DIRECTORIO GENERAL PARA LA CATEQUESIS
1. El
Concilio Vaticano II prescribió la redacción de un “Directorio sobre la
formación catequética del pueblo cristiano”.(1) En
cumplimiento de este mandato conciliar, la Congregación para el Clero
se sirvió de una Comisión especial de expertos y consultó a las Conferencias
episcopales del mundo, que remitieron numerosas sugerencias y observaciones al
respecto. El texto preparado fue revisado por una Comisión teológica ad hoc y
por la Congregación para la Doctrina de la Fe. El 18 de marzo de 1971 fue
definitivamente aprobado por Pablo VI y promulgado el 11 de abril del mismo
año, con el título Directorium Catechisticum Generale.
2. Los
treinta años transcurridos desde la clausura del Concilio Vaticano II hasta el
umbral del tercer milenio, constituyen —sin duda— un tiempo muy rico en
orientaciones y promoción de la catequesis. Ha sido un tiempo que, de algún
modo, ha vuelto a hacer presente la vitalidad evangelizadora de la Iglesia de
los orígenes y a impulsar oportunamente las enseñanzas de los Padres,
favoreciendo el retorno actualizado al Catecumenado antiguo. Desde 1971, el
Directorium Catechisticum Generale ha orientado a las Iglesias
particulares en el largo camino de renovación de la catequesis,
proponiéndose como punto de referencia tanto en cuanto a los contenidos como en
cuanto a la pedagogía y los métodos a emplear.
Un camino recorrido por la
catequesis en ese período se ha caracterizado por doquier por la generosa
dedicación de muchas personas, por iniciativas admirables y por frutos muy
positivos para la educación y la maduración de la fe de niños, jóvenes y
adultos. Sin embargo, no han faltado —al mismo tiempo— crisis, insuficiencias
doctrinales y experiencias que han empobrecido la calidad de la catequesis
debido, en gran parte, a la evolución de! contexto cultural mundial y a
cuestiones eclesiales no originadas en la catequesis.
3. El
Magisterio de la Iglesia nunca ha dejado, en estos años, de ejercer con
perseverancia su solicitud pastoral en favor de la catequesis. Numerosos
Obispos y Conferencias episcopales, en todos los continentes, han impulsado de
manera notable la catequesis, publicando Catecismos valiosos y orientaciones
pastorales, promoviendo la formación de peritos y favoreciendo la investigación
catequética. Estos esfuerzos han sido fecundos y han redundado favorablemente
sobre la actividad catequética de las Iglesias particulares. Una aportación
particularmente rica para la renovación catequética fue el Ritual de la
iniciación cristiana de adultos, promulgado el 6 de Enero de 1972
por la Congregación para el Culto Divino.
Es obligado recordar, de manera
especial, el ministerio de Pablo VI, el Pontífice que guió a la Iglesia durante
el primer período posconcillar. A este propósito, Juan Pablo II se manifiesta
así:
“ Mi venerado predecesor Pablo VI sirvió a la
catequesis de la Iglesia de manera especialmente ejemplar con sus gestos, su
predicación, su interpretación autorizada del Concilio Vaticano II
—que él consideraba como la gran catequesis de
los tiempos modernos—, con su vida entera ”.( 2)
4. Un
hito decisivo para la catequesis fue la reflexión realizada por la Asamblea
General de! Sínodo de los obispos acerca de la evangelización del mundo
contemporáneo, que se celebró en octubre de 1974. Las proposiciones de esta
Asamblea fueron presentadas al papa Pablo VI, que promulgó la Exhortación
apostólica Evangelii Nuntianadi, de! 8 de Diciembre de 1975. Este documento
presenta, entre otros, un principio de particular importancia: la catequesis
como acción evangelizadora dentro del ámbito de la misión general de la
Iglesia. La actividad catequética, de ahora en adelante, deberá ser considerada
como partícipe siempre de las urgencias y afanes propios del mandato misionero
para nuestro tiempo.
Además, la última Asamblea Synodal
convocada por Pablo VI en octubre de 1977 escogió la catequesis como tema de
análisis y reflexión episcopal. Este Sínodo vio “ en la renovación catequética
un don precioso de! Espíritu Santo a la Iglesia de hoy ” (3)
5. Juan Pablo II asumió en 1978 esta
herencia y formuló sus primeras orientaciones en la Exhortación apostólica
Catechesi Tradendae, del 16 de octubre de 1979. Esta Exhortación forma una
unidad totalmente coherente con la Exhortación Evangelii Nuntiandi y vuelva a
situar plenamente a la catequesis en el marco de la evangelización.
A lo largo de su pontificado, Juan
Pablo II ha ofrecido un magisterio constante de muy alto valor catequético.
Entre sus discursos, cartas y enseñanzas escritas destacan las doce Encícicas:
desde Redemptor Hominis a Ut Unum Sint. Estas
Encíclicas constituyen por sí mismas un cuerpo de doctrina sintético y
orgánico, en orden a la aplicación de la renovación de la vida eclesial
postulada por el Concilio Vaticano II.
En cuanto al valor catequético de
estos documentos del Magisterio de Juan Pablo II destacan: Redemptor Hominis (4
marzo 1979), Dives in Misericordia (30 noviembre 1980), Dominum et Vimficantem
(18 mayo 1986) y, en razón de la reafirmación de la validez permanente del
mandato misionero, Redemptoris Missio (7 diciembre 1990).
6. Por otra parte, las Asambleas
Generales, ordinarias y extraordinarias, del Sínodo de los Obispos han tenido
una particular incidencia en el campo de la catequesis. Por su particular
relieve deben señalarse las Asambleas Sinodales de 1980 y de 1987, sobre la
misión de la familia y sobre la vocación de los laicos bautizados. A los
trabajos sinodales siguieron las correspondientes Exhortaciones apostólicas de
Juan Pablo II Famíliaris Consortio (22 noviembre 1981) y Christifideles Laici
(30 diciembre 1988). El mismo Sínodo extraordinario de 1985 ha influido, también,
de manera decisiva sobre el presente y futuro de la catequesis de nuestro
tiempo. En aquella ocasión se hizo balance de los veinte años de aplicación del
Concilio Vaticano II, y los Padres sinodales propusieron al Santo Padre la
elaboración de un Catecismo universal para la Iglesia Católica. La propuesta de
la Asamblea sinodal extraordinaria de 1985 fue acogida favorablemente y hecha
propia por Juan Pablo II. Culminado el paciente y complejo proceso de su
elaboración, el Catecismo de la Iglesia Católica fue entregado a los obispos y
a las Iglesias particulares mediante la Constitución apostólica Fidei Depositum
clii octubre 1992.
7. Este acontecimiento de tan profunda
significación y el conjunto de hechos y de intervenciones magisteriales
anteriormente señalados, imponían el deber de una revisión del Directorium
Catechesticum Generale, a fin de adaptar este valioso instrumento
teológico-pastoral a la nueva situación y a las nuevas necesidades. Recoger tal
herencia y sistematizarla sintéticamente en orden a la actividad catequética,
siempre en la perspectiva de la presente etapa de la vida de la Iglesia, es un
servicio de la Sede Apostólica a todos.
El trabajo para la reclaboración del
Directorio General para la Catequesis, promovido por la Congregación para el
Clero, ha sido realizado por un grupo de Obispos y de expertos en teología y en
catequesis. Seguidamente, ha sido sometido a consulta de las Conferencias
episcopales, de diversos peritos e Institutos o Centros de estudios
catequéticos; y ha sido en el respeto substancial a la inspiración y contenidos
del texto de 1971.
Evidentemente, la nueva redacción
del Directorio General para la Catequesis ha debido conjugar dos exigencias
principales:
— por una parte, el encuadramiento
de la catequesis en la evangelización, postulado en particular por las
Exhortaciones Evangelii Nuntiandi y Catechesi Tradendae;
— por otra parte, la asunción de los
contenidos de la fe propuestos por el Catecismo de la Iglesia Católica.
8. El Directorio General para la
Catequesis, conservando la estructura básica del texto de 1971, se articula del
siguiente modo:
— Una Exposición Introductoria, en
la que se ofrecen pautas y orientaciones para la interpretación y la
comprensión de las situaciones humanas y eclesiales, desde la fe y la confianza
en la fuerza de la semilla del Evangelio. Son breves diagnósticos en orden a la
misión.
— La Primera Parte (4) se articula
en tres capítulos y enraíza de forma más acentuada la catequesis en la
Constitución conciliar Dei Verbum, situándola en el marco de la evangelización
presente en Evangelii Nuntiandi y Catechesi Tradendae. Propone, asimismo, una
clarificación sobre la naturaleza de la catequesis.
— La Segunda Parte (5) consta de dos capítulos. En el primero, bajo
el título “ Normas y criterios para la presentación del mensaje evangélico en
la catequesis ”, con nueva articulación y en una perspectiva enriquecida, se
recogen en su totalidad los contenidos del capítulo correspondiente del texto
anterior. El capítulo segundo, completamente nuevo, está al servicio de la
presentación del Catecismo de la Iglesia Católica, como texto de referencia
para la transmisión de la fe en la catequesis y para la redacción de los
Catecismos locales. El texto ofrece también principios básicos en orden a la
elaboración de los Catecismos por las Iglesias particulares y locales.
— La Tercera Parte (6) aparece
bastante renovada, formulando también la substancia de una pedagogía de la fe,
inspirada en la pedagogía divina; cuestión ésta que concierne tanto a la teología
como a las ciencias humanas.
— La Cuarta Parte (7) tiene por título “ Los destinatarios de la
catequesis ”. En cinco breves capítulos, se atiende a las muy diversas
situaciones de las personas a las que se dirige la catequesis, a los aspectos
relativos a la situación socio-religiosa y de modo especial, a la cuestión de
la inculturación.
— La Quinta Parte (8) coloca, como centro de gravitación,
la Iglesia particular, que tiene el deber primordial de promover, programar,
supervisar y coordinar toda la actividad catequizadora. Adquiere un particular
relieve la descripción de los respectivos roles de los diversos agentes (que
tienen siempre su referencia en el Pastor de la Iglesia particular) y de las
exigencias formativas en cada caso.
— La Conclusión exhorta a una
intensificación de la acción catequética en nuestro tiempo y corona la
reflexión y las directrices con una llamada a la confianza en la acción del
Espíritu Santo y en la eficacia de la Palabra de Dios sembrada en el amor.
9. La finalidad del presente
Directorio es, obviamente, la misma que perseguía el texto de 1971. Se propone,
en efecto, indicar “ los principios teológico-pastorales de carácter
fundamental
—tomados del Magisterio de la Iglesia y
particularmente del Concilio Ecuménico Vaticano II— por los que pueda
orientarse y regirse más adecuadamente la acción pastoral del ministerio de la
palabra ” y, en concreto, de la catequesis. (9)
El propósito fundamental era y es ofrecer reflexiones y principios, más
que aplicaciones inmediatas o directrices prácticas. Tal camino y método se emplea,
sobre todo, por la siguiente razón: únicamente si desde el principio se
entiende con rectitud la naturaleza y los fines de la catequesis, como también
las verdades y valores que deben transmitirse, podrán evitarse defectos y
errores en materia catequética. (10)
Es competencia específica de los
Episcopados la aplicación más concreta de estos principios y enunciados,
mediante orientaciones y Directorios nacionales, regionales o diocesanos, Catecismos
y demás medios que resulten idóneos para promover eficazmente la catequesis.
10. Es
evidente que no todas las partes del Directorio tienen la misma importancia. Lo
que se dice de la divina revelación, de la naturaleza de la catequesis y de los
criterios con los que hay que presentar el mensaje cristiano, tiene valor para
todos. En cambio, las partes que se refieren a la situación presente, a la
metodología y a la manera de adaptar la catequesis a las diferentes situaciones
de edad o de contexto cultural, deben más bien recibirse como sugerencias e
indicaciones.
11. Los destinatarios del Directorio
son principalmente los Obispos, las Conferencias episcopales y, en general,
cuantos, bajo su mandato y presidencia, desempeñan una responsabilidad en el
campo de la catequesis. Es obvio que el Directorio puede ser un instrumento
válido para la formación de los candidatos al sacerdocio, para la formación
permanente de los presbíteros y para la formación de los catequistas.
Una finalidad inmediata del Directorio
es prestar ayuda para la redacción de Directorios catequéticos y Catecismos. De
acuerdo con las sugerencias formuladas por muchos Obispos, se incluyen
numerosas notas y referencias, que pueden ser muy útiles para la elaboración de
los mencionados instrumentos.
12. Puesto que el Directorio se dirige
a Iglesias particulares, cuyas situaciones y necesidades pastorales son muy
diversas, es evidente que únicamente las situaciones comunes o intermedias han
podido ser tomadas en consideración. Esto sucede, igualmente, cuando se
describe la organización de la catequesis en los diversos niveles. Al utilizar
el Directorio téngase presente esta observación. Como ya se advertía en el
texto de 1971, lo que será insuficiente en aquellas regiones donde la catequesis
ha podido alcanzar un alto nivel de calidad y de medios, quizá parecerá
excesivo en aquellos lugares donde la catequesis no ha podido todavía
experimentar tal progreso.
13. Al
publicar este documento, nuevo testimonio de la solicitud de la Sede Apostólica
por el ministerio catequético, se espera que sea acogido, examinado y estudiado
con gran atención, teniendo en cuenta las necesidades pastorales de cada
Iglesia particular; y también que pueda estimular en el futuro estudios e
investigaciones más profundas, que respondan a las necesidades de la catequesis
y a las normas y orientaciones del Magisterio de la Iglesia.
Que la Bienaventurada Virgen María,
Estrella de la nueva evangelización, guíe al conocimiento de Jesucristo,
Maestro y Señor.
“ Finalmente, hermanos, orad por
nosotros para que la Palabra de Dios siga propagandose y adquiriendo gloria,
como entre vosotros ” (2 Ts 3,1).
En el Vaticano, 15 de agosto de 1997
SOLEMNIDAD DE LA ASUNCIÓN DE LA B.V. MARIA
DARÍO CASTRILLÓN Hoyos
Arzobispo Emérito
de Bucaramanga
Pro-Prefecto
CRESCENZIO SEPE
Arzobispo tit. de
Grado
Secretario
EXPOSICIÓN
INTRODUCTORIA
El
anuncio del evangelio en el mundo contemporáneo
“ Una vez salió un sembrador a sembrar. Y
sucedió que, al sembrar, una parte cayó a lo largo del camino; vinieron las
aves y se la comieron. Otra parte cayó en pedregal, donde no tenía mucha
tierra, y brotó enseguida por no tener hondura de tierra; pero cuando salió el
sol se agostó, y por no tener raíz se secó.
Otra parte cayó entre abrojos; crecieron los
abrojos y la ahogaron, y no dio fruto.
Otras partes cayeron en tierra buena y,
creciendo y desarrollándose, dieron fruto; unas produjeron treinta, otras
sesenta, otras ciento ”(Mc 4,3-8).
14. Esta Exposición Introductoria
pretende estimular a los pastores y a los agentes de la catequesis a tomar
conciencia de la necesidad de mirar siempre el campo de la siembra y a hacerlo
desde la fe y la misericordia. La interpretación del mundo contemporáneo que
aquí se presenta tiene, obviamente, un carácter de provisionalidad, inherente
con la contingencia histórica.
“ Una vez salió un sembrador a sembrar ” (Mc
4,3)
15. Esta parábola es fuente inspiradora
para la evangelización. “ La semilla es la Palabra de Dios ” (Lc 8,11). El
sembrador es Jesucristo. Anunció el Evangelio en Palestina hace dos mil años y
envió a sus discípulos a sembrarlo en el mundo. Jesucristo, hoy, presente en la
Iglesia por medio de su Espíritu, sigue sembrando la Palabra del Padre en el
campo del mundo.
La calidad del terreno es siempre
muy variada. El Evangelio cae “ a lo largo del camino ” (Mc 4,4) cuando no es
realmente escuchado; o cae “ en pedregal ” (Mc 4,5), sin penetrar a fondo en la
tierra; o “ entre abrojos ” (Mc 4,7), sofocándose enseguida en el corazón de
muchas personas, distraídas por mil afanes. Pero una parte cae “ en tierra
buena ” (Mc 4,8), en hombres y mujeres abiertos a la relación personal con Dios
y solidarios con el prójimo, y da fruto abundante.
Jesús, en la parábola, comunica la
buena noticia de que el Reino de Dios llega a pesar de las dificultades del
terreno, las tensiones, los conflictos y los problemas del mundo. La semilla
del Evangelio fecunda la historia de los hombres y anuncia una cosecha
abundante. Jesús hace asimismo una advertencia: sólo en el corazón bien
dispuesto germina la Palabra de Dios.
Una mirada al
mundo desde la fe
16. La Iglesia continúa sembrando el
Evangelio de Jesús en el gran campo de Dios. Los cristianos, insertos en los
más variados contextos sociales, miran al mundo con los mismos ojos con que
Jesús contemplaba la sociedad de su tiempo. El discípulo de Jesucristo, en
efecto, participa desde dentro de “ los gozos y esperanzas, de las tristezas y
angustias de los hombres de nuestro tiempo ”, (11) mira la
historia humana y participa en ella, no sólo con la razón sino con la fe. A la
luz de ésta, el mundo aparece, a un tiempo, “ fundado y conservado por el amor
del Creador, esclavizado bajo la servidumbre del pecado y liberado por Cristo,
crucificado y resucitado, una vez que fue quebrantado el poder del Maligno ”. (12)
El cristiano sabe que en toda
realidad y acontecimiento humano subyacen al mismo tiempo:
— la acción creadora de Dios, que
comunica a todo su bondad;
— la fuerza que proviene del pecado,
que limita y entorpece al hombre;
— el dinamismo que brota de la
Pascua de Cristo, como germen de renovación, que confiere al creyente la
esperanza de una “ consumación ” definitiva. (13)
Una mirada al mundo, que
prescindiese de alguno de estos tres aspectos, no sería auténticamente
cristiana. Es importante, por eso, que la catequesis sepa iniciar a los
catecúmenos y a los catequizados en una lectura teológica de los problemas
modernos. (14)
EL CAMPO DEL
MUNDO
17. Como madre de los hombres, lo
primero que ve la Iglesia, con profundo dolor, es “ una multitud ingente de
hombres y mujeres: niños, adultos y ancianos, en una palabra, de personas
humanas concretas e irrepetibles, que sufren el peso intolerable de la miseria
” (15) Ella, por medio de una catequesis
en la que la enseñanza social de la Iglesia ocupe su puesto, (16)
desea suscitar en el corazón de los cristianos “ el compromiso por la
justicia ” (17)
y la “ opción o amor preferencial por los pobres ”, (18) de forma que
su presencia sea realmente luz que ilumine y sal que transforme.
Los derechos
humanos
18. La Iglesia, al analizar el campo
del mundo, es muy sensible a todo lo que afecta a la dignidad de la persona
humana. Ella sabe que de esa dignidad brotan los derechos humanos, (19)
objeto constante de la preocupación y del compromiso de los cristianos. Por eso
su mirada no se interesa sólo por los indicadores económicos y sociales, (20) sino también por los culturales y religiosos. Lo
que ella busca es el desarrollo integral de las personas y de los pueblos. (21)
La Iglesia advierte con gozo que “
una beneficiosa corriente atraviesa y penetra ya todos los pueblos de la
tierra, cada vez más conscientes de la dignidad del hombre ”(22) Esta conciencia se expresa en la viva solicitud
por el respeto a los derechos humanos y el más decidido rechazo a sus
violaciones. El derecho a la vida, al trabajo, a la educación, a la creación de
una familia, a la participación en la vida pública, a la libertad religiosa
son, hoy, especialmente reclamados.
19. Sin
embargo, en bastantes lugares, y en aparente contradicción con la sensibilidad
por la dignidad de la persona, los derechos humanos son claramente violados.(23) Y así se generan, en esos lugares, otras formas
de pobreza, que no se sitúan sólo en el plano material: se trata de una pobreza
cultural y religiosa que preocupa, igualmente, a la comunidad eclesial. La
negación o imitación de los derechos humanos, en efecto, empobrece a la persona
y a los pueblos igual o más que la privación de los bienes materiales. (24)
La obra evangelizadora de la Iglesia
tiene, en este vasto campo de los derechos humanos, una tarea irrenunciable:
manifestar la dignidad inviolable de toda persona humana. En cierto sentido es
“ la tarea central y unificante del servicio que la Iglesia, y en ella los fieles
laicos, están llamados a prestar a la familia humana ”. (25) La catequesis ha de prepararles para esa tarea.
La cultura y las
culturas
20. El sembrador sabe que la semilla
penetra en terrenos concretos y que necesita absorber todos los elementos
necesarios para poder fructificar. (26) Sabe
también que, a veces, algunos de esos elementos pueden perjudicar la
germinación y la cosecha.
La Constitución Gaudium et Spes
subraya la gran importancia de la ciencia y de la técnica en la gestación y
desarrollo de la cultura moderna. El espíritu científico que dimana de ellas “
modifica profundamente la tendencia cultural y las maneras de pensar ”(27) con grandes repercusiones humanas y religiosas.
La racionalidad científica y experimental está profundamente enraizada en el
hombre de hoy.
Sin embargo, la conciencia de que
ese tipo de racionalidad no puede explicarlo todo gana hoy cada vez más
terreno. Los propios hombres de ciencia constatan que, junto al rigor de la
experimentación, es necesario otro tipo de sabiduría para poder comprender en
profundidad al ser humano. La reflexión filosófica sobre el lenguaje hace ver,
por ejemplo, que el pensamiento simbólico es una forma de acceso al misterio de
la persona humana, inaccesible de otro modo. Se convierte, así, en indispensable
un tipo de racionalidad que no divida al ser humano, que integre su
afectividad, que lo unifique, dando un sentido más integral a su vida.
21. Junto a esta “ forma de cultura más
universal ” (28) hoy se constata también un
creciente deseo de revalorizar las culturas autóctonas. La pregunta del
Concilio sigue viva: “ ¿De qué forma hay que favorecer el dinamismo y la
expansión de la nueva cultura sin que perezca la fidelidad viva a la herencia
de las tradiciones? ” (29)
— En muchos lugares se toma
conciencia de que las culturas tradicionales son agredidas, por las influencias
exteriores dominantes y por la imitación alienante de formas de vida
importadas. De esta manera, se van destruyendo gradualmente la identidad y los
valores propios de los pueblos.
— También se constata la enorme
influencia de los medios de comunicación los cuales, muchas veces, por
intereses económicos o ideológicos, imponen una visión de la vida que no
respeta la fisonomía cultural de los pueblos a los que se dirige.
La evangelización tiene, así, en la
inculturación uno de sus mayores desafíos. La Iglesia, a la luz del Evangelio,
ha de asumir todos los valores positivos de la cultura y de las culturas, (30) y discernir aquellos elementos que obstaculizan
a las personas y a los pueblos el desarrollo de sus auténticas potencialidades.
La situación
religioso-moral
22. Entre los elementos que componen el
patrimonio cultural de un pueblo, el factor religioso-moral tiene para el
sembrador una particular relevancia. En la cultura actual se da una persistente
difusión de la indiferencia religiosa: “ Son muchos los que, hoy en día, se
desentienden de esta íntima y vital unión con Dios o la niegan de forma
explícita ” (31)
El ateísmo, en cuanto negación de
Dios, “ es uno de los fenómenos más graves de nuestro tiempo ”? (32) Adopta formas diversas, pero especialmente hoy
aparece bajo la forma del secularismo, que consiste en una visión autónoma del
hombre y del mundo “ que se explica por sí mismo sin que sea necesario recurrir
a Dios ” (33)
En el ámbito específicamente
religioso, se dan signos de una “ vuelta a lo sagrado ” (34) y de una nueva sed de las cosas trascendentes y divinas. El
mundo actual testifica, de una manera cada vez más amplia y viva, “ el
despertar de una búsqueda religiosa ” (35) Este
fenómeno, ciertamente, no carece de ambigüedad. (36)
El amplio desarrollo de las sectas y de los nuevos movimientos
religiosos, y el resurgir del “ fundamentalismo ”, (37)
son datos que interpelan seriamente a la Iglesia y que se deben analizar
con cuidado.
23. La situación moral que hoy se observa está muy
relacionada con la religiosa. En efecto, se detecta un oscurecimiento de la
verdad ontológica de la persona humana. Y esto sucede como si el rechazo de
Dios quisiera significar la ruptura interior de las aspiraciones del ser
humano. (38) Se asiste así, en
muchas partes, a un “ relativismo ético que quita a la convivencia civil
cualquier
punto seguro de referencia moral ” (39)
La evangelización encuentra en el
terreno religioso-moral un campo preferente de actuación. La misión primordial
de la Iglesia, en efecto, es anunciar a Dios, ser testimonio de El ante el
mundo. Se trata de dar a conocer el verdadero rostro de Dios y su designio de
amor y de salvación en favor de los hombres, tal como Jesús lo reveló.
Para preparar a tales testigos es
necesario que la Iglesia desarrolle una catequesis que propicie el encuentro
con Dios y afiance un vínculo permanente de comunión con Él.
LA IGLESIA EN EL
CAMPO DEL MUNDO
La fe de los
cristianos
24. Los discípulos de Jesús están inmersos en el
mundo como levadura pero, al igual que en todo tiempo, no quedan inmunes de
experimentar el influjo de las situaciones humanas.
Por ello, es necesario plantearse la
situación actual de la fe de los cristianos.
La renovación catequética en la
Iglesia, desarrollada durante los últimos decenios, ha dado ya frutos muy
positivos. (40) La catequesis de niños, de
jóvenes y de adultos ha dado origen a un tipo de cristiano verdaderamente
consciente de su fe y coherente con ella en su vida. Ha favorecido en ellos, en
efecto:
— una nueva experiencia viva de
Dios, como Padre misericordioso;
— un redescubrimiento más hondo de
Jesucristo, no sólo en su divinidad, sino también en su verdadera humanidad;
— el sentirse, todos, corresponsales
de la misión de la Iglesia en el mundo;
— la toma de conciencia de las
exigencias sociales de la fe.
25. Sin embargo, ante el panorama religioso
actual, se hace necesario que los hijos de la Iglesia verifiquen: “ ¿en qué
medida están también ellos afectados por la atmósfera de secularismo y
relativismo ético? ”. (41)
Un primer grupo está constituido por
el “ gran número de personas que recibieron el bautismo pero viven al margen de
toda vida cristiana ”. (42) Se trata, en
efecto, de una muchedumbre de cristianos no practicantes (43) aunque en el fondo del corazón de muchos el
sentimiento religioso no haya desaparecido del todo. Despertarles a la fe es un
verdadero reto para la Iglesia.
