DON HOWLAND - "The Land Beyond The Mountains" (Birdman Records)

Este el disco más oscuro que haya registrado jamás el bueno de Don. Aunque los instrumentos utilizados sean los típicos de una banda rock (teclados de baratillo, piano, guitarra y percursión, por cierto, ¿qué utiliza como tal?) y gracias a que esté grabado por tan sólo cincuenta dólares, este disco de agreste portada trasciende cualquier meta puramente ociosa. Aquí hay más, mucho más que el simple objetivo de pasar un rato divertido. El álbum no sólo es una pedrada de blues triste y depresivo construido por un Howland que ha llegado a desvelar en alguna entrevista que estuvo a punto de acabar con su vida (algo a tomar en serio una vez leído el extraño obituario que encontramos en el artwork del disco, una especie de pesada broma de frenopático sobre sí mismo) sino que atrapa al oyente desde la apertura de "Sail Away" y mantiene el pulso adictivamente hasta la despedida final. Así, un estado de ánimo apesumbrado impregna el primer disco en solitario del autor mixtificando una espeluznante pócima de blues gótico con unas gotas de sicodelia y que no es comparable con nada que haya tenido el placer de escuchar. Esto es una AUTENTICA EXCEPCION en el mundo del garage que puede enseñar algunas pistas de cómo innovar sin corromperse o caer en la repetición. Trascender los trillados mundos del rock and roll debería ser labor de cualquier músico que lleve en esto tanto tiempo como Howland, y este lo hace. Ojalá se alumbren productos similares en breve.

Y es que el disco tiene un extraño sonido al estar grabado en un cuatro pistas, pero no es tan sólo la típica grabación barata sino que parece que Don Howland haya sido capaz de encerrar sus fantasmas personales en las cintas de bobina y estos pululen a lo largo de cada tonada, densificando la propuesta. ¿Música experimental?. Pues claro, hasta las últimas consecuencias. ¿Gospel Fantasma?, sí, esto podría ser un nuevo género si fuera algo clasificable (¿quién más de su cuerda habrá tenido redaños para grabar algo tan simple y majestuoso como "Sayanara", la excelente canción que cierra el disco?). La voz tiene mucho de desesperado y rabioso en cada estrofa. Una especie de fatalidad que unos ritmos de electro-acústica tan rasgados como la guitarra que usa en sus discos de Bassholes acentúan. Tristeza y mal rollo a lo largo de canciones que hablan del mundo interior de Howland, igual que si de un documento autobiográfico se tratara. Encontramos aquí su crucial "Angel of Death", el poema de Edgar Allan Poe "The Conqueror Worm" convertido en una épica balada fronteriza, la atormentada "Estoy en el Infierno" o una versión ("Cowgirl Blues") de Jessie Mae Hemphill. El resto de canciones son tan magníficas como las nombradas y envuelven a estas perfectamente pues hay una unidad a lo largo de todo el minutaje en el que en realidad cada pedazo de música austera no son sino estados de ánimo, concertados por el talento de uno de los últimos artistas auténticos que quedan en el Estado de las Corporaciones de América (y del Mundo).

By FROG2000

 

Correo electrónico: deepfb2002@yahoo.es

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