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Una
crítica a los intelectuales y a las ONGs.
James
Petras
Profesor-investigador,
Binghamton University Sociology
of New York
El postmarxismo se convirtió
en una
posición intelectual de moda con el triunfo
del neoliberalismo y el
retroceso de la clase trabajadora. El espacio
que dejó vacante la
izquierda reformista ha sido ocupado en parte
por políticos e ideológos
capitalistas, tecnócratas e iglesias tradicionales
y
fundamentalistas.
En el pasado, este espacio
lo ocupaban políticos socialistas,
nacionalistas, populistas y activistas religiosos
asociados con la
teología de la liberación. El centroizquierda
era muy influyente con los
regímenes políticos ( en su cúpula)
o con las clases populares menos
politizadas ( en sus regímenes inferiores).
Alentadas y, en muchos
casos, subsidiadas por las principales
instituciones financieras y agencias gubernamentales
promotoras del
neoliberalismo, ha surgido un número masivo
de organizaciones sociales
cuya ideología, vínculos y prácticas
están compitiendo directamente y en
conflicto con la teoría y práctica
marxista. Estas organizaciones, que en
su mayoría se autodescriben como no gubernamentales
o centros
independientes de investigación, se muestran
activas en proponer
ideologías y prácticas políticas
compatibles y complementarias con la
agenda neoliberal de sus patrocinadores financieros.
Componentes.
Los proponentes intelectuales
del marxismo son, en la mayoría de los
casos, exmarxistas cuyo punto de partida es una
crítica al marxismo e
intenta proveer una teoría alternativa
o al menos una línea aceptable de
análisis. Es posible, más o menos,
sintetizar los diez argumentos básicos
del discurso postmarxista:
1.El socialismo fue un
fracaso y todas las teorías generales de
sociedades están condenadas a repetir ese
proceso. Las ideologías son
falsas (salvo el postmarxismo), porque reflejan
un pensamiento dominado
por un solo sistema cultural de raza/género.
2. El énfasis marxista
sobre las clases sociales es reduccionista, porque
las clases se están disolviendo. Los principales
puntos políticos de
partida son culturales y están arraigados
en diversas identidades (raza,
género, etnicidad, preferencia sexual).
3. El Estado es el enemigo
de la democracia y la libertad, y un proveedor
ineficaz de bienestar social. En su lugar, la
sociedad civil es el
protagonista de la democracia y la mejoría
social.
4. La planificación
central crea la burocracia, un producto que también
entorpece el intercambio de bienes entre productores.
Los mercados, quizá
con regulaciones limitadas, permiten un mayor
consumo y una distribución
más eficaz.
5. La lucha tradicional
de la izquierda por el poder del Estado es
corruptora y conduce a regímenes autoritarios,
los cuales proceden a
subordinar a su control a la sociedad civil. Las
luchas de asuntos
sociales por parte de las organizaciones también
locales son la única
forma democrática de cambio, junto con
la petición/presión sobre
autoridades nacionales e internacionales.
6. Las revoluciones siempre
terminan mal o son imposibles : las
transformaciones sociales amenazan provocar reacciones
autoritarias. La
alternativa es luchar por transiciones democráticas
y consolidarlas para
salvaguardar el proceso electoral.
7. La solidaridad de clases
es parte de ideologías pasadas y refleja
políticas y realidades anteriores. Las
clases ya no existen. Hay
comunidades fragmentadas en las que grupos específicos
( identidades)
participan de labores y relaciones recíprocas
para la supervivencia
basadas en cooperación con partidarios
externos. La solidaridad es un
fenómeno que trasciende las clases, un
gesto humanitario.
8. La lucha de clases y
el enfrentamiento no producen resultados
tangibles; provocan derrotas y no resuelven problemas
inmediatos. La
cooperación gubernamental e internacional
respecto de proyectos
específicos si genera incrementos en la
producción y el desarrollo.
9. El antiimperialismo
es otra expresión del pasado. En la economía
globalizada no hay posibilidades de enfrentar
los centros económicos. El
mundo es cada día más interdependiente
y hay una necesidad de mayor
cooperación internacional en la transferencia
de capital, tecnología y
conocimientos de los países ricos hacia
los países pobres.
10. Los líderes
de las organizaciones populares no deben estar
orientados
exclusivamente para organizar a los pobres y compartir
sus condiciones.
La movilización
interna debe basarse en fondos externos. Los
profesionales deben diseñar programas y
asegurar el financiamiento
externo para organizar a grupos locales. Sin ayuda
externa, los grupos
locales y las carreras profesionales se desplomarían.
Crítica
a la ideología.
Los postmarxistas tienen
un análisis crítico de la estrategia
de
desarrollo del mundo: en una palabra, es la misma
ideología general que
ellos condenan al discutir acerca del marxismo.
Además, se trata de una
ideología que no identifica la crisis del
capitalismo ( estancamiento
prolongado, pánicos financieros periódicos,
etc) y las contradicciones (
desigualdad y polarización social) en escala
nacional e internacional que
inciden en los problemas sociales.
