RUINA
A Regino Sainz de la Maza
Sin
encontrarse.
Viajero
por su propio torso
blanco.
Así
iba el aire.
Pronto
se vio que la luna
era
una calavera de caballo
y el aire una manzana oscura.
Detrás
de la ventana,
con látigos y luces, se sentía
la lucha de la arena con el agua.
Yo
vi llegar las hierbas
y les eché un cordero que balaba
bajo sus dientecillos y lancetas.
Volaba
dentro de una gota
la cáscara de pluma y celuloide
de
la primer paloma.
Las
nubes, en manada,
se quedaron dormidas contemplando
el duelo de las rocas con el alba.
Vienen
las hierbas, hijo;
ya suenan sus espadas de saliva
por el cielo vacío.
Mi
mano, amor. ¡Las hierbas!
Por los cristales rotos de la casa
la sangre desató sus cabelleras.
Tú
solo y yo quedamos;
prepara tu esqueleto para el aire.
Yo solo y tú quedamos.
Prepara
tu esqueleto;
hay que buscar de prisa, amor, de prisa,
nuestro perfil sin sueño.
Federico García Lorca
(1898 - 1936)
*imagen: Benczur
"Narcissus" |