento relativo
en el que el
colonialismo había ubicado a África
en relación con América Latina y
Asia. Entonces organicé dos encuentros
que fueron precursores. Uno de
ellos, reunió a africanos y latinoamericanos.
Tuvo lugar en Dakar,
Senegal, en el 71/72. De este encuentro participaron
los latinoamericanos
Fernando E. Cardoso, Octavio Ianni, Enrique Oteiza,
Pablo González
Casanova, Theotonio Dos Santos, Ruy Mauro Marini,
María Concepción
Tavares, entre muchos otros.
¡Fue un descubrimiento por ambos lados!
Entre los latinoamericanos y los
africanos no había intercambio, ni se conocían
recíprocamente. Luego, al
año siguiente, organicé en Madagascar
la primera reunión afroasiática
del
mismo tipo. Allí creamos -digo “nosotros”,
en plural, porque yo
no trabajaba solo, sino con un conjunto de instituciones
para consolidar
este movimiento- otra institución que sigue
existiendo para África. En
ese mismo momento, el 15 de abril de 1973, en
la época de Allende, en
Santiago de Chile creamos el Foro para el Tercer
Mundo, del que
festejamos el aniversario hace poco. Ése
era el contexto: era la época de
Bandung, del Movimiento de países No Alineados,
de la Tricontinental P:
¿Usted participó de la Conferencia
Tricontinental en La Habana? R:
No, yo no estuve en la Tricontinental en La Habana
[5]. Pero seguimos
de cerca este proceso, este movimiento de la Tricontinental.
El problema
era que, mientras por Asia y África el
Movimiento No Alineado aglutinaba
grandes partidos, en América Latina no
era así. En Asia y África existían
partidos-Estados: el Partido Comunista Chino,
el Partido del Congreso en
India, el Partido de Nasser en Egipto, el Partido
en Vietnam.
Pero en América Latina no sucedía
lo mismo. Por ejemplo, en el Movimiento
de los No Alineados de febrero de ese año
se reunían Asia, África más
Cuba no más América Latina. Solamente
Cuba, como Estado, participa de
este Movimiento. Entonces la Tricontinental y
el OSPAAL para América
Latina constituyeron un intento de reunir los
movimientos revolucionarios
de América Latina, no los Estados. Esa
fue una diferencia política
importante entre estos tres continentes durante
aquellas
décadas. Pensar
el capitalismo contemporáneo
P: En Argentina el libro
'Imperio' de Toni Negri y Michael Hardt ha
tenido una difusión realmente masiva. Allí
Negri plantea la globalización
como “un proceso ineluctable, irresistible
y que no tiene vuelta
atrás”. ¿Cómo ve usted,
actualmente, la mundialización?
R: ¡La mundialización no es algo
nuevo! Yo diría, incluso, que la
mundialización es tan vieja como el mundo.
Lo que hay que cuestionar,
aquí, es la globalización capitalista.
O sea, la forma que adopta la
mundialización en el marco del despliegue,
a escala mundial, del sistema
capitalista. La fase actual de mundialización
sigue siendo una fase de
mundialización en el marco del capitalismo.
Seguimos estando en ese
marco, de la misma manera que los estadios anteriores
de la
mundialización, ya desde la conquista europea
de América, son fases
sucesivas de la mundialización capitalista.
La fase actual no presenta
ninguna característica que nos permita
decir que se trata de una
mundialización ubicada más allá
del capitalismo.
P: ¿Y Negri?
R: Mí crítica a Toni Negri es, principalmente,
sobre este punto. Pienso,
y lo he escrito, que el ángulo de Toni
Negri es un punto de vista
totalmente acorde con la ideología dominante,
la del neoliberalismo, la
del capitalismo. Aquella que nos quiere hacer
aceptar la forma
capitalista de la mundialización como la
única forma posible. La
“forma ineluctable” de la mundialización
o
globalización.
P: ¿No cambió nada en el proceso
de la mundialización?
R: Mi tesis es que hay algo nuevo. ¡Yo no
niego que haya algo nuevo! Sí,
en la etapa actual de la mundialización,
aunque sea capitalista, existe
algo nuevo: la transformación del imperialismo.
Pasamos de un sistema
imperialista en el cual había un imperialismo
caracterizado por la
coexistencia de potencias capitalistas que estaban
en competencia entre
sí, con conflictos permanentes y violentos,
a un imperialismo colectivo
basado en una tríada.
P: ¿Esta transformación cualitativa
es definitiva en el marco del
capitalismo o simplemente coyuntural?
R: Yo pienso que es definitiva, porque hoy en
día se corresponde con un
enorme grado de centralización del capital.
Dicha centralización impone
al capital de los oligopolios, el de las grandes
empresas y
transnacionales, que tengan acceso al mercado
mundial en forma inmediata
y directa. No pueden desarrollar su competitividad
en los mercados
regionales o nacionales. Necesitan tener acceso
al mercado mundial.