Los orígenes del
neoliberalismo son producto del conflicto de clases.
Sectores específicos del capital aliados
con el Estado y el imperio
derrotaron a las clases populares e impusieron
el modelo. Los orígenes
sociológicos del postmarxismo están
incrustados en el cambio de poder
político que escapó de la clase
trabajadora para desplazarse hacia el
capital exportador.
¿Qué quiere
decirse con “el fracaso del socialismo”?
¿El
fracaso de la URSS, de los regímenes de
Europa Oriental? Qué es lo que ha
fracasado: ¿el sistema político,
el sistema socioeconómico?. Los
resultados recientes de elecciones en Rusia, Polonia,
Hungría y muchas de
las ex repúblicas soviéticas sugieren
que una mayoría de votantes
prefieren un retorno a aspectos de política
económica de bienestar social
y prácticas económicas del pasado.
Si la opinión popular en las naciones
excomunistas es un indicador de “fracaso”,
los resultados no
son definitivos.
Si por “fracaso del
socialismo” los postmarxistas entienden
la
declinación en el poder de la izquierda,
debemos insistir en una
distinción entre “fracaso”
pro ineficacia interna de las
prácticas socialistas, y derrotas político-militares
por parte de
agresores externos. Nadie diría que la
destrucción de Hitler por las
democracias europeas fue un “fracaso de
la democracia”.
Regímenes capitalistas-terroristas-intervenciones
de Estados Unidos en
Chile, Argentina, Bolivia, Uruguay, República
Dominicana, Guatemala,
Nicaragua, El Salvador, Angola, Mozambique y Afganistán
desempeñaron un
papel importante en la declinación de la
izquierda revolucionaria. Las
derrotas militares no son fracasos del sistema
económico, y no reflejan
la eficacia de las experiencias socialistas.
Cuando analizamos los desempeños
internos durante el periodo socialista
relativamente estable o de gobierno popular, los
resultados son, según
múltiples indicadores, mucho más
favorable que lo que llegó después:
participación popular, salud, educación
y crecimiento igualitario bajo
Allende se comparan muy favorablemente con lo
que ocurrió posteriormente
bajo Pinochet. Los mismos indicadores bajo los
sandinistas se comparan
favorablemente con el régimen de Chamorro
en Nicaragua. El gobierno de
reformas agrarias y políticas de derechos
humanos de Arbenz se compara
favorablemente con la política del gobierno
instalado por la CIA, que se
caracterizó por la concentración
de tierras y ciento cincuenta mil
asesinatos.
Si bien es cierto que los
neoliberales hoy gobiernan y los exmarxistas
están alejados del poder, difícilmente
puede encontrarse un país en el
Hemisferio Occidental donde los movimientos de
masas influídos por
socialistas o marxistas no estén encabezando
manifestaciones importantes
y desafiando a los políticos y regímenes
noeliberales. En Paraguay,
Uruguay y Bolivia, huelgas generales exitosas;
en México, movimientos
importantes de campesinos y guerrilleros indígenas;
en Brasil, el
movimiento de trabajadores carentes de tierra
reflejan, en todo caso,
influencia marxista.
El socialismo fuera del
bloque comunista fue esencialmente una fuerza
democrática popular, que obtuvo un gran
apoyo porque representaba a los
intereses populares libremente decididos. Los
postmarxistas confunden el
comunismo soviético con los movimientos
socialistas democráticos
populares en América Latina. En este sentido,
la perspectiva postmarxista
de “el fin de las ideologías”
no sólo es insconsciente con sus
propios pronunciamientos ideológicos, sino
también con la continuación
del debate ideológico entre marxistas pasados
y presentes, y los debates
y enfrentamientos con el neoliberalismo y su hijo
postmarxista.
La disolución de clases y el surgimiento
de identidades.
Los postmarxistas atacan desde diversas perspectivas
la idea marxista del
análisis de clases. Argumentan que oscurece
la igualmente o más
significativa importancia de las identidades culturales
(género,
etnicidad):
Acusan a los analistas
de clase de ser reduccionistas económicos
y de no
poder explicar las diferencias étnicas
y de género dentro de las clases
Luego proceden a argumentar que estas diferencias
definen la naturaleza
política.
La segunda línea
contra el análisis de clase se genera de
la perspectiva
que la clase es sólo una construcción
intelectual, esencialmente un
fenómeno subjetivo determinado por la cultura.
En consecuencia, no hay
intereses objetivos de clase que dividan la sociedad,
dado que los
“intereses” son meramente subjetivos
y cada cultura define sus
preferencias.
La tercera línea
de ataque arguementa que ha habido bastas
transformaciones en la economía y en la
sociedad que han borrado las
viejas distinciones de clase. En la sociedad postindustrial,
argumentan
los postmarxistas, la fuente de poder está
en los nuevos sistemas de
información, en las nuevas tecnologías
y en quienes las manejan y las
controlan. La sociedad, según este punto
de vista, está evolucionando
hacia una nueva sociedad donde los trabajadores
industriales están
desapareciendo en dos direcciones: hacia arriba,
a la nueva clase media
de alta tecnología, y hacia abajo, hacia
la subclase marginal.
