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Esta es la octava vez que intento
escribir algo sobre mí. Y no
es fácil. Porque hablar de
uno cuesta bastante. Más que
nada porque es posible que veamos
nuestros defectos. Sea como sea, no
he conseguido mucho; sólo que
nací y me crié en el
barrio leonés de El Mercado,
que tengo veintiséis años
y poca cosa más. Como que estudié
Electricidad y que desde que era pequeño
soñaba con ser escritor para
sacar a mi padre de la mina, y poder
dar vida a mis pasiones y sentimientos
más secretos. Pero, ¿a
quién puede importarle esto?
Creo que ni a mi padre, porque acabó
prejubilándose él solo.
De cualquier forma, me gusta recordar
que la primera novela que leí
fue Miguel Strogoff, y que me la dejó
mi abuela con todo el cariño
del mundo. A partir de ahí
han pasado tantos libros por mis manos,
como estrellas pueden contarse en
una noche. Pero creo que tampoco esto
importe a nadie. En 1997 publiqué
dos cuentos, El Buscador, y Soledad,
en la revista El Baúl Joven.
Y desde el año 2000 hasta hoy,
escribo relatos en el periódico
juvenil Alauda. Pero bueno, tengo
que acabar ya porque ahora estoy en
la Cafetería de la que soy
dueño, y me reclaman en las
mesas. Únicamente deseo decir
a quien quiera escucharme, que la
vida no sólo se compone de
ilusiones y sueños. También
hay realidades. Como esta novela.
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