Quizás, sé que algunos lo dijeron,
esto se asemeja al
“superimperialismo” o “ultraimperialismo”
de Karl
Kautsky [6].¿Por qué no? Él
también proyectó la tendencia mundial
a la
centralización del capital. Quizás
no tenía razón a principios de siglo,
en el sentido de que no existía una unificación
del imperialismo mundial.
Fue Lenin quién tuvo razón. El período
todavía se caracterizaba por la
relación violenta entre los imperialismos
y la primera guerra mundial fue
su clara expresión.
Pero hoy, más de 90 años después
de aquella polémica, llegamos a un grado
de centralización que impone y que otorga
al imperialismo este carácter
colectivo. Entonces hay que ver y profundizar
en las relaciones
económicas y políticas existentes
entre los distintos socios de este
imperialismo colectivo. Dentro de este marco,
EEUU no dispone de ventajas
que le puedan dar una competitividad económica,
una ventaja enorme en
relación con sus competidores. Incluso,
se trata de lo contrario: la
posición económica de EEUU es muy
vulnerable. La prueba está en el
déficit constante que tiene su balanza
comercial. Nada demuestra que los
distintos segmentos del sistema productivo estadounidense
den ventajas
competitivas en relación con sus competidores
europeos y japoneses. No
solamente con ellos sino también con los
países del tercer mundo recién
industrializado, como China, India y quizás
Brasil (si elige una vía de
desarrollo un poco más ofensiva). Incluso,
en el área agrícola, EEUU no
dispone de más competitividad frente a
Europa y al Cono Sur de América
Latina. P: ¿Cómo
explicar la agresividad político-militar
de EEUU? R: Yo creo
que el proyecto del hegemonismo estadounidense
se ubica
justamente en este marco. La elección de
la clase dirigente de EEUU de
militarización, de “guerra preventiva”,
de guerra continua e
“infinita”, inclusive, no es la expresión
de una superioridad,
ni la punta del iceberg detrás de la que
se esconden ventajas económicas
de EEUU. Por el contrario, constituyen un medio
para compensar su
vulnerabilidad en el plano económico, utilizando
su ventaja comparativa
efectiva en el área del armamento. Por
eso eligen esta guerra permanente.
Para obligar a Europa y Japón a que sigan
siendo sus vasallos, para que
continúen alineándose con la política
hegemónica de EEUU y financien las
guerras norteamericanas. Como sucedió hasta
ahora a través de la
exportación de capitales permanentes hacia
los EEUU. P: Entonces
no estamos ante un “Imperio”, donde
EEUU y Brasil,
Inglaterra y la India, serían sociedades
equivalentes, diferenciadas
únicamente en términos cuantitativos
R: ¡Por supuesto
que no! Esa tesis de Negri es exactamente lo opuesto
a
lo que acabo de describir como un imperialismo
colectivo. Su tesis
pertenece al discurso dominante. Creer en “el
Imperio” como una
sociedad en la que las relaciones ya no son relaciones
de fuerza, borra
totalmente la realidad.
P: ¿Qué función cumple el
ALCA en ese proceso de militarización del
mundo, implementado por EEUU para subsanar su
debilidad? R: El
imperialismo colectivo de la tríada ya
implementó, desde hace mucho
tiempo, los instrumentos de su gestión
colectiva del orden económico
mundial. El principal instrumento es la Organización
Mundial de Comercio
(OMC). No es el Banco Mundial (que yo llamo el
Ministerio de la
Propaganda del G-7), ni el FMI. Este último
no administra las relaciones
de las tres monedas principales: dólar,
euro y yen. En realidad, es una
autoridad monetaria colonial colectiva que administra
a los otros: las
monedas y los sistemas monetarios de las periferias.
Pero la OMC no es una organización mundial
del comercio como lo indica su
nombre y sus siglas. Se trata de una organización
que intenta imponer una
división internacional del trabajo y, detrás
de esto, la organización del
comercio, en función de los intereses colectivos
de las transnacionales
dominantes, o sea, en función del segmento
dominante del capital
oligopólico.
Esta gestión del imperialismo colectivo
tiene varios aspectos regionales
con responsabilidades particulares. Entre otras,
tenemos el ALCA, que es
el aspecto regional de gestión norteamericana
del continente. Pero
tenemos otros aspectos regionales como el Acuerdo
de Cotonou [convenio de
cooperación económica y libre comercio]
entre la Unión Europea (UE) y los
países de África, el Caribe y el
Pacífico (ACP), pero principalmente los
países de África. También
encontramos, en cuanto al mundo árabe,
dos
aspectos regionales: un aspecto europeo -el diálogo
[euromediterráneo] de
Barcelona- y, para la parte estadounidense, el
proyecto del mercado común
de Oriente Medio. Hasta ahora tenemos también
un embrión de acuerdo para
Asia Oriental y la región Pacífica,
que no reviste la importancia del
ALCA porque los países miembros de este
convenio (China y otros) tienen
actitudes muchos más prudentes con relación
a estos proyectos.