Los marxistas nunca han
negado la importancia de las negaciones raciales,
de género y étnicas dentro de las
clases, pero han hecho énfasis en el
sistema social que genera las diferencias y la
necesidad de unir las
fuerzas de clase para eliminar las desigualdades
en el trabajo, el barrio
y la familia. Los marxistas se oponen a que las
desigualdades de género y
raza sean analizadas y resueltas fuera del ámbito
de clase: que mujeres
terratenientes con sirvientes y riqueza tienen
una identidad especial con
las mujeres campesinas que están empleadas
con sueldos de hambre.
Las clases no adquieren realidad debido a un edicto:
son organizadas por
la clase capitalista para apropiarse del valor.
En consecuencia, la idea
de que la clase es una noción subjetiva
dependiente de tiempo, lugar y
percepción está confundiendo clase
con conciencia de clase. Es obvio que
hay cambios importantes en la estructura de clases,
pero no en la
dirección que señalan los postmarxistas.
Los cambios importantes han
reforzado las diferencias de clase y su explotación,
al mismo tiempo que
han cambiado las condiciones e índole de
las clases explotada y
explotadora.
Hoy existen más
trabajadores temporales, muchos más empleados
en el
sector informal. El tema de la explotación
sin regular no describe un
sistema que transciende el capitalismo del pasado:
es el regreso de las
formas de explotación laboral del siglo
XIX. Quien requiere de análisis
es el capitalismo después de que el Estado
populista protector ha sido
demolido. Esto significa que los complejos papeles
de los Estados y
partidos que mediaban entre capital y mano de
obra han sido reemplazados
por instituciones estatales vinculadas evidentemente
a la clase
capitalista dominante.
Cualesquiera que hayan
sido los determinantes múltiples del
comportamiento del Estado y régimen en
el pasado, hoy el modelo
neoliberal depende del control estatal centralizado,
vinculado a los
bancos internacionales para implantar pagos de
deudas y a los sectores de
exportación para ganar divisas extranjeras.
Sus vinculos verticales al
ciudadano como sujeto y su liga primaria por medio
del aparato estatal
represivo y organizaciones no gubernamentales
(ONG) encargadas de restar
peligro a posibles explosiones sociales.
El desmantelamiento del
Estado protector significa que la estructura
social está más polarizada: entre
burócratas en los sectores de salud,
educación y seguridad social, por una parte,
y profesionales bien pagados
ligados a corporaciones multinacionales, ONG y
otras instituciones,
financiadas externamente y vinculadas al mercado
mundial y a los centros
de poder político.
La lucha actual no es entre
las clases en las fábricas, sino entre
el
Estado y las clases desarraigadas en las calles
y los mercados,
desplazadas del empleo fijo y obligadas a producir
y vender y a soportar
los costos de su reproducción social. La
integración al mercado de
explotadores de élite y compradores medianos
y pequeños tiene su
contrapartida en la desintegración de la
economía del interior: industria
local, pequeñas granjas con su concomitante
desplazamiento de productores
hacia la ciudad o al extranjero.
La importancia de bienes
de lujo para la clase media alta está basada
en
utilidades remitidas por el trabajo “exportado”
de los pobres.
El nexo de explotación se inicia en el
empobrecimiento del interior, el
desarraigamiento de los campesinos su emigración
a las ciudades y al
extranjero. Los recursos que remiten los miembros
de esta mano de obra
exportada proporcionan las divisas duras para
financiar importaciones y
proyectos neoliberales de infraestructura para
promover los negocios de
exportación interna y externa y el turismo.
La cadena de explotación es
más compleja, pero aún así
reside, en última instancia, en la relación
capital- mano de obra.
En la era del neoliberalismo,
la lucha para recrear la nación, el mercado
nacional ,la producción y el intercambio
nacional es, una vez más, una
demanda histórica. En la misma forma, el
empleo desregulado (trabajo
informal o subterráneo) requiere de una
poderosa inversión pública y un
centro regulatorio para generar empleo formal
con condiciones sociales
vivibles. En una palabra, el análisis de
clase debe ser adaptado al
imperio del capital sin mediación en un
mercado laboral no regulado con
vínculos internacionales, en el que las
políticas redistributivas del
pasado han sido reemplazadas por políticas
neoliberales que concentran el
ingreso en la cúpula.
La homogeneización
y movilidad hacia debajo de vastos sectores de
trabajadores y campesinos que antes estaban en
el mercado de trabajo crea
un gran potencial para la acción revolucionaria
unificada. Hay una
identidad común de clase que abona el terreno
para organizar las luchas
de los pobres. En suma, en contra de lo que argumentan
los postmarxistas,
la transformación del capitalismo ha hecho
más relevante que nunca el
análisis de clase.