Junto a éstos, están también las “
gentes sencillas (44) que se expresan a menudo
con sentimientos religiosos muy sinceros y con una “ religiosidad popular ” (45) muy arraigada. Tienen una cierta fe, “ pero
conocen poco los fundamentos de la misma ” (46)
También existen numerosos cristianos,
intelectualmente más cultivados, pero con una formación religiosa recibida sólo
en la infancia, que necesitan replantear y madurar su fe bajo una luz distinta.
(47)
26. No falta, tampoco, un cierto número de
bautizados que, lamentablemente, ocultan su identidad cristiana sea por una
forma de diálogo interreligioso mal entendida, sea por una cierta reticencia a
dar testimonio de su fe en Jesucristo en la sociedad contemporánea.
Estas situaciones de la fe de los
cristianos reclaman con urgencia del sembrador el desarrollo de una nueva
evangelización, (48) sobre todo en aquellas
Iglesias de tradición cristiana donde el secularismo ha hecho más mella. En
esta nueva situación, necesitada de evangelización, el anuncio misionero y la
catequesis, sobre todo a jóvenes y adultos, constituyen una clara prioridad.
La vida interna
de la comunidad eclesial
27. Es importante considerar también la vida misma
de la comunidad eclesial, su calidad interna.
Una primera consideración es
descubrir cómo en la Iglesia se ha acogido y han ido madurando los frutos del
Concilio Vaticano II. Los grandes documentos conciliares no han sido letra
muerta:
se constatan sus efectos. Las cuatro
constituciones —Sacrosanctum Concilium, Lumen Gentium, Dei Verbum y Gaudium et
Spes— han fecundado a la Iglesia. En efecto:
— La vida litúrgica es comprendida
más profundamente como fuente y culpen de la vida eclesial.
— El Pueblo de Dios ha adquirido una
conciencia más viva del “ sacerdocio común (49)
originado en el Bautismo. Así mismo, se descubre más y más la vocación
universal a la santidad y un sentido más vivo del servicio a la caridad.
— La comunidad eclesial ha adquirido
un sentido más vivo de la Palabra de Dios. La Sagrada Escritura, por ejemplo,
es leída, gustada y meditada de una manera más intensa.
— La misión de la Iglesia en el
mundo se percibe de una manera nueva. Sobre la base de una renovación interior,
el Concilio ha abierto a los católicos a la exigencia de una evangelización
vinculada necesariamente con la promoción humana, a la necesidad de diálogo con
el mundo, con las culturas y religiones, y a la urgente búsqueda de la unidad
entre los cristianos.
28. En medio de esta fecundidad se deben reconocer
también “ defectos y dificultades en la recepción del Concilio ”. (50) A pesar de una doctrina eclesiológica tan amplia
y profunda, se ha debilitado el sentido de pertenencia eclesial; se constata,
con frecuencia, una “ desafección hacia la Iglesia ”; (51)
se la contempla, muchas veces, de forma unilateral, como mera
institución, privada de su misterio.
En algunas ocasiones, se han dado
posiciones parciales y contrapuestas en la interpretación y aplicación de la
renovación pedida a la Iglesia por el Concilio Vaticano II. Tales ideologías y
comportamientos han conducido a fragmentaciones y a dañar el testimonio de
comunión, indispensable para la evangelización.
La acción evangelizadora de la
Iglesia, y en ella la catequesis, debe buscar más decididamente una sólida
cohesión eclesial. Para ello es urgente promover y ahondar una auténtica
eclesiología de comunión, (52) a fin
de generar en los cristianos una sólida espiritualidad eclesial.
Situación de la
catequesis: vitalidad y problemas
29. Muchos son los aspectos positivos de la
catequesis en estos últimos años, que muestran su vitalidad. Entre ellos cabe
destacar:
— El gran número de sacerdotes,
religiosos y laicos que se consagran con entusiasmo y constancia a la
catequesis. Es una de las acciones eclesiales más relevantes.
— También hay que destacar el
carácter misionero de la catequesis actual y su tendencia a asegurar la adhesión
a la fe por parte de los catecúmenos y de los catequizandos, en medio de un
mundo donde el sentido religioso se oscurece. En esta dinámica se toma clara
conciencia de que la catequesis debe adquirir el carácter de la formación
integral, y no reducirse a una mera enseñanza: deberá empeñarse, en efecto, en
suscitar una verdadera conversión. (53)
— En sintonía con lo anterior, tiene
extraordinaria importancia el incremento que va adquiriendo la catequesis de
adultos (54) en el proyecto de catequesis de numerosas
Iglesias particulares. Esta opción aparece como prioritaria en los planes
pastorales de muchas diócesis. Igualmente, en algunos movimientos y grupos
eclesiales ocupa un lugar central.
— Favorecido sin duda por las
orientaciones recientes del Magisterio, el pensamiento catequético ha ganado,
en nuestro tiempo, en densidad y profundidad. En este sentido, muchas Iglesias
particulares cuentan ya con adecuadas y oportunas orientaciones pastorales.
30. Algunos problemas, sin embargo, deben hoy ser
examinados con particular cuidado, tratando de encontrar solución a los mismos:
— El
primero se refiere a la concepción de la catequesis como escuela de fe, como
aprendizaje y entrenamiento de toda la vida cristiana, concepción que no ha
penetrado plenamente en la conciencia de los catequistas.
En lo que concierne a la orientación
de fondo, el concepto de “Revelación ” impregna ordinariamente la actividad
catequética; sin embargo, el concepto conciliar de “Tradición ” tiene un menor
influjo en cuanto elemento realmente inspirador. De hecho, en muchas
catequesis, la referencia a la Sagrada Escritura es casi exclusiva, sin que la
reflexión y la vida dos veces milenaria de la Iglesia (55)
la acompañe de modo suficiente. La naturaleza eclesial de la catequesis aparece,
en este caso, menos clara. La interrelación entre la Sagrada Escritura, la
Sagrada Tradición y el Magisterio, “ cada uno a su modo ”, (56) no fecunda aún de modo armonioso la transmisión
catequética de la fe.
— Respecto a la finalidad de la
catequesis, que trata de propiciar la comunión con Jesucristo, es necesaria una
presentación más equilibrada de toda la verdad del misterio de Cristo. A veces
se insiste sólo en su humanidad, sin hacer explícita referencia a su divinidad;
en otras ocasiones, menos frecuentes en nuestro tiempo, se acentúa tan
exclusivamente su divinidad que no se pone de relieve la realidad del misterio
de la Encarnación del Verbo. (57)
— Acerca
del contenido de la catequesis, subsisten varios problemas. Existen ciertas
lagunas doctrinales sobre la verdad de Dios y del hombre, sobre el pecado y la
gracia, y sobre los novísimos. Existe la necesidad de una más sólida formación
moral; se advierte una inadecuada presentación de la historia de la Iglesia y
una escasa relevancia de su doctrina social. En algunas regiones proliferan
catecismos y textos de iniciativa particular, con tendencias selectivas y
acentuaciones tan diversas que llegan a dañar la necesaria convergencia en la
unidad de la fe. (58)
— “ La catequesis está
intrínsecamente unida a toda la acción litúrgica y sacramental ”. (59) A menudo, sin embargo, la práctica catequética
muestra una vinculación débil y fragmentaria con la liturgia: una limitada
atención a los signos y ritos litúrgicos, una escasa valoración de las fuentes
litúrgicas, itinerarios catequéticos poco o nada conectados con el año
litúrgico y una presencia marginal de celebraciones en los itinerarios de la
catequesis.
— En lo que concierne a la
pedagogía, después de una acentuación excesiva del valor del método y de las
técnicas por parte de algunos, no se atiende aún debidamente a las exigencias y
originalidad de la pedagogía propia de la fe. (60) Se cae con facilidad en el dualismo “
contenido-método ”, con reduccionismos en uno u otro sentido. Respecto a la
dimensión pedagógica, no se ha ejercido siempre el necesario discernimiento
teológico.
— Por lo que concierne a la
diversidad de culturas en relación al servicio de la fe, está el problema de
saber transmitir el Evangelio en el horizonte cultural de los pueblos a los que
se dirige, de modo que pueda ser percibido realmente como una gran noticia para
la vida de las personas y de la sociedad. (61)
— La formación al apostolado y a la
misión es una de las tareas fundamentales de la catequesis. Sin embargo,
mientras crece en la actividad catequética una nueva sensibilidad para formar a
los fieles laicos para el testimonio cristiano, el diálogo interreligioso y el
compromiso en el mundo, la educación en el sentido de la “ misión ad gentes ”
es aún débil e inadecuada. A menudo, la catequesis ordinaria concede a las
misiones una atención marginal y de carácter ocasional.
LA SIEMBRA DEL
EVANGELIO
31. Analizado el terreno, el sembrador envía a sus
operarios a anunciar el Evangelio por todo el mundo, comunicándoles la fuerza
de su Espíritu. Al mismo tiempo les muestra cómo leer los signos de los tiempos
y les pide una preparación muy cuidada para realizar la siembra.
Cómo leer los
signos de los tiempos
32. La voz del Espíritu que Jesús, de parte del
Padre, ha enviado a sus discípulos resuena también en los acontecimientos
mismos de la historia. (62) Tras los
datos cambiantes de la situación actual, y en las motivaciones profundas de los
desafíos que se le presentan a la evangelización, es necesario descubrir “ los
signos de la presencia y del designio de Dios ” (63)
Se trata de un análisis que debe hacerse a la luz de la fe, con actitud de
comprensión. Valiéndose de las ciencias humanas, (64)
siempre necesarias, la Iglesia trata de descubrir el sentido de la situación
actual dentro de la historia de la salvación. Sus juicios sobre la realidad son
siempre diagnósticos para la misión.
Algunos retos
para la catequesis
33. Para poder expresar su vitalidad y eficacia,
la catequesis debe asumir, hoy, los siguientes desafíos y opciones:
— ante
todo debe ser propuesta como un servicio fundamental, interior a la
evangelización de la Iglesia, y con un acentuado carácter misionero;
— debe
dirigirse a sus destinatarios de siempre, que han sido y siguen siendo los
niños, los adolescentes, los jóvenes y los adultos, y debe hacerlo a partir,
sobre todo, de estos últimos;
— a
ejemplo de la catequesis patrística, debe moldear la personalidad creyente y,
en consecuencia, ser una verdadera y propia escuela de pedagogía cristiana;
— debe
anunciar los misterios esenciales del cristianismo, promoviendo la experiencia
trinitaria de la vida en Cristo como centro de la vida de fe;
— debe considerar, como tarea
prioritaria, la preparación y formación de catequistas dotados de una profunda
fe.
PRIMERA
PARTE
LA
CATEQUESIS EN LA MISIÓN EVANGELIZADORA DE LA IGLESIA
La catequesisen la misión evangelizadora
de la Iglesia
“ Id por todo el mundo y anunciad el Evangelio
a toda la creación ”(Mc 16,15).
“ Id y haced discípulos a todas las gentes,
bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y
enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado ” (Mt 28, 19-20).
“ Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que
vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos... hasta los confines de la tierra
” (Hch 1,8).
El mandato
misionero de Jesús
34. Jesús,
después de su resurrección, envió de parte del Padre al Espíritu Santo para que
llevase a cabo desde dentro la obra de la salvación y animase a los discípulos
a continuar su propia misión en el mundo entero, como él a su vez había sido
enviado por el Padre. El fue el primero y más grande evangelizador. Anunció el
Reino de Dios, (65) como nueva y
definitiva intervención divina en la historia, y definió este anuncio como “ el
Evangelio ”, es decir, la buena noticia. A él dedicó toda su existencia
terrena: dio a conocer el gozo de pertenecer al Reino, (66)
sus exigencias y su “ carta magna ”, (67)
los misterios que encierra, (68) la
vida fraterna de los que entran en él, (69)
y su plenitud futura. (70)
Significado y
finalidad de esta parte
35. Esta primera parte trata de definir el
carácter propio de la catequesis.
El capítulo primero, de
fundamentación teológica, recuerda brevemente el concepto de Revelación expuesto
en la Constitución conciliar Dei Verbum. Dicha concepción determina, de manera
específica, el modo de concebir el ministerio de la Palabra. Los conceptos de
Palabra de Dios, Evangelio, Reino de Dios y Tradición, presentes en esta
Constitución dogmática, fundamentan el significado de catequesis. Junto a
ellos, el concepto de evangelización es referente obligado para la catequesis.
Su dinámica y sus elementos, son expuestos, con una nueva y profunda precisión,
en la Exhortación apostólica Evangelii Nuntiandi.
El capítulo segundo sitúa a la
catequesis en el marco de la evangelización y la pone en relación con las otras
formas del ministerio de la Palabra de Dios. Gracias a esta relación se
descubre más fácilmente el carácter propio de la catequesis.
El capítulo tercero analiza más
directamente la catequesis en sí misma: su naturaleza eclesial, su finalidad
vinculativa de comunión con Jesucristo, sus tareas, y la inspiración
catecumenal que la anima.
La concepción que
se tenga de la catequesis condiciona profundamente la selección y organización
de sus contenidos (cognoscitivos, experienciales, comportamentales), precisa
sus destinatarios y define la pedagogía que se requiere para la consecución de
sus objetivos.
El término “ catequesis ” ha
experimentado una evolución semántica durante los veinte siglos de la historia
de la Iglesia. En este Directorio la concepción de catequesis se inspira en los
Documentos del Magisterio Pontificio post-conciliar y, sobre todo, en Evangelii
Nuntiandz, Catechesi Tradendae y Redemptoris Missio.
CAPITULO
1
La revelación y su transmisión mediante la
evangelización
“ Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor
Jesucristo, que nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales, en
Cristo,... dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su designio
benevolente, que en El se propuso de antemano, para realizarlo en la plenitud
de los tiempos: hacer que todo tenga a Cristo por Cabeza ” (Ef1,3-10).
La Revelación
del designio benevolente de Dios
36. “ Dios, creando y conservando el universo por
su Palabra, ofrece a los hombres en la creación un testimonio perenne de sí
mismo ”. (71) El hombre, que por su naturaleza
y vocación es “ capaz de Dios ”, cuando escucha el mensaje de las criaturas
puede alcanzar la certeza de la existencia de Dios como causa y fin de todo y
que El puede revelarse al hombre.
La Constitución Dei Verbum del
Concilio Vaticano II ha descrito la Revelación como el acto por el cual Dios se
manifiesta personalmente a los hombres. Dios se muestra, en efecto, como quien
quiere comunicarse a Sí mismo, haciendo a la persona humana partícipe de su
naturaleza divina. (72) Es así como realiza su
designio de amor.
“ Quiso
Dios, en su bondad y sabiduría, revelarse a Sí mismo y manifestar el misterio
de su voluntad., para invitar a los hombres a la comunicación consigo y
recibirlos en su compañía ”. (73)
37. Este designio benevolente (74) del Padre, revelado plenamente en Jesucristo, se
realiza con la fuerza del Espíritu Santo.
Lleva consigo:
— la revelación de Dios, de su “
verdad íntima ”, (75) de su “ secreto ”, (76) así como de la verdadera vocación y dignidad de
la persona humana; (77)
— el ofrecimiento de la salvación a
todos los hombres, como don de la gracia y de la misericordia de Dios, (78) que implica la liberación del mal,
del pecado y de la muerte; (79)
— la definitiva llamada para reunir
a todos los hijos dispersos en la familia de Dios, realizando así entre los
hombres la unión fraterna. (80)
La Revelación:
hechos y palabras
38. Dios, en su inmensidad, para revelarse a la
persona humana, utiliza una pedagogía: (81) se
sirve de acontecimientos y palabras humanas para comunicar su designio; y lo
hace progresivamente, por etapas, (82) para
mejor acercarse a los hombres. Dios, en efecto, obra de tal manera que los
hombres llegan al conocimiento de su plan salvador mediante los acontecimientos
de la historia de la salvación y las palabras divinamente inspiradas que los
acompañan y explican.
“ Este plan de la Revelación se realiza por
obras y palabras intrínsecamente ligadas, de forma que
— las
obras realizadas por Dios en la historia de la salvación manifiestan y
confirman la doctrina y las realidades que las palabras significan;
— a
su vez, las palabras proclaman las obras y esclarecen el misterio contenido en
ellas ” (83)
39. También la evangelización, que transmite al
mundo la Revelación, se realiza con obras y palabras. Es, a un tiempo,
testimonio y anuncio, palabra y sacramento, enseñanza y compromiso.
La catequesis, por su parte,
transmite los hechos y las palabras de la Revelación: debe proclamarlos y
narrarlos y, al mismo tiempo, esclarecer los profundos misterios que contienen.
Aún más, por ser la Revelación fuente de luz para la persona humana, la
catequesis no sólo recuerda las maravillas de Dios hechas en el pasado sino
que, a la luz de la misma Revelación, interpreta los signos de los tiempos y la
vida de los hombres y mujeres, ya que en ellos se realiza el designio de Dios
para la salvación del mundo. (84)
Jesucristo,
mediador y plenitud de la Revelación
40. Dios se reveló progresivamente a los hombres,
por medio de los profetas y de los acontecimientos salvíficos, hasta que
culminó su revelación enviando a su propio Hijo: (85)
“
Jesucristo, con su presencia y manifestación, con sus palabras y obras, signos
y milagros, sobre todo con su muerte y gloriosa resurrección, y con el envío
del Espíritu de la verdad, lleva a plenitud toda la revelación ”. (86)
Jesucristo no sólo es el mayor de
los profetas sino que es el Hijo eterno de Dios hecho hombre. El es, por tanto,
el acontecimiento último hacia el que convergen todos los acontecimientos de la
historia de la salvación. (87) El es, en
efecto, “ la Palabra única, perfecta y definitiva del Padre ”. (88)
41. El ministerio de la Palabra debe destacar esta
admirable característica, propia de la economía de la Revelación: el Hijo de
Dios entra en la historia de los hombres, asume la vida y la muerte humanas y
realiza la alianza nueva y definitiva entre Dios y los hombres. Es tarea propia
de la catequesis mostrar quién es Jesucristo: su vida y su misterio, y
presentar la fe cristiana como seguimiento de su persona. (89) Para ello, ha de apoyarse
continuamente en los evangelios, que “ son el corazón de toda la Escritura, por
ser el testimonio principal de la vida y doctrina de la Palabra hecha carne,
nuestro Salvador ” (90)
El hecho de que Jesucristo sea la
plenitud de la Revelación es el fundamento del “ cristocentrismo ” (91) de la catequesis: el misterio de Cristo, en el
mensaje revelado, no es un elemento más junto a otros, sino el centro a partir
del cual los restantes elementos se jerarquizan y se iluminan.
La transmisión de la Revelación por medio de la Iglesia,
obra del Espíritu Santo
42. La Revelación de Dios, culminada en
Jesucristo, está destinada a toda la humanidad: “ Dios quiere que todos los
hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad ” (1 Tm 2,4). En
virtud de esta voluntad salvífica universal, Dios ha dispuesto que la
Revelación se transmitiera a todos los pueblos, a todas las generaciones, y
permaneciese íntegra para siempre. (92)
43. Para cumplir este designio divino, Jesucristo
instituyó la Iglesia sobre el fundamento de los Apóstoles y, enviándoles de
parte del Padre el Espíritu Santo, les mandó predicar el Evangelio por todo el
mundo. Los Apóstoles, con palabras, obras y escritos, cumplieron fielmente este
mandato. (93)
Esta Tradición apostólica se
perpetúa en la Iglesia y por la Iglesia. Toda ella, pastores y fieles, vela por
su conservación y transmisión. El Evangelio, en efecto, se conserva íntegro y
vivo en la Iglesia: los discípulos de Jesucristo lo contemplan y meditan sin
cesar, lo viven en su existencia diaria y lo anuncian en la misión. El Espíritu
Santo fecunda constantemente la Iglesia en esta vivencia del Evangelio, la hace
crecer continuamente en la inteligencia del mismo, y la impulsa y sostiene en
la tarea de anunciarlo por todos los confines del mundo. (94)
44. La conservación íntegra de la Revelación,
Palabra de Dios contenida en la Tradición y en la Escritura, así como su
continua transmisión, están garantizadas en su autenticidad. El Magisterio de
la Iglesia, sostenido por el Espíritu Santo y dotado del “ carisma de la verdad
”, ejerce la función de “ interpretar auténticamente la Palabra de Dios ” (95)
45. La Iglesia, “ sacramento universal de
salvación ”, (96) movida por el Espíritu Santo,
transmite la Revelación mediante la evangelización: anuncia la buena nueva del
designio salvífico del Padre y, en los sacramentos, comunica los dones divinos.
A Dios que se revela se le debe la
obediencia de la fe, por la cual el hombre se adhiere libremente al “ Evangelio
de la gracia de Dios ” (Hch 20,24), con asentimiento pleno de la inteligencia y
de la voluntad. Guiado por la fe, don del Espíritu, el hombre llega a
contemplar y gustar al Dios del amor, que en Cristo ha revelado las riquezas de
su gloria. (97)
La
evangelización (98)
46. La Iglesia “existe para evangelizar ”, (99) esto es, para “ llevar la Buena Nueva a todos
los ambientes de la humanidad y, con su influjo, transformar desde dentro,
renovar a la misma humanidad ”. (100)
El mandato misionero de Jesús
comporta varios aspectos, íntimamente unidos entre sí: “ anunciad ” (Mc 16,15),
“ haced discípulos y enseñad ”, (101) “sed mis
testigos ”, (102) “ bautizad ”, (103) “ haced esto en memoria mía ” (Le 22,19), “
amaos unos a otros ” (Jn 15,12). Anuncio, testimonio, enseñanza, sacramentos,
amor al prójimo, hacer discípulos: todos estos aspectos son vías y medios para
la transmisión del único Evangelio y constituyen los elementos de la
evangelización.
Algunos de estos elementos revisten
una importancia tan grande que, a veces, se tiende a identificarlos con la
acción evangelizadora. Sin embargo, “ ninguna definición parcial y fragmentaria
refleja la realidad rica, compleja y dinámica que comporta la evangelización ” (104) Se corre el riesgo de empobrecerla e, incluso,
de mutilarla. Al contrario, ella debe desplegar “ toda su integridad ” (105) e incorporar sus intrínsecas bipolaridades:
testimonio y anuncio, (106) palabra
y sacramento, (107) cambio interior
y transformación social, (108) Los
agentes de la evangelización han de saber operar con una “ visión global ” (109) de la misma e identificarla con el conjunto de
la misión de la Iglesia. (110)
El proceso de la
evangelización
47. La Iglesia, aun conteniendo en sí
permanentemente la plenitud de los medios de salvación, obra de modo gradual.
(111) El decreto conciliar Ad Gentes ha
clarificado bien la dinámica del proceso evangelizador: testimonio cristiano,
diálogo y presencia de la caridad (nri. 11-12), anuncio del Evangelio y llamada
a la conversión (n. 13), catecumenado e iniciación cristiana (n. 14), formación
de la comunidad cristiana, por medio de los sacramentos, con sus ministerios
(nn. 15-18) (112) Este es el dinamismo de la
implantación y edificación de la Iglesia.
48. Según esto, hemos de concebir la
evangelización como el proceso, por el que la Iglesia, movida por el Espíritu,
anuncia y difunde el Evangelio en todo el mundo, de tal modo que ella:
— Impulsada por la caridad, impregna
y transforma todo el orden temporal, asumiendo y renovando las culturas; (113)
— da testimonio (114) entre los pueblos de la nueva manera de ser y
de vivir que caracteriza a los cristianos;
— y proclama explícitamente el
Evangelio, mediante el “ primer anuncio (115)
llamando a la conversión. (116)
— Inicia en la fe y vida cristiana,
mediante la “ catequesis ” (117) y los “
sacramentos de iniciación ”, (118) a los que se
convierten a Jesucristo, o a los que reemprenden el camino de su seguimiento,
incorporando a unos y reconduciendo a otros a la comunidad cristiana. (119)
— Alimenta constantemente el don de
la comunión (120) en los fíeles mediante la
educación permanente de la fe (homilía, otras formas del ministerio de la
Palabra), los sacramentos y el ejercicio de la caridad;
— y suscita continuamente la misión,
(121) al enviar a todos los discípulos de
Cristo a anunciar el Evangelio, con palabras y obras, por todo el mundo.
49. El proceso evangelizador, (122) por consiguiente, está estructurado en etapas o
“ momentos esenciales ”: (123) la acción
misionera para los no creyentes y para los que viven en la indiferencia
religiosa; la acción catequético-iniciatoria para los que optan por el
Evangelio y para los que necesitan completar o reestructurar su iniciación; y
la acción pastoral para los fieles cristianos ya maduros, en el seno de la
comunidad cristiana. (124) Estos
momentos, sin embargo, no son etapas cerradas: se reiteran siempre que sea
necesario, ya que tratan de dar el alimento evangélico más adecuado al
crecimiento espiritual de cada persona o de la misma comunidad.
El ministerio de
la Palabra de Dios en la evangelización
50. El ministerio de la Palabra (125) es elemento fundamental de la evangelización.
La presencia cristiana en medio de los diferentes grupos humanos y el
testimonio de vida necesitan ser esclarecidos y justificados por el anuncio
explícito de Jesucristo, el Señor. “ No hay evangelización verdadera mientras
no se anuncie el nombre, la doctrina, la vida, las promesas, el reino, el
misterio de Jesús de Nazaret, Hijo de Dios ” (126) También
quienes son ya discípulos de Cristo necesitan ser alimentados constantemente
con la Palabra de Dios para crecer en su vida cristiana. (127)
El
ministerio de la Palabra, al interior de la evangelización, transmite la
Revelación por medio de la Iglesia, valiéndose de “ palabras ” humanas. Pero
éstas siempre están referidas a las “ obras ”: a las que Dios realizó y sigue
realizando, especialmente en la liturgia; al testimonio de vida de los
cristianos; a la acción transformadora que éstos, unidos a tantos hombres de
buena voluntad, realizan en el mundo. Esta palabra humana de la Iglesia es el
medio de que se sirve el Espíritu Santo para continuar el diálogo con la
humanidad. El es, efectivamente, el agente principal del ministerio de la Palabra
y por quien “ la voz viva del Evangelio resuena en la Iglesia, y por ella en el
mundo ” (128)
El ministerio de la Palabra se
ejerce “ de forma múltiple ” (129) La Iglesia,
desde la época apostólica, (130) en su deseo de
ofrecer la Palabra de Dios de la manera más conveniente, ha realizado este
ministerio a través de formas muy variadas. (131)
Todas ellas sirven para canalizar aquellas funciones básicas que el
ministerio de la Palabra está llamado a desplegar.
Funciones y
formas del ministerio de la Palabra de Dios
51. Las principales funciones del ministerio de la
Palabra son las siguientes:
— Convocatoria
y llamada a la fe
Es la función que más inmediatamente
se desprende del mandato misionero de Jesús. Se realiza mediante el “ primer
anuncio ”, dirigido a los no creyentes: aquellos que han hecho una opción de
increencia, los bautizados que viven al margen de la vida cristiana, los que
pertenecen a otras religiones.. (132) El despertar religioso de los niños, en las
familias cristianas, es también una forma eminente de esta función.
