La Internacional y la guerra
Extracto del ensayo sobre
el Tercer Congreso de la Internacional celebrado
en Bruselas en 1868.
Discutióse también,
la actividad de los trabajadores frente a una
guerra entre las potencias europeas. En el debate
intervinieron diferentes delegados. Uno de ellos,
Catalán, de Ginebra, señaló
que "la guerra no depende de la opinión
pública ... porque hay, por encima de
la opinión pública, instituciones
que rompen esta opinión. Hay voluntades
superiores a la del pueblo y que disponen, ellas
solas, del derecho de la guerra o de la paz.
Que cada uno de nosotros y que la Asociación
Internacional en su totalidad haga la guerra
a la guerra, empleando todas las fuerzas contra
los hombres que tienen el derecho de hacer la
guerra, contra las instituciones que crean este
derecho y contra la ignorancia que le permite
perpetuarse".
César de Paepe, uno de los delegados
que más influenció en las determinaciones
de ese Congreso, dijo en su intervención:
"Hay dos métodos (para suprimir
la guerra): el primero es el de oponerse directamente
a la guerra negándose a hacer el servicio
militar o bien, lo que resulta lo mismo, puesto
que los ejércitos necesitan consumir,
negándose a trabajar; el segundo de los
métodos no incide en forma directa: es
solucionando la cuestión social que pretende
llegar a la supresión de la guerra: éste
es el método que la Internacional está
destinada a hacer triunfar. La verdadera y única
causa de las guerras se halla en nuestras instituciones
sociales. La primera es la del hambre...".
Fue Tolain, en nombre de los parisinos, quien
presentó la primera moción de
las dos aprobadas sobre este punto: "Considerando
que la guerra jamás ha sido otra cosa
que la razón del más fuerte, y
no la sanción del derecho; que es un
medio de subordinación de los pueblos
por las clases privilegiadas o los gobiernos
que representan; que fortalece el despotismo,
asfixia la libertad; que en el estado actual
de Europa, los gobiernos no representan los
intereses legítimos de los trabajadores
... Declara protestar con la mayor energía;
invita a todas las secciones de la Asociación
a obrar con el mayor vigor para impedir, por
la presión de la opinión pública,
una guerra de pueblo a pueblo que, hoy en día,
sólo podría ser considerada como
una guerra civil ya que, hecha entre productores,
la misma no seria sino una lucha entre hermanos
y ciudadanos".
Por parte de Charles Longuet el Congreso tomó
conocimiento de su breve resolución que
aprobó: "El Congreso recomienda
a los trabajadores cesar todo trabajo en el
caso en que una guerra estallara entre sus países
respectivos".