El crecimiento de la tecnología
ha exacerbado las diferencias de clase,
no las ha abolido. Los trabajadores en industria
de microchips y aquellas
industrias en las que han incorporado esos nuevos
chips no han eliminado
la clase trabajadora. Más bien, han desplazado
las sedes de actividad y
el modo de producir dentro del continuado proceso
de explotación. La
nueva estructura de clase, hasta donde es visible,
combina las nuevas
tecnologías con formas más controladoras
de producción.
La automatización
de algunos sectores acelera el ritmo de trabajo
en la
línea de ensamblaje: cámaras de
televisión aumentan la vigilancia del
trabajador al tiempo que disminuyen el personal
administrativo: círculos
de control de calidad, en los que trabajadores
presionan a trabajadores,
incrementan la autoexplotación sin aumento
de sueldo o poder. La
revolución tecnológica está
moldeada, en última instancia, por la
estructura de clase de la contrarrevolución
neoliberal. Las computadoras
permiten a las agroempresas controlar el coste
y el volumen de los
pesticidas, pero son los trabajadores mal pagados
quienes esparcen las
sustancias y se envenenan. Las redes de información
son unidades para
distribuir trabajo a los talleres clandestinos
de los hogares ( economía
informal), para producir textiles, zapatos, etc...
Estado y sociedad
civil.
Los postmarxistas pintaron
la imagen del Estado con un solo rostro.
El Estado es descrito como una enorme burocracia
ineficaz que saqueó el
tesoro público y dejó en la pobreza
al pueblo y en la bancarrota a la
economía. En la esfera política,
el Estado era la fuente del gobierno
autoritario y dictámentes arbitrarios,
obstaculizando el ejercicio de la
democracia y del libre intercambio de bienes.
Por otra parte, argumentan
los postmarxistas, la sociedad civil era la fuente
de libertad.
De una sociedad civil activa
surgiría una economía igualitaria
y
dinámica. Lo que es extraño acerca
de esta ideología es su peculiar
capacidad para pasar por alto 50 años de
historia. El sector público era
necesariamente el encargado de estimular la industrialización
en ausencia
de la inversión privada y debido a las
crisis económicas ( la crisis
mundial de los 30, la guerra de los 40, etc.).En
segundo lugar, el
crecimiento del analfabetismo y la salud pública
fue, en gran parte, una
iniciativa pública.
En siglo y medio de libre
empresa ( del XVIII al decenio de 1930) América
Latina padeció las siete plagas de la Biblia,
mientras la mano invisible
del mercado permanecía inmóvil:
genocidio, hambruna, enfermedades,
tiranía, dependencia, desarraigo y explotación.
El sector público creció
en respuesta a esos problemas y se desvió
de sus funciones públicas al
grado de que fue apropiado privadamente por las
elites de negocio y
política.
La ineficacia del Estado
está directamente relacionada con la
subordinación a intereses privados.
Los programas amplios de
salud y educación del Estado nunca han
sido
reemplazados por la iniciativa privada, la Iglesia
o las ONGs. Estas
proporcionan atención y educación
sólo a grupos limitados, dependiendo de
los caprichos e intereses de los capitales extranjeros.
Los postmarxistas
han dejado que su retórica antiestatista
los ciegue a los logros
positivos comparativos de lo público sobre
lo privado.
El argumento de que el
Estado es fuente de autoritarismo resulta y no
verdad. Han existido y existirán Estados
dictatoriales, pero la mayoría
tienen poco o nada que ver con la propiedad pública.
La mayoría de las
dictaduras han sido antiestatistas y en favor
del libre mercado hoy, en
el pasado y probablemente en el futuro.
Los ataques generalizados,
históricos y asociales contra el Estado
no
tienen razón de ser y sólo sirven
como instrumento político para evitar
que ciudadanos del libre mercado forjen una opción
eficaz y racional
anclada en las potencialidades creativas de la
acción pública.
La posición contraria
de la sociedad civil con relación al Estado
es
también una dicotomía falsa. La
sociedad civil o, más exactamente, las
clases dirigentes de la sociedad civil, al tiempo
que atacan al estatismo
de los pobres, se han preocupado por reforzar
los vínculos con la
tesorería y los militares para promover
y reforzar su posición en la
sociedad civil.
En igual forma, las clases
populares en la sociedad civil, cuando son
provocadas, han tratado de romper el monopolio
de las clases gobernantes
sobre el Estado. Los pobres siempre han dirigido
la mirada a los recursos
del Estado para reforzar su posición económica
relativa a los ricos. El
asunto es, y siempre ha sido, la relación
de las diferentes clases con el
Estado.
Los ideólogos postmarxistas,
marginados del Estado por los neoliberales,
han hecho una virtud de su impotencia. Absorbiendo
acríticamente la
teoría antiestatal que les llega de arriba,
la transmiten hacia abajo.
Los postmarxistas tratan de justificar los vehículos
organizacionales
(ONG)que utilizan para lograr movilidad hacia
arriba, con el argumento de
que operan fuera del Estado y en la sociedad civil
cuando, de hecho,
están financiadas por gobiernos extranjeros
para trabajar con los
gobiernos nacionales.
