Julián Ayala
Recuerdo y reivindicación de los cenetistas tinerfeños fusilados en 1937
En la comida de fraternidad
republicana de este año, celebrada el pasado 14 de abril, los Amigos de
Si la resistencia en Canarias al golpe militar del 18 de julio de 1936 fue
ocasional y fácilmente aplastada, ¿a qué se debió la saña de los rebeldes, que
produjo en Tenerife y su provincia entre 1.500 y 1.600 muertos, tanto
desaparecidos como ejecutados en los simulacros de juicios militares, y en las
islas orientales alrededor de 600? El historiador Sergio Millares Cantero
considera que las variantes y la intensidad de la represión en Canarias se
explican sobre todo por el miedo de las clases dominantes a perder su hegemonía
económica y política (1). Pero ese temor era infundado, pues si es indudable
que el advenimiento de
Aunque el cambio revolucionario del sistema formaba parte de la estrategia a
largo plazo de comunistas y anarquistas, las huelgas de la época fueron
puramente reivindicativas de mejoras laborales y salariales. No hubo, como en
otros lugares de España, levantamientos revolucionarios que pusieran en
cuestión los fundamentos del sistema, e incluso en el único episodio en el que
tuvo lugar una confrontación armada, los incidentes de Hermigua,
MENTALIDAD CACIQUIL.
¿Qué explicación hay entonces para que las clases poseedoras, en connivencia
con los militares rebeldes, llevaran a cabo lo que el historiador Ramiro Rivas
considera “un genocidio, una guerra de exterminio, unos asesinatos masivos
realizados de forma consciente, bajo una dirección política, y con el claro
objetivo de destruir las organizaciones populares”? (2) La explicación hay que
buscarla en la propia mentalidad caciquil y autoritaria de esa clase dominante,
que, como apunta otro historiador, Miguel Ángel Cabrera, no estaba “nada
habituada a afrontar situaciones de alta conflictividad” (3).
Esa conflictividad bastó para desencadenar la represión, que fue más dura en
las islas de más fuerte implantación y actividad de las organizaciones obreras,
como Tenerife,
DOS ETAPAS REPRESIVAS.
En Canarias hay que distinguir dos etapas de la represión: la primera tuvo su
punto álgido en los años 1936 y 1937. Fracasado el golpe de Estado, el
pronunciamiento militar da lugar a la guerra civil, y en esa guerra Canarias se
convierte en la retaguardia del frente, que hay que consolidar y asegurar a
toda costa. De ahí la especial crudeza de la represión, que buscaba
principalmente dos objetivos: descabezar cualquier intento de resistencia
organizada e implantar el terror social y político entre la población. La
segunda etapa represiva tuvo lugar en 1940, el primer año de la posguerra.
Aunque en ambas etapas el elemento de la venganza social y política tuvo
importancia, en esta segunda podríamos considerar que éste prevaleció sobre
cualquier otra consideración. Ya no se trataba de consolidar posiciones, sino
pura y simplemente de “castigar” a quienes fuera del territorio insular habían
participado en la guerra en las filas del ejército de
En estas dos etapas los historiadores contabilizan, por ahora, 64 muertos
“oficiales”. De ellos, 61 fueron fusilados después de ser condenados en
consejos de guerra y tres murieron en enfrentamientos armados. Veinte fueron
asesinados en los seis últimos meses de 1936, 31 en 1937, 2 en 1938 y 11 en
1940.
LA CAUSA MÁS SANGUINARIA.
VÍCTIMAS Y VICTIMARIOS.
Ricardo García Luis, en un libro estremecedor titulado La justicia de los
rebeldes, nos da cuenta de las torturas, sevicias, humillaciones y malos tratos
a los que fueron sometidos los sindicalistas, a manos de personajes tan
siniestros como el capitán Otero y el capitán juez instructor Aurelio Matos
Calderón. El fiscal del juicio, cuyas garantías procesales brillaron por su
ausencia, fue el teniente jurídico Rafael Díaz-Llanos y Lecuona, cuya
objetividad se resumía en una de sus frases favoritas: “No hay que dejar un
anarco-sindicalista en pie”. Según hace notar García Luis en el libro citado,
el fiscal empezó su informe en el juicio de los 19 con estas palabras: “En la
proclama que el Führer Canciller Adolf Hitler dirigió el 1º de septiembre de
1933 al pueblo alemán dijo: ‘Durante algunas semanas, al principio de este año,
estuvimos a dos dedos del caos bolchevista’ (…) El Canciller Hitler, con su
actitud decidida hizo un gran bien a la humanidad, poniendo una barrera a la
revolución salvaje que se avecinaba y amenazaba a Europa. (…) El Estado español
proclama al mundo entero que si el Ejército español no se hubiera alzado para
defender esencias nacionales, a punto de ser aniquiladas, habría estallado en
pocos días la revolución roja, instigada por impulso feroz, y decidida a
destruir la nación” (4).
Con este fiscal tan ecuánime no es extraño que de los 61 procesados en este
juicio 21 fueran condenados a muerte y los otros a diversas penas de prisión.
Posteriormente fueron indultadas Carmen Goya Hernández y María Luisa Hernández
Remón.
Por último y dentro de la misma Causa, el 6 de marzo de 1937 fueron fusilados
otros cinco sindicalistas, entre ellos Rodrigo Coello Martín, secretario de
Notas
(1) Millares Cantero, Sergio:
“Reflexiones sobre la guerra civil en Canarias”, Disenso, nº 35. Febrero de
2002.
(2) Rivas, Ramiro: “Canarias: memoria histórica, retales de memoria, desmemoria
y amnesia”. Disenso, nº 41. Octubre de 2003.
(3) Cabrera, Miguel Ángel, y otros:
(4) García Luis, Ricardo: La justicia de los rebeldes. Los fusilados en Santa
Cruz de Tenerife (1936-1940). Ediciones Baile del Sol, Tenerife, 1994.
(5) Rivas, Ramiro: Op. Cit., Disenso, nº 41, octubre de 2003.