— La
función de iniciación
Aquel que, movido
por la gracia, decide seguir a Jesucristo es “ introducido en la vida de la fe,
de la liturgia y de la caridad del Pueblo de Dios ”. (133)
La Iglesia realiza esta función, fundamentalmente, por medio de la catequesis,
en íntima relación con los sacramentos de la iniciacíón, tanto si van a ser
recibidos como si ya se han recibido. Formas importantes son: la catequesis de
adultos no bautizados, en el catecumenado; la catequesis de adultos bautizados
que desean volver a la fe, o de los que necesitan completar su iniciación; la
catequesis de niños y jóvenes, que tiene de por sí un carácter iniciatorio.
También la educación cristiana familiar y la enseñanza religiosa escolar ejercen
una función de iniciación.
— La
educación permanente de la fe
En diversas regiones es llamada
también “ catequesis permanente ”. (134) Se
dirige a los cristianos iniciados en los elementos básicos, que necesitan
alimentar y madurar constantemente su fe a lo largo de toda la vida. Es una
función que se realiza a través de formas muy variadas: “ sistemáticas y
ocasionales, individuales y comunitarias, organizadas y espontáneas, etc.
” (135)
— La
función litúrgica
El ministerio de la Palabra tiene,
asimismo, una función litúrgica, ya que cuando se realiza al interior de una
acción sagrada es parte integrante de la misma. (136)
Este ministerio se expresa de modo eminente a través de la homilía. Otras
formas, son las intervenciones y exhortaciones durante las celebraciones de la
palabra. Hay que referirse también a la preparación inmediata a los diversos
sacramentos y a las celebraciones sacramentales, sobre todo a la participación
de los fieles en la Eucaristía, que es la forma frontal de la educación de la
fe.
— La
función teológica
Trata de desarrollar la inteligencia
de la fe, situándose en la dinámica de la “ fides quaerens intellectum ”, es
decir, de la fe que busca entender. (137) La
teología, para cumplir esta función, necesita confrontarse o dialogar con las
formas filosóficas del pensamiento, con los humanismos que configuran la
cultura y con las ciencias del hombre. Se canaliza a través de formas que
promueven “ la enseñanza sistemática y la investigación científica de las
verdades de la fe ”. (138)
52. Formas importantes del ministerio de la
Palabra son: el primer anuncio o predicación misionera, la catequesis pre y
post bautismal, la forma litúrgica y la forma teológica. Ocurre, a menudo, que
tales formas —por circunstancias pastorales— deben asumir más de una función.
La catequesis, por ejemplo, junto a su función de iniciación, debe asumir
frecuentemente tareas misioneras. La misma homilía, según las circunstancias,
convendrá que asuma las funciones de convocatoria y de iniciación orgánica.
La conversión y
la fe
53. La evangelización, al anunciar al mundo la
Buena Nueva de la Revelación, invita a hombres y mujeres a la conversión y a la
fe. (139) La llamada de Jesús, “
convertios y creed el Evangelio ” (Mc 1,15), sigue resonando, hoy, mediante la
evangelización de la Iglesia.
La fe cristiana es, ante todo,
conversión a Jesucristo, (140) adhesión
plena y sincera a su persona y decisión de caminar en su seguimiento, (141) La fe es un encuentro personal con Jesucristo,
es hacerse discípulo suyo. Esto exige el compromiso permanente de pensar como
El, de juzgar como El y de vivir como El lo hizo. (142)
Así, el creyente se une a la comunidad de los discípulos y hace suya la
fe de la Iglesia. (143)
54. Este “ sí ” a Jesucristo, plenitud de la
Revelación del Padre, encierra en sí una doble dimensión: la entrega confiada a
Dios y el asentimiento cordial a todo lo que El nos ha revelado. Esto sólo es
posible por la acción del Espíritu Santo. (144)
“ Por la fe,
— el hombre se entrega entera y libremente a
Dios
— y le ofrece el homenaje total de su
entendimiento y voluntad, asintiendo libremente a lo que Dios ha revelado. (145)
“ Creer entraña, pues, una doble referencia: a
la persona y a la verdad; a la verdad por confianza en la persona que lo
atestigua ” (146)
55. La fe lleva consigo un cambio de vida, una “
metanoia ”, (147) es decir, una transformación
profunda de la mente y del corazón:
hace así que el creyente viva esa “ nueva
manera de ser, de vivir, de vivir juntos, que inaugura el Evangelio ”. (148) Y este cambio de vida se manifiesta en todos
los niveles de la existencia del cristiano: en su vida interior de adoración y
acogida de la voluntad divina; en su participación activa en la misión de la
Iglesia; en su vida matrimonial y familiar; en el ejercicio de la vida
profesional; en el desempeño de las actividades económicas y sociales.
La fe y la conversión brotan del
corazón, es decir, de lo más profundo de la persona humana, afectándola por
entero. Al encontrar a Jesucristo, y al adherirse a El, el ser humano ve
colmadas sus aspiraciones más hondas: encuentra lo que siempre buscó y además
de manera sobreabundante. (149) La
fe responde a esa “ espera ”, (150) a menudo no
consciente y siempre limitada, por conocer la verdad sobre Dios, sobre el
hombre mismo y sobre el destiño que le espera. Es como un agua pura (151) que reaviva el camino del ser humano, peregrino
en busca de su hogar.
La fe es un don de Dios. Sólo puede
nacer en el fondo del corazón humano como fruto de “ la gracia que previene y
ayuda ”, (152) y como respuesta, enteramente
libre, a la moción del Espíritu Santo, que mueve el corazón y lo convierte a
Dios, “ dándole la dulzura en el asentir y creer a la verdad ” (153)
La Virgen María vivió de la manera
más perfecta estas dimensiones de la fe. La Iglesia venera en ella “ la
realización más pura de la fe ”. (154)
El proceso de
conversión permanente
56. La fe es un don destinado a crecer en el
corazón de los creyentes. (155) La
adhesión a Jesucristo, en efecto, da origen a un proceso de conversión
permanente que dura toda la vida. (156) Quien
accede a la fe es como un niño recién nacido (157)
que, poco a poco, crecerá y se convertirá en un ser adulto, que tiende al “
estado de hombre perfecto ”, (158) a la madurez
de la plenitud de Cristo.
En el proceso de la fe y de la
conversión se pueden destacar, desde el punto de vista teológico, varios
momentos importantes:
a) El interés por el Evangelio. El
primer momento se produce cuando en el corazón del no creyente, del indiferente
o del que pertenece a otra religión, brota, como consecuencia del primer
anuncio, un interés por el Evangelio, sin ser todavía una decisión firme. Ese
primer movimiento del espíritu humano en dirección a la fe, que ya es fruto de
la gracia, recibe varios nombres: “ atracción a la fe ”, (159) “ preparación evangélica ”, (160) inclinación a creer, “ búsqueda religiosa ”. (161) La Iglesia denomina “ simpatizantes ” (162) a los que muestran esta inquietud.
b) La conversión. Este primer interés
por el Evangelio necesita un tiempo de búsqueda (163)
para poder llegar a ser una opción firme. La decisión por la fe debe ser
sopesada y madurada. Esa búsqueda, impulsada por la acción del Espíritu Santo y
el anuncio del kerigma, prepara la conversión, que será -ciertamente- “ inicial ”, (164) pero que lleva consigo la adhesión a Jesucristo
y la voluntad de caminar en su seguimiento. Sobre esta “ opción fundamental”
descansa toda la vida cristiana del discípulo del Señor. (165)
c) La profesión de fe. La entrega a
Jesucristo genera en los creyentes el deseo de conocerle más profundamente y de
identificarse con El. La catequesis les inicia en el conocimiento de la fe y en
el aprendizaje de la vida cristiana, favoreciendo un camino espiritual que
provoca un “ cambio progresivo de actitudes y costumbres ”, (166) hecho de renuncias y de luchas, y también de
gozos que Dios concede sin medida. El discípulo de Jesucristo es ya apto,
entonces, para realizar una viva, explícita y operante profesión de fe. (167)
d) El camino hacia la perfección. Esa
madurez básica, de la que brota la profesión de fe, no es el punto final en el
proceso permanente de la conversión. La profesión de fe bautismal se sitúa en
los cimientos de un edificio espiritual destinado a crecer. El bautizado,
impulsado siempre por el Espíritu, alimentado por los sacramentos, la oración y
el ejercicio de la caridad, y ayudado por las múltiples formas de educación
permanente de la fe, busca hacer suyo el deseo de Cristo: “ Vosotros sed
perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto ”. (168)
Es la llamada a la plenitud que se dirige a todo bautizado.
57. El
ministerio de la Palabra está al servicio de este proceso de conversión plena.
El primer anuncio tiene el carácter de llamar a la fe; la catequesis el de
fundamentar la conversión, estructurando básicamente la vida cristiana; y la
educación permanente de la fe, en la que destaca la homilía, el carácter de ser
el alimento constante que todo organismo adulto necesita para vivir. (169)
Diferentes situaciones socio-religiosas ante la
evangelización
58. La evangelización del mundo se encuentra ante
un panorama religioso muy diversificado y cambiante, en el que se pueden
distinguir, fundamentalmente, “ tres situaciones ” ‚ (170)
que piden respuestas adecuadas y diferenciadas.
a) La situación de aquellos “ pueblos,
grupos humanos, contextos socioculturales, donde Cristo y su Evangelio no son
conocidos, o donde faltan comunidades cristianas suficientemente maduras como
para poder encarnar la fe en el propio ambiente y anunciarla a otros grupos ” (171) Esta situación reclama la misión ad gentes, (172) con una acción evangelizadora
centrada, preferentemente, en los jóvenes y en los adultos. Su peculiaridad
consiste en el hecho de dirigirse a los no cristianos invitándoles a la
conversión. La catequesis, en esta situación, se desarrolla ordinariamente en
el interior del catecumenado bautismal.
b) Hay, además, situaciones en que, en
un contexto sociocultural determinado, están presentes de manera muy
significativa “ comunidades cristianas dotadas de estructuras eclesiales
adecuadas y sólidas, que tienen un gran fervor de fe y de vida; que irradian el
testimonio del Evangelio en su ambiente, y sienten el compromiso de la misión
universal ”. (173) Estas comunidades necesitan
una intensa acción pastoral de la Iglesia, puesto que son personas y familias
con un hondo sentido cristiano. En tal situación, es necesario que la
catequesis de niños, adolescentes y jóvenes desarrolle verdaderos procesos de
iniciación cristiana, bien articulados, que les permitan acceder a la edad
adulta con una fe madura, y que de evangelizados se conviertan en
evangelizadores. También en estas situaciones, los adultos son destinatarios de
modalidades diversas de formación cristiana.
c) En muchos países de tradición
cristiana, y a veces también en las Iglesias más jóvenes, se da una “ situación
intermedia ”, (174) ya que en ella “ grupos
enteros de bautizados han perdido el sentido vivo de la fe o incluso no se
reconocen ya como miembros de la Iglesia, llevando una existencia alejada de
Cristo y de su Evangelio ”. (175) Esta
situación requiere una nueva evangelización. Su peculiaridad consiste en que la
acción misionera se dirige a bautizados de toda edad, que viven en un contexto
religioso de referencias cristianas, percibidas sólo exteriormente. En esta
situación, el primer anuncio y una catequesis fundante constituyen la opción
prioritaria.
Mutua conexión entre las acciones evangelizadoras
correspondientes a estas situaciones
59. Estas situaciones socio-religiosas son,
obviamente, diferentes y no es justo equipararlas. Tal diversidad, que siempre
se ha dado en la misión de la Iglesia, adquiere hoy, en este mundo cambiante,
una novedad. En efecto, frecuentemente conviven juntas en un mismo territorio.
En muchas grandes ciudades, por ejemplo, la situación que reclama una “ misión
ad gentes ” y la que pide una “ nueva evangelización ” coexisten
simultáneamente. Junto a ellas, están dinámicamente presentes comunidades
cristianas misioneras, alimentadas por una “ acción pastoral ” adecuada. Hoy es
frecuente, que en el territorio de una Iglesia particular, haya que atender al conjunto
de estas situaciones. “ No es fácil definir los confines entre atención
pastoral a los fieles, nueva evangelización y acción misionera específica, y no
es pensable crear entre ellos barreras o compartimentos estancos ”. (176) De hecho, “ cada una influye en la otra, la
estimula y la ayuda ”. (177)
Por eso, en orden al mutuo
enriquecimiento de unas acciones evangelizadoras que conviven juntas, conviene
tener presente que:
— La “ misión ad gentes ”, sea cual
sea la zona o el ámbito en que se realice, es la responsabilidad más
específicamente misionera que Jesús ha confiado a su Iglesia y, por tanto, es
el paradigma del conjunto de la acción misionera de la Iglesia. La “ nueva
evangelización ” no puede suplantar o sustituir a la “ misión ad gentes ”, que
sigue siendo la actividad misionera específica y tarea primaria. (178)
— “ El modelo de toda catequesis es
el catecumenado bautismal, que es formación específica que conduce al adulto
convertido a la profesión de su fe bautismal en la noche pascual ” . (179) Esta formación catecumenal ha de inspirar, en
sus objetivos y en su dinamismo, a las otras formas de catequesis.
— “ La catequesis de adultos, al ir
dirigida a personas capaces de una adhesión plenamente responsable, debe ser
considerada como la forma principal de catequesis, a la que todas las demás,
siempre ciertamente necesarias, de alguna manera se ordenan (180) Esto implica que la catequesis de las otras
edades debe tenerla como punto de referencia, y articularse con ella en un
proyecto catequético coherente de pastoral diocesana.
De este modo, la catequesis, situada
en el interior de la misión evangelizadora de la Iglesia como “ momento ”
esencial de la misma, recibe de la evangelización un dinamismo misionero que la
fecunda interiormente y la configura en su identidad. El ministerio de la
catequesis aparece, así, como un servicio eclesial fundamental en la
realización del mandato misionero de Jesús.
La catequesis en el proceso de la evangelización
“ Lo que oímos y aprendimos, lo que
nuestros padres nos contaron no lo ocultaremos a sus hijos, lo contaremos a la
futura generación: las alabanzas del Señor, su poder, las maravillas que
realizó ” (Sal 78,3-4).
“ Apolo había sido catequizado en el
camino del Señor y, con fervor de espíritu, hablaba y enseñaba con todo esmero
lo referente a Jesús ” (Hch 18,25).
60. En
este capítulo se muestra la relación de la catequesis con los otros elementos
de la evangelización, de la que es parte integrante.
En este sentido se describe, en primer lugar,
la relación de la catequesis con el primer anuncio, que se realiza en la
misión. Se muestra, después, la íntima conexión entre la catequesis y los
sacramentos de la iniciación cristiana. A continuación se hace ver el papel
fundamental de la catequesis en la vida ordinaria de la Iglesia en su tarea de
educar permanentemente en la fe.
Hay que dar una consideración especial a la
relación de la catequesis con la enseñanza religiosa escolar, ya que ambas
acciones están profundamente relacionadas y, junto a la educación cristiana
familiar, son fundamentales para la formación de la infancia y de la juventud.
61. El
primer anuncio se dirige a los no creyentes y a los que, de hecho, viven en la
indiferencia religiosa. Asume la función de anunciar el Evangelio y llamar a la
conversión. La catequesis, “ distinta del primer anuncio del Evangelio ”, (181) promueve y hace madurar esta conversión
inicial, educando en la fe al convertido e incorporándolo a la comunidad
cristiana. La relación entre ambas formas del ministerio de la Palabra es, por
tanto, una relación de distinción en la complementariedad.
El primer anuncio, que todo cristiano está
llamado a realizar, participa del “ id ” (182)
que Jesús propuso a sus discípulos: implica, por tanto, salir, adelantarse,
proponer. La catequesis, en cambio, parte de la condición que el mismo Jesús
indicó, “ el que crea ”, (183) el que se
convierta, el que se decida. Las dos acciones son esenciales y se reclaman
mutuamente: ir y acoger, anunciar y educar, llamar e incorporar.
62. En
la práctica pastoral, sin embargo, las fronteras entre ambas acciones no son
fácilmente delimitables. Frecuentemente, las personas que acceden a la
catequesis necesitan, de hecho, una verdadera conversión. Por eso, la Iglesia
desea que, ordinariamente, una primera etapa del proceso catequizador esté
dedicada a asegurar la conversión. (184) En
la “ misión ad gentes ”, esta tarea se realiza en el “ precatecumenado ”. (185) En la situación que requiere la “ nueva
evangelización ” se realiza por medio de la
“ catequesis kerigmática ”, que algunos llaman “ precatequesis ”, (186) porque, inspirada en el precatecumenado, es una
propuesta de la Buena Nueva en orden a una opción sólida de fe. Sólo a partir
de la conversión, y contando con la actitud interior de “ el que crea ”, la
catequesis propiamente dicha podrá desarrollar su tarea específica de educación
de la fe. (187)
El hecho de que la catequesis, en un primer
momento, asuma estas tareas misioneras, no dispensa a una Iglesia particular de
promover una intervención institucionalizada del primer anuncio, como la
actuación más directa del mandato misionero de Jesús. La renovación catequética
debe cimentarse sobre esta evangelización misionera previa.
LA CATEQUESIS AL SERVICIO DE LA INICIACIÓN CRISTIANA
La catequesis, “ momento ” esencial del proceso de la
evangelización
63. La
Exhortación apostólica Catechesi Tradendae, cuando sitúa a la catequesis dentro
de la misión de la Iglesia, recuerda que la evangelización es una realidad
rica, compleja y dinámica, que comprende “ momentos ” esenciales y diferentes
entre sí. Y añade: “ La catequesis es uno de esos momentos —y cuán señalado— en
el proceso total de la evangelización ”. (188)
Esto quiere decir que hay acciones que “ preparan ” (189)
a la catequesis y acciones que “ emanan ” (190)
de ella.
El “ momento ” de la catequesis es el que
corresponde al período en que se estructura la conversión a Jesucristo, dando
una fundamentación a esa primera adhesión. Los convertidos, mediante “ una
enseñanza y aprendizaje convenientemente prolongado de toda la vida cristiana
”, (191) son iniciados en el misterio de la
salvación y en el estilo de vida propio del Evangelio. Se trata, en efecto, “
de iniciarlos en la plenitud de la vida cristiana ”. (192)
64. La catequesis, al realizar con diferentes
formas esta función de iniciación del ministerio de la Palabra, lo que hace es
poner los cimientos del edificio de la fe. (193)
Otras funciones de ese mismo ministerio irán construyendo, después, las
diversas plantas de ese mismo edificio.
La catequesis de iniciación es, así, el eslabón
necesario entre la acción misionera, que llama a la fe, y la acción pastoral,
que alimenta constantemente a la comunidad cristiana. No es, por tanto, una
acción facultativa, sino una acción básica y fundamental en la construcción
tanto de la personalidad del discípulo como de la comunidad. Sin ella la acción
misionera no tendría continuidad y sería infecunda. Sin ella la acción pastoral
no tendría raíces y sería superficial y confusa: cualquier tormenta
desmoronaría todo el edificio. (194)
En verdad, “ el crecimiento interior de la
Iglesia, su correspondencia con el designio divino, dependen esencialmente de
ella ” (195) En este sentido, la catequesis
debe ser considerada momento prioritario en la evangelización.
La
catequesis al servicio de la iniciación cristiana
65. La
fe, por la que el hombre responde al anuncio del Evangelio, reclama el
Bautismo. La íntima relación entre las dos realidades tiene su raíz en la
voluntad del mismo Cristo, que mandó a sus apóstoles a hacer discípulos a todas
las gentes y a bautizar las. “La misión de bautizar, por tanto, la misión
sacramental, está comprendida en la misión de evangelizar ” (196)
Los que se han convertido a Jesucristo y han
sido educados en la fe por la catequesis, al recibir los sacramentos de la
iniciación cristiana, el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía, “ son
liberados del poder de las tinieblas; muertos, sepultados y resucitados con
Cristo; reciben el Espíritu de hijos de adopción; y celebran con todo el Pueblo
de Dios el memorial de la muerte y resurrección del Señor ” (197)
66. La
catequesis es, así, elemento fundamental de la iniciación cristiana y está
estrechamente vinculada a los sacramentos de la iniciación, especialmente al
Bautismo, “ sacramento de la fe ”. (198) El
eslabón que une la catequesis con el Bautismo es la profesión de fe, que es, a
un tiempo, elemento interior de este sacramento y meta de la catequesis. La
finalidad de la acción catequética consiste precisamente en esto: propiciar una
viva, explícita y operante profesión de fe. (199)
Para lograrlo, la Iglesia transmite a los
catecúmenos y a los catequizandos la experiencia viva que ella misma tiene del
Evangelio, su fe, para que aquéllos la hagan suya al profesarla. Por eso, “ la
auténtica catequesis es siempre una iniciación ordenada y sistemática a la
revelación que Dios mismo ha hecho al hombre en Jesucristo, revelación
conservada en la memoria profunda de la Iglesia y en las Sagradas Escrituras y
comunicada constantemente, mediante una ‘traditio’ viva y activa, de generación
en generación ” (200)
Características
fundamentales de la catequesis de iniciación
67. El
hecho de ser “momento esencial ” del proceso evangelizador, al servicio de la
iniciación cristiana, confiere a la catequesis algunas características: (201)
— La catequesis es una formación orgánica y
sistemática de la fe. El Sínodo de 1977 subrayó la necesidad de una catequesis
“ orgánica y bien ordenada ”, (202) ya que esa
indagación vital y orgánica en el misterio de Cristo es lo que, principalmente,
distingue a la catequesis de todas las demás formas de presentar la Palabra de
Dios.
— Esta formación orgánica es más que una enseñanza:
es un aprendizaje de toda la vida cristiana, “ una iniciación cristiana
integral ”, (203) que propicia un auténtico
seguimiento de Jesucristo, centrado en su Persona. Se trata, en efecto, de
educar en el conocimiento y en la vida de fe, de forma que el hombre entero, en
sus experiencias más profundas, se vea fecundado por la Palabra de Dios. Se
ayudará así al discípulo de Jesucristo a transformar el hombre viejo, a asumir
sus compromisos bautismales y a profesar la fe desde el “corazón ”. (204)
— La catequesis es una formación básica,
esencial, (205) centrada en lo
nuclear de la experiencia cristiana, en las certezas más básicas de la fe y en
los valores evangélicos más fundamentales. La catequesis pone los cimientos del
edificio espiritual del cristiano, alimenta las raíces de su vida de fe,
capacitándole para recibir el posterior alimento sólido en la vida ordinaria de
la comunidad cristiana.
68. En
síntesis, la catequesis de iniciación, por ser orgánica y sistemática, no se
reduce a lo meramente circunstancial u ocasional; (206)
por ser formación para la vida cristiana, desborda —incluyéndola— a la mera
enseñanza; (207) por ser esencial, se centra en
lo “ común ” para el cristiano, sin entrar en cuestiones disputadas ni
convertirse en investigación teológica. En fin, por ser iniciación, incorpora a
la comunidad que vive, celebra y testimonia la fe. Ejerce, por tanto, al mismo
tiempo, tareas de iniciación, de educación y de instrucción. (208) Esta riqueza, inherente al
catecumenado de adultos no bautizados, ha de inspirar a las demás formas de
catequesis.
LA CATEQUESIS AL SERVICIO DE LA EDUCACIÓN PERMANENTE
DE LA FE
La educación permanente de la fe en la comunidad cristiana
69. La
educación permanente de la fe es posterior a su educación básica y la supone.
Ambas actualizan dos funciones del ministerio de la Palabra, distintas y
complementarias, al servicio del proceso permanente de conversión.
La catequesis de iniciación pone las bases de
la vida cristiana en los seguidores de Jesús. El proceso permanente de
conversión va más allá de lo que proporciona la catequesis de base o fundante.
Para favorecer tal proceso, se necesita una comunidad cristiana que acoja a los
iniciados para sostenerlos y formarlos en la fe. “ La catequesis corre el riesgo
de esterilizarse si una comunidad de fe y de vida cristiana no acoge al
catecúmeno en cierta fase de su catequesis ” (209) El
acompañamiento que ejerce la comunidad en favor del que se inicia, se
transforma en plena integración del mismo en la comunidad.
70. En
la comunidad cristiana, los discípulos de Jesucristo se alimentan en una doble
mesa: “ la de la Palabra de Dios y la del Cuerpo de Cristo ” (210) El Evangelio y la Eucaristía son su constante
alimento en el peregrinar hacia la casa del Padre. La acción del Espíritu Santo
hace que el don de la “ comunión ” y el compromiso de la “ misión ” se ahonden
y se vivan de manera cada vez más profunda.
La educación permanente de la fe se
dirige no sólo a cada cristiano, para acompañarle en su camino hacía la
santidad, sino también a la comunidad cristiana como tal, para que vaya
madurando tanto en su vida interna de amor a Dios y de amor fraterno, cuanto en
su apertura al mundo como comunidad misionera. El deseo y la oración de Jesús
ante el Padre son una llamada incesante: “ Que todos sean uno. Como tú, Padre,
en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros para que el mundo crea
que tú me has enviado ” (211) Acercarse
paulatinamente a este ideal requiere, en la comunidad, una fidelidad grande a
la acción del Espíritu Santo, un constante alimentarse del Cuerpo y de la
Sangre del Señor y una permanente educación de la fe, en la escucha de la
Palabra.
En esta mesa de la Palabra de Dios, la homilía
tiene un lugar privilegiado, ya que “ vuelve a recorrer el itinerario de fe
propuesto por la catequesis y lo conduce a su perfeccionamiento natural; al
mismo tiempo impulsa a los discípulos del Señor a emprender cada día su
itinerario espiritual en la verdad, la adoración y la acción de gracias ”. (212)
Formas
múltiples de catequesis permanente
71. Para
la educación permanente de la fe, el ministerio de la Palabra cuenta con muchas
formas de catequesis. Entre otras, se pueden destacar las siguientes:
— El estudio y profundización de la Sagrada
Escritura leída no solo en la Iglesia, sino con la Iglesia y su fe siempre
viva. Esto ayuda a descubrir la verdad divina, de forma que suscite una
respuesta de fe. La denominada “ lectio divina ” es forma eminente de este
estudio vital de las Escrituras. (213)
— La lectura cristiana de los acontecimientos,
que viene exigida por la vocación misionera de la comunidad cristiana. Para
hacer esta lectura, el estudio de la doctrina social de la Iglesia es
indispensable, ya que “ su objetivo principal es interpretar esas realidades
(las complejas realidades de la existencia del hombre en la sociedad y en el
contexto internacional), examinando su conformidad o disconformidad con lo que
el Evangelio enseña ”. (214)
— La catequesis litúrgica, que prepara a los
sacramentos y favorece una comprensión y vivencia más profundas de la liturgia.