La lucha de clases
y la cooperación.
Los postmarxistas a menudo
escriben de la cooperación de todos, sin
profundizar mucho en el precio y las condiciones
para garantizar la
cooperación de los regímenes neoliberales
y las organizaciones populares.
La lucha de clases se considera un atavismo con
un pasado inexistente.
Hoy se nos dice que los pobres están empeñados
en construir una nueva
vida, están hartos de la política,
las ideologías y los políticos
tradicionales. Hasta allí vamos bien.
Los grupos de empresarios
hacen que los postmarxistas participen en un
nuevo tipo de política similar a la de
los enganchadores de un pasado no
tan lejano: que reunían a las mujeres que
necesitaban capacitación y
establecían microempresas subcontratadas
con productores o exportadores
de mayor envergadura. La política de los
postmarxistas es de compradores:
ellos no elaboran productos nacionales, sólo
relacionan a los
capitalistas extranjeros con la mano de obra local
para facilitar la
continuación del régimen neoliberal.
Los postmarxistas en su
papel de administradores de las ONGs son
fundamentalmente actores políticos cuyos
proyectos, capacitación y
talleres no producen un impacto económico
importante, ni en las ONGs ni
en diminuir la pobreza. Pero sus actividades si
desvían a la gente de la
lucha de clases. La perspectiva marxista de la
lucha y confontación de
clases se construye en las verdaderas divisiones
sociales de la sociedad:
entre quienes obtienen beneficios, intereses,
renta e impuestos y quienes
luchan por optimizar los salarios, el gasto social
y las inversiones
productivas.
Los resultados de las perspectivas
marxistas son actualmente evidentes en
todas partes: la concentración del ingreso
y el aumento de las
desigualdades son más grandes que nunca.
Instituciones como el Banco
Internacional de Desarrollo (BID) financian
empresas agroindustriales de exportación
que explotan y envenenan a
millones de trabajadores agrícolas, y al
mismo tiempo proporcionan fondos
para el financiamiento de pequeños microproyectos.
El papel de los
postmarxistas en los microproyectos es neutralizar
la oposición política
de la parte inferior, mientras se promueve el
neoliberalismo en la parte
superior.
Su teoría de la
cooperación liga a los pobres por medio
de los
neoliberales. Intelectualmente, son polícías
que definen la investigación
aceptable, distribuyen los fondos para investigar
y filtran los tópicos y
las perspectivas que proyectan el análisis
de clases y la perspectiva de
la lucha. El control de la moda intelectual, publicaciones,
conferencias
y fondos para investigar les proporcionan una
base importante de poder,
pero en última instancia dependen de evitar
el conflicto con sus
patrones, quienes les otorgan el financiamiento
desde el
extranjero.
Los intelectuales marxistas
críticos tienen su fuerza en el hecho de
que
sus ideas resuenan con las realidades sociales
en evolución. La
polarización de clases y los violentos
enfrentamientos aumentan, tal como
lo pronostican sus teorías. Es a partir
de estos hechos que los marxistas
demuestran debilidad táctica, pero fuerza
estratégica en relación con los
postmarxistas.
¿Murió
el antiimperialismo?
En los últimos años
el antiimperialismo desapareció del diccionario
político de los postmarxistas. Los ex guerrilleros
de Centroamérica se
convirtieron en políticos electorales y
los profesionales que manejan las
ONGs hablan de cooperación e interdependencia
internacionales. Sin
embargo, los pagos de la deuda siguen transfiriendo
gigantescas sumas de
los pobres latinoamericanos a Europa, Estados
Unidos y Japón. Las
propiedades públicas, los bancos y por
encima de todo los recursos
naturales se van enajenando a precios muy bajos
por parte de las
transnacionales.
Hay más multimillonarios
de América Latina que tienen la mayor parte
de
sus fondos en bancos estadounidenses y europeos
que nunca antes. Entre
tanto provincias enteras se han convertido en
cementerios industriales, y
el campo está despoblado. Estados Unidos
tiene más asesores militares,
funcionarios antidrogas y policías federales
encargados de dirigir la
planeación, que en ninguna otra etapa de
la historia mundial.
No obstante, algunos exsandinistas
y exfarambundistas dicen que el
antiimperialismo/imperialismo desapareció
al término de la guerra fría.
El problema-dicen- no es la inversión o
ayuda extranjeras, sino la falta
de ellas y piden más ayuda imperial. La
miopía política y económica
que
acompaña a esta perspectiva no entiende
que las condiciones políticas
para los créditos son el abaratamiento
de la mano de obra, la eliminación
de la legislación social y la transformación
de Latinoamérica en una gran
plantación, un gran campo minero, una gran
zona de libre comercio
desprovista de derechos, soberanía y riqueza.