P: ¿Cómo describiría la especificidad
del ALCA? R: En
el caso del ALCA se trata de una gestión
liberal. No se trata de un
bloque regional cerrado o de una reedición
de lo que fueron los bloques
imperiales de los años 30, durante la crisis
de los 30 con los repliegues
imperiales de Gran Bretaña y Francia. No
creo que se trate de eso, sino
de organizaciones regionales abiertas a la penetración
de las
transnacionales de los centros con privilegios
particulares. El ALCA, es
evidente, se inscribe en la larga tradición
de dominación de América
Latina por parte de EEUU.
El capitalismo como sistema mundial
P: ¿Cuándo situaría usted
el surgimiento del concepto de “sistema
mundial” dentro de la historia de las ciencias
sociales? R: Es
difícil decirlo. Pero pienso que ni yo
ni mis compañeros inventamos
este concepto. Tenemos que recordar que ya está
presente en la literatura
del siglo XIX. Pienso en la obra de Carlos Marx,
en particular. Si leemos
nuevamente el Manifiesto Comunista -¡texto
de 1848!-, allí Marx tiene una
visión del sistema mundial que ya es muy
clara.
Ahora bien, que en un momento de la historia esto
haya sido borrado de
las ciencias sociales no olvidado, pero sí
borrado, y volvió a aparecer
después de la segunda guerra mundial, está
bien puede ser... Este
concepto, que remite a Marx, vuelve a aparecer
muy temprano, tras la
guerra mundial. No quiero darme ningún
papel especial, pero no es una
casualidad si un individuo como yo escribió
algo con este título en 1957.
No creo que sea una casualidad.
P: En sus trabajos teóricos usted intenta
analizar el capitalismo como un
sistema mundial que, desde sus mismos inicios,
es imperialista. ¿Qué
similitudes y diferencias existen entre esta explicación,
la teoría
latinoamericana de la dependencia y la historiografía
de Immanuel
Wallerstein? R:
En mi opinión, el sistema capitalista siempre
ha sido un sistema
mundial. Esta visión también la
comparten, evidentemente, los
dependentistas latinoamericanos. Lo mismo vale
para teóricos como
Wallerstein, Giovanni Arrighi y otros partidarios
de la escuela de la
“economía-mundo”.
Entre estas distintas formulaciones teóricas
existe una base común: una
visión del capitalismo entendido como sistema
mundial y no como una
yuxtaposición de sistemas capitalistas
nacionales, desigualmente
desarrollados. Esta última era la visión
tradicional de algunos Partidos
Comunistas, de la CEPAL [Comisión Económica
para América Latina] y de
Naciones Unidas (NNUU). En suma: la visión
dominante después de la
segunda guerra mundial. Aunque no quiero entrar
en una polémica, pienso
que esa visión tradicional no era el punto
de vista originario de la III
Internacional, la Internacional Comunista. Pero
lo dejo a un costado
porque no es aquí el tema principal que
nos interesa P:
Varios años después de haber sido
disuelta la III Internacional, esa
visión tradicional tampoco fue aceptada,
en América Latina, por la
revolución cubana
R: Es cierto. Evidentemente, tampoco era aceptada
por el partido cubano.
Lo que yo quiero destacar es lo que hay de común
entre nosotros, entre
estas distintas escuelas de pensamiento. Fundamentalmente,
una visión en
la que los centros, las periferias y las distintas
formaciones sociales
que participan del sistema mundial no son simplemente
“formaciones
desigualmente desarrolladas” sino que son
formaciones
interdependientes en esta desigualdad. Lo digo
en el sentido de que el
capital, ¡en escala mundial!, determina
la producción de estos sistemas
nacionales. El título de mi tesis de doctorado
es, precisamente, La
acumulación a escala mundial. Aunque fue
publicada en 1971, la escribí
entre 1955-56 y la presenté en Francia
en 1956 [7]. Yo creo
que ése es un terreno común para
las sucesivas formulaciones
teóricas: la mía, la de Wallerstein
o la de los teóricos de la
dependencia de América Latina. Esta tesis
se sitúa en momentos y lugares
precisos y, por lo tanto, responde a un análisis
de los desafíos como se
planteaban en aquel momento y en aquellos lugares.
P: Han transcurrido varias
décadas desde que usted escribió
su precursora
tesis en la segunda mitad de los 50, desde que
se publicaron los libros
clásicos de la teoría de la dependencia
en los 60 y 70 y desde que los
primeros trabajos de Wallerstein sobre este tema
vieron la luz en los 70.
Situándonos en la actualidad: ¿se
puede afirmar que hoy ya no tiene
validez aquella concepción, que priorizaba
la dependencia como clave
explicativa para comprender América Latina?
R: ¡No! Yo no
estoy de acuerdo con decir que la escuela dependentista
fracasó y, entonces, “pasamos a otra
cosa”, etc. Pienso que
esta teoría ha renovado, con una gran lucidez,
el análisis del desarrollo
del capitalismo periférico en las condiciones
que existían en América
Latina en los años 70. Ese análisis
se formuló durante aquellos años
estudiando lo que era América Latina en
el momento del comienzo de su
industrialización, en los 30-40, y explicando
también su desarrollo,
hasta los 50-60. Entonces, tomando en cuenta esa
base de estudio, es una
teoría que ya es “antigua”.