Esta catequesis explica los contenidos de la oración, el sentido de los gestos
y de los signos, educa para la participación activa, para la contemplación y el
silencio. Debe ser considerada como “ una forma eminente de catequesis. (215)
— La catequesis ocasional que, ante
determinadas circunstancias de la vida personal, familiar, eclesial y social,
trata de ayudar a interpretarlas y vivirlas desde la fe. (216)
— La iniciativas de formación espiritual, que
fortalecen las convicciones, descubren nuevas perspectivas y hacen perseverar
en la oración y en los compromisos del seguimiento de Cristo.
— La profundización sistemática del mensaje
cristiano, por medio de una enseñanza teológica que eduque realmente en la fe,
haga crecer en la inteligencia de la misma y capacite al cristiano para dar
razón de su esperanza en el mundo actual. (217)
En cierto sentido, es adecuado denominar “ catequesis perfectiva ” a esta
enseñanza.
72. Es
fundamental que la catequesis de iniciación de adultos, bautizados o no, la
catequesis de iniciación de niños y jóvenes y la catequesis permanente estén
bien trabadas en el proyecto catequético de la comunidad cristiana, para que la
Iglesia particular crezca armónicamente, y su actividad evangelizadora mane de
auténticas fuentes. “ Es importante que la catequesis de niños y jóvenes, la
catequesis permanente y la catequesis de adultos no sean compartimentos
estancos e incomunicados... Es menester propiciar su perfecta complementariedad
”. (218)
CATEQUESIS Y ENSEÑANZA RELIGIOSA ESCOLAR
El
carácter propio de la enseñanza religiosa escolar
73. Una
consideración especial merece, dentro del ministerio de la Palabra, el carácter
propio de la enseñanza religiosa escolar y su relación con la catequesis de
niños y jóvenes.
La relación entre enseñanza religiosa escolar y
catequesis es una relación de distinción y de complementariedad: “ Hay un nexo
indisoluble y una clara distinción entre enseñanza de la religión y catequesis (219)
Lo que confiere a la enseñanza religiosa
escolar su característica propia es el hecho de estar llamada a penetrar en el
ámbito de la cultura y de relacionarse con los demás saberes. Como forma
original del ministerio de la Palabra, en efecto, la enseñanza religiosa
escolar hace presente el Evangelio en el proceso personal de asimilación,
sistemática y crítica, de la cultura. (220)
En el universo cultural, que interiorizan los
alumnos y que está definido por los saberes y valores que ofrecen las demás
disciplinas escolares, la enseñanza religiosa escolar deposita el fermento
dinamizador del Evangelio y trata de “ alcanzar verdaderamente los demás
elementos del saber y de la educación, a fin de que el Evangelio impregne la
mente de los alumnos en el terreno de su formación y que la armonización de su
cultura se logre a la luz de la fe (221)
Para ello es necesario que la
enseñanza religiosa escolar aparezca como disciplina escolar, con la misma
exigencia de sistematicidad y rigor que las demás materias. Ha de presentar el
mensaje y acontecimiento cristiano con la misma seriedad y profundidad con que
las demás disciplinas presentan sus saberes. No se sitúa, sin embargo, junto a
ellas como algo accesorio, sino en un necesario diálogo interdisciplinar. Este
diálogo ha de establecerse, ante todo, en aquel nivel en que cada disciplina
configura la personalidad del alumno. Así, la presentación del mensaje
cristiano incidirá en el modo de concebir, desde el Evangelio, el origen del
mundo y el sentido de la historia, el fundamento de los valores éticos, la
función de las religiones en la cultura, el destino del hombre, la relación con
la naturaleza... La enseñanza religiosa escolar, mediante este diálogo
interdisciplinar, funda, potencia, desarrolla y completa la acción educadora de
la escuela. (222)
El contexto escolar y los destinatarios de la
enseñanza religiosa escolar
74. La
enseñanza religiosa escolar se desarrolla en contextos escolares diversos, lo
que hace que, manteniendo su carácter propio, adquiera también acentos
diversos. Estos acentos dependen de las condiciones legales y organizativas, de
la concepción didáctica, de los presupuestos personales de los educadores y de
los alumnos, y de la relación de la enseñanza religiosa escolar con la
catequesis familiar y parroquial.
No es posible reducir a una única forma todas
las modalidades de enseñanza religiosa escolar que se han desarrollado en la
historia como consecuencia de los Acuerdos con los Estados y de las decisiones
tomadas por diferentes Conferencias episcopales. Es, sin embargo, necesario
que, de conformidad con las correspondientes situaciones y circunstancias, la
orientación que se dé a la enseñanza religiosa escolar, responda a su finalidad
y a sus peculiares características. (223)
Los alumnos “ tienen el derecho de aprender,
con verdad y certeza, la religión a la que pertenecen. Este derecho a conocer
más a fondo la persona de Cristo y la integridad del anuncio salvífico que El
propone, no puede ser desatendido. El carácter confesional de la enseñanza religiosa
escolar, desarrollada por la Iglesia según las modalidades y formas
establecidas en cada país, es —por tanto— una garantía indispensable ofrecida a
las familias y a los alumnos que eligen tal enseñanza ”. (224)
Para la Escuela católica, la enseñanza
religiosa escolar así identificada y complementada con otras formas del
ministerio de la Palabra (catequesis, celebraciones litúrgicas...), es parte
indispensable de su tarea educativa y fundamento de su propia existencia. (225)
La enseñanza religiosa escolar, en el marco de
la Escuela estatal y en el de la no confesional, donde la Autoridad civil u
otras circunstancias impongan una enseñanza religiosa común a católicos y no
católicos, (226) tendrá un carácter más
ecuménico y de conocimiento interreligioso común.
En otras ocasiones, la enseñanza religiosa
escolar podrá tener un carácter más bien cultural, dirigida al conocimiento de
las religiones, y presentando con el debido relieve la religión católica. (227) También en este caso, sobre todo si es impartida
por un profesor sinceramente respetuoso, la enseñanza religiosa mantiene una
dimensión de verdadera “ preparación evangélica ”.
75. La
situación de vida y de fe de los alumnos que asisten a la enseñanza religiosa
escolar se caracteriza por una inestabilidad notable y continua. La enseñanza
religiosa escolar ha de tener en cuenta esta realidad cambiante para poder
alcanzar su finalidad.
La enseñanza religiosa escolar ayuda a los
alumnos creyentes a comprender mejor el mensaje cristiano en relación con los
problemas existenciales comunes a las religiones y característicos de todo ser
humano, con las concepciones de la vida más presentes en la cultura, y con los
problemas morales fundamentales en los que, hoy, la humanidad se ve envuelta.
Por otra parte, los alumnos que se encuentran
en una situación de búsqueda, o afectados por dudas religiosas, podrán
descubrir gracias a la enseñanza religiosa escolar qué es exactamente la fe en
Jesucristo, cuáles son las respuestas de la Iglesia a sus interrogantes, proporcionándoles
así la oportunidad de reflexionar mejor sobre la decisión a tomar.
Finalmente, cuando los alumnos no son
creyentes, la enseñanza religiosa escolar asume las características de un
anuncio misionero del Evangelio, en orden a una decisión de fe, que la
catequesis, por su parte, en un contexto comunitario, ayudará después a crecer
y a madurar.
Educación cristiana familiar, catequesis y enseñanza
religiosa escolar al servicio de la educación en la fe
76. La
educación cristiana familiar, la catequesis y la enseñanza religiosa escolar,
cada una desde su carácter propio, están íntimamente relacionadas dentro del
servicio de la educación cristiana de niños, adolescentes y jóvenes. En la
práctica, sin embargo, deben tenerse en cuenta, diferentes elementos variables,
que puntualmente se presentan, a fin de proceder con realismo y prudencia
pastoral en la aplicación de las orientaciones generales.
Por tanto, corresponde a cada diócesis o región
pastoral discernir las diversas circunstancias que concurren, bien en cuanto a
la existencia o no de una iniciación cristiana en el ámbito de las familias
para sus propios hijos, bien en cuanto a los cometidos formativos que en la
tradición o situación local ejercen las parroquias, las escuelas, etc.
En consecuencia, las Iglesias particulares y la
Conferencia Episcopal establecerán las orientaciones propias para los diversos
ámbitos, fomentando unas actividades que son distintas y se complementan.
CAPÍTULO
III
Naturaleza,
finalidad y tareas de la catequesis
“ Que toda lengua confiese que Cristo Jesús es
Señor para gloria de Dios Padre ” (Fil 2,11).
77. Clarificado
el lugar que ocupa la catequesis dentro de la misión evangelizadora de la
Iglesia, así como sus relaciones con los demás elementos de la evangelización y
con otras formas del ministerio de la Palabra, en este capítulo se trata de
reflexionar de manera específica sobre:
— la naturaleza eclesial de la catequesis, es
decir, el sujeto agente de la catequesis, la Iglesia animada por el Espíritu;
— la finalidad fundamental que ella busca al
catequizar;
— las tareas mediante las cuales procura esta
finalidad, y que constituyen sus objetivos más inmediatos;
— la gradualidad interna del proceso
catequético y la inspiración catecumenal que lo anima.
De esta manera, en este el último capítulo, se
profundiza más en el carácter propio de la catequesis, ya descrito en el
capítulo anterior, al analizar las relaciones que establece con las otras
acciones eclesiales.
La
catequesis: acción de naturaleza eclesial
78. La
catequesis es una acción esencialmente eclesial. (228) El verdadero
sujeto de la catequesis es la Iglesia que, como continuadora de la misión de
Jesucristo Maestro y animada por el Espíritu, ha sido enviada para ser maestra
de la fe. Por ello, la Iglesia, imitando a la Madre del Señor, conserva
fielmente el Evangelio en su corazón. (229)
lo anuncia, lo celebra, lo vive y lo transmite en la catequesis a todos
aquellos que han decidido seguir a Jesucristo.
Esta transmisión del Evangelio es un acto vivo
de tradición eclesial: (230)
— La Iglesia, en efecto, transmite la fe que
ella misma vive:
su comprensión del misterio de Dios
y de su designio de salvación; su visión de la altísima vocación del hombre; el
estilo de vida evangélico que comunica la dicha del Reino; la esperanza que la
invade; el amor que siente por la humanidad y por todas las criaturas de Dios.
— La Iglesia transmite la fe de forma activa,
la siembra en el corazón de los catecúmenos y catequizandos para que fecunde
sus experiencias más hondas. (231) La profesión
de fe recibida de la Iglesia (traditio), al germinar y crecer a lo largo del
proceso catequético, es devuelta (redditio) enriquecida con los valores de las
diferentes culturas. (232) El
catecumenado se convierte, así, en foco fundamental de incremento de la
catolicidad y fermento de renovación eclesial.
79. La
Iglesia, al transmitir —en la iniciación cristiana— la fe y la vida nueva actúa
como madre de los hombres, que engendra a unos hijos concebidos por obra del
Espíritu Santo y nacidos de Dios. (233) Precisamente,
“ porque es madre es también la educadora de nuestra fe ”; (234) es madre y maestra, al mismo tiempo. Por la
catequesis alimenta a sus hijos con su propia fe y los inserta, como miembros,
a la familia eclesial. Como buena madre, les ofrece el Evangelio en toda su
autenticidad y pureza, que les es dado, al mismo tiempo, como alimento adaptado,
culturalmente enriquecido y como respuesta a las aspiraciones más profundas del
corazón humano.
Finalidad
de la catequesis: la comunión con Jesucristo
80. “
El fin definitivo de la catequesis es poner a uno no sólo en contacto sino en
comunión, en intimidad con Jesucristo ”. (235)
Toda la acción evangelizadora busca favorecer
la comunión con Jesucristo. A partir de la conversión “ inicial ” (236) de una persona al Señor, suscitada por el
Espíritu Santo mediante el primer anuncio, la catequesis se propone fundamentar
y hacer madurar esta primera adhesión. Se trata, entonces, de ayudar al recién
convertido a “ conocer mejor a ese Jesús en cuyas manos se ha puesto: conocer
su ‘misterio’, el Reino de Dios que anuncia, las exigencias y las promesas contenidas
en su mensaje evangélico, los senderos que El ha trazado a quien quiera
seguirle ”. (237) El Bautismo, sacramento por el que “ nos configuramos con
Cristo ”, (238) sostiene con su gracia este
trabajo de la catequesis.
81. La
comunión con Jesucristo, por su propia dinámica, impulsa al discípulo a unirse
con todo aquello con lo que el propio Jesucristo estaba profundamente unido:
con Dios, su Padre, que le había enviado al mundo y con el Espíritu Santo, que
le impulsaba a la misión; con la Iglesia, su Cuerpo, por la cual se entregó;
con los hombres, sus hermanos, cuya suerte quiso compartir.
La
finalidad de la catequesis se expresa en la profesión de fe en el úmico Dios:
Padre, Hijo y Espíritu Santo
82. La
catequesis es esa forma particular del ministerio de la Palabra que hace
madurar la conversión inicial hasta hacer de ella una viva, explícita y
operativa confesión de fe: “ La catequesis tiene su origen en la confesión de
fe y conduce a la confesión de fe ”. (239)
La profesión de fe, interior al Bautismo, (240) es eminentemente trinitaria. La Iglesia bautiza
“ en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo ” (Mt 28,l9), (241) Dios uno y trino, a quien el cristiano confía
su vida. La catequesis de iniciación prepara —antes o después de recibir el
Bautismo— para esta decisiva entrega. La catequesis permanente ayudará a
madurar esa profesión de fe continuamente, a proclamarla en la Eucaristía y a
renovar los compromisos que implica. Es importante que la catequesis sepa
vincular bien la confesión de fe cristológica, “ Jesús es Señor ”, con la
confesión trinitaria, “ Creo en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo ”,
ya que no son más que dos modalidades de expresar la misma fe cristiana. El
que, por el primer anuncio se convierte a Jesucristo y le reconoce como Señor,
inicia un proceso, ayudado por la catequesis, que desemboca necesariamente en
la confesión explícita de la Trinidad.
Con la profesión de fe en el Dios único, el
cristiano renuncia a servir a cualquier absoluto humano: poder, placer, raza,
antepasado, Estado, dinero..., (242)
liberándose de cualquier ídolo que lo esclavice. Es la proclamación de su
voluntad de querer servir a Dios y a los hombres sin ataduras. Y al proclamar
la fe en la Trinidad, que es comunión de personas, el discípulo de Jesucristo
manifiesta al mismo tiempo que el amor a Dios y al prójimo es el principio que
informa su ser y su obrar.
83. La
profesión de fe sólo es plena si es referida a la Iglesia. Todo bautizado
proclama en singular el Credo, pues ninguna acción es más personal que ésta.
Pero lo recita en la Iglesia y a través de ella, puesto que lo hace como
miembro suyo. El “ creo ” y el “ creemos ” se implican mutuamente. (243) Al fundir su confesión con la de la
Iglesia, el cristiano se incorpora a la misión de ésta: ser “ sacramento
universal de salvación ” para la vida del mundo. El que proclama la profesión
de fe asume compromisos que, no pocas veces, atraerán persecución. En la
historia cristiana son los mártires los anunciadores y los testigos por excelencia.
(244)
Las
tareas de la catequesis realizan su finalidad
84. La
finalidad de la catequesis se realiza a través de diversas tareas, mutuamente
implicadas. (245) Para
actualizarlas, la catequesis se inspirará ciertamente en el modo en que Jesús
formaba a sus discípulos: les daba a conocer las diferentes dimensiones del
Reino de Dios (“ a vosotros se os ha dado a conocer los misterios del Reino de
los cielos ” [Mt 13,11] ), (246) les enseñaba a
orar (“ cuando oréis, decid: Padre... ” [Le 11,2]), (247)
les inculcaba las actitudes evangélicas (“ aprended de mí, que soy manso y
humilde de corazón” [Mt 11,29], les iniciaba en la misión (“ les envió de dos
en dos... ” [Le 10,1]). (248)
Las tareas de la catequesis corresponden a la
educación de las diferentes dimensiones de la fe, ya que la catequesis es una
formación cristiana integral, “ abierta a todas las esferas de la vida
cristiana ” (249) En virtud de su misma
dinámica interna, la fe pide ser conocida, celebrada, vivida y hecha oración.
La catequesis debe cultivar cada una de estas dimensiones. Pero la fe se vive
en la comunidad cristiana y se anuncia en la misión: es una fe compartida y
anunciada. Y estas dimensiones deben ser, también, cultivadas por la
catequesis.
El Concilio Vaticano II expresó así estas
tareas: “ La formación catequética ilumina y robustece la fe, alimenta la vida
según el espíritu de Cristo, lleva a una consciente y activa participación del
misterio litúrgico y alienta a la acción apostólica ” (250)
Tareas fundamentales de la catequesis: ayudar a
conocer, celebrar, vivir y contemplar el misterio de Cristo
85. Las
tareas fundamentales de la catequesis son:
— Propiciar
el conocimiento de la fe
El que se ha encontrado con Cristo desea
conocerle lo más posible y conocer el designio del Padre que él reveló. El
conocimiento de los contenidos de la fe (fides quae) viene pedido por la
adhesión a la fe (fides qua) (251) Ya en el
orden humano, el amor a una persona lleva a conocerla cada vez más. La catequesis
debe conducir, por tanto, a “ la comprensión paulatina de toda la verdad del
designio divino ” (252) introduciendo a los
discípulos de Jesucristo en el conocimiento de la Tradición y de la Escritura,
que es la “ ciencia eminente de Cristo ” (Flp 3,8). (253)
Este profundizar en el conocimiento de la fe ilumina cristianamente la
existencia humana, alimenta la vida de fe y capacita también para dar razón de
ella en el mundo. La “ entrega del Símbolo ”, compendio de la Escritura y de la
fe de la Iglesia, expresa la realización de esta tarea.
— La
educación litúrgica
En efecto, “ Cristo está siempre
presente en su Iglesia, sobre todo en la acción litúrgica ” (254) La comunión con Jesucristo conduce a celebrar
su presencia salvífica en los sacramentos y, particularmente, en la Eucaristía
La iglesia desea ardientemente que se lleve a todos los fieles cristianos a
aquella participación plena, consciente y activa que exige la naturaleza de la
liturgia misma y la dignidad de su sacerdocio bautismal. (255) Para ello, la catequesis, además de
propiciar el conocimiento del significado de la liturgia y de los sacramentos,
ha de educar a los discípulos de Jesucristo “ para la oración, la acción de
gracias, la penitencia, la plegaria confiada, el sentido comunitario, la captación
recta del significado de los símbolos... ”; (256)
ya que todo ello es necesario para que exista una verdadera vida litúrgica.
— La
formación moral
La conversión a Jesucristo implica caminar en
su seguimiento. La catequesis debe, por tanto, inculcar en los discípulos las
actitudes propias del Maestro. Los discípulos emprenden, así, un camino de
transformación interior en el que, participando del misterio pascual del Señor,
“ pasan del hombre viejo al hombre nuevo en Cristo ”. (257)
El sermón del Monte, en el que Jesús, asumiendo el decálogo, le imprime el
espíritu de las bienaventuranzas, (258) es una
referencia indispensable en esta formación moral, hoy tan necesaria. La
evangelización, “ que comporta el anuncio y la propuesta moral ”, (259) difunde toda su fuerza interpeladora cuando,
junto a la palabra anunciada, sabe ofrecer también la palabra vivida. Este
testimonio moral, al que prepara la catequesis, ha de saber mostrar las
consecuencias sociales de las exigencias evangélicas.
(260)
— Enseñar
a orar
La comunión con Jesucristo lleva a los
discípulos a asumir el carácter orante y contemplativo que tuvo el Maestro.
Aprender a orar con Jesús es orar con los mismos sentimientos con que se
dirigía al Padre: adoración, alabanza, acción de gracias, confianza filial,
súplica, admiración por su gloria. Estos sentimientos quedan reflejados en el
Padre Nuestro, la oración que Jesús enseñó a sus discípulos y que es modelo de
toda oración cristiana. La “ entrega del Padre Nuestro (261)
resumen de todo el Evangelio, (262) es, por
ello, verdadera expresión de la realización de esta tarea. Cuando la catequesis
está penetrada por un clima de oración, el aprendizaje de la vida cristiana
cobra toda su profundidad. Este clima se hace particularmente necesario cuando
los catecúmenos y los catequizandos se enfrentan a los aspectos más exigentes
del Evangelio y se sienten débiles, o cuando descubren —maravillados— la acción
de Dios en sus vidas.
Otras tareas relevantes de la
catequesis: iniciación y educación para la vida comunitaria y para la misión
86. La catequesis capacita al cristiano
para vivir en comunidad y para participar activamente en la vida y misión de la
Iglesia. El Concilio Vaticano II señala a los pastores la necesidad de “
cultivar debidamente el espíritu de comunidad ” (263)
y a los catecúmenos la de “ aprender a cooperar eficazmente en la
evangelización y edificación de la Iglesia ”. (264)
— La
educación para la vida comunitaria -
a) La vida cristiana en comunidad no se
improvisa y hay que educarla con cuidado. Para este aprendizaje, la enseñanza
de Je; sus sobre la vida comunitaria, recogida en el evangelio de Mateo,
reclama algunas actitudes que la catequesis deberá fomentar: el espíritu de
sencillez y humildad (“ si no os hacéis como niños... ” [Mt 18,3]); la
solicitud por los más pequeños (“ el que escandalice a uno de estos pequeños...
” [Mt 18,16]); la atención preferente a los que se han alejado (“ ir en busca
de la oveja perdida... ” [Mt 18,12]); la corrección fraterna (“ amonéstale a solas
tú con él... ” [Mt 18,15]); la oración en común ~“ si dos se ponen de acuerdo
para pedir algo... ” [Mt 18,19]); el perdón mutuo (“ hasta setenta veces
siete... ” [Mt 18,22]). El amor fraterno aglutina todas estas actitudes (“
amaos unos a otros como yo os he amado” [Jn 13,34]).
b) En la educación de este sentido comunitario,
la catequesis cuidará también la dimensión ecuménica y estimulará actitudes
fraternales hacia los miembros de otras iglesias y comunidades eclesiales. Por
ello, la catequesis, al proponerse esta meta, expondrá con claridad toda la
doctrina de la Iglesia católica, evitando expresiones o exposiciones que puedan
inducir a error. Favorecerá, además, “ un adecuado conocimiento de las otras
confesiones (265) con las que existen bienes comunes
como: “ la Palabra de Dios escrita, la vida de la gracia, la fe, la esperanza y
la caridad, y otros dones interiores del Espíritu Santo ”. (266) La catequesis tendrá una dimensión ecuménica en
la medida en que sepa suscitar y alimentar el “ verdadero deseo de unidad ”, (267) hecho no en orden a un fácil irenismo, sino a
la unidad perfecta, cuando el Señor lo disponga y por las vías que El quiera.
— La
iniciación a la misión
a) La catequesis está abierta, igualmente, al
dinamismo misionero. (268) Se trata de
capacitar a los discípulos de Jesucristo para estar presentes, en cuanto
cristianos, en la sociedad, en la vida profesional, cultural y social. Se les
preparará, igualmente, para cooperar en los diferentes servicios eclesiales,
según la vocación de cada uno. Este compromiso evangelizador brota, para los
fieles laicos, de los sacramentos de la iniciación cristiana y del carácter
secular de su vocación. (269) También
es importante poner todos los medios para suscitar vocaciones sacerdotales y de
especial consagración a Dios en las diferentes formas de vida religiosa y
apostólica, y para suscitar en el corazón de cada uno la específica vocación
misionera.
Las actitudes evangélicas que Jesús sugirió a
sus discípulos, cuando les inició en la misión, son las que la catequesis debe
alimentar: buscar la oveja perdida; anunciar y sanar al mismo tiempo;
presentarse pobres, sin oro ni alforja; saber asumir el rechazo y la
persecución; poner la confianza en el Padre y en el apoyo del Espíritu Santo;
no esperar otro premio que la dicha de trabajar por el Reino. (270)
b) En la educación de este sentido misionero,
la catequesis preparará para el diálogo interreligioso, que capacite a los
fieles para una comunicación fecunda con hombres y mujeres de otras religiones.
(271) La catequesis hará ver cómo el vínculo de
la Iglesia con las religiones no cristianas es, en primer lugar, el del origen
común y el del fin común del género humano, así como el de las múltiples “
semillas de la Palabra ” que Dios ha depositado en esas religiones. La
catequesis ayudará también a saber conciliar y, al mismo tiempo, distinguir el
“ anuncio de Cristo ” y el “ diálogo interreligioso ”. Ambos elementos,
manteniendo su íntima relación, no deben ser confundidos ni ser considerados
equivalentes. (272) En efecto, “ el diálogo
intereligoso no dispensa de la evangelización ”. (273)
Algunas
consideraciones sobre el conjunto de estas tareas
87. Las tareas de la catequesis
constituyen, en consecuencia, un conjunto rico y variado de aspectos. Sobre
este conjunto conviene hacer varias consideraciones:
— Todas las tareas son necesarias. Así como
para la vitalidad de un organismo humano es necesario que funcionen todos sus
órganos, para la maduración de la vida cristiana hay que cultivar todas sus
dimensiones: el conocimiento de la fe, la vida litúrgica, la formación moral,
la oración, la pertenencia comunitaria, el espíritu misionero. Si la catequesis
descuidara alguna de ellas, la fe cristiana no alcanzaría todo su crecimiento.
— Cada una de estas tareas realiza, a su modo,
la finalidad de la catequesis. La formación moral, por ejemplo, es
esencialmente cristológica y trinitaria, llena de sentido eclesial y abierta a
su dimensión social. Lo mismo ocurre con la educación litúrgica, esencialmente religiosa
y eclesial, pero también muy exigente en su compromiso evangelizador en favor
del mundo.
— Las tareas se implican mutuamente y se
desarrollan conjuntamente. Cada gran tema catequético, por ejemplo la
catequesis sobre Dios Padre, tiene una dimensión cognoscitiva e implicaciones
morales, se interioriza en la oración y se asume en el testimonio. Una tarea
llama a la otra: el conocimiento de la fe capacita para la misión; la vida
sacramental da fuerzas para la transformación moral.
— Para realizar sus tareas, la catequesis se
vale de dos grandes medios: la transmisión del mensaje evangélico y la
experiencia de la vida cristiana. (274) La
educación litúrgica, por ejemplo, necesita explicar qué es la liturgia
cristiana y qué son los sacramentos, pero también debe hacer experimentar los
diferentes tipos de celebración, descubrir y hacer amar los símbolos, el
sentido de los gestos corporales, etc... La formación moral no sólo transmite
el contenido de la moral cristiana, sino que cultiva activamente las actitudes
evangélicas y los valores cristianos.
— Las diferentes dimensiones de la fe son
objeto de educación tanto en su aspecto de “don ” como en su aspecto de “
compromiso ”. El conocimiento de la fe, la vida litúrgica, el seguimiento de
Cristo son, cada uno de ellos, un don del Espíritu que se acoge en la oración
y, al mismo tiempo, un compromiso de estudio, espiritual, moral, testimonial.
