Julián Ayala
En los últimos años Coalición
Canaria, pese a sus éxitos electorales, ha sufrido varias crisis. Estas crisis
tienen su origen último en el dualismo ideológico y de poder territorial
existente en el partido con un centro-derecha (la antigua ATI) hegemónico en
Tenerife y su provincia y un centro-izquierda (ICAN-AM) mayoritario en Gran
Canaria y Fuerteventura. Lanzarote constituye una peculiaridad que merecería
una reflexión concreta, aunque a los efectos de este artículo baste decir que
La primera de las crisis se produjo en Gran Canaria con motivo de la sucesión
de Hermoso en 1999. El resultado fue la salida de Lorenzo Olarte y de su
partido, el Centro Canario Nacionalista, y la designación de un militante de
segunda fila, Román Rodríguez, como candidato de CC al Gobierno Autónomo. La
segunda crisis, mucho más grave, tuvo lugar cuatro años más tarde, también por
desencuentros en el reparto del poder (la mejor prueba de que CC ha sido sobre
todo un matrimonio de conveniencia), y se saldó con la salida de Román
Rodríguez y la mayoría de la organización grancanaria, y la creación de un
nuevo partido: Nueva Canarias-Nueva Gran Canaria.
En Las Palmas Coalición Canaria ha quedado prácticamente destrozada y con unas
perspectivas electorales casi nulas, lo que se ha traducido, además, en la
incapacidad política de sus dirigentes, el devaluado José Carlos Mauricio a la
cabeza, para imponer la alternancia en la designación de candidato a la
presidencia del Gobierno en las próximas elecciones, por lo que la designación
de candidato se redujo a una lucha sorda entre las distintas familias áticas,
en la que resultó ganador Paulino Rivero.
La tercera crisis la estamos viviendo actualmente en Tenerife. Se trata de las
dos andanadas dadas por la justicia en la línea de flotación del buque insignia
de ATI-CC, la alcaldía de Santa Cruz de Tenerife, con las implicaciones de Foro
Filatélico en el proyecto de la marina de San Andrés y las presuntas
irregularidades cometidas en la operación de Las Teresitas. Acosados, a los
líderes de ATI no se les ha ocurrido mejor táctica que retroceder a su primera
época y enrocarse en un insularismo populista radical y cerril. Sabiendo que
poco pueden rascar ya en Gran Canaria, echan por la borda su nacionalismo de
cartón piedra y vuelven a sus esencias ideológicas primigenias. Un signo
evidente de decadencia, porque pone de manifiesto la incapacidad del
centro-derecha canario para crear una opción equilibrada en todo el
Archipiélago. Las AIC no lo fueron y CC tampoco.
Al atrincheramiento en Tenerife, podemos unir otros síntomas de decadencia,
como es la falta de un verdadero relevo generacional. CC en Tenerife, es decir
ATI, sigue gobernada por los mismos líderes de su primera época, que si
entonces tenían una media de edad en torno a los 30 y pocos años, hoy superan
en su mayoría los 50 y los 60. Es el caso de Paulino Rivero, Adán Martín, Luis
Suárez, Miguel Zerolo, Manuel Hermoso (elevado a los altares) y, en un segundo
plano, de algunos que se incorporaron posteriormente, como Ricardo Melchior,
Ana Oramas, Marisa Zamora, Bermúdez o Ruano. Aunque unos son más jóvenes que
otros, la característica común de estos dirigentes es que constituyen una
gerontocracia política y endogámica, con casi nula presencia de personas
procedentes de otro ámbito que no sea el propio aparato partidario. Así, por
ejemplo, la relación con
El surgimiento en los últimos años de una verdadera oposición, centrada en
organizaciones como Asamblea por Tenerife y