Esto es normal. Ahora
bien, en mi caso, mi centro de reflexión
era más afroasiático que
latinoamericano. Lo que yo me preguntaba era lo
que todos los comunistas
de Asia y África se preguntaban: ¿cómo
sociedades de Asia y África, que
tuvieron una gran historia y estuvieron, durante
mucho tiempo y muchas
veces, en la vanguardia de la civilización
y del desarrollo tecnológico,
se encontraron reducidas a un estado de dependencia
capitalista con
Europa? Es la pregunta que se plantearon, no solamente
los comunistas de
Asia y África sino también -antes
que ellos- la burguesía liberal. Mejor
dicho: el embrión de burguesía liberal,
los intelectuales de esta
burguesía del siglo XIX y la primera parte
del siglo XX. En
síntesis: se trata de un ángulo
de visión distinto, pero de problemas
análogos. Pienso que hay que situar históricamente
cada una de estas
teorías. No creo que sean “antiguas”
o que estén perimidas.
Aunque, es cierto, que ya tienen un numero de
años desde que fueron
formuladas. En conclusión: tienen enfoques
distintos pero creo que ellas
constituyen momentos dentro de una reflexión
que compone puntos básicos
en común.
La agonía de las burguesías nacionales
P: Tanto en sus escritos
teóricos como en su exposición en
la Universidad
de Buenos Aires (UBA), usted plantea que actualmente
es inviable una
perspectiva de desarrollo centrada en el capitalismo
nacional. En la
Argentina el actual presidente Néstor Kirchner
asumió su presidencia
defendiendo, precisamente, un proyecto de capitalismo
nacional.
¿Considera realista ese proyecto?
R: No creo que esa perspectiva
sea realista. Creo que no es realista
porque, justamente, el capitalismo constituye
un sistema mundial que es
polarizante por naturaleza.
P: ¿En qué se basa para afirmarlo?
R: En todo caso, esa
opinión está inscripta en mi tesis,
desde el
comienzo. Es decir que yo fui un “anti Rostow”,
antes de que
escribiera Walt W. Rostow [8]. Porque mi tesis
fue escrita cuatro años
antes de la publicación de su libro. El
desarrollo no consiste en etapas
a lo largo de un mismo recorrido. En cada una
de sus fases, el
capitalismo produjo una polarización, un
contraste entre centros y
periferias. Lo que sí es verdad es que
el fundamento, la base, sobre la
que se reproduce y profundiza este contraste entre
centro y periferia, no
es el mismo en cada una de las fases del capitalismo.
En la fase histórica
anterior (desde mitad del siglo XIX hasta la segunda
guerra mundial) el contraste era casi sinónimo
de países industrializados
versus países no industrializados, con
formas de interdependencias
desiguales o de dependencias particulares, que
tenían que ver con esta
estructura. En ese contexto, el monopolio esencial
era la
industria. A partir
de la segunda guerra mundial, lo que vemos, son
proyectos
nacionales burgueses. De hecho, las burguesías
nacionales, a veces las
burguesías de Estado, o lo que provino
de estas burguesías de Estado (que
originalmente eran otra cosa: a través
de revoluciones socialistas como
en el caso de la URSS, China, Cuba, Vietnam),
sea a través movimientos de
liberación nacional, cuando tuvieron un
cierto grado de radicalismo, como
es el caso del nacional-populismo y el peronismo
(éste último, el
peronismo, fue uno de los mejores ejemplos, aunque
no es el único), y
también el nasserismo es análogo.
Y muchos otros... Éstos fueron,
fundamentalmente, proyectos nacionales burgueses.
Proyectos de
recuperación en una interdependencia no
ingenua sino negociada con la
afirmación de su propia voluntad de independencia
para recuperase
entonces en este marco.
El estadio en el que nos encontramos se debe,
justamente, a que estas
experiencias lograron echar las bases de un movimiento
capitalista -no
construir el socialismo o construir naciones o
poderes nacionales
populares reales. Por eso el sistema capitalista
entró en su fase actual,
en la cuál el contraste centro-periferia
no es sinónimo de
industrialización/no industrialización.
Ahora, la ventaja de los centros
se desplazó hacia cinco monopolios: a)
El monopolio de control de
tecnología; b) El monopolio del acceso
a los recursos naturales; c) El
monopolio de los flujos financieros internacionales;
d) El monopolio de
la comunicación y e) El monopolio de las
armas de destrucción
masiva. En síntesis:
asistimos a una nueva forma de la ley del valor
mundializada, que corresponde con esta nueva división
centro-periferia,
en la cuál el monopolio de los centros
ya no es lo que era, hace 50 años
ó 100 años. P:
¿Entonces ya pasó la hora del “capitalismo
nacional”? R:
Lo que sucede es que, en esta nueva estructura
del capitalismo
mundial, no hay más lugar para la burguesía
nacional. Lo que vemos
actualmente es la desaparición de las burguesías
nacionales. El último
intento de burguesía nacional que hubo
en la Argentina fue Perón. No creo
que haya actualmente una burguesía nacional
en Argentina. Existe una
burguesía compradora que imagina su enriquecimiento,
como proyecto, en el
marco del capitalismo global tal como es, sin
ambición alguna de
modificar los términos de este capitalismo.