Ambas facetas deben ser cultivadas. (275)
— Cada dimensión de la fe, como la fe en su
conjunto, debe ser enraizada en la experiencia humana, sin que permanezca en la
persona como un añadido o un aparte. El conocimiento de la fe es significativo,
ilumina toda la existencia y dialoga con la cultura; en la liturgia, toda la
vida personal es ofrenda espiritual; la moral evangélica asume y eleva los
valores humanos; la oración está abierta a todos los problemas personales y
sociales. (276)
Como indicaba el Directorio de 1971,
“ interesa en gran manera que la catequesis conserve esta riqueza de aspectos
diversos, con tal de que un aspecto no se separe de los demás, con detrimento
de ellos ”. (277)
El catecumenado bautismal:
estructura y gradualidad
88. La fe, impulsada por la gracia
divina y cultivada por la acción de la Iglesia, experimenta un proceso de
maduración. La catequesis, al servicio de ese crecimiento, es una acción
gradual. La catequesis apropiada está dispuesta por grados. (278)
En el catecumenado bautismal, la
formación se desarrolla en cuatro etapas:
— el
precatecumenado, (279) caracterizado
porque en él tiene lugar la primera evangelización en orden a la conversión y
se explícita el kerigma del primer anuncio;
— el
catecumenado, (280) propiamente dicho, destinado a la catequesis integral y en
cuyo comienzo se realiza la “ entrega de los Evangelios ”; (281)
— el
tiempo de purificación e iluminación, (282) que
proporciona una preparación más intensa a los sacramentos de la iniciación, y
en el que tiene lugar la “ entrega del Símbolo ” (283)
y la “entrega de la Oración del Señor ”; (284)
— el tiempo de la mystagogia, (285) caracterizado por la experiencia de
los sacramentos y la entrada en la comunidad.
89. Estas etapas, llenas de la sabiduría
de la gran tradición catecumenal, inspiran la gradualidad de la catequesis. (286) En la época de los Padres de la
Iglesia, en efecto, la formación propiamente catecumenal se realizaba mediante
una catequesis bíblica, centrada en la narración de la Historia de la
salvación; la preparación inmediata al Bautismo, por medio de una catequesis
doctrinal, que explicaba el Símbolo y el Padre nuestro, recién entregados, con
sus implicaciones morales; y la etapa que seguía a los sacramentos de la
iniciación, mediante una catequesis mystagógica, que ayudaba a interiorizarlos
y a incorporarse en la comunidad. Esta concepción patrística sigue siendo un
foco de luz para el catecumenado actual y para la misma catequesis de
iniciación.
Ésta, por ser acompañamiento del proceso de
conversión, es esencialmente gradual; y, por estar al servicio del que ha
decidido seguir a Jesucristo, es eminentemente cristocéntrica.
El catecumenado bautismal, inspirador de la catequesis
en la Iglesia
90. Dado que la “ misión ad gentes ” es
el paradigma de toda la acción misionera de la Iglesia, el catecumenado
bautismal a ella inherente es el modelo inspirador de su acción catequizadora. (287) Por ello, es conveniente subrayar los elementos
del catecumenado que deben inspirar la catequesis actual y el significado de
esta inspiración.
Antes hay que decir, sin embargo, que entre los
catequizandos (288) y los catecúmenos y entre
la catequesis posbautísmal y la catequesis prebautismal, respectivamente, hay
una diferencia fundamental. Esta diferencia proviene de los sacramentos de
iniciación recibidos por los primeros, los cuales “ han sido ya introducidos en
la Iglesia y hechos hijos de Dios por el Bautismo. Por tanto su conversión se
funda en el Bautismo recibido, cuya virtud deben desarrollar después ”. (289)
91. Supuesta esta diferencia esencial,
se consideran ahora algunos elementos del catecumenado bautismal, que deben ser
fuente de inspiración para la catequesis posbautismal:
— El catecumenado bautismal recuerda
constantemente a toda la Iglesia la importancia fundamental de la función de
iniciación, con los factores básicos que la constituyen: la catequesis y los
sacramentos del Bautismo, de la Confirmación y de la Eucaristía. La pastoral de
la iniciación cristiana es vital en toda la Iglesia particular.
— El catecumenado bautismal es responsabilidad
de toda la comunidad cristiana. En efecto, “ esta iniciación cristiana no deben
procurarla solamente los catequistas y los sacerdotes, sino toda la comunidad
de los fieles, y de modo especial los padrinos ”. (290)
La institución catecumenal acrecienta, así, en la Iglesia la conciencia de la
maternidad espiritual que ejerce en toda forma de educación de la fe. (291)
— El catecumenado bautismal está impregnado por
el misterio de la Pascua de Cristo. Por eso, “ conviene que toda la iniciación
se caracterice por su índole pascual ”. (292)
La Vigilia pascual, centro de la liturgia cristiana, y su espiritualidad
bautismal, son inspiración para toda la catequesis.
— El catecumenado bautismal es, también, lugar
inicial de inculturación. Siguiendo el ejemplo de la Encarnación del Hijo de
Dios, hecho hombre en un momento histórico concreto, la Iglesia acoge a los
catecúmenos integralmente, con sus vínculos culturales. Toda la acción
catequizadora participa de esta función de incorporar a la catolicidad de la
Iglesia las auténticas “ semillas de la Palabra ” esparcidas en individuos y
pueblos. (293)
— Finalmente, la concepción del catecumenado
bautismal como proceso formativo y verdadera escuela de fe, proporciona a la
catequesis posbautismal una dinámica y unas características configuradoras: la
intensidad e integridad de la formación; su carácter gradual, con etapas
definidas; su vinculación a ritos, símbolos y signos, especialmente bíblicos y
litúrgicos; su constante referencia a la comunidad cristiana...
La
catequesis postbautismal, sin tener que reproducir miméticamente la
configuración del catecumenado bautismal, y reconociendo el carácter de
bautizados que tienen los catequizandos, hará bien en inspirarse en esta “
escuela preparatoria de la vida cristiana ”, (294)
dejándose fecundar por sus principales elementos configuradores.
El mensaje evangélico
“ Padre, ésta es la vida eterna: que te
conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a tu enviado Jesucristo ” (Jn 17, 3).
“ Jesús proclamaba la Buena Nueva de Dios: ‘El
tiempo se ha cumplido y el Remo de Dios está cerca: convertios y creed en la
Buena Nueva ” (Mc 1,14-15).
“ Os recuerdo el Evangelio que os
proclamé... Lo primero que os transmití, como lo había recibido, fue esto: Que
Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y
resucitó al tercer día, según las Escrituras ” (1 Co 15, 1-4).
Significado
y finalidad de esta parte
92. La
fe cristiana, por la que una persona da el “ sí ” a Jesucristo, puede ser
considerada en un doble aspecto:
— Como adhesión a Dios que se revela, hecha
bajo el influjo de la gracia. En este caso la fe consiste en entregarse a la
Palabra de Dios y confiarse a ella (fides qua).
— Como contenido de la Revelación y del mensaje
evangélico. La fe, en este sentido, significa el empeño por conocer cada vez
mejor el sentido profundo de esa Palabra (fides quae).
Estos dos aspectos, por su propia naturaleza,
no pueden separarse. La maduración y crecimiento de la fe exigen que ambas
dimensiones progresen orgánica y coherentemente. Sin embargo,
por razones metodológicas, ambos pueden
considerarse separadamente. (295)
93. En esta segunda parte se trata del contenido del mensaje evangélico
(fides quae).
— En el capítulo primero se indican las normas
y criterios que debe seguir la catequesis para fundamentar, formular y exponer
su propio contenido. Cada forma del ministerio de la Palabra, en efecto, ordena
y presenta el mensaje evangélico con arreglo a su carácter propio.
— El capítulo segundo se refiere al contenido
de la fe tal como se expone en el Catecismo de la Iglesia Católica, que es
texto de referencia doctrinal para la catequesis. Se ofrecen por ello algunas
indicaciones que puedan ayudar a asimilar e interiorizar el Catecismo, así como
a situarlo dentro de la acción catequizadora de la Iglesia. Igualmente, se
presentan algunos criterios para que, en referencia al Catecismo de la Iglesia
Católica, se elaboren en las Iglesias particulares Catecismos locales que,
guardando la unídad de la fe, tengan debidamente en cuenta las diversas
Situaciones y culturas.
CAPITULO 1
Normas y
criterios para la presentación del mensaje evangélico en la catequesis
“ Escucha, Israel: El Señor nuestro
Dios es solamente uno. Amarás al Señor tu Dios con todo el corazón, con toda el
alma, con todas las fuerzas. Las palabras que hoy te digo quedarán en tu
memoria, se las repetirás a tus hijos y hablarás de ellas estando en casa y
yendo de camino, acostado y levantado; las atarás a tu muñeca como un signo,
serán en tu frente una señal; las escribirás en las jambas de tu casa y en tus
portales ” (Di 6,4-9).
“ Y la Palabra se hizo carne y puso
su morada entre nosotros ” (Jn 1,14).
La Palabra de Dios, fuente de la catequesis
94. La fuente de donde la catequesis toma su mensaje es la misma Palabra de
Dios:
“ La catequesis extraer siempre su
contenido de la fuente viva de la Palabra de Dios, transmitida mediante la
Tradición y la Escritura, dado que la Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura
constituyen el único depósito sagrado de la Palabra de Dios confiado a la
Iglesia ”. (296)
Este “ depósito de la fe ” (297) es como el arca del padre de la casa, que ha
sido confiado a la Iglesia, la familia de Dios, y de donde ella saca
continuamente lo viejo y lo nuevo. (298) Todos
los hijos del Padre, animados por su Espíritu, se nutren de este tesoro de la
Palabra. Ellos saben que la Palabra de Dios es Jesucristo, el Verbo hecho
hombre y que su voz sigue resonando por medio del Espíritu Santo en la Iglesia
y en el mundo.
La Palabra de Dios, por admirable “
condescendencia ” (299) divina, se dirige y
llega a nosotros a través de “ obras y palabras ”humanas, “a la manera como un
día el Verbo del Padre eterno, al tomar la carne de la flaqueza humana, se hizo
semejante a los hombres ”. (300) Sin dejar de
ser Palabra de Dios, se expresa en palabra humana. Cercana, permanece sin
embargo velada, en estado “ kenótico ”. Por eso la Iglesia, guiada por el
Espíritu, necesita interpretarla continuamente y, al tiempo que la contempla
con profundo espíritu de fe, “ la escucha piadosamente, la custodia santamente
y la anuncia fielmente ”. (301)
La fuente y “ las fuentes ” del mensaje de la
catequesis. (302)
95. La Palabra de Dios contenida en la Sagrada
Tradición y en la Sagrada Escritura:
— es meditada y comprendida cada vez más
profundamente por el sentido de la fe de todo el Pueblo de Dios, bajo la guía
del Magisterio, que la enseña con autoridad;
— se celebra en la liturgia, donde
constantemente es proclamada, escuchada, interiorizada y comentada;
— resplandece en la vida de la Iglesia, en su
historia bimilenaría, sobre todo en el testimonio de los cristianos,
particularmente de los santos;
— es profundizada en la investigación
teológica, que ayuda a los creyentes a avanzar en la inteligencia vital de los
misterios de la fe;
— se manifiesta en los genuinos valores
religiosos y morales que, como semillas de la Palabra, están esparcidos en la
sociedad humana y en las diversas culturas.
96. Todas éstas son las fuentes, principales o
subsidiarias, de la catequesis, las cuales de ninguna manera deben ser tomadas
en un sentido unívoco. (303) La Sagrada
Escritura “ es Palabra de Dios en cuanto que, por inspiración del Espíritu
Santo, se consigna por escrito ”; (304) y la
Sagrada Tradición “ transmite íntegramente a los sucesores de los apóstoles la
Palabra de Dios que fue a éstos confiada por Cristo Señor y por el Espíritu
Santo ” (305) El Magisterio tiene la función de
“ interpretar auténticamente la Palabra de Dios ”, (306)
realizando —en nombre de Jesucristo— un servicio eclesial fundamental.
Tradición, Escritura y Magisterio, íntimamente entrelazados y unidos, son, “
cada uno a su modo ”, (307) fuentes principales
de la catequesis.
Las “ fuentes ” de la catequesis tienen cada
una su propio lenguaje, que queda plasmado en una rica variedad de “ documentos
de la fe ”. La catequesis es tradición viva de esos documentos: (308) perícopas bíblicas, textos litúrgicos, escritos
de los Padres de la Iglesia, formulaciones del Magisterio, símbolos di
testimonios de santos, reflexiones teológicas.
La fuente viva de la Palabra de Dios
y las “ fuentes ” que ella derivan y en las que ella se expresa, proporcionan a
la catequesis los criterios para transmitir su mensaje a todos aquello que han
tomado la decisión de seguir a Jesucristo.
Los criterios
para la presentación del mensaje
97. Los criterios para presentar el mensaje
evangélico en la catequesis están íntimamente relacionados entre sí, pues
brotar una única fuente.
— El mensaje, centrado en la persona de
Jesucristo (cristetrismo), por su propia dinámica interna, introduce en la
dimensión trinitaria del mismo mensaje.
— El anuncio de la Buena Nueva del Reino de
Dios, centrado en el don de la salvación, implica un mensaje de liberación.
— El carácter eclesial del mensaje remite a su
carácter histórico, pues la catequesis —como el conjunto de la evangelización
se realiza en el “ tiempo de la Iglesia ”.
— El mensaje evangélico, por ser Buena Nueva
destinación todos los pueblos, busca la inculturación, la cual se lograr
profundidad sólo si el mensaje se presenta en toda su integridad y pureza.
— El mensaje evangélico es necesariamente un
mensaje orgánico, con su jerarquía de verdades. Es esta visión armónica
Evangelio la que convierte en acontecimiento profundamente significativo para
la persona humana.
Aunque estos criterios son válidos
para todo el ministerio la Palabra, aquí se presentan referidos en relación a
la catequesis.
El
cristocentrismo del mensaje evangélico
98. Jesucristo no sólo transmite la Palabra de
Dios: El es la Palabra de Dios. Por eso, la catequesis -toda ella- está referida a El.
En este sentido, lo que caracteriza
al mensaje que transmite la catequesis es, ante todo, el “ cristocentrismo ”, (309) que debe entenderse en varios sentidos:
— En primer lugar, significa que “ en el centro
de la catequesis encontramos esencialmente una Persona, la de Jesús de Nazaret,
Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad ”. (310)
En realidad, la tarea fundamental de la catequesis es mostrar a Cristo:
todo lo demás, en referencia a El. Lo que, en
definitiva, busca es propiciar el seguimiento de Jesucristo, la comunión con
El: cada elemento del mensaje tiende a ello.
— El cristocentrísmo, en segundo lugar,
significa que Cristo está “ en el centro de la historia de la salvación ”, (311) que la catequesis presenta. El es, en efecto,
el acontecimiento último hacia el que converge toda la historia salvífica. El,
venido en “ la plenitud de los tiempos ” (Ga 4,4), es “ la clave, el centro y
el fin de toda la historia humana ” (312) El
mensaje catequético ayuda al cristiano a situarse en la historia, y a
insertarse activamente en ella, al mostrar cómo Cristo es el sentido último de
esta historia.
— El
cristocentrismo significa, igualmente, que el mensaje evangélico no proviene
del hombre sino que es Palabra de Dios. La Iglesia, y en su nombre todo
catequista, puede decir con verdad: “ Mi doctrina no es mía, sino del que me ha
enviado ”(Jn 7,16). Por eso, lo que transmite la catequesis es “ la enseñanza
de Jesucristo, la verdad que El comunica o, más exactamente, la Verdad que El
es ” . (313) El cristocentrismo obliga a la
catequesis a transmitir lo que Jesús enseña acerca de Dios, del hombre, de la
felicidad, de la vida moral, de la muerte... sin permitirse cambiar en nada su
pensamiento. (314)
Los evangelios, que narran la vida
de Jesús, están en el centro del mensaje catequético. Dotados ellos mismos de
una “ estructura catequética ”, (315)
manifiestan la enseñanza que se proponía a las primitivas comunidades
cristianas y que transmitía la vida de Jesús, su mensaje y sus acciones
salvadoras. En la catequesis, “ los cuatro evangelios ocupan un lugar central,
pues su centro es Cristo Jesús ” (316)
El
cristocentrismo trinitario del mensaje evangélico
99. La Palabra de Dios, encarnada en Jesús de
Nazaret, Hijo de María Virgen, es la Palabra del Padre, que habla al mundo por
medio de su Espíritu. Jesús remite constantemente al Padre, del que se sabe
Hijo Único, y al Espíritu Santo, por el que se sabe Ungido. El es el “ camino ”
que introduce en el misterio íntimo de Dios. (317)
El cristocentrismo de la catequesis,
en virtud de su propia dinámica interna, conduce a la confesión de la fe en
Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Es un cristocentrismo esencialmente
trinitario. Los cristianos, en el Bautismo, quedan configurados con Cristo, “
Uno de la Trinidad ”, (318) y esta
configuración sitúa a los bautizados, “ hijos en el Hijo ”, en comunión con el
Padre y con el Espíritu Santo. Por eso su fe es radicalmente trinitaria. “ El
misterio de la Santísima Trinidad es el misterio central de la fe y de la vida
cristiana ” (319)
100. El cristocentrismo trinitario del
mensaje evangélico impulsa a la catequesis a cuidar, entre otros, los
siguientes aspectos:
— La estructura interna de la catequesis, en
cualquier modalidad de presentación, será siempre cristocéntrico-trinitaria: “
Por Cristo al Padre en el Espíritu ” (320) Una
catequesis que omitiese una de estas dimensiones o desconociese su orgánica
unión, correría el riesgo de traicionar la originalidad del mensaje cristiano. (321)
— Siguiendo la misma pedagogía de Jesús, en su
revelación del Padre, de sí mismo como Hijo y del Espíritu Santo, la catequesis
mostrará la vida íntima de Dios, a partir de sus obras salvíficas en favor de
la humanidad. (322) Las obras de
Dios revelan quién es El en sí mismo y, a la vez, el misterio de su ser íntimo
ilumina la inteligencia de todas sus obras. Sucede así, analógicamente, en las
relaciones humanas: las personas se revelan en su obrar y, a medida que las
conocemos mejor, comprendemos mejor su conducta. (323)
— La presentación del ser íntimo de Dios
revelado por Jesús, uno en esencia y trino en personas, mostrará las
implicaciones vitales para la vida de los seres humanos. Confesar a un Dios
único significa que “ el hombre no debe someter su libertad personal, de modo
absoluto, a ningún poder terrenal ”. (324)
Significa, también, que la humanidad, creada a imagen de un Dios que es “
comunión de personas ”, está llamada a ser una sociedad fraterna, compuesta por
hijos de un mismo Padre, iguales en dignidad personal. Las implicaciones
humanas y sociales de la concepción cristiana de Dios son inmensas. (325) La
Iglesia, al profesar su fe en la Trinidad y anunciarla al mundo, se comprende a
sí misma como “ una muchedumbre reunida por la unidad del Padre, del Hijo y del
Espíritu Santo ” (326)
Un mensaje que
anuncia la salvación
101. El mensaje de Jesús sobre Dios es una buena
noticia para la humanidad. Jesús, en efecto, anunció el Reino de Dios: (327) una nueva y definitiva intervención divina, con
un poder transformador tan grande, y aún mayor, que el que utilizó en la creación
del mundo. (328) En este sentido, “
como núcleo y centro de la Buena Nueva, Cristo anuncia la salvación: ese gran
don de Dios que es liberación de todo lo que oprime al hombre, pero que es
sobre todo liberación del pecado y del maligno, dentro de la alegría de conocer
a Dios y de ser conocido por El, de verlo, de entregarse a El ” (329)
La catequesis transmite este mensaje
del Reino, central en la predicación de Jesús. Y al hacerlo, este mensaje “ se
profundiza poco a poco y se desarrolla en sus corolarios implícitos ”, (330) mostrando las grandes repercusiones que tiene
para las personas y para el mundo.
102. En esta explicación del kerigma evangélico de
Jesús, la catequesis subraya los siguientes aspectos fundamentales:
— Jesús, con la llegada del Reino, anuncia y
revela que Dios no es un ser distante e inaccesible, “ no es un poder anónimo y
lejano (331) sino que es el Padre, que está en
medio de sus criaturas actuando con su amor y poder. Este testimonio acerca de
Dios como Padre, ofrecido de una manera sencilla y directa, es fundamental en
la catequesis.
— Jesús indica, al mismo tiempo, que Dios con
su reinado ofrece el don de la salvación integral: libera del pecado, introduce
en la comunión con el Padre, otorga la filiación divina y promete la vida
eterna, venciendo a la muerte. (332) Esta
salvación integral es, a un tiempo, inmanente y escatológica, ya que “ comienza
ciertamente en esta vida, pero tiene su cumplimiento en la eternidad. (333)
— Jesús, al anunciar el Reino, anuncia la
justicia de Dios: proclama el juicio divino y nuestra responsabilidad. El
anuncio del juicio de Dios, con su poder de formación de las conciencias, es
contenido central del Evangelio y buena noticia para el mundo. Lo es para el
que sufre la falta de justicia y para todo el que lucha por implantarla; lo es,
también, para el que no ha sabido amar y ser solidario, porque es posible la
penitencia y el perdón, ya que en la cruz de Cristo se nos gana la redención
del pecado. La llamada a la conversión y a creer en el Evangelio del Reino, que
es reino de justicia, amor y paz, y a cuya luz seremos juzgados, es fundamental
para la catequesis.
— Jesús declara que el Reino de Dios se
inaugura con él, en su propia persona. (334) Revela,
en efecto, que él mismo, constituido Señor, asume la realización de ese Reino
hasta que lo entregue, consumado plenamente, al Padre, cuando venga de nuevo en
su gloria. (335) “ El Reino está ya
misteriosamente presente en nuestra tierra; cuando venga el Señor se consumará
su perfección ”. (336) Jesús indica, así mismo,
que la comunidad de sus discípulos, su Iglesia, “constituye el germen y el
comienzo de este Reino en la tierra ” (337) y
que, como fermento en la masa, lo que ella desea es que el Reino de Dios crezca
en el mundo como un árbol frondoso, incorporando a todos los pueblos y a todas
las culturas. “ La Iglesia está efectiva y concretamente al servicio del Reino
” (338)
— Jesús manifiesta, finalmente, que la historia
de la humanidad no camina hacia la nada sino que, con sus aspectos de gracia y
pecado, es -en El- asumida por Dios para ser transformada. Ella, en su actual
peregrinar hacia la casa del Padre, ofrece ya un bosquejo del mundo futuro
donde, asumida y purificada, quedará consumada. “ La evangelización no puede menos
de incluir el anuncio profético de un más allá, vocación profunda y definitiva
del hombre, en continuidad y discontinuidad a la vez con la situación presente
”. (339)
Un mensaje de
liberación
103. La Buena Nueva del Reino de Dios, que anuncia
la salvación, incluye un mensaje de liberación. (340)
Al anunciar este Reino, Jesús se dirigía de una manera muy particular a los
pobres:
“ Dichosos los pobres, porque vuestro es el
Reino de Dios. Dichosos los que tenéis hambre ahora, porque seréis saciados.
Dichosos los que lloráis ahora, porque reiréis ” (Lc 6,20-21). Estas
bienaventuranzas de Jesús, dirigidas a los que sufren, son un anuncio
escatológico de la salvación que el Reino trae consigo. Ellas apuntan a esa
experiencia tan lacerante a la que el Evangelio es tan sensible: la pobreza, el
hambre y el sufrimiento de la humanidad.
La comunidad de los discípulos de
Jesús, la Iglesia, participa hoy de la misma sensibilidad que tuvo su Maestro.
Con profundo dolor se fija en esos “ pueblos empeñados con todas sus energías
en el esfuerzo y en la lucha por superar todo aquello que les condena a quedar
al margen de la vida: hambres, enfermedades crónicas, analfabetismo,
depauperación, injusticia en las relaciones internacionales, ... situaciones de
neocolonialismo económico y cultural ”. (341)
Todas las formas de pobreza, “ no sólo económica sino también cultural y
religiosa (342) preocupan a la Iglesia.
Como dimensión importante de su
misión, la Iglesia “ tiene el deber de anunciar la liberación de millones de
seres humanos entre los cuales hay muchos hijos suyos; el deber de ayudar a que
nazca esta liberación, de dar testimonio de la misma, de hacer que sea total ” (343)
104. Para preparar a los cristianos a esta tarea,
la catequesis cuidará, entre otros, los siguientes aspectos:
— Situará el mensaje de liberación
en la perspectiva de “ la finalidad específicamente religiosa de la
evangelización ”, (344) ya que ésta perdería su
razón de ser “ si se desviara del eje religioso que la dirige: ante todo el
Reino de Dios, en su sentido plenamente teológico ”. (345)
Por eso, el mensaje de la liberación “ no puede reducirse a la simple y
estrecha dimensión económica, política, social o cultural, sino que debe
abarcar al hombre entero, en todas sus dimensiones, incluida su apertura al
Absoluto, que es Dios ”. (346)
— La catequesis, en la tarea de la
educación moral, presentará la moral social cristiana como una exigencia y una
consecuencia de “ la liberación radical obrada por Cristo ”. (347) Esta es, en efecto, la Buena Nueva que los
cristianos profesan, con el corazón lleno de esperanza: Cristo ha liberado al
mundo y continúa liberándolo. Aquí se genera la praxis cristiana, que es el
cumplimiento del gran mandamiento del amor.
— Igualmente, en la tarea de la
iniciación a la misión, la catequesis suscitará en los catecúmenos y en los
catequizandos “ la opción preferencial por los pobres ” (348) que, “ lejos de ser un signo de particularismo o de
sectarismo, manifiesta la universalidad del ser y de la misión de la Iglesia.
Dicha opción no es exclusiva ”, (349) sino que lleva consigo “ el compromiso
por la justicia según la función, vocación y circunstancias de cada uno ”. (350)
La eclesialidad
del mensaje evangélico
105. La naturaleza eclesial de la catequesis
confiere al mensaje evangélico que transmite un intrínseco carácter eclesial.
La catequesis tiene su origen en la confesión de fe de la Iglesia y conduce a
la confesión de fe del catecúmeno y del catequizando. La primera palabra
oficial que la Iglesia dirige al bautizando adulto, después de interesarse por
su nombre, es preguntarle: “ ¿Qué pides a la Iglesia de Dios? ”. “ La fe ”, es
la respuesta del candidato. (351) El
catecúmeno sabe, en efecto, que el Evangelio que ha descubierto y desea
conocer, está vivo en el corazón de los creyentes. La catequesis no es otra
cosa que el proceso de transmisión del Evangelio tal como la comunidad
cristiana lo ha recibido, lo comprende, lo celebra, lo vive y lo comunica de
múltiples formas.
