El Ángel de la Web

Esta narración es ideal para leerla en el momento de los postres de las típicas cenas de amigos o de empresas. Vas a ser el centro de atención de todos. Verás que vale la pena.

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© " El Ángel de la Web" es una producción de Ángel Rodríguez Vilagrán. Secretaria: Cristina Fernández Porcel. Fundada en enero de 1999 y realizada en CATALUNYA-España. Página sin ánimo de lucro.

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Carta a mi nieto

Querido nieto:

El otro día tuve una experiencia religiosa muy buena, que quiero compartir contigo. Fui a la librería cristiana y allí encontré un adhesivo para el coche, que decía "TOCA LA BOCINA SI AMAS A DIOS".

Dado que había tenido un día muy malo, decidí comprarla y pegarla detrás del coche, al lado de la matrícula. Al cabo de unos pocos segundos, llegué a un cruce de dos avenidas que estaba muy complicado, con muchos autos.

La temperatura exterior era de 37 grados y era la hora de salida de las oficinas.
Allí me quedé parada, porque la luz estaba roja, pensando en el Señor y cómo Él es bueno, no me di cuenta que la luz se había puesto verde, pero descubrí que
muchos otros aman al Señor, porque inmediatamente comenzaron a sonar las
bocinas.

La persona que estaba detrás de mí coche era sin duda muy religiosa,
ya que tocaba la bocina sin parar y me gritaba: DALE, POR EL AMOR DE DIOS.

Dirigidos por él, todos hacían sonar la bocina. Yo les sonreí y los saludaba con la mano a través de la ventanilla. Vi que otro muchacho me saludaba de una manera muy particular, levantando sólo el dedo medio de la mano. Le pregunté a otro de mis nietos que estaba conmigo, qué quería decir ese saludo. Me contestó que era un saludo hawaiano de buena suerte.

Entonces yo saqué mi mano por la ventana y saludé a todos de la misma manera. Mi nieto se doblaba de la risa, supongo que por la bella experiencia religiosa que estaba viviendo. Dos hombres de un auto cercano, se bajaron y comenzaron a caminar hacia mi auto, creo que para rezar conmigo o para preguntarme a qué templo voy. Pero, en ese momento, fue que vi que la luz estaba verde. Entonces, saludé a todos mis hermanos y
hermanas y pasé la luz.

Luego de cruzar, noté que el único auto que había podido pasar era el mío, ya que la luz volvió a ponerse en rojo, y me sentí triste de dejarlos allí, después de todo el amor que habíamos compartido.

Por lo tanto, paré el auto, me bajé, los saludé a todos con el saludo hawaiano por última vez y me fui. Ruego a Dios por todos esos buenos hombres y mujeres.

Besos.

Tu abuela.