METALLICA: CORTATE EL PELO, CAMBIA DE VIDA

 

Metallica son la evolución natural y producto definitivo de una etiqueta tan poco creíble como el heavy metal; o peor, cuatro anormales que, no teniendo nada mejor que hacer, se dedican a tocar monolíticos punteos de varios minutos con el fin de epatar a unos fans poco concentrados. Estas y más (y peores) cosas son Metallica.

Hace un tiempo creí que su música la componían los altos ejecutivos de su discográfica, mientras que los cuatro peludos se dedicaban a poner la pinta, pero dudo que ningún yuppie chupapollas tenga tan mal gusto como para hacer tonadas tan facilonas; o sea, que los únicos y verdaderos culpables de que cada vez que alguien pone un disco en una fiesta, verbena o peña me tenga que ir a cagar (por lo insoportable) son James y su pandilla.

Tras éste comienzo tan gratuito debo poneros en antecedentes, ya que habrá gente a la que aún no se le haya metido en el cerebro que los Metallica son una puta mierda. Ahí va su pequeña biografía, una tragicomedia que no merecería figurar en éstas páginas de no ser necesario desenmascarar la ineptitud existente.

Erase una vez un chavalín de 18 años llamado Jaime Hetfield al que, como a muchos chavalines, el punk rock le dejó impactado; y pensó: quiero ser tan duro como los Misfits y tener su misma musculatura. El pobre Jaime era un alfeñique en aquellos primerizos tiempos y tocaba en un grupete llamado Leather Charm, junto a Dave Mustaine y Ron Mc Gomey. Pronto cambian un nombre feo por otro, Metallica, y empiezan a tocar en L.A. en el circuito heavy gritón. Claro, a Jaime no le hacía mucha gracia las pintas gays que llevaban los Saxon, los Ratt, los Motley Crue... él deseaba el sado puro y duro de grandes bandas como Venom o el grupo de ultra-punk Motorhead, por lo que hizo buenas migas con Lars Ulrich, otro vikingo de enome puño.

Pronto conocen al bajista Cliff Burton, un hombretón que, entre otras proposiciones deshonestas, les ofrece trasladar sus culos a San Francisco, la capital del amor libre por excelencia. Rápidamente expulsan a Mustaine, un borracho de tomo y lomo, y entra para sustituirle el guitarrista terminator Kirk Hammet. Jaimito estaba en su salsa con esto y con la oportunidad que les habían ofrecido de telonear a héroes de su casa, como Vandenberg, The Rods y Venom.

A la vuelta de la gira (Ħcómo debieron ser las fiestas en los camerinos!) grabaron un disquillo de heavy metal serie z. Con asombro leí por ahí que tardaron Ħtres semanas!, (Ħqué poco, ja!), para hacer un bodrio de nombre Kill ´em all, una mezcla marrana de los postulados de su adorados Misfits y el descaro de unos sin talento como los Sex Pistols (con los que guardan mucho en común). Un periodista listillo les puso una etiqueta: thrash metal, algo así como bhasura, en castellano.

El invento les funcionó, hay que ver lo que hace el marketing. Y es que si alguien se cree aún la hedionda historia de que Ulrich y sus colegas se lo hicieron a pulso es que no saben sumar más allá de dos y dos. Metallica son un producto de laboratorio casi desde el principio. Al igual que ocurre con el mercado de quinceañeras, en el que sacan unos New Kids on the Block cada equis tiempo, entre los melenas pasa lo mismo. La última jugada es Marilyn Manson, pero antes ya tenían unos Guns n´Roses (żos acordáis de ellos?).

Jaime continúa con su historia de amor con los Venom, porque los vuelven a telonear en el Kill ´em all for one tour, con una notable diferencia: ahora los fans en vez de lanzarles botellas y esputos, enloquecen, se mesan los cabellos y se rasgan las vestiduras al ver en escena a alguien aún más peludo. Comienza la histeria Metallica; una enfermedad que acosó a la juventud en los 80 y gran parte de los 90.

El golpe de efecto llega con su segunda rodaja, Ride the lightning, una continuación del primero más falsa aún y que a alguna gente le gusta. En el disco se puede notar un pequeño avance hacia la técnica por la técnica (todo dentro de los parámetro jevis). Quizá tenga la culpa el productor Fleming Rasmussen, pero el disco es el típico de sonido inflado, hecho para acojonar a tiernos mancebos (escucha la penosa Fade to black).

La consiguiente gira resulta un fracaso, pero teniendo ya dos discos en indies como Music for Nations, su filial en Europa, fichan por la multinacional Elektra. Ya tenían credibilidad para sus fans. Esto antecede al grunge, en el que muchos grupos sacaban un disco en independientes para luego fichar por una multinacional, y así estaban libres de sospecha; y es que la pasta es la pasta.

Después de una pequeña anécdota en la que los miembros del grupo cogen una infundada fama de satánicos, se ponen a girar con otros pesos pesados del rollo duro como Wasp y Armored Saints; con los segundos "se estrechan lazos", pero con los primeros se producen "pequeños malentendidos". Y es que Metallica tenían envidia de la "belleza" de los mamoncetes de Wasp, ya que Lars y Jaime (por no hablar del resto) no es que sean precisamente Apolos, sino más bién fetos malparidos; vamos, que son más feos que el culo de un mandril. Es de ver las fotos de la primera época, repletos de acné galopante, ceñudos y jorobados; todavía no se habían puesto en manos de un estilista.

