San Emerio (Sant Mer)


Sant Mer
 San Emerio - Sant Mer en catalán-, es junto a San Martirián, uno de los santos más apreciados en la comarca del Pla de l'Estany.  Su santuario está situado en un pueblo de no más de 100 habitantes llamado Sant Esteve de Guialbes que pertenece al municipio de Vilademuls, en la provincia de Girona.

Aquí a la izquierda lo podemos ver, es la imagen que se venera en su ermita. Con la mano derecha lleva el libro de los evangelios, y con la izquierda sostiene el báculo de abad. A sus pies, vemos por una parte una especie de sombrero que en términos religiosos se denomina "mitra" y que llevan los obispos y abads,  y por otra un pequeñito animalito que simboliza el monstruo que él logro amansar. 

El Aplec (fiesta) que se celebra el domingo después de su onomástica, es de los más populares de la provincia y no me equivocaré si digo que es el que reúne más gente. Últimamente se congregan unas 5.000  personas, aunque en épocas pasadas habían llegado a las 10.000.  

Un francés en Catalunya

Los datos que se conocen de este simpático santo nos indican que nació en Narbona (Francia) en el siglo VIII y que sus padres se llamaron Baldinus y Cándida; esta última declarada santa por la Iglesia. Al nacer le pusieron el nombre de Emerio, pero en su estancia en Catalunya fue conocido por Mer - no confundir con Mero que es una abreviación de Baldomero-. Las leyendas piadosas adornan el nacimiento de este santo hasta el punto que se dice que su madre recibió una visión de la misma Virgen que rezaba por el hijo que iba a dar a luz. 

Parece ser que su padre le quiso introducir en el mundo de las armas, pero el santo declinó el ofrecimiento y se fugó junto a su amigo Patricio en un desierto para vivir de forma austera y penitencial el amor que sentía por Jesucristo. De hecho, poco tiempo tuvo que durar esta forma de vida, ya que el emperador Carlomagno solicitó sus servicios ante la invasión de los moros (sarracenos) por tierras francesas.  La tradición indica que cuando Carlomagno pisó las tierras gerundenses, San Mer le acompañó. 

El monstruo del lago de Banyoles.

Como bien ya sabes, hay muchos santos que están relacionados con batallas con monstruos, y ¡siempre ganan!. Un ejemplo claro lo tenemos con San Jorge o con el mismo San Mer. Hay quien ve con estas victorias el cumplimiento que dio Jesús en el Evangelio de Marcos a sus seguidores: "A los que crean (...) agarrarán las serpientes, y aunque beban veneno, no les hará daño; pondrán sus manos sobre los enfermos y los curarán" (Mc 16,18). En toda la Edad Media era frecuente creer en monstruos: dragones, serpientes enormes de cascabel ...  No se conoce con exactitud que tipo de ellos fue el que presuntamente y según las tradiciones y leyendas atemorizó la ciudad de Banyoles en el siglo VIII. Hay quien piensa que fue un león, de allí que incluso uno de los vecindados de la ciudad lleve por nombre Lió existente ya en el siglo XI. Otros apuestan que fue un dragón, y esta es la versión más popular, valga como ejemplo que hay una zona cercana al lago de Banyoles que lleva por nombre "la draga". Lo que haría falta saber es si la palabra "draga" es una deformación de "dragona", con lo que el animal sería femenino, o bien si se refiere al aparato que sirve para excavar terrenos subacuáticos.

Después de leer las narraciones que explican como venció San Mer al león; voy a apostar que fue un dragón parecido a este. Como ves es simpático y parece muy tranquilo; igual como lo dejó nuestro amigo Mer.

 ¿Cómo venció San Mer al monstruo?

Dice la historia legendaria que primero fueron las tropas de Carlomagno quienes aprovechando su estancia en la ciudad de Girona se acercaron a Banyoles para intentar reducir y matar al animal que tenía atemorizados a todos los vecinos. Se cuenta que el monstruo paseaba por las principales calles de la ciudad escupiendo su mal aliento -en aquella época no existían los dentífricos- que provocaba la muerte de animales y personas. Muchas veces, solicitaba un niño pequeño para su ágape diario. El dragón también escupía fuego, tenía unas enormes alas y poseía la facultad de nadar por el lago, tal y como si hubiera ganado una medalla olímpica de natación. 

