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El 15 de marzo (mis idus de marzo)
de 1998, sufrí un accidente
de automóvil que me hizo replantear
la vida bajo una perspectiva nueva,
diferente. Supe que la anterior había
terminado y que, en adelante, yo ya
no sería la misma. Que dispondría
de un tiempo extra, como la coda de
un soneto, como la oportunidad que
me permitiría acabar una tarea
inconclusa. Desde entonces he realizado
trabajos que antes siempre había
deseado acometer: radio y periodismo,
medios a través de los cuales
me he visto involucrada en actos insospechados
derivados de una guerra que no hubiera
debido ser. Dibujar, pintar, empaparme
de Egipto y reconocerme a mí
misma. Quedaba pendiente algo en especial:
ver publicadas mis novelas, escritas
y olvidadas. La primera de las cuales
es ésta, El Jardín de
los Pájaros Invisibles, que
considero absolutamente actual por
lo intemporal; conveniente, pues,
para ser meditada aquí y ahora.
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