Coalición Canaria: de las crisis a la decadencia

Julián Ayala

05/03/07

En los últimos años Coalición Canaria, pese a sus éxitos electorales, ha sufrido varias crisis. Estas crisis tienen su origen último en el dualismo ideológico y de poder territorial existente en el partido con un centro-derecha (la antigua ATI) hegemónico en Tenerife y su provincia y un centro-izquierda (ICAN-AM) mayoritario en Gran Canaria y Fuerteventura. Lanzarote constituye una peculiaridad que merecería una reflexión concreta, aunque a los efectos de este artículo baste decir que la CC de aluvión conformada en esta isla no ha tenido nunca un peso específico que le permita influir decisivamente en las decisiones del partido.

La primera de las crisis se produjo en Gran Canaria con motivo de la sucesión de Hermoso en 1999. El resultado fue la salida de Lorenzo Olarte y de su partido, el Centro Canario Nacionalista, y la designación de un militante de segunda fila, Román Rodríguez, como candidato de CC al Gobierno Autónomo. La segunda crisis, mucho más grave, tuvo lugar cuatro años más tarde, también por desencuentros en el reparto del poder (la mejor prueba de que CC ha sido sobre todo un matrimonio de conveniencia), y se saldó con la salida de Román Rodríguez y la mayoría de la organización grancanaria, y la creación de un nuevo partido: Nueva Canarias-Nueva Gran Canaria.

En Las Palmas Coalición Canaria ha quedado prácticamente destrozada y con unas perspectivas electorales casi nulas, lo que se ha traducido, además, en la incapacidad política de sus dirigentes, el devaluado José Carlos Mauricio a la cabeza, para imponer la alternancia en la designación de candidato a la presidencia del Gobierno en las próximas elecciones, por lo que la designación de candidato se redujo a una lucha sorda entre las distintas familias áticas, en la que resultó ganador Paulino Rivero.

La tercera crisis la estamos viviendo actualmente en Tenerife. Se trata de las dos andanadas dadas por la justicia en la línea de flotación del buque insignia de ATI-CC, la alcaldía de Santa Cruz de Tenerife, con las implicaciones de Foro Filatélico en el proyecto de la marina de San Andrés y las presuntas irregularidades cometidas en la operación de Las Teresitas. Acosados, a los líderes de ATI no se les ha ocurrido mejor táctica que retroceder a su primera época y enrocarse en un insularismo populista radical y cerril. Sabiendo que poco pueden rascar ya en Gran Canaria, echan por la borda su nacionalismo de cartón piedra y vuelven a sus esencias ideológicas primigenias. Un signo evidente de decadencia, porque pone de manifiesto la incapacidad del centro-derecha canario para crear una opción equilibrada en todo el Archipiélago. Las AIC no lo fueron y CC tampoco.

Al atrincheramiento en Tenerife, podemos unir otros síntomas de decadencia, como es la falta de un verdadero relevo generacional. CC en Tenerife, es decir ATI, sigue gobernada por los mismos líderes de su primera época, que si entonces tenían una media de edad en torno a los 30 y pocos años, hoy superan en su mayoría los 50 y los 60. Es el caso de Paulino Rivero, Adán Martín, Luis Suárez, Miguel Zerolo, Manuel Hermoso (elevado a los altares) y, en un segundo plano, de algunos que se incorporaron posteriormente, como Ricardo Melchior, Ana Oramas, Marisa Zamora, Bermúdez o Ruano. Aunque unos son más jóvenes que otros, la característica común de estos dirigentes es que constituyen una gerontocracia política y endogámica, con casi nula presencia de personas procedentes de otro ámbito que no sea el propio aparato partidario. Así, por ejemplo, la relación con la Universidad, en otra época cantera de cuadros para el partido, está prácticamente rota desde 1995, cuando ATI perdió el Rectorado de La Laguna. A ello se une la carencia de ideas renovadoras del quehacer político y la entrega descarada al desarrollismo a ultranza, a la especulación y el pelotazo, facilitando a su entorno de clientelismo empresarial, a través de mecanismos como la RIC, el REA o la ZEC, la posibilidad de enriquecerse ilícita y fácilmente.

El surgimiento en los últimos años de una verdadera oposición, centrada en organizaciones como Asamblea por Tenerife y la Coordinadora de Pueblos y Barrios, así como en plataformas cívicas de defensa del medio ambiente, en luchas como la del puerto de Granadilla e incluso en alternativas políticas que aspiran a jugar un papel en el terreno institucional, constituye un campo abonado a la esperanza. Sin embargo, no parece que haya que echar las campanas al vuelo. ATI, el centro-derecha tinerfeño y todo lo que ha representado políticamente hasta ahora, está en crisis, e incluso podemos hablar de signos indudables de decadencia, pero no se encuentra en bancarrota ni mucho menos. Sigue conservando casi intacta la red clientelar forjada durante su larga permanencia en el poder y, unido a ella, su eficaz aparato electoral. Su caída no será en picado ni a corto plazo. Las encuestas pronostican un claro retroceso de la marca política todavía existente de CC, frente a opciones en alza como el PSOE, pero no lo suficiente para dejar de ser una fuerza con la que habrá que contar para el próximo Gobierno Autónomo. ATI-CC retrocederá sensiblemente, pero no desaparecerá. A la nueva izquierda asamblearia, a extramuros del sistema de corrupción, corresponde la tarea de contribuir a convertir ese retroceso en el inicio de una verdadera agonía que conduzca a la erradicación de esa lacra política de Canarias.