Las tropas de Carlomagno se vieron incapaces de matarlo. San Mer, que estaba en Girona sirviendo al ejército del emperador, solicitó permiso para trasladarse a Banyoles y reducir al "bichito". Se dirigió rápidamente a  la zona conocida hoy como el "Parc de la Draga" y una vez cara cara con él lo bendijo en el nombre del Señor. De inmediato, el animal se volvió manso como un cordero y San Mer lo paseó por toda la ciudad con una correa tal y como si fuera un perrito. ¡Ya te puedes imaginar las caras de todos los bañolenses!. Según la tradición, cuando llegaron a la plaza del pueblo, la multitud esperaba temerosa la reacción del animal, y algunos de los presentes llevaban todo tipo de armas. Así, leemos lo siguiente:

-He aquí a vuestra fiera maligna, el espantoso Dragón-, gritó el santo, -Ya podéis guardar las armas, no os hará nada-.

La gente se acercó hasta el animal que se los miraba complaciente. Y todos se preguntaban que había hecho aquel hombre para amansarlo de aquella manera.

Alguien en medio del gentío gritó: -"Ahora que lo tenemos amansado, matémoslo"-.

-Bien os guardaréis de hacerlo- contestó San Mer, -Esta bestia es inofensiva, a partir de ahora solamente comerá hierbas y raíces.

Un niño salió de entre el público expectante, y se acercó a la bestia que lo miraba cariñosamente. El niño acarició al animal, y después de él otros le imitaron.

Se cuenta que después de este suceso, el monstruo volvió al lago y que desde entonces hasta ahora está sumergido bajo las aguas apareciendo ocasionalmente por las noches para saciar su apetito vegetariano, mientras de día se dedica a cazar peces. 

La leyenda del monstruo del lago de Banyoles es contada de padres a hijos, aunque no se le ha dado la misma comercialidad que la del monstruo del lago Ness. Aún recuerdo cuando hace muchos años, en un 28 de diciembre (día de los santos inocentes), el circuito catalán de Televisión Española dio a conocer en las noticias que se había descubierto un ser extraño en el lago que obedecía a un monstruo. El periodista que lo anunció en directo desde el propio lugar de los hechos -se daban imágenes del presunto "monstruo"-, fue Jordi Busquets, el entonces corresponsal en Girona de dicha televisión. Como te puedes imaginar, fueron muchos los que se acercaron al lago para ver a aquel animalito. ¡Claro está que se quedaron con las ganas! 

La fama del monstruo de Banyoles ha propiciado que incluso él mismo tenga una web. La puedes visitar en http://www.grn.es/monstre (escrita en catalán).

 

San Mer y la fundación de un monasterio

La tradición otorga a San Mer el privilegio de haber fundado el monasterio benedictino de Sant Esteve de Banyoles. Se cuenta que el santo, después de aquella proeza pidió al emperador que le dejase en aquellas tierras para propagar la fe cristiana. Históricamente, el monasterio fue instituido allá por el año 812 por el abad Bonito encima de las ruinas de otro templo. Hay quien opina que Mer fue cofundador de dicho cenobio, y otros identifican al sucesor de Bonito, el abad Mercoral, como San Mer. Sea como fuese, San Mer es identificado como abad de dicho monasterio, y así se representa en todas las estampas, con el báculo (bastón) y la mitra (sombrero). La comunidad de monjes subsistió hasta el 1835 y actualmente residen en él sacerdotes.

 

San Mer y su vida de eremita

A pesar del cargo de abad, nuestro santo llevó una vida de penitencia, austeridad y ayunos, hasta el punto de alimentarse solamente a base de pan y agua. Su fama no tardó en ser conocida por todos los habitantes de la provincia de Girona que se acercaban al monasterio para encontrar consuelo y escuchar sus consejos. Pero al cabo de unos años, con el deseo de hallar la paz de la soledad y llevar una vida ascética, decidió abandonar el cenobio y recluirse en el bosque. Después de andar varias horas, siguió un pequeño torrente conocido como la "Riera de la Farga" hasta plantar una pequeña cabaña cerca del pueblo de Sant Esteve de Guialbes. Allí viviría el resto de su vida bajo la más completa pobreza y soledad. Construyó una pequeñita ermita y un oratorio donde pasaba largas horas bajo oración.

Para que veas lo solo que quería estar nuestro santo, se cuenta que una vez muerto su padre, su madre le fue a visitar para vivir el resto de su vida con él. Pero la sorpresa que se trajo fue cuando su hijo le invitó amablemente a que estableciese su vivienda alejada de la suya para así no estorbar el  recogimiento espiritual. Dice una leyenda que San Mer cogió la rama de un árbol y que le dijo a su madre que allá donde cayera construiría ella su casa. Supongo que el santo en sus pocos tiempos libres debería practicar como deporte el lanzamiento de jabalina, ya que la ermita dedicada a Santa Cándida, que así se llamaba ella, está situada a más de medio kilómetro como mínimo. Santa Cándida falleció aproximadamente en el año 798 y San Mer entre el 800 y el 827, según las fuentes que se consulten. El cuerpo del santo fue enterrado en la propia ermita por su amigo Patricio, que ingresó en el monasterio bañolense.