Por eso, cuando la catequesis
transmite el misterio de Cristo, en su mensaje resuena la fe de todo el Pueblo
de Dios a lo largo de la historia: la de los apóstoles, que la recibieron del
mismo Cristo y de la acción del Espíritu Santo; la de los mártires, que la
confesaron y la confiesan con su sangre; la de los santos, que la vivieron y
viven en profundidad; la de los Padres y
doctores de la Iglesia, que la enseñaron luminosamente; la de los misioneros,
que la anuncian sin cesar; la de los teólogos, que ayudan a comprenderla mejor;
la de los pastores, en fin, que la custodian con celo y amor y la enseñan e
interpretan auténticamente. En verdad, en la catequesis está presente la fe de
todos los que creen y se dejan conducir por el Espíritu Santo.
106. Esta fe, transmitida por la comunidad
eclesial, es una sola. Aunque los discípulos de Jesucristo forman una comunidad
dispersa por todo el mundo y aunque la catequesis transmite la fe en lenguajes
culturales muy diferentes, el Evangelio que se entrega es sólo uno, la
confesión de fe es única y uno sólo el Bautismo: “ un solo Señor, una sola fe,
un solo Bautismo, un solo Dios y Padre de todos” (Ef 4,5).
La catequesis es, así, en la
Iglesia, el servicio que introduce a los catecúmenos y catequizandos en la
unidad de la confesión de fe. (352) Por
su propia naturaleza alimenta el vínculo de la unidad, (353)
creando la conciencia de pertenecer a una gran comunidad que ni el espacio ni
el tiempo pueden limitar: “ Desde el justo Abel hasta el último elegido; hasta
los extremos de la tierra; hasta la consumación del mundo ”. (354)
Carácter
histórico del misterio de la salvación
107. La confesión de fe de los discípulos de
Jesucristo brota de una Iglesia peregrina, enviada en misión. No es aún la
proclamación gloriosa del final del camino, sino la que corresponde al “ tiempo
de la Iglesia ” (355) La “ economía de la
salvación ” tiene un carácter histórico, pues se realiza en el tiempo: “ empezó
en el pasado, se desarrolló y alcanzó su cumbre en Cristo; despliega su poder
en el presente; y espera su consumación en el futuro ”. (356)
Por eso la Iglesia, al transmitir
hoy el mensaje cristiano desde la viva conciencia que tiene de él, guarda
constante “ memoria ”de los acontecimientos salvíficos del pasado, narrándolos
de generación en generación. A su luz, interpreta los acontecimientos actuales
de la historia humana, donde el Espíritu de Dios renueva la faz de la tierra y
permanece en una espera confiada de la venida del Señor. En la catequesis
patrística, la narración (narratio) de las maravillas obradas por Dios y la
espera (expectatio) del retorno de Cristo acompañaban siempre la exposición
(explanatio) de los misterios de la fe. (357)
108. El carácter histórico del mensaje cristiano
obliga a la catequesis a cuidar estos aspectos:
— Presentar la historia de la
salvación por medio de una catequesis bíblica que dé a conocer las “ obras y
palabras ” con las que Dios se ha revelado a la humanidad: las grandes etapas
del Antiguo Testamento, con las que preparó el camino del Evangelio; (358) la vida de Jesús, Hijo de Dios, encamado en el
seno de María que con sus hechos y enseñanzas llevó a plenitud la Revelación; (359) y la historia de la Iglesia, transmisora de esa
Revelación. Esta historia, leída desde la fe, es también parte fundamental del
contenido de la catequesis.
— Al explicar el Símbolo de la fe y
el contenido de la moral cristiana por medio de una catequesis doctrinal, el
mensaje evangélico ha de iluminar el “ hoy ” de la historia de la salvación. En
efecto, “ el ministerio de la Palabra no sólo recuerda la revelación de las
maravillas de Dios hechas en el pasado... sino que, al mismo tiempo,
interpreta, a la luz de esta revelación, la vida de los hombres de nuestra
época, los signos de los tiempos y las realidades de este mundo, ya que en
ellos se realiza el designio de Dios para la salvación de los hombres ”. (360)
— Situar los sacramentos dentro de
la historia de la salvación por medio de una catequesis mistagógica, que “
relee y revive los acontecimientos de la historia de la salvación en el “ hoy ”
de la liturgia ”. (361) Esta referencia al “
hoy ” histórico-salvífico es esencial en esta catequesis. Se ayuda, así, a
catecúmenos y catequizandos “ a abrirse a la inteligencia “ espiritual ” de la
economía de la salvación ” (362)
— Las “ obras y palabras ” de la
Revelación remiten al “ misterio contenido en ellas ”. (363)
“ La catequesis ayudará a hacer el paso del signo al misterio. Llevará a
descubrir, tras la humanidad de Jesús, su condición de Hijo de Dios; tras la
historia de la Iglesia, su misterio como “ sacramento de salvación ”; tras los
“ signos de los tiempos ”, las huellas de la presencia y de los planes de Dios.
La catequesis mostrará, así, el conocimiento propio de la fe, “ que es un
conocimiento por medio de signos ”. (364)
La inculturación
del mensaje evangélico (365)
109. La Palabra de Dios se hizo hombre, hombre
concreto, situado en el tiempo y en el espacio, enraizado en una cultura
determinada: “ Cristo, por su encarnación, se unió a las concretas condiciones
sociales y culturales de los hombres con quienes convivió ” (366) Esta es la originaria “ inculturación ” de la
Palabra de Dios y el modelo referencial para toda la evangelización de la
Iglesia, “ llamada a llevar la fuerza del Evangelio al corazón de la cultura y
de las culturas ” (367)
La “ inculturación ” (368) de la fe, por la que se “ asumen en admirable
intercambio todas las riquezas de las naciones dadas a Cristo en herencia ”, (369) es un proceso profundo y global y un camino
lento. (370) No es una mera adaptación externa
que, para hacer más atrayente el mensaje cristiano, se limitase a cubrirlo de
manera decorativa con un barniz superficial. Se trata, por el contrario, de la
penetración del Evangelio en los niveles más profundos de las personas y de los
pueblos, afectándoles “ de una manera vital, en profundidad y hasta las mismas
raíces ” (371) de sus culturas.
En este trabajo de inculturación,
sin embargo, las comunidades cristianas deberán hacer un discernimiento: se
trata de “ asumir ”. (372) por una parte,
aquellas riquezas culturales que sean compatibles con la fe; pero se trata
también, por otra parte, de ayudar a “ sanar ” (373)
y “ transformar ” (374) aquellos criterios, líneas de pensamiento o estilos de
vida que estén en contraste con el Reino de Dios. Este discernimiento se rige
por dos principios básicos: “ la compatibilidad con el Evangelio de las varias
culturas a asumir y la comunión con la Iglesia universal ”. (375) Todo el pueblo de Dios debe implicarse en este
proceso, que “ necesita una gradualidad para que sea verdaderamente expresión
de la experiencia cristiana de la comunidad ”. (376)
110. En esta inculturación de la fe, a la
catequesis, se le presentan en concreto diversas tareas. Entre ellas cabe
destacar:
— Considerar a la comunidad eclesial
como principal factor de inculturación. Una expresión, y al mismo tiempo un
instrumento eficaz de esta tarea, es el catequista que, junto a un sentido
religioso profundo, debe poseer una viva sensibilidad social y estar bien
enraizado en su ambiente cultural. (377)
— Elaborar unos Catecismos locales
que respondan “ a las exigencias que dimanan de las diferentes culturas (378) presentando el Evangelio en relación a las
aspiraciones, interrogantes y problemas que en esas culturas aparecen.
— Realizar una oportuna
inculturación en el Catecumenado y en las instituciones catequéticas,
incorporando con discernimiento el lenguaje, los símbolos y los valores de la
cultura en que están enraizados los catecúmenos y catequizandos.
— Presentar el mensaje cristiano de modo que
capacite para “ dar razón de la esperanza ” (1 P 3,15) a los que han de
anunciar el Evangelio en medio de unas culturas a menudo ajenas a lo religioso,
y a veces postcristianas. Una apologética acertada, que ayude al diálogo “
fe-cultura ”, se hace imprescindible.
La integridad
del mensaje evangélico
111. En la tarea de la inculturación de la fe, la
catequesis debe transmitir el mensaje evangélico en toda su integridad y
pureza. Jesús anuncia el Evangelio íntegramente: “ Todo lo que he oído a mi
Padre os lo he dado a conocer ” (Jn 15,15). Y esta misma integridad la exige
Cristo de sus discípulos, al enviarles a la misión: “ Enseñadles a guardar todo
lo que yo os he mandado ”(Mt 28,19). Por eso, un criterio fundamental de la
catequesis es el de salvaguardar la integridad del mensaje, evitando
presentaciones parciales o deformadas del mismo: “ A fin de que la “oblación de
su fe” sea perfecta, el que se hace discípulo de Cristo tiene derecho a recibir
la “palabra de la fe” no mutilada, falsificada o disminuida, sino completa e
integral, en todo su rigor y su vigor ”. (379)
112. Dos dimensiones íntimamente unidas subyacen a
este criterio. Se trata, en efecto de:
— Presentar el mensaje evangélico
íntegro, sin silenciar ningún aspecto fundamental o realizar una selección en
el depósito de la fe. (380) La catequesis, al
contrario, “ debe procurar diligentemente proponer con fidelidad el tesoro
íntegro del mensaje cristiano ”. (381) Esto
debe hacerse, sin embargo, gradualmente, siguiendo el ejemplo de la pedagogía
divina, con la que Dios se ha ido revelando de manera progresiva y gradual. La
integridad debe compaginarse con la adaptación.
La catequesis, en consecuencia,
parte de una sencilla proposición de la estructura íntegra del mensaje
cristiano, y la expone de manera adaptada a la capacidad de los destinatarios.
Sin limitarse a esta exposición inicial, la catequesis, gradualmente, propondrá
el mensaje de manera cada vez más amplia y explícita, según la capacidad del
catequizando y el carácter propio de la catequesis. (382)
Estos dos niveles de exposición íntegra del mensaje son denominados “
integridad intensiva ” e “ integridad extensiva ”.
— Presentar el mensaje evangélico
auténtico, en toda su pureza, sin reducir sus exigencias, por temor al rechazo;
y sin imponer cargas pesadas que él no incluye, pues el yugo de Jesús es suave.
(383)
Este criterio acerca de la
autenticidad está íntimamente vinculado al de la inculturación, porque ésta
tiene la función de “ traducir ” (384) n lo
esencial del mensaje a un determinado lenguaje cultural. En esta necesaria
tarea, se da siempre una tensión: “ la evangelización pierde mucho de su fuerza
si no toma en consideración al pueblo concreto al que se dirige ”, pero también
“ corre el riesgo de perder su alma y desvanecerse si se vacía o desvirtúa su
contenido, bajo el pretexto de traducirlo ”. (385)
113. En esta compleja relación entre
inculturación e integridad del mensaje cristiano, el criterio que debe seguirse
es el de una actitud evangélica de “ apertura misionera para la salvación
integral del mundo ”. (386) Esta actitud debe
saber conjugar la aceptación de los valores verdaderamente humanos y
religiosos, por encima de cerrazones inmovilistas, con el compromiso misionero
de anunciar toda la verdad del evangelio, por encima de fáciles acomodaciones
que llevarían a desvirtuar el Evangelio y a secularizar la Iglesia. La
autenticidad evangélica excluye ambas actitudes, contrarias al verdadero
sentido de la misión.
Un mensaje
orgánico y jerarquizado
114. El mensaje que transmite la catequesis tiene “
un carácter orgánico y jerarquizado ”, (387)
constituyendo una síntesis coherente y vital de la fe. Se organiza en torno al
misterio de la Santísima Trinidad, en una perspectiva cristocéntrica, ya que
este misterio es “ la fuente de todos los otros misterios de la fe y la luz que
los ilumina ”. (388) A partir de él, la armonía
del conjunto del mensaje requiere una “ jerarquía de verdades (389) por ser diversa la conexión de cada una de
ellas con el fundamento de la fe cristiana. Ahora bien “ esta jerarquía no
significa que algunas verdades pertenezcan a la fe menos que otras, sino que
algunas verdades se apoyan en otras como más principales y son iluminadas por
ellas ” (390)
115. Todos los aspectos y dimensiones del mensaje
cristiano participan de esta organicidad jerarquizada:
— La historia de la salvación, al
narrar las “maravillas de Dios” (mirabilia Dei), las que hizo, hace y hará por
nosotros, se organiza en torno a Jesucristo, “ centro de la historia de la
salvación ”. (391) La preparación al Evangelio,
en el Antiguo Testamento, la plenitud de la Revelación en Jesucristo, y el
tiempo de la Iglesia, estructuran toda la historia salvífica, de la que la
creación y la escatología son su principio y su fin.
— El Símbolo apostólico muestra cómo
la Iglesia ha querido siempre presentar el misterio cristiano en una síntesis
vital. Este símbolo es el resumen y la clave de lectura de toda la Escritura y
de toda la doctrina de la Iglesia, que se ordena jerárquicamente en torno a él.
(392)
— Los sacramentos son, también, un
todo orgánico, que como fuerzas regeneradoras brotan del misterio pascual de
Jesucrísto, “ formando un organismo en el que cada sacramento particular tiene
su lugar vital (393) La Eucaristía ocupa en
este cuerpo orgánico un puesto único, hacia el que los demás sacramentos están
ordenados: se presenta como “ sacramento de los sacramentos ”. (394)
— El doble mandamiento del amor, a
Dios y al prójimo, es —en el mensaje moral— la jerarquía de valores que el
propio Jesús estableció: “ De estos mandamientos pende toda la Ley y los
Profetas ” (Mt 22, 40). El amor a Dios y al prójimo, que resumen el decálogo,
si son vividos con el espíritu de las bienaventuranzas evangélicas, constituyen
la carta magna de la vida cristiana que Jesús proclamó en el sermón del Monte. (395)
— El Padre nuestro, condensando la esencia
del Evangelio, sintetiza y jerarquiza las inmensas riquezas de oración
contenidas en la Sagrada Escritura y en toda la vida de la Iglesia. Esta
oración, propuesta a sus discípulos por el propio Jesús, trasluce la confianza
filial y los deseos más profundos con que una persona puede dirigirse a Dios. (396)
Un mensaje
significativo para la persona humana
116. La Palabra de Dios, al hacerse hombre, asume
la naturaleza humana en todo menos en el pecado. De este modo, Jesucristo que
es “imagen de Dios invisible” (Col 1,15), es también el hombre perfecto. De ahí
que “ en realidad, el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del
Verbo encarnado ”. (397)
La catequesis, al presentar el
mensaje cristiano, no sólo muestra quién es Dios y cuál es su designio
salvífico, sino que, como hizo el propio Jesús, muestra también plenamente
quién es el hombre al propio hombre y cuál es su altísima vocación. (398) La revelación, en efecto, “ no está
aislada de la vida, ni yuxtapuesta artificialmente a ella. Se refiere al
sentido último de la existencia y la ilumina, ya para inspirarla ya para
juzgarla, a la luz del Evangelio ”. (399)
La relación del mensaje cristiano
con la experiencia humana no es puramente metodológica, sino que brota de la
finalidad misma de la catequesis, que busca la comunión de la persona humana
con Jesucristo. Jesús, en su vida terrena, vivió plenamente su humanidad: “
trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con
voluntad de hombre, amó con corazón de hombre ”. (400)
Pues bien, “ todo lo que Cristo vivió, hace que podamos vivirlo en El y que El
lo viva en nosotros ”. (401) La catequesis
actúa sobre esta identidad de experiencia humana entre Jesús, Maestro, y el
discípulo, y enseña a pensar como El, obrar como El, amar como El (402) Vivir la comunión con Cristo es
hacer la experiencia de la vida nueva de la gracia. (403)
117. Por esta razón, eminentemente crístológica, la
catequesis, al presentar el mensaje cristiano, “ debe preocuparse por orientar
la atención de los hombres hacia sus experiencias de mayor importancia, tanto
personales como sociales, siendo tarea suya plantear, a la luz del Evangelio,
los interrogantes que brotan de ellas, de modo que se estimule el justo deseo
de transformar la propia conducta ”. (404) En
este sentido:
— En la primera evangelización,
propia del precatecumenado o de la precatequesis, el anuncio del Evangelio se
hará siempre en íntima conexión con la naturaleza humana y sus aspiraciones,
mostrando cómo satisface plenamente al corazón humano. (405)
— En la catequesis bíblica, se
ayudará a interpretar la vida humana actual a la luz de las experiencias
vividas por el pueblo de Israel, por Jesucristo y por la comunidad eclesial, en
la cual el Espíritu de Cristo resucitado vive y opera continuamente.
— En la explicación del Símbolo, la
catequesis mostrará cómo los grandes temas de la fe (creación, pecado original,
Encarnación, Pascua, Pentecostés, escatología...) son siempre fuente de vida y
de luz para el ser humano.
— La
catequesis moral, al presentar en qué consiste la vida digna del Evangelio (406) y promover las bienaventuranzas evangélicas
como espíritu que impregna al decálogo, las enraizará en las virtudes humanas,
presentes en el corazón del hombre (407)
— En
la catequesis litúrgica, deberá ser constante la referencia a las grandes
experiencia humanas, significadas por los signos y los símbolos de la acción
litúrgica a partir de la cultura judía y cristiana. (408)
Principio
metodológico para la presentación del mensaje (409)
118. Las normas y criterios señalados en este
capítulo y “ que pertenecen a la exposición del contenido de la catequesis,
deben ser aplicadas en las diferentes formas de catequesis: es decir, en la
catequesis bíblica y litúrgica, en el resumen doctrinal, en la interpretación
de las situaciones de la existencia humana, etc. ”. (410)
De estos criterios y normas, sin
embargo, no puede deducirse el orden que hay que guardar en la exposición del
contenido. En efecto, “ es posible que en la situación actual de la catequesis,
razones de método de pedagogía aconsejen organizar la comunicación de las
riquezas del contenido de la catequesis de un modo más bien que de otro ”. (411) Se puede partir de Dios para llegar a Cristo, y
al contrario; igualmente, se puede partir del hombre para llegar a Dios, y al
contrario. La adopción de un orden determinado en la presentación del mensaje
debe condicionarse a las circunstancias y a la situación de fe del que recibe
la catequesis.
Hay que escoger el itinerario pedagógico más
adaptado a las circunstancias por las que atraviesa la comunidad eclesial o los
destinatarios concretos a los que se dirige la catequesis. De aquí la necesidad
de investigar cuidadosamente y de encontrar los caminos y los modos que mejor
respondan a las diversas situaciones.
Corresponde a los Obispos dar normas más
precisas en esta materia y aplicarlas mediante Directorios catequéticos,
Catecismos para diferentes edades y situaciones culturales, y con otros medios
que parezcan oportunos. (412)
CAPÍTULO II
“ Esta es
nuestra fe, ésta es la fe de la Iglesia ”
“ Toda Escritura es inspirada por Dios y útil
para enseñar, para argüir, para corregir y para educar en la justicia; así el
hombre de Dios se encuentra perfecto y preparado para toda obra buena ” (2 Tm
3,16).
“Mantenéos firmes y conservad las tradiciones
que habéis aprendido de nosotros, de viva voz o por carta ” preparado para toda
obra buena ” (2 Ts 2,15).
119. Este capítulo reflexiona sobre el contenido de
la catequesis tal como la Iglesia lo expone en las síntesis de fe que
oficialmente elabora y propone en sus Catecismos.
La Iglesia ha dispuesto siempre de
formulaciones de la fe que, en forma breve, condensan lo esencial de lo que
Ella cree y vive: textos neotestamentarios, símbolos o credos, fórmulas
litúrgicas, plegarias eucarísticas. Más tarde ha considerado también
conveniente explicar de modo más amplio la fe, a manera de una síntesis
orgánica, por medio de los Catecismos que, en numerosas Iglesias locales, se
han ido elaborando en estos últimos siglos. En dos momentos históricos, con
ocasión del concilio de Trento y en nuestros días, se ha considerado oportuno
ofrecer una exposición orgánica de la fe mediante un Catecismo de carácter
universal, como punto de referencia para la catequesis en toda la Iglesia. Así,
en efecto, ha procedido Juan Pablo II, al promulgar el Catecismo de la Iglesia
Católica el 11 de octubre de 1992.
El presente capítulo trata de situar estos
instrumentos oficiales; de la Iglesia, como son los Catecismos, en relación a
la actividad o práctica catequética.
En primer lugar reflexionará sobre el Catecismo
de la Iglesia Católica, procurando clarificar el papel que le corresponde
desempeñar en el conjunto de la catequesis eclesial. Se analiza, después, la
necesidad de los Catecismos locales, que tienen por objeto adaptar el contenido
de la fe a las diferentes situaciones y culturas y se ofrecerán algunas
orientaciones para facilitar su elaboración. La Iglesia, al contemplar la
riqueza del contenido de la fe expuesta en estos instrumentos que los propios
Obispos proponen al Pueblo de Dios y que, a modo de “ sinfonía ” (413) expresan lo que Ella cree, celebra, vive y
proclama: “ Esta es nuestra fe, esta es la fe de la Iglesia ”.
El Catecismo de la Iglesia Católica y el Directorio
General para la Catequesis
120. El Catecismo de la Iglesia Católica
y el Directorio General para la Catequesis son dos instrumentos distintos y
complementarios, al servicio de la acción catequizadora de la Iglesia:
— El Catecismo de la Iglesia Católica es “ una
exposición de la fe de la Iglesia y de la doctrina católica, atestiguadas e
iluminadas por la Sagrada Escritura, la Tradición apostólica y el Magisterio de
la Iglesia ” (414)
— El Directorio General para la
Catequesis es la proposición de “ unos principios teológico-pastorales de
carácter fundamental, tomados del Magisterio de la Iglesia y particularmente
del Concilio Ecuménico Vaticano II, por los que pueda orientarse y regirse más
adecuadamente ” (415) la actividad catequética
de la Iglesia.
Ambos instrumentos, cada uno en su género y
desde su específica autoridad, se complementan mutuamente:
— El Catecismo de la Iglesia
Católica es un acto del Magisterio del Papa por el que, en nuestro tiempo,
sintetiza normativamente, en virtud de la Autoridad apostólica, la totalidad de
la fe católica y la ofrece, ante todo a las Iglesias particulares, como punto
de referencia para la exposición auténtica del contenido de la fe.
— El Directorio General para la
Catequesis, por su parte, tiene el valor que la Santa Sede ordinariamente
otorga a estos instrumentos de orientación, al aprobarlos y confirmarlos. Es un
instrumento oficial para la transmisión del mensaje evangélico y para el
conjunto del acto de catequizar.
— El carácter de complementariedad
de ambos instrumentos justifica, como se indica en el Prefacio, que el presente
Directorio General para la Catequesis no tenga que dedicar un capítulo a la
exposición de los contenidos de la fe, como lo hacía el Directorio de 1971 bajo
el título: “ Principales elementos del mensaje cristiano ”. (416) Por eso, en lo concerniente al contenido del
mensaje, el Directorio General para la Catequesis remite al Catecismo de la
Iglesia Católica, del cual quiere ser el instrumento metodológico para su
aplicación concreta.
La presentación del Catecismo de la Iglesia
Católica, que seguidamente se hace, no ha sido elaborada ni para resumir ni
para justificar dicho instrumento del Magisterio, sino para procurar una mejor
comprensión y recepción del Catecismo en la actividad catequética.
EL
CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA
Finalidad
y naturaleza del Catecismo de la Iglesia Católica
121. El propio Catecismo de la Iglesia Católica
indica, en su prólogo, el fin que persigue: “ Este catecismo tiene por fin
presentar una exposición orgánica y sintética de los contenidos esenciales y
fundamentales de la doctrina católica, tanto sobre la fe como sobre la moral, a
la luz del Concilio Vaticano II y del conjunto de la Tradición de la Iglesia ”.
(417)
El Magisterio de la Iglesia con el Catecísmo de
la Iglesia Católica ha querido ofrecer un servicio eclesial para nuestro
tiempo, reconociéndolo:
— “ Instrumento válido y autorizado
al servicio de la comunión eclesial ”. (418)
Desea fomentar el vínculo de unidad al facilitar en los discípulos de
Jesucristo “ la profesión de una misma fe recibida de los apóstoles ” (419)
— “ Norma segura para la enseñanza
de la fe ” (420) Ante el legítimo derecho de
todo bautizado de conocer lo que la Iglesia ha recibido y cree, el Catecismo de
la Iglesia Católica ofrece una respuesta clara. Es, por ello, referente
fundamental para la catequesis y para las demás formas del ministerio de la
Palabra.
— “ Punto de referencia para los
catecismos o compendios que se redacten en las diversas regiones ”. (421) El Catecismo de la Iglesia Católica, en efecto,
no está destinado a sustituir a los catecismos locales, (422) sino a “ alentar y facilitar la redacción de nuevos
catecismos locales que tengan en cuenta las diversas situaciones y culturas,
pero que guarden cuidadosamente la unidad de la fe y la fidelidad a la doctrina
católica ”. (423)
La naturaleza o carácter propio de este
documento del Magisterio consiste en el hecho de que se presenta como síntesis
orgánica de la fe de valor universal. En esto difiere de otros documentos del
Magisterio, que no pretenden ofrecer dicha Síntesis. Es diferente también de
los Catecismos locales, los cuales, aunque elaborados en la comunión eclesial,
se destinan, sin embargo, al servicio de una porción determinada del Pueblo de
Dios.
La articulación
del Catecismo de la Iglesia Católica
122. El Catecismo de la Iglesia Católica se
articula en torno a cuatro dimensiones fundamentales de la vida cristiana: la
profesión de fe, la celebración litúrgica, la moral evangélica y la oración.
Las cuatro brotan de un mismo núcleo, el misterio cristiano, que:
— “ es el objeto de la fe (primera
parte);
— es celebrado y comunicado en las
acciones litúrgicas (segunda parte);
— está presente para iluminar y sostener
a los hijos de Dios en su obrar (tercera parte);
— es el fundamento de nuestra
oración, cuya expresión privilegiada es el “ Padre nuestro ”, y que constituye
el objeto de nuestra petición, nuestra alabanza y nuestra intercesión (cuarta
parte) ”. (424)
Esta articulación cuatripartita desarrolla los
aspectos esenciales de la fe:
— creer en Dios creador, Uno y
Trino, y en su designio salvífico;
— ser santificado por El en la vida
sacramental;
— amarle con todo el corazón y amar
al prójimo como a sí mismo;
— orar esperando la venida de su
Reino y el encuentro cara a cara con El.
El Catecismo de la Iglesia Católica se refiere
así a la fe creída, celebrada, vivida y hecha oración y constituye una llamada
a una educación cristiana integral.