El énfasis marxista
en la profundización de la explotación
imperialista
tiene su origen en las relaciones sociales de
producción y las relaciones
del Estado entre el capitalismo imperialista y
el dependiente. El
derrumbe de la URSS ha intensificado la explotación
imperialista. Los
postmarxistas (ex marxistas) que creen que el
mundo unipolar tendrá por
resultado una mayor cooperación, interpretaron
mal la invasión
estadounidense en Panamá, Irak, Somalia
y otros países. En forma más
fundamental la dinámica del imperialismo
radica en la dinámica
internacional del capital, no en la competencia
externa con la URSS. La
pérdida del mercado interno y los sectores
de Latioamérica es un retorno
a la fase prenacional: las economías latinoamericanas
empiezan a tomar
características de su pasado colonial.
La lucha actual contra el
imperialismo involucra la reconstrucción
de la nación, el mercado local,
la economía productiva y una clase trabajadora
ligada a la producción y
al consumo sociales.
Dos perspectivas de la
transformación social : organización
de clase y
ONG.
Para adelantar la lucha
contra el imperialismo y sus colaboradores
neocompradores nacionales hay que pasar por un
debate ideológico y
cultural con los posmarxistas que están
dentro y en la periferia de los
movimientos populares.
El neoliberalismo opera
actualmente en dos frentes: el económico
y el
cultural- político; y en dos niveles: el
régimen y las bases populares.
En la parte más alta las políticas
las formulan y las implantan los
personales usuales: Banco Mundial, Fondo Monetario
Internacional, en
combinación con Washington, Bonn, Tokio
y en asociación con os regímenes
neoliberales y los exportadores locales y grandes
conglomerados
empresariales y banqueros transnacionales.
A principios de los 80,
los sectores más perceptivos de los gobernantes
neoliberales vieron que sus estrategias estaban
polarizando a la sociedad
y provocando descontento a gran escala. Los políticos
empezaron a
financiar y a promover una estrategia paralela
desde abajo: la promoción
de organizaciones de base con una ideología
antiestatista para intervenir
entre las clases posiblemente conflictivas y crear
un cojín social.
Estas organizaciones dependían económicamente
de fuentes neoliberales y
estaban involucradas en una competencia con los
movimientos
sociopolíticos por la lealtad de los líderes
locales y las comunidades
activistas. Para la década de los noventa
estas organizaciones descritas
como no gubernamentales llegaban a miles y recibían
en todo el mundo
cerca de 4 mil millones de dólares.
La confusión concerniente
a su carácter político se deriva
de su historia
anterior a los años 70. En este período
las ONGs desplegaron su actividad
proporcionando apoyo humanitario a las víctimas
de las dictaduras
militares y denunciando las violaciones de los
derechos humanos. Las ONGs
apoyaron las cocinas de beneficencia que permitían
a las familias de las
víctimas sobrevivir a la primera oleada
de tratamientos de choque.
Este período creó
una imagen favorable de las ONGs hasta en la izquierda.
Se les consideraba como parte del campo progresista.
Aún entonces sus
límites eran evidentes aunque atacaban
las violaciones de los derechos
humanos de las dictaduras locales, raras veces
denunciaban a sus patronos
estadounidenses y europeos que las financiaban
y asesoraban. Tampoco
había un esfuerzo serio por relacionar
las políticas económicas
neoliberales y las violaciones de los derechos
humanos con el nuevo rumbo
que tomaba el sistema imperialista. Obviamente,
las fuentes externas de
financiamiento limitaban la esfera crítica
y acción en materia de
derechos humanos.
Al crecer la oposición
al neoliberalismo a principios de los ochenta,
los
gobiernos europeos, estadounidenses y el Banco
Mundial aumentaron el
financiamiento de las ONG. Existe una relación
directa entre el
desarrollo de los movimientos que desafiaban el
modelo neoliberal y el
esfuerzo por subvertirlos mediante la creación
de formas alternas de
acción social por medio de las ONG. El
punto básico de convergencia entre
las ONG y el Banco Mundial era su oposición
común al estatismo. En su
superficie las ONG criticaban al Estado desde
una perspectiva
izquierdista, defendiendo a la sociedad civil,
mientras que la derecha lo
hacía en nombre de los mercados.
En realidad el Banco Mundial,
los regímenes neoliberales y la fundación
occidental se combinaron y alentaron a las ONG
para hacer tambalear al
Estado benefactor proporcionando servicios sociales
para compensar a las
víctimas de las empresas multinacionales.
En otras palabras, conforme los
regímenes neoliberales devastaban a las
comunidades al inundar al país
con importaciones baratas, pagos de la deuda externa
y la abolición de
las legislaciones laborales, creando una masa
cada vez más grande de
trabajadores mal pagados y desempleados las ONG
recibieron
financiamientos para establecer proyectos de autoayuda,
educación
popular, capacitación para el trabajo,
etc, y absorben temporalmente a
pequeños grupos pobres y captan a los líderes
locales para minar las
luchas contrarias al sistema.
Las ONG se convirtieron
en el rostro de la comunidad del neoliberalismo
intimamente ligadas con los poderosos y complementaron
así su labor
destructiva con proyectos locales. En efecto,
los neoliberales
organizaron una operación de pinza o estrategia
doble. Desgraciadamente,
muchos izquierdistas sólo se enfocaron
en el neoliberalismo desde arriba
y desde fuera (FMI y BM) y no en el neoliberalismo
desde abajo y desde
dentro (las ONG y las microempresas).