Quizás haya proyectos
de burguesía nacional en los países
ex socialistas.
Principalmente: Rusia y China. Cuba también,
sin duda, pero no hay un
proyecto de burguesía nacional en ningún
otro país, sean los países más
industrializados como Argentina, Brasil, Egipto
e India o países menos
industrializados, como los de África subsahariana.
¡Ya no hay más
burguesía nacional!.
P: En ese nuevo contexto mundial ¿sigue
vigente la categoría de Tercer
Mundo? R: Poco importa
la palabra o el término que usemos. La
expresión
“Tercer Mundo” fue un invento, porque
en aquel momento había
otros dos mundos: el primer mundo, capitalista
desarrollado, y el segundo
mundo, socialista o con ambición socialista.
El resto era el Tercer
Mundo, que reunía la mayoría numérica
del planeta. Cómo
el inventor del término era un francés
[9], él quiso aludir al
tercer Estado de Francia, es decir, a la mayoría
de la población que no
era ni el primer mundo (la aristocracia en la
analogía de 1789), ni el
segundo mundo (la iglesia, siempre dentro de la
analogía), sino el Tercer
Mundo, o sea, los terceros estados. Es un término,
no se trata de otra
cosa. Hoy en día está de moda el
término “Sur”. Ustedes, los
argentinos, están en el Sur. Están
también subdesarrollados. Pero
Australia está en el Sur y pertenece al
“Norte”. Actualmente,
hay países del Este que, geográficamente,
están en el Norte, aunque
tranquilamente nos podemos preguntar si acaso
no pertenecen a los países
del “Sur”. Por eso creo que es, solamente,
otro término. Yo
prefiero el término de periferia. P:
¿Cómo surge el concepto de “periferia”?
R: Yo no inventé
este término. Es Raúl Prebisch [10]
quién lo utilizó por
primera vez en los años 50, cuando justamente
yo escribía mi tesis. Raúl
Prebisch fue una de las primeras lecturas que
hice en este tema. Me
pareció que esta terminología que
utilizaba era más adaptada, más
exacta,
que las parejas de términos “Norte-Sur”,
“Este-Oeste”, etc.
Se trata de centro y periferia. Son los términos
que él utilizó y que yo
volví a emplear, dándole progresivamente
un sentido y un contenido más
preciso. Pero el término proviene de allí.
El desafío
de la transición y las experiencias socialistas
P: ¿Es viable
la revolución socialista en la actualidad?
¿Qué
características tendría?
R: Yo creo que ese interrogante hay que abordarlo
preguntándose sobre la
transición del capitalismo al socialismo.
O quizás más exactamente -ya
que el capitalismo es un sistema mundial-, la
transición solamente se
puede se concebir como transición del capitalismo
mundial al socialismo
mundial. P: En su
opinión, ¿cómo concibieron
esta transición los diversos
movimientos internacionales de las clases trabajadoras
que, a pesar de
sus diferencias, al menos tenían en común
un proyecto socialista? R:
Está bien, es correcto preguntarnos cómo
ha sido concebida esta
transición dentro de las distintas etapas
del desarrollo del movimiento
socialista, comunista, del pensamiento marxista
y de los movimientos y
partidos que pertenecen a la ideología
marxista. Yo creo que,
originalmente, entre la revolución rusa
de 1917 y la muerte de Lenin en
1924, la Tercera Internacional recién creada
a partir de la Revolución
Rusa fue considerada como la que iba a incendiar
la pradera. Y en un
plazo histórico no muy largo iba a ser
seguida por una revolución en el
mundo entero, o al menos, por revoluciones en
Europa. Particularmente en
Alemania. ¡Lo que ocurrió es que
no hubo revoluciones en los otros
centros capitalistas! En cambio, la revolución
socialista se desarrolló y
se corrió hacia el Este, hacia los países
más periféricos, como eran
Rusia en 1917 y luego China. Y Vietnam, más
tarde, y Corea y Cuba pero
siempre periferias dentro del sistema capitalista.
Entonces, por el hecho
de que no hubo un enlace con la revolución
socialista en occidente, la Tercera Internacional
desarrolló una teoría
de la revolución socialista en un solo
país. Que este país sea grande,
como Rusia o China, o mucho más chico como
los países de Europa Oriental,
Cuba o Vietnam. Era
la teoría de la construcción del
socialismo y la teoría de la
transición rápida, históricamente
hablando, en un plazo histórico de
algunos años o de algunas décadas.
Para pasar del capitalismo a un
socialismo acabado, pero no mundializado. Esto
significa que las
revoluciones socialistas se encontraron confrontadas
con un verdadero
desafío, porque se desarrollaron en zonas
periféricas. A la vez tenían
que hacer otra cosa, otra sociedad a través
del socialismo, con bases no
mercantiles, otra realidad social, etc. pero también
se tenían que
recuperar. Tenían que salir de la miseria,
necesitaban salir de un nivel
de desarrollo insuficiente. Tenían entonces
que recuperarse y hacer otra
cosa, hacer algo distinto. Lenin definió
perfectamente esta asociación
complementaria y conflictiva con el socialismo.