Terminan gira con Wasp y tocan en el Monsters of Rock de Donington, dándole su sello característico: si no tocan jevis, no es el auténtico. El grupillo arrasa frente ante una audiencia que creía que lo más burro era el peinado de Bon Jovi o Marillion, demostrando que no hay que ser guapo o tener unas pintas cool para engañar a la gente. Y es que los harapos que lucen Jaime y compañía pueden pasar por ser de lo más hortero del mundillo del rock corporativo. Ni Michael Jackson, ni Phil Collins, ni hostias. Así, Metallica siguen llenando estadios con su endiosada actitud, más aún que unos U2 cualquiera. Y no precisamente gracias a su "salvaje" música, y el que diga que esto es mentira es que no ha visto NADA.

Repiten productor en su tercera "obra" y sale la misma mierda. El nombre del engendro es Master of Puppets (żleen Metallica a los 4 Fantasticos?, żleen?). Las canciones son más estructuradas, se acercan al sinfonismo resucitando un estilo que muchos dieron gracias al cielo el día que desapareció, el H.P.P.: Heavy Progresivo Penoso. Las bocas de miles de nuevos fans a lo largo del mundo se abren soltando un bostezo, pero su cerebro les traiciona: "Ħcómo mola!". El disco vende en EE.UU. Ħun millón de ejemplares!. Ya sabemos cómo de borregos son allí.

Rápidamente se embarcan en otra gira con otro asustador nato, Ozzy Osbourne; corrieron los rumores... ya que al hombre que masticaba murciélagos se le atribuía una cierta androginia... Heatfield se jode el brazo patinando (una afición que muchos skaters tacharon de incomprensible, dado que el tipejo no sabe lo que es un rodamiento), y suspenden un show en Indiana. Este desgraciado accidente antecede a otro mucho peor, pero ya lo veremos un poco más adelante. Jaime sigue la gira con el brazo enyesado, demostrando una dureza y un saber estar en el "stardom" fuera de lo normal. Resaltar que John Marshall (un roadie) toca la rítmica escondido detrás de los bafles, cosa muy criticada, lo que no entiendo, ya que si en el fondo los conciertos jevis son pura teatralidad (ver Manowar), żde qué se quejan fans y crítica especializada?.

Llegamos al cúlmen de la historia de Metallica, muchos dicen que después de esto el grupo no volvió a levantar cabeza. Unos dicen que fue sólo un trágico atropello, otros que quedó chafado como un huevo, las dos versiones acaban en desgracia: Cliff Burton reventó, como dicen hoy los jóvenes cuando te quieren comunicar que alguien ha muerto.

El grupo lo pasa mal y bebe y fuma el doble que un ser humano. Tan mal lo pasan que pronto contratan a un nuevo bajista, un hombretón apodado Jason Newsted, que se sabía los temas como un creyente se sabe la Biblia. Hay que salir adelante como sea. Regreso a la dura comodidad de los medios de transporte de lujo que Metallica usa para mover el culín de un sitio para otro: Japón, Canadá y Europa (se dignan a pasar por España por primera vez, a ver cómo coño es el tercer mundo se preguntarían). Luego vuelven a las saunas de su casa y Jaime, como no es muy diestro para los deportes, repite hostiazo con el patín. En los mentideros se dice que quedó algo pa´llá y por eso en vez de sacar álbum publican EP: The Garage Days Revisited. En la garajada hacen versiones de sus influencias: Diamond Head, Holocaust, Budgie, Misfits, cómo no, y Killing Joke, de quienes copiaeron la negritud de sus ropajes.

Vuelven a Donnington, tocan muy bien y publican un vídeo "saca pasta" homenaje al pobre Cliff: The $19.98 Home Vid. Cliff´´em All, un título guapo donde les haya. Sigue el culebrón mientras hacen una gira junto a Scorpions, cómo le debían poner a Jaimito ésas baladas... y por fín otro disco: ...and Justice for All, con un sonido y unas letras por debajo del anterior producto Master of Puppets. Pero todo vale como carnaza, y además tiene un tema, One, que nos enseña a todos los músicos lo que no se debe hacer.

Metallica ya son los barones del rock, preparan una gira espectacular, Damage Justice Tour 88-89, y se dan la vuelta al mundo como Phileas Fogg. Comienza la época de los noventa, un contínuo crispar de dientes para los fans antiguos del grupo, poniéndose de moda una frase que me hace reír mucho: "me gustan los Metallica, pero hasta el negro żeh?". Editan el "negro" con canciones como "Nothing else matters" o "Enter Sandman", cambiando a Motorhead y Misfits por Nirvana y Pearl Jam, y empiezan a ganar Grammys; siguen haciendo el tonto, pero de manera más refinada. Tanto, que se cortan la cabellera y se dan un buén afeitado, tiran las vestiduras marranas (excepto las muñequeras residuales de los 80) y son reconocidos hasta por la jet set más recalcitrante. Que ganen premios en un evento tan artificial y poco serio para el rock como los Grammy, y que eso te lo pongan en la boca para justificar una mierda de grupo, da ganas de comenzar una revolución sangrienta como las de antes.

El show actual, los aviones privados (uno para cada componente del grupo, como los violines Stradivarius), el Load, el Reload, la risión de Metallica y la Orquesta, o su último y cutre disco son cosas que no vamos a comentar; no nos vamos a regodear con el fracaso del fracaso porque bastante les ponen a parir los que unos años antes les tenían por dioses. Si quieres ver a la más grande banda de jevimetal del mundo haciendo el Tonetti te bastará con comprar cualquier revista de quinceañeras o de grunges, ahí sale TODO.

EL GEVI DE MI PUEBLO

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