Una razón importante
para este error de apreciación fue la conversión
de
muchos neomarxistas a la fórmula y a la
práctica de las ONG. El
postmarxismo fue el boleto de tránsito
ideológico de la política de
clases al desarrollo comunitario, del marxismo
a las ONG.
Mientras los neoliberales transferían lucrativas
propiedades estatales al
rico sector privado, las ONGs no formaban parte
de la resistencia de los
sindicatos. Al contrario, participaban activamente
en proyectos privados
para promover el discurso de la empresa privada
(auto-ayuda) en las
comunidades locales enfocándose en la microempresa.
Las ONGs construyeron puentes ideológicos
entre los capitalistas en pequeña escala
y los monopolios que se benefician de la privatización,
todo en nombre del
atiestatismo y formando sociedades civiles.
En tanto los ricos acumulaban
vastos emporios financieros a partir de la
privatización, los profesionales de la
clase media de las ONGs obtuvieron
pequeñas sumas para financiar oficinas,
transportes y una actividad
económica en pequeña escala. Políticamente,
lo importante es que las ONGs
despolitizaron a sectores de la población,
redujeron su compromiso con
los empleados públicos y nombraron a líderes
potenciales para proyectos
pequeños.
Las ONGs se abstienen de
participar en las luchas de los maestros de
escuelas públicas y educadores del sistema
oficial contra sueldos y
recortes presupuestales, porque su presupuesto
proviene de gobiernos
neoliberales.
En realidad, las ONGs no
son no gubernamentales. Reciben fondos de
gobiernos extranjeros o trabajan como subcontratistas
privados locales.
Con frecuencia colaboran abiertamente con dependencias
gubernamentales a
nivel local o transnacional. En este sentido,
las ONGs ponen en peligro
la democracia, al quitar los programas sociales
de las manos de la gente
local y sus funcionarios de elección popular,
y crear dependencia en
funcionarios extranjeros.
Además desvían
la atención y luchas populares del presupuesto
nacional
hacia la autoexplotación, para garantizar
los servicios sociales locales.
Esto les permite a los neoliberales restringir
los presupuestos sociales
y transferir fondos del Estado para subsidiar
las cuentas incobrables de
los bancos privados, créditos a los exportadores,
etc.
La autoexplotación
( la autoayuda) significa que, además de
pagar
impuestos al Estado y no recibir nada a cambio,
los empleados tienen que
trabajar horas extras con recursos marginales,
gastando sus escasas
energías para obtener servicios que los
burgueses obtienen del
Estado.
En la forma más
fundamental, la ideología de las ONGs de
la actividad
voluntaria privada mina el sentido público,
la idea de que el gobierno
tiene una obligación de velar por sus ciudadanos
y proporcionarles vida,
libertad y búsqueda de la felicidad: que
la responsabilidad política del
Estado es esencial para el bienestar de los ciudadanos.
Contra ese concepto de
responsabilidad pública las ONGs promueven
la idea
neoliberal de la responsabilidad privada de los
problemas sociales y la
importancia de los recursos privados para resolver
esos problemas. En
realidad imponen una carga doble a los pobres:
la de pagar impuestos para
financiar al Estado neoliberal, que sirve a los
ricos, y la
autoexplotación privada que se ocupe de
sus propias
necesidades.
ONG y movimientos sociopolíticos.
Las ONGs ponen énfasis
en los proyectos, no en los movimientos;
movilizan a la gente para que produzca en los
márgenes, no para luchar
por controlar los medios básicos de producción
y riqueza: se enfocan a la
asistencia técnica y financiera de proyectos,
no en las condiciones
estructurales que forman la vida cotidiana. Las
ONG se apropian del
lenguaje de la izquierda: Poder popular, igualdad,
desarrollo
sustentable, liderazgo popular, tec.El problema
es que ese lenguaje está
ligado a un ámbito de colaboración
con los donantes y las dependencias
gubernamentales que subordinan la actividad práctica
a la política no
conflictiva.
Las ONGs y su personal
profesional postmarxista compiten directamente
con los movimientos sociopolíticos para
adquirir influencia entre los pobres,
las mujeres y los marginados, las minorías
raciales, etc. Su ideología y
práctica desvía la atención
de las fuentes y las soluciones de la
pobreza. Hablar de microempresas en vez de explotación
de parte de los
bancos extranjeros, se basa en el concepto de
que el problema es de
iniciativa individual, no de la transferencia
de los ingresos al
extranjero.
La ayuda de las ONGs afecta
a pequeños sectores de la población
y
establece una competencia entre comunidades por
los escasos recursos, lo
cual genera distinción y rivalidades internas
y externas que perjudican
la solidaridad de clase. Lo mismo sucede entre
los profesionales: cada
uno establece sus ONGs para solicitar fondos del
extranjero. Compiten con
propuestas “al gusto” de los donantes
extranjeros, mientras
afirman hablar en nombre de más seguidores.