Dijo que “el
socialismo es la electricidad más el soviet”.
Lo que podemos decir es
que progresivamente esta dimensión se impuso
como
la única dimensión real. Mientras
que la otra dimensión, la necesidad de
“hacer otra cosa”, se encontró
poco a poco vacía de contenido.
El soviet se transformó en lo que ha sido
o sea nada. Por lo
tanto, el proyecto que originalmente era un proyecto
socialista,
en la visión de quienes fueron sus actores,
los revolucionarios de
aquella época, se ha transformado en el
proyecto de recuperación en el
que el Estado desempeña un papel análogo
al que cumplen las burguesías
nacionales en otras partes. Un papel de iniciativa
y de control que priva
a las clases populares y trabajadoras del control
real de la producción
económica y social. P:
Haciendo un balance, ¿usted afirmaría,
entonces, que todas estas
experiencias fracasaron?
R: Yo no digo que estas experiencias fracasaron.
Porque el fracaso, en la
historia, me parece totalmente sin sentido. Diría
que alcanzaron su
límite histórico rápidamente
y empezaron a parecer lo que eran o aquello
en lo que se transformaron: proyectos de desarrollo
nacional de
naturaleza capitalista. En el caso de la Unión
Soviética, “un
capitalismo sin capitalistas”, para utilizar
la expresión de Engels,
quién la empleó para describir la
visión de los socialistas. Se trataba
de los socialdemócratas de la Segunda Internacional.
Entonces se pasó
de un “capitalismo sin capitalistas”
a un
capitalismo con capitalistas. Creo que, por esta
razón, tenemos que
volver a abrir el debate sobre la transición.
Yo propongo -pero pienso
que este debate habría que hacerlo, con
la mayor seriedad, en el marco de
las izquierdas del mundo entero- otra concepción
de la transición: una
transición larga. No una transición
que se reduzca a lo que se ha
realizado en las transiciones cortas, o sea: nacionalización,
estatización, control de las relaciones
exteriores. Incluso reformas
progresistas como la reforma agraria, o hasta
colectivización (cuando no
se impone al sector agrícola que no lo
desea). Incluyendo medidas
políticas más progresistas que las
que se hayan conocido hasta ahora, que
tienen que ver con el sector educativo, salud,
etc. Todo eso se
puede realizar en algunos años teniendo
en cuenta los
obstáculos políticos. Se puede lograr
en unas décadas. Pero una
transición mucho más larga, en la
que se combinan en un plazo largo P:
¿En qué tiempos está pensando
usted? R: Yo no puedo
evaluar el plazo, pero pienso que puede llegar
a un siglo,
varias décadas durante las cuales se van
a combinar elementos de
reproducción del sistema capitalista -lo
que llamamos el mercado- y otras
lógicas que no tienen que ver con la lógica
del capitalismo. Porque la
lógica de la igualdad no tiene que ver
con el capitalismo. Todas las
medidas que reducen la desigualdad no son lógicas
que dependen del
capitalismo. Son lógicas que se imponen,
medidas a las que el capital, a
veces, se puede ajustar. Pero son medidas a las
que él tiene que
ajustarse. Estamos
pensando en una transición larga en la
que los elementos de
reproducción de naturaleza capitalista
y los elementos que pertenecen a
una lógica “postcapitalista”
(término que no me gusta), a una
lógica socialista e incluso comunista,
entran en conflicto con las
lógicas de la acumulación o reproducción
administrada por la racionalidad
capitalista. Entonces, estos elementos son complementarios
y
conflictivos. ¡La historia nos dirá
a partir de que momento vamos a pasar
del otro lado! --------------------------------------------------------------------------------
Notas de los entrevistadores:
1. Gamal Abdel Nasser (1918-1970) fue presidente
de Egipto entre 1956 y
1970. Constituyó uno de los líderes
políticos más influyentes en el
mundo
árabe. También influyó sobre
diversas corrientes populistas del Tercer
Mundo.Con varios oficiales, Nasser fundó
una sociedad secreta, “los
Oficiales Libres”, que se conjuraron para
expulsar de Egipto a los
colonialistas británicos y al rey Faruk.
El 23 de julio de 1952 dieron un
golpe de Estado y destronaron a ese rey. Aunque
Nasser era el auténtico
jefe, permaneció en un segundo plano. Pronto
se limitaron o se
nacionalizaron los latifundios y se prohibieron
los partidos opositores.
