Julián Ayala
Es muy representativa de los tiempos
que corren esa imagen de multitudes de personas agolpadas ante los grandes
almacenes el día que empiezan las rebajas, para irrumpir en ellos cual manadas
de búfalos desbocados, apenas se abren las puertas de tales paraísos del
consumo. Escenas insólitas, como la pugna feroz de dos matronas por un tanga
que no sirve ni para cubrirles la nariz, se suceden con naturalidad en tan
bárbara situación, que hace emerger en cada uno y cada una la bestia
acaparadora de objetos baratos que todos llevamos escondida bajo capas de
ficticio, civilizado y elegante desinterés.
Cuando apenas nos hemos repuesto de los trances del pasado invierno he aquí que
este año tenemos temporada extra y entre enero y junio la recova política ha
abierto sus puertas a las rebajas de mayo, y por ellas están entrando
multitudes vociferantes de prohombres y promujeres, dispuestos y dispuestas a prometer,
mentir, insultarse, volver a prometer, forcejear, tirarse de los pelos y hasta
patearse, si preciso fuera, con tal de lograr el anhelado saldo.
- Oiga, que ese cargo de diputado lo vi yo primero –dice un prohombre
encorbatado, con la sonrisa del cartel electoral coagulada en el rostro.
- ¡Quiá!, es para mí, que he prometido rebajar más impuestos, dar pirulís
gratis a los niños a la salida del colegio y crear un cuerpo de majorettes que
alegren el ocio de los vejetes en los asilos –contesta otro prohombre, que
también adorna su coriácea faz con una sonrisilla electoral.
Algo más allá, dos candidatas rivales tiran una por cada lado del escaño al que
ambas aspiran. Con un tapetito bordado haría monííííísimo en el salón. Sus ojos
despiden chispas y sus bocas, apretadas por la fuerza del empeño en que están
volcadas, se truecan en sonrisa apenas creen vislumbrar a algún presunto
votante, despistado en medio del aquelarre.
Ocupar cargos públicos, vivir de ellos y para ellos, convertirse en un todo terreno
de la política, que lo mismo sirve para gestionar la dirección general de
Transportes que la de Sanidad o la de Promoción Educativa, es decir, para lo
que sea, entraña una perversión del carácter similar a la de acaparar objetos
que muchas veces no necesitamos para nada. No es ociosa, pues, aunque no
discutimos que algunos puedan considerarlo así, la comparación entre las
rebajas de enero y las de mayo. Entre las compras “de ocasión” y las elecciones
políticas. En ambos casos se pone a menudo de manifiesto la torva jeta del
depredador ancestral que llevamos impresa en lo más profundo de los genes. Por
mucho que se quiera ocultar con sonrisas de labios afuera.
Y así, sonriéndonos a los panolis y dándose mutuos zarpazos a la yugular los
tendremos hasta el 27 de mayo. Dicen que es la democracia.