El efecto real es la proliferación
de las ONGs que fragmentan las
comunidades pobres y las convierten en grupos
sectoriales y
subsectoriales incapaces de ver de manera más
amplia el cuadro social que
los aflige y menos capaces aún de unirse
en la lucha contra el
sistema.
Las experiencias recientes
demuestran que los donadores extranjeros
financian proyectos durante las crisis, pero una
vez que los movimientos
menguan, cambian el financiamiento a colaboración
del régimen, y adaptan
los proyectos de las ONG a su agenda neoliberal.
La estructura y agenda
de las ONG, con su postura apolítica y
su enfoque de auotayuda,
despolitiza y desmoviliza a los pobres. Además,
refuerzan el proceso
electoral alentado por los partidos neoliberales
y los medios de
comunicación.
Las ONGs hablan de excluidos,
de los sin poder, de la pobreza extrema, de
la discriminación por sexo o raza, pero
no pasan de los síntomas
superficiales para abordar el sistema social que
produce estas
condiciones. Incorporan a los pobres a la economía
neoliberal por medio
de una acción voluntaria puramente privada,
las ONGs crean un mundo
político donde la apariencia de solidaridad
y acción social disimula una
conformidad conservadora con la estructura de
poder nacional e
internacional. No es coincidencia que conforme
las ONGs se han hecho
dominantes en ciertas regiones, la acción
política independiente de clase
ha declinado, y el liberalismo no tiene freno.
La línea de fondo es que
el crecimiento de las ONGs coincide cada vez más
con el financiamiento
del neoliberalismo y la profundización
de la pobreza en todas
partes.
A pesar de sus afirmaciones
de muchos éxitos a nivel local, el poder
general del neoliberalismo no tiene rival, y las
ONGs buscan cada vez más
posiciones en los intersticios de poder. El problema
de formular
alternativas se ha impedido en otra forma. Muchos
de los antiguos líderes
de movimientos guerrilleros y sociales, sindicatos
y organizaciones
femeninas han sido atraídos por las ONGs.
La oferta es tentadora: mayor
salario, prestigio y reconocimiento de los donantes
extranjeros,
conferencias y redes en el extranjero, personal
de oficina y relativa
seguridad de no verse sujetos a represión.
En cambio, los movimientos
sociopolíticos ofrecen pocos beneficios
materiales, pero mayor respeto e
independencia y, lo que es más importante,
la libertad de retar al
sistema político y económico.
Las ONGs y sus patrocinadores
financieros en el extranjero (BID y BM)
publican boletines con narraciones sobre el éxito
de las microempresas y
otros proyectos de autoayuda, pero no mencionan
los elevados índices de
fracasos conforme baja el consumo popular, importaciones
baratas inundan
el mercado y las tasas de interés suben
en espiral.
Hasta los éxitos
afectan sólo a una pequeña fracción
del total de los
pobres y sólo afectan en el sentido de
que otros no pueden ingresar en el
mismo mercado. El valor propagandístico
del éxito individual de la
microempresa, no obstante, es importante para
crear la ilusión de que el
neoliberalismo es un fenómeno popular.
Las frecuentes explosiones
populares de violencia que tienen lugar en regiones
donde existe la
promoción de la microempresa, sugiere que
la ideología no es hegemónica y
que las ONGs todavía no desplazan a los
movimientos independientes de
clase.
Las ONGs fomentan un nuevo
tipo de colonialismo y dependencia cultural y
económica. Los proyectos se diseñan,
o al menos se aprueban, según las
normas de las prioridades de los centros imperialistas
o sus
instituciones. Son administrados y vendidos a
las comunidades. Se hacen
evaluaciones por y para las instituciones imperialistas.
Los cambios en
el financiamiento de las prioridades o las malas
evaluaciones tiene como
consecuencia el abandono a su suerte de los grupos,
comunidades, granjas
y cooperativas.
Todo y todos se disciplinan
cada vez más para cumplir con las demandas
de
los donantes y los evaluadores de sus proyectos.
Los nuevos virreyes
supervisan y garantizan el cumplimiento de las
metas, los valores y las
ideologías del donante, así como
el uso adecuado de los fondos. Donde se
registran éxitos, dependen en gran medida
del apoyo continuo del
extranjero para evitar que se derrumben.
Aunque la mayor parte de
las ONGs son cada vez más instrumentos
del
neoliberalismo, hay una pequeña minoría
que intenta desarrollar
estrategias alternas que apoyen la política
de clase y el
antiimperialismo. Ninguna de ellas recibe fondos
del BM o de dependencias
gubernamentales estadounidenses o europeas. Apoyan
los esfuerzos para
ligar el poder local con el poder estatal. Relacionan
los proyectos
locales con los movimientos nacionales que ocupan,
defienden la propiedad
pública y nacional contra las multinacionales...En
una palabra, no son
postmarxistas.
* imagen: Gorki "Combate
enigmático". |