En 1953 se abolió la monarquía y
se proclamó una república de partido
único. Estuvo presidida en sus inicios
por el general Muhammad Naguib. En
1954 Nasser asumió el poder como primer
ministro. Más tarde negoció un
tratado con Gran Bretaña que puso fin a
72 años de control colonial
británico sobre Egipto. En 1956 fue elegido
presidente. En la Conferencia
de Bandung Nasser se transformó en una
figura mundial. Su política
exterior vinculada a la Organización de
Países No Alineados (fue uno de
sus dirigentes), deterioró sus relaciones
con los países capitalistas
occidentales. En 1956 Gran Bretaña y Estados
Unidos retiraron su ayuda
económica al proyecto de la represa de
Asuán. Para financiarla, Nasser
nacionalizó el canal de Suez. Francia y
Gran Bretaña invadieron Egipto,
aliados con Israel. El intento de Nasser de unificar
el mundo árabe se
plasmó en febrero de 1958 mediante la federación
de Siria con Egipto. Se
estableció la República Árabe
Unida bajo su presidencia. Esta unión fue
disuelta en 1961 tras un golpe de Estado en Siria.
Nasser sintetizó el
nacionalismo árabe con la planificación
estatal: los bancos y empresas de
servicios públicos fueron nacionalizados
con el fin de financiar la
industrialización. Para ello contó
con apoyo financiero soviético. En
1967 recrudece el conflicto árabe-israelí.
Israel atacó Egipto y ocupó la
península del Sinaí y el canal de
Suez, en “la guerra de los seis
días”. Nasser fue uno de los grandes
líderes populistas del Tercer
Mundo y, en especial, del nacionalismo árabe.
Murió de un ataque al
corazón, el 28 de septiembre de 1970, siendo
aún presidente del
país. 2. La
Conferencia de Bandung fue celebrada el 18 de
abril de 1955 en la
ciudad del mismo nombre, en la isla de Java. Asistieron
29 países
asiáticos y africanos que acababan de conseguir
su independencia.
Constituyó el puntapié inicial del
Movimiento de Países
No-Alineados. 3.
El 29 de octubre de 1956, Israel, punta de lanza
del imperialismo en
medio Oriente, invade Egipto. Dos días
después, tropas inglesas y
francesas -unidas- atacan Egipto para asegurar
el tráfico gratuito a
través del canal. Como represalia, Egipto
hunde en el canal cuarenta
barcos, bloqueándolo por completo. En noviembre
-con la intervención de
NNUU- se firma una tregua y a finales de año
las tropas británicas,
francesas e israelíes abandonan la zona.
Después de que un equipo de
rescate de NNUU retirara los barcos hundidos en
el canal, éste se reabrió
en marzo de 1957.
4. El médico psiquiatra Frantz Fanon (1924-1961)
nació en Martinica, isla
que forma parte de las Antillas situadas en el
mar Caribe (hasta hoy
colonia francesa). Como militante del Frente de
Liberación Nacional (FLN)
de Argelia, fue uno de los grandes ideólogos
de la revolución africana.
Vivió también en Túnez, donde
publicó el periódico El Moudjahid.
Uno de
sus libros más famosos, Los condenados
de la tierra (1961), fue prologado
por el filósofo francés Jean-Paul
Sartre. Durante la década del 60, Fanon
también tuvo influencia sobre algunas corrientes
de la izquierda
latinoamericana.
5. La Tricontinental es el nombre con que habitualmente
se hace
referencia a la Primera Conferencia de Solidaridad
de los Pueblos de
Asia, África y América Latina. Se
reunió en La Habana, Cuba, en enero de
1966. Allí concurrieron representantes
de 82 pueblos y países, entre
ellos partidos que estaban en el gobierno (como
el PC de Cuba, el de la
Unión Soviética, el de China y el
de Vietnam del norte, entre otros) y
organizaciones revolucionarias que enfrentaban
a sus gobiernos (la
mayoría de los representantes de América
Latina). Políticamente, la
Tricontinental logró reunir a los partidos
y organizaciones marxistas
junto con diversos movimientos de liberación
nacional del Tercer Mundo.
Ese vasto conjunto, tuvo tres grandes ejes de
influencia. El primero
liderado por la URSS, el segundo por China y el
tercero, probablemente el
más numeroso, por Cuba y Vietnam. A estos
tres, se sumaron el bloque
árabe, donde confluían los delegados
palestinos y los de la República
Árabe Unida y, con una posición
relativamente independiente, la
India. 6. En 1915
Lenin escribió un prólogo al trabajo
de Nicolás Bujarin
“La economía mundial y el imperialismo”
(este prólogo recién
fue publicado en 1927). Allí, el dirigente
bolchevique combate la teoría
de Karl Johann Kautsky (1854-1938) del “superimperialismo”
o
“ultraimperialismo”, según
la cual el capitalismo imperialista
tenía la tendencia a realizar la “unión
nacional de los magnates del
capital en un trust mundial único”.
A esta “unión internacional
de los imperialismos nacionales que actúan
dentro de los distintos
Estados”, Lenin la caracterizó como
“el sueño del capitalismo
“pacífico”“. Sin embargo,
a pesar de la crítica a Kautsky
por negarse a intervenir en forma revolucionaria
y activa contra el
guerrerismo imperialista de su época, Lenin
reconocía que “No hay
duda de que el desarrollo marcha en dirección
[subrayado de Lenin] a un
único trust mundial, que devorará
todas las empresas y todos los Estados
sin excepción”. Véase Lenin:
Prólogo para el artículo de N.Bujarin:
“La economía mundial y el imperialismo”.