La articulación del Catecismo de la Iglesia
Católica remite a la unidad profunda de la vida cristiana. En él se hace
explícita la interrelación entre “ lex orandi ”, “ lex credendi ” y “ lex
vivendi ”. “ La Liturgia es, por sí misma, oración; la confesión de fe tiene su
justo lugar en la celebración del culto. La gracia, fruto de los sacramentos,
es la condición insustituible del obrar cristiano, igual que la participación
en la liturgia requiere la fe. Si la fe no se concreta en obras permanece
muerta y no puede dar frutos de vida eterna ”. (425)
Con esta articulación tradicional en
torno a los cuatro pilares que sostienen la transmisión de la fe (símbolo,
sacramentos, decálogo, Padre nuestro), (426)
el Catecismo de la Iglesia Católica se ofrece como referente doctrinal en
la educación de las cuatro tareas básicas de la catequesis (427) y para la elaboración de Catecismos locales,
pero no pretende imponer ni a aquélla ni a éstos una configuración determinada.
El modo más adecuado de ordenar los elementos del contenido de la catequesis
debe responder a las respectivas circunstancias concretas y no se debe
establecer a través del Catecismo común. (428)
La exquisita fidelidad a la doctrina católica es compatible con una rica
diversidad en el modo de presentarla.
La inspiración del Catecismo de la
Iglesia Católica: el cristocentrismo trinitario y la sublimidad de la vocación
de la persona humana
123. El eje central de la articulación del
Catecismo de la Iglesia Católica es Jesucristo, “ camino, verdad y vida ” (Jn
14,6).
El Catecismo de la Iglesia Católica, centrado
en Jesucristo, se abre en dos direcciones: hacia Dios y hacia la persona
humana.
— El misterio de Dios, Uno y Trino,
y su economía salvífica, inspira y jerarquiza desde dentro al Catecismo de la
Iglesia Católica en su conjunto, así como a cada una de sus partes. La
profesión de fe, la liturgia, la moral evangélica y la oración tienen, en el
Catecismo de la Iglesia Católica, una inspiración trinitaria, que atraviesa
toda la obra como hilo conductor. (429) Este
elemento central inspirador contribuye a dar al texto un profundo carácter
religioso.
— El misterio de la persona humana
es presentado por el Catecismo de la Iglesia Católica a lo largo de sus páginas
y, sobre todo, en algunos capítulos especialmente significativos: “ El hombre
es capaz de Dios ”, “ La creación del hombre ”, “ El Hijo de Dios se hizo
hombre ”, “ La vocación del hombre: la vida en el Espíritu ”... y otros más. (430) Esta doctrina, contemplada a la luz
de la naturaleza humana de Jesús, hombre perfecto, muestra la altísima vocación
y el ideal de perfección a la que toda persona humana es llamada.
En verdad, toda la doctrina del Catecismo de la
Iglesia Católica queda sintetizada en este pensamiento conciliar: “ Jesucristo,
en la misma revelación del Padre y de su amor, manifiesta plenamente lo que es
el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación ”. (431)
El
género literario del Catecismo de la Iglesia Católica
124. Es importante descubrir el género literario
del Catecismo de la Iglesia Católica para respetar la función que la autoridad
de la Iglesia le atribuye en el ejercicio y renovación de la actividad
catequética en nuestro tiempo.
Los rasgos principales que definen el género
literario del Catecismo de la Iglesia Católica son:
— El Catecismo de la Iglesia
Católica es, ante todo, un catecismo; es decir, un texto oficial del Magisterio
de la Iglesia que, con autoridad, recoge de forma precisa, a modo de síntesis
orgánica, los acontecimientos y verdades salvíficas fundamentales, que expresan
la fe común del pueblo de Dios, y que constituyen la referencia básica e
indispensable para la catequesis.
— Por ser un catecismo, el Catecismo
de la Iglesia Católica recoge lo que es básico y común en la vida cristiana, sin
proponer como doctrina de fe interpretaciones particulares, que no son sino
opiniones privadas o pareceres de alguna escuela teológica. (432)
— El Catecismo de la Iglesia
Católica es, por otra parte, un catecismo de carácter universal, ofrecido a
toda la Iglesia. En él se presenta una síntesis actualizada de la fe, que
incorpora la doctrina del Concilio Vaticano II y los interrogantes religiosos y
morales de nuestra época. Pero, “ por su misma finalidad, este catecismo no se
propone dar una respuesta adaptada, tanto en el contenido como en el método, a
las exigencias que dimanan de las diferentes culturas, de las edades, de la
vida espiritual y de situaciones sociales y eclesiales de aquellos a quienes se
dirige la catequesis. Estas indispensables adaptaciones corresponden a
catecismos propios de cada lugar, y más aún a aquellos que toman a su cargo
instruir a los fieles ”. (433)
El depósito de
la fe y el Catecismo de la Iglesia Católica
125. El Concilio Vaticano II se propuso como tarea
principal la de custodiar y explicar mejor el depósito precioso de la doctrina
cristiana, con el fin de hacerlo más accesible a los fieles de Cristo y a todos
los hombres de buena voluntad.
El contenido de este depósito es la
Palabra de Dios, custodiada en la Iglesia. El Magisterio de la Iglesia,
habiéndose propuesto elaborar un texto de referencia para la enseñanza de la
fe, ha elegido de este precioso tesoro las cosas nuevas y antiguas que ha
considerado más convenientes para el fin pretendido. El Catecismo de la Iglesia
Católica se presenta así como un servicio fundamental: ayudar a que el anuncio
del Evangelio y la enseñanza de la fe, que toman su mensaje del depósito de la
Tradición y de la Sagrada Escritura confiado a la Iglesia se realicen con total
autenticidad. El Catecismo de la Iglesia Católica no es la única fuente de la
catequesis, ya que, como acto del Magisterio, no está por encima de la Palabra
de Dios, sino a su servicio. Pero es un acto, especialmente relevante, de
interpretación auténtica de esa Palabra, con el propósito de ayudar a que el
Evangelio sea anunciado y transmitido en toda su verdad y pureza.
126. A la luz de esta relación del Catecismo de la
Iglesia Católica respecto al depósito de la fe conviene esclarecer dos
cuestiones de vital importancia para la catequesis:
— la relación de la Sagrada
Escritura y el Catecismo de la Iglesia Católica como puntos de referencia para
el contenido de la catequesis;
— la relación entre la tradición
catequética de los Padres de la Iglesia, con su riqueza de contenidos y
comprensión del proceso catequético, y el Catecismo de la Iglesia Católica.
La Sagrada Escritura, el Catecismo de la Iglesia
Católica y la catequesis
127. La Constitución Dei Verbum del Concilio
Vaticano II, subraya la importancia fundamental de la Sagrada Escritura en la
vida de la Iglesia. La Sagrada Escritura es presentada, juntamente con la
Sagrada Tradición, como regla suprema de la fe ”, ya que transmite “
inmutablemente la palabra del mismo Dios y, en las palabras de los Apóstoles y
los Profetas, hace resonar la voz del Espíritu Santo ” (434)
Por eso la Iglesia quiere que, en todo el ministerio de la Palabra, la Sagrada
Escritura tenga un puesto preeminente. La catequesis, en concreto, debe ser “
una auténtica introducción a la ‘lectio divina’, es decir, a la lectura de la
Sagrada Escritura, hecha según el Espíritu que habita en la Iglesia ” (435)
En este sentido, “ hablar de la Tradición y de
la Escritura como fuentes de la catequesis es subrayar que ésta ha de estar
totalmente impregnada por el pensamiento, el espíritu y las actitudes bíblicas
y evangélicas, a través de un contacto asiduo con los mismos textos; y es
también recordar que la catequesis será tanto más rica y eficaz cuanto más lea
los textos con la inteligencia y el corazón de la Iglesia ” (436) En esta lectura eclesial de la Escritura, hecha
a la luz de la Tradición, el Catecismo de la Iglesia Católica desempeña un
papel muy importante.
128. La Sagrada Escritura y el Catecismo de la
Iglesia Católica se presentan como dos puntos de referencia para inspirar toda
la acción catequizadora de la Iglesia en nuestro tiempo:
— En efecto, la Sagrada Escritura,
como “ Palabra de Dios escrita bajo la inspiración del Espíritu Santo ” (437) y el Catecismo de la Iglesia Católica, como
expresión relevante actual de la Tradición viva de la Iglesia y norma segura
para la enseñanza de la fe, están llamados, cada uno a su modo y según su
específica autoridad, a fecundar la catequesis en la Iglesia contemporánea.
— La catequesis transmite el
contenido de la Palabra de Dios según las dos modalidades con que la Iglesia lo
posee, lo interioriza y lo vive: como narración de la Historia de la Salvación
y como explicación del Símbolo de la fe. La Sagrada Escritura y el Catecismo de
la Iglesia Católica han de inspirar tanto la catequesis bíblica como la
catequesis doctrinal, que canalizan ese contenido de la Palabra de Dios.
— Es importante que, en el
desarrollo ordinario de la catequesis, los catecúmenos y catequizandos puedan
apoyarse tanto en la Sagrada Escritura como en el Catecismo local. La
catequesis, en definitiva, no es otra cosa que la transmisión, vital y
significativa, de estos documentos de la fe. (438)
La
tradición catequética de los Santos Padres y el Catecismo de la Iglesia
Católica
129. En el “ depósito de la fe ”, junto con la
Escritura, está contenida toda la Tradición de la Iglesia. “ Los dichos de los
Santos Padres atestiguan la presencia vivificante de esta Tradición, cuyas
riquezas se infunden en la práctica y la vida de la Iglesia creyente y orante
” (439)
En referencia a tanta riqueza doctrinal y
pastoral, algunos aspectos merecen destacarse:
— La importancia decisiva que los
Padres atribuyen al Catecumenado bautismal en la configuración de las Iglesias
particulares.
— La concepción gradual y progresiva
de la formación cristiana, estructurada en etapas. (440)
Los Padres configuran el catecumenado inspirándose en la pedagogía
divina. En el proceso catecumenal, el catecúmeno, como el pueblo de Israel, recorre
un camino para llegar a la tierra de la promesa: la identificación bautismal
con Cristo. (441)
— La estructuración del contenido de
la catequesis según las etapas de ese proceso. En la catequesis patrística, la
“ narración ” de la historia de la salvación era lo primero. Después, avanzada
la Cuaresma, se hacían las entregas del Símbolo y del Padre nuestro y se
procedía a su “ explicación ”, con todas sus implicaciones morales. La
catequesis mistagógica, una vez celebrados los sacramentos de la iniciación,
ayudaba a interiorizarlos y gustarlos.
130. El Catecismo de la Iglesia Católica, por su
parte, aporta a la catequesis la gran tradición de los catecismos. (442) De la gran riqueza de esta tradición, también
aquí algunos aspectos merecen destacarse:
— La dimensión cognoscitiva o
veritativa de la fe. Esta no es sólo adhesión vital a Dios sino también
asentimiento intelectual y de la voluntad a la verdad revelada. Los catecismos
recuerdan constantemente a la Iglesia la necesidad de que los fieles, aunque sea
de modo sencillo, tengan un conocimiento orgánico de la fe.
— La educación de la fe, enraizada
en todas las fuentes de las que brota, abarca diferentes dimensiones: una fe
profesada, celebrada, vivida y hecha oración.
La riqueza de la tradición patrística y la de
los catecismos confluye en la catequesis actual de la Iglesia, enriqueciéndola
tanto en su misma concepción como en sus contenidos. Recuerdan a la catequesis
los siete elementos básicos que la configuran: las tres etapas de la narración
de la Historia de la salvación: el Antiguo Testamento, la vida de Jesucristo y
la historia de la Iglesia; y los cuatro pilares de la exposición: el Símbolo,
los Sacramentos, el Decálogo y el Padre nuestro. Con estas siete piezas
maestras, base tanto del proceso de la catequesis de iniciación como del
proceso permanente de maduración cristiana, pueden construirse edificios de
diversa arquitectura o articulación, según los destinatarios o las diferentes
situaciones culturales.
LOS
CATECISMOS EN LAS IGLESIAS LOCALES
Los
Catecismos locales su necesidad (443)
131. El Catecismo de la Iglesia Católica se ofrece
a todos los fieles y a todo hombre que quiera conocer lo que la Iglesia cree; (444) y, de modo muy particular, “ se destina a
alentar y facilitar la redacción de nuevos catecismos locales que tengan en
cuenta las diversas situaciones y culturas, pero que guarden cuidadosamente la
unidad de la fe y la fidelidad a la doctrina católica. (445)
Los Catecismos locales, en efecto, elaborados o
aprobados por Obispos diocesanos o por Conferencias Episcopales, (446) son instrumentos inapreciables para
la catequesis, “ llamada a llevar la fuerza del Evangelio al corazón de la
cultura y de las culturas ” (447)
Por esta razón, Juan Pablo II ha dirigido un
cálido llamamiento a las Conferencias episcopales de todo el mundo,
diciéndoles:
“ Emprendan, con paciencia, pero también con
firme resolución, el imponente trabajo a realizar de acuerdo con la Sede
Apostólica, para lograr catecismos fieles a los contenidos esenciales de la
Revelación, y puestos al día en lo que se refiere al método, capaces de educar
en una fe robusta a las generaciones cristianas de los tiempos nuevos ” (448)
Por medio de los Catecismos locales, la Iglesia
actualiza la “ pedagogía divina ” (449) que
Dios utilizó en la Revelación, al adaptar su lenguaje a nuestra naturaleza con
su providencia solícita. (450) En los
Catecismos locales, la Iglesia comunica el Evangelio de una manera muy
accesible a la persona humana, para que ésta pueda realmente percibirlo como
buena noticia de salvación. Los Catecismos locales se convierten, así, en
expresión palpable de la admirable “ condescendencia ” (451)
de Dios y de su “ amor inefable ” (452) al
mundo.
El
género literario de un Catecismo local
132. Tres rasgos principales caracterizan a todo
catecismo, asumido como propio de una Iglesia local: su carácter oficial, la
síntesis orgánica y básica de la fe que ofrece y el hecho de ser ofrecido,
junto a la Sagrada Escritura, como punto de referencia para la catequesis.
— El Catecismo local, en efecto, es
texto oficial de la Iglesia. De alguna forma visibiliza la “ entrega del
Símbolo ” y la “entrega del Padre nuestro ” a los catecúmenos y a los que van a
ser bautizados. Es la expresión, por tanto, de un acto de tradición.
El carácter oficial del Catecismo local
establece una distinción cualitativa respecto a los demás instrumentos de
trabajo, útiles en la pedagogía catequética (textos didácticos, catecismos no
oficiales, guías del catequista...).
— Todo catecismo es, además, un
texto de base y de carácter:
sintético, en el que se presentan, de manera
orgánica y atendiendo a la “jerarquía de verdades ”, los acontecimientos y
verdades., fundamentales del misterio cristiano.
— El Catecismo local presenta, en su
organicidad, un compendio de los “ documentos de la Revelación y de la
tradición cristiana ”, (453) que son ofrecidos
en la rica diversidad de “ lenguajes ”en que se expresa la Palabra de Dios.
El Catecismo local se ofrece, finalmente, como
punto de referencia inspirador de la catequesis. La Sagrada Escritura y el
Catecismo son los dos documentos doctrinales de base en el proceso de
catequización, para tener siempre a mano. Siendo uno y otro los instrumentos
primordiales, no son los únicos: se requieren otros instrumentos de trabajo más
inmediatos. (454) Por tanto, es
legítimo preguntarse si un Catecismo oficial debe incluir elementos pedagógicos
o, por el contrario, debe limitarse a ser una síntesis doctrinal, ofreciendo sólo
las fuentes.
En cualquier caso, al ser el catecismo un
instrumento para el acto catequético, que es acto de comunicación, responde
siempre a una clara inspiración pedagógica, y siempre debe transparentar,
dentro de su género, la pedagogía divina. Las cuestiones más claramente
metodológicas son, ordinariamente, más propias de otros instrumentos.
Los
aspectos de la adaptación en un Catecismo local. (455)
133. El Catecismo de la Iglesia Católica indica
cuáles son los aspectos que deben ser tenidos en cuenta a la hora de adaptar o
contextualizar la síntesis orgánica de la fe que todo Catecismo local debe
ofrecer. Esta síntesis de fe debe responder a las exigencias que dimanan de “
las diferentes culturas, de las edades, de la vida espiritual, de las situaciones
sociales y eclesiales de aquellos a quienes se dirige la catequesis ”. (456) También el Concilio Vaticano II afirma con
énfasis la necesidad de adaptar el mensaje evangélico: “ Esta predicación
acomodada de la palabra revelada debe mantenerse como ley de toda
evangelización ”. (457) Según esto:
— Un Catecismo local ha de presentar
la síntesis de fe en referencia a la cultura concreta en que viven inmersos los
catecúmenos y catequizandos. Incorporará, por tanto, todas aquellas “
expresiones originales de vida, de celebración y de pensamiento cristianos ”, (459) surgidas de la propia tradición cultural y que
son fruto del trabajo y de la inculturación de la Iglesia local.
— Un Catecismo local, “ fiel al
mensaje y fiel a la persona humana ~ presenta el misterio cristiano de modo
significativo y cercano a la psicología y mentalidad de la edad del
destinatario concreto y, en consecuencia, en clara referencia a las
experiencias nucleares de su vida. (460)
— También
se debe cuidar, de manera muy especial, la forma concreta de vivir el hecho
religioso en una sociedad determinada. No es lo mismo ofrecer un Catecismo en
un ambiente de marcada indiferencia religiosa que en un contexto de honda
religiosidad. (461) El tratamiento,
en concreto, de la relación “ fe-ciencia ” ha de estar muy cuidado en todo
catecismo.
— La problemática social
circundante, al menos en sus elementos estructurantes más profundos
(económicos, políticos, familiares...), es un factor importante para
contextualizar el Catecismo. Inspirándose en la doctrina social de la Iglesia,
el Catecismo sabrá ofrecer criterios, motivaciones y pautas de acción que
iluminen la presencia cristiana en medio de esa problemática. (462)
— Finalmente, la situación eclesial
concreta que vive la Iglesia particular es, sobre todo, el contexto obligado al
que referir el Catecismo. Obviamente, no las situaciones coyunturales, a las
que se atiende mediante otros escritos magisteriales, sino la situación más
permanente que reclama una evangelización con acentos más específicos y
determinados. (463)
La creatividad de las Iglesias locales respecto a la
elaboración de Catecismos
134. Las Iglesias locales, en la tarea de adaptar,
contextualizar e inculturar el mensaje evangélico a las diferentes edades,
situaciones y culturas, por medio de los Catecismos, necesitan una certera y
madura creatividad. Del depositum fidei, confiado a la Iglesia, las Iglesias
locales han de seleccionar, estructurar y expresar, bajo la guía del Espíritu
Santo, Maestro interior, todos aquellos elementos con los que transmitir, en
una situación determinada, el Evangelio en toda su autenticidad.
En esta difícil tarea, el Catecismo de la
Iglesia Católica es “ punto de referencia ” para garantizar la unidad de la fe.
El presente Directorio General para la Catequesis, por su parte, ofrece los
criterios básicos que deben orientar la presentación del mensaje cristiano.
135. En la elaboración de los Catecismos locales
conviene recordar lo siguiente:
— Se trata, ante todo, de elaborar
verdaderos Catecismos adaptados e inculturados. En este sentido conviene
distinguir entre lo que es un Catecismo, que actualiza el mensaje cristiano a
las distintas edades, situaciones y culturas, y lo que es una mera síntesis del
Catecismo de la Iglesia Católica, como instrumento de introducción al estudio
del mismo. Son dos géneros diferentes. (464)
— Los Catecismos locales pueden
tener un carácter diocesano, regional o nacional. (465)
— Atendiendo a la estructuración de
los contenidos, los diferentes Episcopados publican, de hecho, Catecismos con
diversas articulaciones o configuraciones. Como ya se ha indicado, el Catecismo
de la Iglesia Católica es propuesto como referente doctrinal, pero no quiere
imponerse con él, para toda la Iglesia, una configuración determinada de catecismo.
Hay, así, Catecismos con una configuración trinitaria, otros se estructuran
según las etapas de la historia de la salvación, otros siguiendo un tema
bíblico o teológico de gran densidad (Alianza, Reino de Dios, etc.), otros lo
hacen según las dimensiones de la fe, otros siguiendo el año litúrgico.
— Atendiendo a la manera de expresar
el mensaje evangélico, la creatividad de un Catecismo incide, también, en la
misma formulación del contenido. (466) Evidentemente,
un catecismo debe ser fiel al depósito de la fe en el modo de expresar la
sustancia doctrinal del mensaje cristiano: “ Las Iglesias particulares
profundamente compenetradas no sólo con las personas, sino con las
aspiraciones, las riquezas y límites, las maneras de orar, de amar, de considerar
la vida y el mundo que distinguen a tal o cual conjunto humano, tienen la
función de asimilar lo esencial del mensaje evangélico, de traducirlo, sin la
menor traición a su verdad esencial, al lenguaje que esos hombres comprenden y
de anunciarlo después en ese mismo lenguaje ”. (467)
El principio a
seguir en esta delicada tarea es el indicado por el Concilio Vaticano II: “
buscar siempre el modo más apropiado de comunicar la doctrina a los hombres de
nuestra época, porque una cosa es el depósito mismo de la fe, o sea sus
verdades, y otra cosa es el modo de formularlas, conservando el mismo sentido y
el mismo significado ”. (468)
El Catecismo de la Iglesia Católica y los Catecismos
locales: la “ sinfonía ” de la fe
136. El Catecismo de la Iglesia Católica y los
Catecismos locales, naturalmente con la específica autoridad de cada uno,
forman una unidad. Son la expresión concreta de la “ unidad en la misma fe
apostólica ” (469) y, al mismo tiempo, de la
rica diversidad de la formulación de esa misma fe.
El Catecismo de la Iglesia Católica y los
Catecismos locales juntos, al contemplar su armonía, muestran la sinfonía de la
fe:
una sinfonía, ante todo, interna al mismo
Catecismo de la Iglesia Católica, elaborado con la colaboración de todo el
Episcopado de la Iglesia católica; y una sinfonía derivada de él y manifestada
en los Catecismos locales. Esta “ sinfonía ”, este “ coro de voces de la
Iglesia universal ” (470) manifestada en los
Catecismos locales, fieles al Catecismo de la Iglesia Católica, tiene un
significado teológico importante:
— Expresa, ante todo, la catolicidad
de la Iglesia. Las riquezas culturales de los pueblos se incorporan a la
expresión de la fe de la única Iglesia.
— El Catecismo de la Iglesia
Católica y los Catecismos locales manifiestan también la comunión eclesial de
la que la “ profesión de una sola fe ” (471) es
uno de sus vínculos visibles. Las Iglesias particulares, “ en las cuales y
partir de las cuales existe la Iglesia católica, una y única ” (472) forman con el todo, con la Iglesia universal, “
una peculiar relación de mutua interioridad ” (473)
La unidad entre el Catecismo de la Iglesia Católica y los Catecismos locales
visibiliza esa comunión.
— El Catecismo de la Iglesia
Católica y los Catecismos locales expresan, igualmente, de forma palpable, la
realidad de la colegialidad episcopal. Los obispos, cada uno en su diócesis, y
juntos como colegio, en comunión con el sucesor de Pedro, tienen la máxima
responsabilidad de la catequesis en la Iglesia. (474)
El Catecismo de la Iglesia Católica y los
Catecismos locales, por su unidad profunda y su rica diversidad, están llamados
a ser fermento renovador de la catequesis en la Iglesia. Al contemplarlos con
una mirada católica y universal, la Iglesia, es decir, la entera comunidad de discípulos
de Cristo puede decir en verdad: “ ¡Esta es nuestra fe, ésta es la fe de la
Iglesia!
TERCERA PARTE
LA PEDAGOGÍA DE
LA FE
La pedagogía de la fe
“ Yo enseñé a Efraín a caminar, tomándole por
los brazos... Con lazos humanos los atraía, con lazos de amor, y era para ellos
como los que alzan a un niño contra su mejilla, me inclinaba hacia él y le daba
de comer ” (Os 11,3-4).
“ Cuando quedó a solas, los que le seguían a
una con los Doce le preguntaban sobre las parábolas. El les dijo: A vosotros se
os ha dado el misterio del Reino de Dios. A sus propios discípulos se lo
explicaba todo en privado ” (Mc 4,10-11.34).
“ Uno solo es
vuestro Maestro, Cristo ” (Mt 23,10)
137. Jesús cuidó atentamente la formación de los
discípulos que envió en misión. Se presentó a ellos como el único Maestro y al
mismo tiempo amigo paciente y fiel; (475) su
vida entera fue una continua enseñanza; (476)
estimulándoles con acertadas preguntas (477)
les explicó de una manera más profunda cuanto anunciaba a las gentes; (478) les inició en la oración; (479) les envió de dos en dos a prepararse para la
misión; (480) les prometió primero y
envió después el Espíritu del Padre para que les guiara a la verdad plena (481) y les sostuviera en los inevitables
momentos de dificultad. (482) Jesucristo es “
el Maestro que revela a Dios a los hombres y al hombre a si mismo, el Maestro
que salva, santifica y guía, que está vivo, que habla, exige, que conmueve, que
endereza, juzga, perdona, camina diariamente con nosotros en la historia; el
Maestro que viene y que vendrá en la gloria ”. (483)
En Jesucristo, Señor y Maestro, la Iglesia encuentra la gracia transcendente,
la inspiración permanente, el modelo convincente para toda comunicación de la
fe
Significado
y finalidad de esta parte
138. En la escuela de Jesús Maestro, el catequista
une estrechamente su acción de persona responsable con la acción misteriosa de
la gracia de Dios. La catequesis es, por esto, ejercicio de una “ pedagogía
original de la fe ” (484)
La transmisión del Evangelio por medio de la
Iglesia es, ante todo y siempre, obra del Espíritu Santo y tiene en la
revelación el fundamento y la norma básica, tal como se expone en el primer
capítulo de esta parte.
Pero el Espíritu se vale de personas que
reciben la misión de anunciar el Evangelio y cuyas capacidades y experiencias
humanas entran a formar parte de la pedagogía de la fe.
Brotan de aquí una serie de cuestiones
ampliamente tratadas a lo largo de la historia de la catequesis, referentes al
acto catequético, a las fuentes, a los métodos, a los destinatarios y al
proceso de inculturación.
En el capítulo segundo no se pretende hacer un
tratamiento exhaustivo de ellas, sino que se exponen sólo aquellos puntos que
tienen hoy particular importancia para toda la Iglesia. Corresponderá a los
directorios y a otros instrumentos de trabajo de las distintas Iglesias
particulares considerar de manera apropiada los problemas específicos.