 

La ermita y la devoción a San Mer

El ejemplo de vida de San Mer levantó el entusiasmo de muchas personas de la provincia de Girona y de los propios monjes del monasterio de Sant Esteve de Banyoles. Documentalmente, se conoce que el primer templo dedicado al santo, situado allí mismo donde vivió y falleció, es del siglo XIII; pero nadie duda que aquél lugar sagrado ya era visitado por muchos peregrinos después de su muerte. 

A lo largo de los siglos, se han atribuido a San Mer diferentes prodigios y curaciones. Cuando la comarca padecía épocas de sequía, la ermita se llenaba de miles de feligreses. También se daba el caso en tiempos de epidemias. Uno de los "milagros" atribuidos a  San Mer fue la lluvia que cayó entre el 5 y el 15 de mayo de 1651 en la comarca de Banyoles, después de que los feligreses de todos los pueblos la solicitaran al santo en una gran peregrinación que se llevó a cabo el 4 de mayo de aquel año. 

Al año siguiente, 200 bañolenses fallecieron a cusa de una epidemia, cifra importante, teniendo en cuenta que por aquella época Banyoles no tendría más de 2.000 habitantes. Se prometió que si cesaba aquel contagio, el cuerpo de San Martirián sería llevado durante tres años seguidos a la ermita de San Mer como agradecimiento. La epidemia cesó y el 5 de mayo del 1653 se convocó una procesión desde Banyoles hasta Sant Esteve de Guialbes junto a 24 otras procesiones de 24 pueblos vecinos, con la participación de 4.000 personas. Otras procesiones y ruegos por el estilo se dieron cita en los años 1737, 1752, 1817, 1868 y 1870 de entre otros. 

El 4 de junio de 1627 y a raíz de una obras de mejora del templo, se encontró enterrada cerca del altar la tumba del santo. Las reliquias fueron llevadas con toda solemnidad a la parroquia de Sant Esteve de Guialbes, que las custodió hasta la Guerra Civil del 1936. Durante los avatares de aquella contienda, solamente se pudieron guardar algunos pequeños huesos, que son los que se muestran cada año en la fiesta del santo a los feligreses. 

 

El Aplec de San Mer

El día de la onomástica de San Mer es el 27 de enero y el Aplec (fiesta) se celebra el domingo siguiente. Podríamos decir que es el primer aplec importante del año, por esta razón congrega a tantas personas, unas 5.000 aproximadamente, que proceden no solamente de la comarca sino de buena parte de la provincia de Girona. 

A primeras horas de la mañana los bosques del entorno se llenan de personas para encontrar un buen sitio para montar las mesas y sillas al estilo más "dominguero". Los actos de la fiesta empiezan al mediodía con una celebración solemne de la eucaristía delante de la entrada de la ermita y en la que participan muchos devotos.

Uno de los atractivos de la fiesta es la feria que cuenta con paradas de todo tipo: quesos, turrones, juguetes ... Precisamente, este aplec era muy popular hace años por las paradas de turrones que instalaban los pasteleros de Girona, la Bisbal, Olot y Figueres de entre otras poblaciones. Incluso llegó a ser conocido como "Sant Mer dels turrons" (San Mer de los turrones). Hace unos años se quiso volver a esta tradición y aunque hay paradas de turrones, no se ha conseguido reunir tantas como antaño. También hay la "parada de la ratita" o del "conejo". Consiste en apostar por un número y esperar que el conejo o rata entre en una de las casillas numeradas que están circularmente al estilo de un coso. 

En cuanto a Santa Cándida, cabe señalar que aún existe la ermita en su honor, pero en mal estado y que no se celebra ningún acto religioso. La onomástica de Santa Cándida, conocida también con el nombre de Càndia, es la del mismo 27 de enero. 

Amb la vostra protecció
aquesta terra empareu,
a Sant Esteve envieu
tot fruit de benedicció:
perquè puguem tenir
vostre favor poderós,
vulgueu-nos afavorir
Sant Mer abat gloriós.

(Gozos de San Mer)

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Este especial dedicado a San Mer es una producción de El Ángel de la Web.  Si ya te encontrabas dentro de esta web pulsa estas opciones para volver:

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