En Obras Completas.
Bs.As., Cartago, 1960. Tomo N° 22, pp.109-114.
Otras críticas de Lenin a
la teoría del “ultraimperialismo”
de Kautsky pueden
encontrarse, tanto en su célebre El imperialismo,
etapa superior del
capitalismo , como en sus comentarios marginales
y anotaciones
manuscritas al artículo “El imperialismo”
(publicado
originariamente por Kautsky en la revista de la
socialdemocracia alemana
Die Neue Zeit N°21 [11/9/1914]). Véase
V.I.Lenin: Cuadernos sobre el
imperialismo. Bs.As., Cartago, 1984. Tomo I, pp.256-261.
7. Véase R: Les
effects structurels de l'intégration internationale
des
économies pré-capitalistes, une
étude théorique du mécanisme
qui a
engendré les économies dites sous-développés
[Los efectos estructurales
de la integración internacional de las
economías precapitalistas, un
estudio teórico del mecanismo que ha engendrado
las economías denominadas
subdesarrolladas] Tesis, Paris, 1957. En Francia,
esta tesis, reformulada
y actualizada, se publica en 1971 bajo el título
La acumulación a escala
mundial (editorial Anthropos). En español,
con el mismo título y al poco
tiempo: Buenos Aires, Siglo XXI, 1975.
8. El célebre libro de Rostow llevaba por
título Las etapas del
crecimiento económico. Y por subtítulo:
Un manifiesto no comunista. Su
primera edición en inglés es de
1960 (fue traducido al español, al año
siguiente, por Fondo de Cultura Económica).
El libro surgió de un curso
brindado por su autor en la Universidad de Cambridge
en el otoño de 1958
(dos años después que Samir Amin
defendiera su tesis sobre la acumulación
a escala mundial). El tema de las conferencias
era “El proceso de
industrialización”. En su tesis central,
Rostow afirma que todo
proceso de industrialización, se desarrolle
durante la revolución
industrial del siglo XVIII en Inglaterra o durante
el siglo XX en
Argentina, México, China e India, debe
pasar por determinadas etapas
ineluctables, sucesivas, continuadas y evolutivas.
Esas etapas son la
sociedad tradicional, la etapa de las condiciones
previas para el
“impulso inicial”, el “impulso
inicial” (también
traducido como “el despegue”), la
marcha hacia la madurez y,
finalmente, la era del consumo de masas. Al no
diferenciar entre centro y
periferia, y al obviar las relaciones asimétricas
que el sistema mundial
asigna a cada formación social, Rostow
termina construyendo una imagen
del capitalismo como sociedad plana, homogénea
y compacta, donde cada
sociedad nacional es más o menos capitalista
(con diferencias recíprocas
puramente cuantitativas), siempre según
un mismo patrón de medida
universal. Cuarenta años después
de Rostow, Toni Negri y Michael Hardt,
vuelven a repetir exactamente esos lugares comunes
-ahora con lenguaje
marxista- en su famoso Imperio, cuando comparan
a EEUU y Brasil,
Inglaterra y la India, concluyendo que entre ellos
¡no hay diferencias
cualitativas! 9.
El término “Tercer Mundo” nació
justo a mitad del siglo XX,
en un planeta polarizado por dos superpotencias.
Su impulsor fue francés.
El demógrafo, antropólogo e historiador
de la economía Alfred Sauvy
(1898-1990) quien utilizó por primera vez
esa expresión el 14 de agosto
de 1952, en el semanario francés L'Observateur.
Su artículo terminaba
así: “...pues, finalmente, este Tercer
Mundo ignorado, explotado,
despreciado como el Tercer Estado, quiere, él
también, ser algo”. De
esta manera, parafraseaba una famosa frase del
sacerdote Sieyès, quien
así definía al Tercer Estado de
la Revolución Francesa: “¿Qué
es el
Tercer Estado? Todo. ¿Qué ha significado,
hasta hora, en el orden
político? Nada. ¿Qué pide?
Convertirse en algo”. Alfred Sauvy (que
no era marxista) se basó en esta analogía
histórica con la revolución de
1789 para describir y, al mismo tiempo, polemizar.
Describió a la mayoría
de la población del planeta que no era
ni el Primer Mundo (la
aristocracia en la analogía de 1789) ni
el Segundo Mundo (la iglesia y
los clérigos, siempre dentro de la analogía),
sino el Tercer Mundo, o sea
los terceros estados. De este modo, la expresión
le servía para marcar
distancias con Estados Unidos y la Unión
Soviética, catalogadas
analógicamente como una aristocracia y
una iglesia.
10. Raúl Prebisch (1901-1986) fue un economista
argentino. Intentó pensar
la relación entre países menos y
más industrializados. Para ello,
promovió la teoría del crecimiento
económico que afirma que existe un
centro (países más industrializados)
y una periferia (sociedades m |