CAPÍTULO 1
La pedagogía de Dios, fuente y modelo de la pedagogía
de la fe (485)
139. “ Como a hijos os trata Dios; y ¿qué hijo hay
a quien su padre no corrige? ” (Hb 12,7). La salvación de la persona, que es el
fin de la revelación, se manifiesta también como fruto de una original y eficaz
“ pedagogía de Dios ” a lo largo de la historia. En analogía con las costumbres
humanas y según las categorías culturales de cada tiempo, la Sagrada Escritura
nos presenta a Dios como un padre misericordioso, un maestro, un sabio (486) que toma a su cargo a la persona
—individuo y comunidad— en las condiciones en que se encuentra, la libera de
los vínculos del mal, la atrae hacia sí con lazos de amor, la hace crecer
progresiva y pacientemente hacia la madurez de hijo libre, fiel y obediente a su
palabra. A este fin, como educador genial y previsor, Dios transforma los
acontecimientos de la vida de su pueblo en lecciones de sabiduría (487) adaptándose a las diversas edades y situaciones
de vida. A través de la instrucción y de la catequesis pone en sus manos un
mensaje que se va transmitiendo de generación en generación, (488) lo corrige recordándole el premio y
el castigo, convierte en formativas las mismas pruebas y sufrimientos. (489) En realidad, favorecer el encuentro
de una persona con Dios, que es tarea del catequista, significa poner en el
centro y hacer propia la relación que Dios tiene con la persona y dejarse guiar
por El.
La
pedagogía de Cristo
140. Llegada
la plenitud de los tiempos, Dios envió a la humanidad a su Hijo, Jesucristo. El
entregó al mundo el don supremo de la salvación, realizando su misión redentora
a través de un proceso que continuaba la “ pedagogía de Dios ”, con la
perfección y la eficacia inherente a la novedad de su persona. Con las
palabras, signos, obras de Jesús, a lo largo de toda su breve pero intensa
vida, los discípulos tuvieron la experiencia directa de los rasgos
fundamentales de la “ pedagogía de Jesús ”, consígnándolos después en los
evangelios: la acogida del otro, en especial del pobre, del pequeño, del
pecador como persona amada y buscada por Dios; el anuncio genuino del Reino de
Dios como buena noticia de la verdad y de la misericordia del Padre; un estilo
de amor tierno y fuerte que libera del mal y promueve la vida; la invitación
apremiante a un modo de vivir sostenido por la fe en Dios, la esperanza en el
Reino y la caridad hacia el prójimo; el empleo de todos los recursos propios de
la comunicación interpersonal, como la palabra, el silencio, la metáfora, la
imagen, el ejemplo, y otros tantos signos, como era habitual en los profetas
bíblicos. Invitando a los discípulos a seguirle totalmente y sin condiciones, (490) Cristo les enseña la pedagogía de la
fe en la medida en que comparten plenamente su misión y su destino.
La
pedagogía de la Iglesia
141. Desde sus comienzos la Iglesia, que es “ en
Cristo como un sacramento ” (491) vive su
misión en continuidad visible y actual con la pedagogía del Padre y del Hijo.
Ella, “ siendo nuestra Madre es también educadora de nuestra fe ”. (492)
Estas son las razones profundas por las que la
comunidad cristiana es en sí misma catequesis viviente. Siendo lo que es,
anuncia, celebra, vive y permanece siempre como el espacio vital indispensable
y primario de la catequesis.
La Iglesia ha generado a lo largo de los siglos
un incomparable patrimonio de pedagogía de la fe: sobre todo el testimonio de
las catequistas y de los catequistas santos; una variedad de vías y formas
originales de comunicación religiosa como el catecumenado, los catecismos, los
itinerarios de vida cristiana; un valioso tesoro de enseñanzas catequéticas, de
expresiones culturales de la fe, de instituciones y servicios de la catequesis.
Todos estos aspectos constituyen la historia de la catequesis y entran con
derecho propio en la memoria de la comunidad y en el que hacer del catequista.
La
pedagogía divina, acción del Espíritu Santo en todo cristiano
142. “ Dichoso el hombre a quien corriges tú,
Yahvéh, a quien instruyes con tu ley ”. (9 Sal 94,12) En la escuela de la
Palabra de Dios acogida en la Iglesia, gracias al don del Espíritu Santo
enviado por Cristo, el discípulo crece como su Maestro en “ sabiduría, edad y
gracia ante Dios y ante los hombres ” (Lc 2,52) y es ayudado para que se
desarrolle en él la “ educación divina ”recibida, mediante la catequesis y las
aportaciones de la ciencia y de la experiencia. (493)
De este modo, conociendo cada vez más el misterio de la salvación,
aprendiendo a adorar a Dios Padre y “ siendo sinceros en el amor ”, trata de “
crecer en todo hacia Aquel que es la cabeza, Cristo ” (Ef 4,15).
Se puede decir que la pedagogía de Dios alcanza
su meta cuando el discípulo llega “ al estado de hombre perfecto, a la madurez
de la plenitud de Cristo ” (Ef 4,13). Por eso no se puede ser maestro y
pedagogo de la fe de otros, sino se es discípulo convencido y fiel de Cristo en
su Iglesia.
Pedagogía
divina y catequesis
143. La catequesis, en cuanto comunicación de la
Revelación divina, se inspira radicalmente en la pedagogía de Dios tal como se
realiza en Cristo y en la Iglesia, toma de ella sus líneas constitutivas y,
bajo la guía del Espíritu Santo, desarrolla una sabia síntesis de esa
pedagogía, favoreciendo así una verdadera experiencia de fe y un encuentro filial
con Dios. De este modo la catequesis:
— es una pedagogía que se inserta y sirve al “
diálogo de la salvación ” entre Dios y la persona, poniendo de relieve
debidamente el destino universal de esa salvación; en lo que concierne a Dios,
subraya la iniciativa divina, la motivación amorosa, la gratuidad, el respeto
de la libertad; en lo que se refiere al hombre, pone en evidencia la dignidad
del don recibido y la exigencia de crecer constantemente en El; (494)
— acepta el principio del carácter
progresivo de la Revelación, de la transcendencia y carácter misterioso de la
Palabra de Dios, así como su adaptación a las diversas personas y culturas;
— reconoce la centralidad de
Jesucristo, Palabra de Dios hecha carne, que determina a la catequesis como “
pedagogía de la encarnación“, por la que el Evangelio se ha de proponer siempre
para la vida y en la vida de las personas;
— reconoce el valor de la
experiencia comunitaria de la fe, como propia del Pueblo de Dios, de la
Iglesia;
— se enraíza en la relación
interpersonal y hace suyo el proceso del diálogo;
— se hace pedagogía de signos, en la
que se entrecruzan hechos y palabras, enseñanza y experiencia; (495)
— encuentra tanto su fuerza de
verdad como su compromiso permanente de dar testimonio en el inagotable amor
divino, que es el Espíritu Santo, ya que ese amor de Dios es la razón última de
su revelación. (496)
La catequesis se configura de este modo como
proceso, o itinerario, o camino del seguimiento del Cristo del Evangelio en el
Espíritu hacia el Padre, emprendido con vistas a alcanzar la madurez en la fe “
según la medida del don de Cristo ” (Ef 4,4) y las posibilidades y necesidades
de cada uno.
Pedagogía
original de la fe (497)
144. La catequesis, que es por tanto pedagogía en
acto de la fe, al realizar sus tareas no puede dejarse inspirar por
consideraciones ideológicas o por intereses meramente humanos; (498) no confunde la acción salvífica de Dios, que es
pura gracia, con la acción pedagógica del hombre, pero tampoco las contrapone y
separa. El diálogo que Dios mantiene amorosamente con cada persona se convierte
en su inspiración y norma; de ese diálogo la catequesis es “ eco ” incansable,
buscando constantemente el diálogo con las personas, según las indicaciones
fundamentales que ofrece el Magisterio de la Iglesia. (499)
He aquí unos objetivos concretos que
inspiran sus opciones metodológicas:
— promover una progresiva y
coherente síntesis entre la adhesión plena del hombre a Dios (fides qua) y los
contenidos del mensaje cristiano (fides quae);
— desarrollar todas las dimensiones
de la fe, por las cuales ésta llega a ser una fe conocida, celebrada, vivida,
hecha oración; (500)
— impulsar a la persona a confiarse
“ por entero y libremente a Dios ”: (501)
inteligencia, voluntad, corazón y memoria;
— ayudar a la persona a discernir la
vocación a la que el Señor la llama.
La catequesis desarrolla así una acción que es,
al mismo tiempo, de iniciación, de educación y de enseñanza.
Fidelidad
a Dios y fidelidad a la persona (502)
145. Jesucristo constituye la viva y perfecta
relación de Dios con el hombre y del hombre con Dios. De El recibe la pedagogía
de la fe “ una ley fundamental para toda la vida de la Iglesia (y por tanto
para la catequesis): la fidelidad a Dios y al hombre, en una misma actitud de
amor ” (503)
Por eso, será auténtica aquella catequesis que
ayude a percibir la acción de Dios a lo largo de todo el camino educativo,
favoreciendo un clima de escucha, de acción de gracias y de oración, (504) y que a la vez propicie la respuesta libre de
las personas, promoviendo la participación activa de los catequizandos.
La “
condescendencia ” (505) de
Dios, escuela para la persona
146. Queriendo hablar a los hombres como
a amigos, (506) Dios manifiesta de modo
particular su pedagogía adaptando con solícita providencia su modo de hablar a
nuestra condición terrena. (507)
Eso comporta para la catequesis la tarea nunca
acabada de encontrar un lenguaje capaz de comunicar la Palabra de Dios y el
Credo de la Iglesia, que es el desarrollo de esa Palabra, a las distintas
condiciones de los oyentes; (508) y a la vez
manteniendo la certeza de que, por la gracia de Dios, esto es posible, y de que
el Espíritu Santo otorga el gozo de llevarlo a cabo.
Por eso son indicaciones pedagógicas válidas
para la catequesis aquellas que permiten comunicar en su totalidad la Palabra
de Dios en el corazón mismo de la existencia de las personas. (509)
Evangelizar
educando y educar evangelizando (510)
147. Inspirándose continuamente en la pedagogía de
la fe, el catequista configura un servicio a modo de un itinerario educativo
cualificado; es decir, por una parte, ayuda a la persona a abrirse a la
dimensión religiosa de la vida, y por otra le propone el Evangelio de tal
manera que penetre y transforme los procesos de comprensión, de conciencia, de
libertad y de acción, de modo que haga de la existencia una entrega de sí a
ejemplo de Jesucristo.
A este fin, el catequista conoce y se sirve,
desde una perspectiva cristiana, de los resultados de las ciencias de la
educación.
CAPÍTULO II
Elementos de metodología
La
diversidad de métodos en la catequesis (511)
148. En la transmisión de la fe, la Iglesia no
tiene de por sí un método propio ni único, sino que, a la luz de la pedagogía
de Dios, discierne los métodos de cada época, asume con libertad de espíritu “
todo cuanto hay de verdadero, de noble, de justo, de puro, de amable, de
honorable, todo cuanto sea virtud y cosa digna de elogio ” (Flp 4,8), en
síntesis, todos los elementos que no son contrarios al Evangelio, y los pone a
su servicio. Esto lo confirma de modo admirable la historia de la Iglesia, en
la que numerosos carismas de servicio a la Palabra de Dios han dado origen a
muy diversos métodos. De este modo, “ la variedad en los métodos es un signo de
vida y una riqueza ”, y a la vez una muestra de respeto a los destinatarios.
Tal variedad viene pedida por “ la edad y el desarrollo intelectual de los
cristianos, su grado de madurez eclesial y espiritual y muchas otras
circunstancias personales ” (512)
La metodología de la catequesis tiene por
objeto unitario la educación de la fe; se sirve de las ciencias pedagógicas y
de la comunicación aplicadas a la catequesis; tiene en cuenta las muchas y
notables adquisiciones de la catequética contemporánea.
La
relación contenido-método en la catequesis (513)
149. El principio de la “fidelidad a Dios y
fidelidad al hombre ” lleva a evitar toda contraposición, separación artificial
o presunta neutralidad entre método y contenido, afirmando más bien su
necesaria correlación e interacción. El catequista reconoce que el método está
al servicio de la revelación y de la conversión, (514)
y por eso ha de servirse de él. Por otra parte, el catequista sabe que el
contenido de la catequesis no es indiferente a cualquier método, sino que exige
un proceso de transmisión adecuado a la naturaleza del mensaje, a sus fuentes y
lenguajes, a las circunstancias concretas de la comunidad eclesial, a la
condición de cada uno de los fieles a los que se dirige la catequesis.
Por su importancia para la catequesis tanto en
el pasado como en el presente merecen ser recordados el método de iniciación a
la Biblia; (515) el método o “ pedagogía del
documento ”, del Símbolo en particular, en cuanto que “ la catequesis es
transmisión de los documentos de la fe ”; (516)
el método de los signos litúrgicos y eclesiales; el método propio de la
comunicación a través de los “ mass-media ”.
Un buen método de catequesis es garantía de fidelidad
al contenido.
Método
inductivo y deductivo (517)
150. La comunicación de la fe en la catequesis es
un acontecimiento de gracia, realizado por el encuentro de la Palabra de Dios
con la experiencia de la persona, que se expresa a través de signos sensibles y
finalmente abre al misterio. Puede acontecer por diversas vías que no siempre
conocemos del todo.
Atendiendo a la historia de la
catequesis, hoy se habla habitualmente de vía inductiva y deductiva. El método
inductivo consiste en la presentación de hechos (acontecimientos bíblicos,
actos litúrgicos, hechos de la vida de la Iglesia y de la vida cotidiana...) a
fin de descubrir en ellos el significado que pueden tener en la Revelación
divina. Es una vía que ofrece grandes ventajas, ya que es conforme a la
economía de la Revelación; corresponde a una instancia profunda del espíritu
humano, la de llegar al conocimiento de las cosas inteligibles a través de las
cosas visibles; y es también conforme a las características propias del
conocimiento de fe, que consiste en conocer a través de signos.
El método inductivo no excluye, más bien exige
el método deductivo, que explica y describe los hechos procediendo desde sus
causas. Pero la síntesis deductiva tendrá pleno valor sólo cuando se ha hecho
el proceso inductivo. (518)
151. Por otra parte, cuando se hace referencia a
los itinerarios operativos, cabe dar otro sentido: uno es llamado también “
kerigmático ” (o descendente), que parte del anuncio del mensaje, expresado en
los principales documentos de la fe (Biblia, liturgia, doctrina...) y los
aplica a la vida; el otro, llamado “existencial ” (o ascendente), que arranca
de problemas y situaciones humanas y los ilumina con la luz de la Palabra de
Dios. De por sí son modos de acceso legítimos si se respetan todos los factores
en juego, el misterio de la gracia y el hecho humano, la comprensión de fe y el
proceso de racionalidad.
La
experiencia humana en la catequesis (519)
152. La experiencia ejerce diversas
funciones en la catequesis, a la luz de las cuales la existencia misma debe ser
siempre debidamente valorada.
a) Hace que nazcan en el hombre
intereses, interrogantes, esperanzas e inquietudes, reflexiones y juicios, que
confluyen en un cierto deseo de transformar la existencia. Es tarea de la
catequesis procurar que las personas estén atentas a sus experiencias más
importantes, ayudarlas a juzgar a la luz del Evangelio las preguntas y
necesidades que de estas experiencias brotan, educar al hombre a vivir la vida
de un modo nuevo. De esta forma la persona será capaz de comportarse de modo
activo y responsable ante el don de Dios.
b) La experiencia ayuda a hacer
inteligible el mensaje cristiano. Esto se ajusta al modo de obrar de Jesús, que
se sirvió de experiencias y situaciones humanas para anunciar realidades
escatológicas y transcendentes e indicar a la vez la actitud ante ellas. En
este aspecto, la experiencia es mediación necesaria para explorar y asimilar
las verdades que constituyen el contenido objetivo de la Revelación.
c) Estas funciones indican que la
experiencia asumida por la fe viene a ser en cierto modo ámbito en el que se
manifiesta y realiza la salvación, en la que Dios, de acuerdo con la pedagogía
de la encarnación, se acerca al hombre con su gracia y lo salva. El catequista
debe ayudar a la persona a leer de este modo lo que está viviendo, para
descubrir la invitación del Espíritu Santo a la conversión, al compromiso, a la
esperanza, y así descubrir cada vez más el proyecto de Dios en su propia vida.
153. La iluminación y la interpretación de la
experiencia a la luz de la fe se convierte en una tarea permanente de la
pedagogía catequética, no exenta de dificultades, pero que no puede
descuidarse, so pena de caer en yuxtaposiciones artificiosas o en comprensiones
reducionistas de la verdad.
Esta tarea hace posible una correcta aplicación
de la correlación o interacción entre las experiencias humanas profundas (520) y el mensaje revelado. Lo testifican
ampliamente el anuncio de los profetas, la predicación de Cristo y las
enseñanzas de los apóstoles, que por eso constituyen el criterio básico y
normativo para todo encuentro entre fe y experiencia humana en el tiempo de la
Iglesia.
La
memorización en la catequesis (521)
154. La catequesis está vinculada a la “ Memoria ”
de la Iglesia que mantiene viva entre nosotros la presencia del Señor. (522) El ejercicio de la memoria es, por
tanto, un elemento constitutivo de la pedagogía de la fe, desde los comienzos
del cristianismo. Para superar los riesgos de una memorización mecánica, el
ejercicio de la memoria ha de integrarse armónicamente entre las diversas
funciones del aprendizaje, tales como la espontaneidad y la reflexión, los
momentos de diálogo y de silencio, la relación oral y el trabajo escrito. (523)
En particular, se han de considerar
oportunamente como objeto de memoria las principales fórmulas de la fe, ya que
aseguran una exposición más precisa de la misma y garantizan un rico patrimonio
común doctrinal, cultural y lingüístico. El conocimiento y asimilación de los
lenguajes de la fe es condición indispensable para vivir esa misma fe.
Es necesario, sin embargo, que tales
fórmulas, propuestas como síntesis después de una previa explicación, sean
fieles al mensaje cristiano. Entran ahí algunas fórmulas y textos mayores de la
Biblia, del dogma, de la liturgia, y las oraciones bien conocidas de la
tradición cristiana (Símbolo apostólico, Padre Nuestro, Ave María...). (524)
“ Estas flores, por así decir, de la
fe y de la piedad no brotan en los espacios desérticos de una catequesis sin
memoria. Lo esencial es que esos textos memorizados sean interiorizados y
entendidos progresivamente en su profundidad, para que sean fuente de vida
cristiana personal y comunitaria ” . (525)
155. Con mayor profundidad aún, el aprendizaje de
las fórmulas de la fe y su profesión creyente se han de comprender en el cauce
del ejercicio tradicional y válido de la “ traditio ” y “ redditio ”, gracias al
cual, a la entrega de la fe en la catequesis (traditio) corresponde la
respuesta del hombre a lo largo del camino catequético y después en la vida
(redditio) (526)
Este proceso favorece una mejor participación
en la verdad recibida. Es cabal y madura la respuesta personal que respeta
plenamente el sentido genuino del mensaje de la fe y da muestras de haber
comprendido el lenguaje empleado para transmitirlo (bíblico, litúrgico,
doctrinal...).
Función del catequista (527)
156. Ningún método, por experimentado que sea,
exime al catequista del trabajo personal en ninguna de las fases del proceso de
la catequesis.
El carisma recibido del Espíritu, una sólida
espiritualidad, y un testimonio transparente de vida cristiana en el catequista
constituyen el alma de todo método; y sus cualidades humanas y cristianas son
indispensables para garantizar el uso correcto de los textos y de otros
instrumentos de trabajo.
El catequista es intrínsecamente un mediador
que facilita la comunicación entre las personas y el misterio de Dios, así como
la de los hombres entre sí y con la comunidad. Por ello ha de esforzarse para
que su formación cultural, su condición social y su estilo de vida no sean
obstáculo al camino de la fe, aún más, ha de ser capaz de crear condiciones
favorables para que el mensaje cristiano sea buscado, acogido y profundizado.
El catequista no debe olvidar que la adhesión
de fe de los catequizandos es fruto de la gracia y de la libertad, y por eso
procura que su actividad catequética esté siempre sostenida por la fe en el
Espíritu Santo y por la oración.
Finalmente, tiene una importancia esencial la
relación personal del catequista con el catecúmeno y el catequizando. Esa
relación se nutre de ardor educativo, de aguda creatividad, de adaptación, así
como de respeto máximo a la libertad y a la maduración de las personas.
Gracias a una labor de sabio acompañamiento, el
catequista realiza un servicio de los más valiosos a la catequesis: ayudar a
los catequizandos a discernir la vocación a la que Dios los llama.
La actividad y
creatividad de los catequizados (528)
157. La participación activa en el proceso
formativo de los catequizandos está en plena conformidad, no sólo con una
comunicación humana verdadera, sino especialmente con la economía de la
revelación y la salvación. De hecho, en la vida cristiana ordinaria, los
creyentes están llamados a dar respuesta activa, personalmente y en grupo, al
don de Dios por medio de la oración, la participación en los sacramentos y en
las demás acciones litúrgicas, el compromiso eclesial y social, el ejercicio de
la caridad, la promoción de los grandes valores humanos, como la libertad, la
justicia, la paz, y la salvaguardia de la creación.
En la catequesis, por tanto, los catequizandos
asumen el compromiso de ejercitarse en la actividad de la fe, de la esperanza y
de la caridad, de adquirir la capacidad y la rectitud de juicio, de fortalecer
su decisión personal de conversión y de práctica de la vida cristiana.
Los catequizandos, sobre todo cuando son
adultos, pueden contribuir con eficacia al desarrollo de la catequesis,
indicando los diversos modos para comprender y expresar eficazmente el mensaje,
tales como: “ aprender haciendo ”, hacer uso del estudio y del diálogo, intercambiar
y confrontar los diversos puntos de vista.
Comunidad,
persona y catequesis
(529)
158. La pedagogía catequética es eficaz en la
medida en que la comunidad cristiana se convierte en referencia concreta y
ejemplar para el itinerario de fe de cada uno. Esto sucede si la comunidad se
concibe como fuente, lugar y meta de la catequesis. En concreto, la comunidad
viene a ser lugar visible del testimonio de la fe, cuida la formación de sus
miembros, les acoge como familia de Dios, constituyéndose en ambiente vital y
permanente del crecimiento de la fe. (530)
Junto al anuncio del Evangelio de
forma pública y colectiva, será siempre indispensable la relación de persona a
persona, a ejemplo de Jesús y de los Apóstoles. De ese modo la conciencia
personal se implica más fácilmente; el don de la fe, como es propio de la
acción del Espíritu Santo, llega de viviente a viviente, y la fuerza de
persuasión se hace más incisiva. (531)
La
importancia del grupo
(532)
159. El grupo tiene una función importante en los
procesos de desarrollo de la persona. Esto vale también para la catequesis, en
la de los pequeños porque favorece una buena socializáción; en la de los
jóvenes para quienes el grupo es casi una necesidad vital en la formación de su
personalidad; y en la de los adultos porque promueve un estilo de diálogo, de
cooperación y de corresponsabilidad cristiana.
El catequista, que participa en la vida del
grupo y advierte y valora su dinámica, reconoce y ejerce como cometido primario
y específico el de ser, en nombre de la Iglesia, testigo del Evangelio, capaz
de comunicar a los demás los frutos de su fe madura y de alentar con
inteligencia la búsqueda común.
Además de ser un elemento de aprendizaje, el
grupo cristiano está llamado a ser una experiencia de comunidad y una forma de
participación en la vida eclesial, encontrando en la más amplia comunidad
eucarística su plena manifestación y su meta. Dice Jesús: “ Donde están dos o
tres reunidos en mi nombre, allí estoy en medio de ellos ”. (533)
La comunicación
social (534)
160. “ El
primer areópago del tiempo moderno es el mundo de la comunicación, que está
unificando a la humanidad... Los medios de comunicación social han alcanzado
tal importancia que para muchos son el principal instrumento informativo y
formativo, de orientación e
inspiración
para ios comportamientos individuales, familiares y sociales ” (535) Por eso, junto a los numerosos medios
tradicionales en vigor, “ la utilización de los mass media ha llegado a ser
esencial para la evangelización y la catequesis ” (536)
En efecto, “ la Iglesia se sentiría culpable ante su Señor si no emplease esos
poderosos medios, que la inteligencia humana perfecciona cada vez más.... en
ellos la Iglesia encuentra una versión moderna y eficaz del púlpito. Gracias a
ellos puede hablar a las masas ” (537)
Entre otros pueden considerarse, si bien a
título diferente: televisión, radio, prensa, discos, grabaciones, vídeos y
audios, es decir, toda la gama de los medios audiovisuales. (538) Cada medio realiza su propio
servicio y cada uno exige un uso específico; en cada uno se han de respetar sus
exigencias y valorar su importancia. (539)
Por ello, tales subsidios no pueden faltar en una catequesis bien
programada. Fomentar la ayuda recíproca entre las Iglesias particulares, a fin
de subvenir a los altos costos de compra y uso de estos medios, es un buen
servicio a la causa del Evangelio.
161. La utilización correcta de estos medios exige
en los catequistas un serio esfuerzo de conocimiento, de competencia y de
actualización cualificada. Pero sobre todo, dada la gran influencia que esos
medios ejercen en la cultura, no se debe olvidar que “ no basta usarlos para
difundir el mensaje cristiano y el magisterio de la Iglesia, sino que conviene
integrar el mensaje mismo en esta nueva cultura creada por la comunicación
moderna..., con nuevos lenguajes, nuevas técnicas y nuevos comportamientos
psicológicos ”. (540) Sólo así, con la gracia
de Dios, el mensaje evangélico tiene la capacidad de penetrar en la conciencia
de cada uno y de obtener “ en favor suyo una adhesión y un compromiso
verdaderamente personales ”. (541)
162. Todas las personas relacionadas con estos
medios de comunicación, profesionales y usuarios, han de poder recibir la
gracia del Evangelio. Esto debe alentar a los catequistas a considerar diversas
posibilidades según las distintas personas: los profesionales de los medios, a
quienes mostrar el Evangelio como horizonte de verdad, de responsabilidad, de
inspiración; las familias —tan expuestas al influjo de los medios de
comunicación— para protegerlas y, sobre todo, ayudarlas a adquirir mayor
capacidad crítica y educativa; (542) las
generaciones jóvenes, en cuanto usuarios y protagonistas de la comunicación de
los mass-media. A todos hay que recordar que “ en el uso y recepción de los
instrumentos de comunicación urge tanto una labor educativa del sentido
crítico, animado por la pasión por la verdad, como una labor de defensa de la
libertad, del respeto a la dignidad de la persona, de la elevación de la
auténtica cultura de los pueblos ” (543)
CUARTA PARTE
LOS DESTINATARIOS DE LA CATEQUESIS
Los destinatarios de la catequesis
“ Te voy a poner por luz de las gentes, para
que mi salvación alcance hasta los confines de la tierra ” (Is 49,6).
“ Vino a Nazaret, donde se había criado y, según su costumbre, entró en la sinagoga el día de sábado, y se levantó para hacer la lectura. Le entregaron el volumen del profeta Isaías y desarrollando el volumen, halló el pasaje donde