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San
Ferreolo - Sant Ferriol
Onomástica:
18 septiembre
Este es el Ferreolo más conocido de los dos que existen en el santoral romano, su vida ha sido adornada de tradiciones y leyendas que lo han hecho muy popular no sólo en Francia, sino también en diferentes países; un caso lo tenemos por ejemplo en las comarcas de Girona, cerca de Besalú, a 7 kilómetros, donde hay un santuario que despierta mucha devoción.

A ciencia cierta se sabe que nuestro Ferreolo -Ferriol en catalán-, era un militar que fue decapitado en Viena del Delfinato (cerca de la ciudad francesa de Lyon) durante la persecución del emperador Diocleciano, allá por el año 303. La historicidad del santo es notoria cuando por ejemplo San Gregorio de Tours nos habla de él en el siglo VI. De su vida se sabe poca cosa más, algunos dicen que era tribuno o capitán del ejército romano y que cuando renunció a rendir culto a los dioses paganos fue decapitado. Ferreolo no quiso bajo ningún concepto a renunciar su amor y su fe por Jesucristo. A partir de aquí, nuestro amigo no fue inmune a las tradiciones y leyendas que suelen adornar a un santo.
San Ferreolo, capitán de ladrones
Una de las tradiciones más conocidas es vestir a nuestro santo como capitán de una banda de ladrones. A pesar de este oficio, Ferreolo era muy creyente, y después de realizar una fechoría, acudía al sacerdote más cercano para arrepentirse, esto si, el muy "listo" no devolvía nunca lo robado. El escritor gerundense Josep Pla, inspirándose en San Ferreolo, para referirse a una persona visiblemente proveida de armas lo describía como "va armat com un Sant Ferriol" (va armado como un San Ferreolo). En la estampa le puedes ver llevando en su mano derecha la palma del martirio y con la izquierda una espada.
La Bota de San Ferreolo Esta es una de aquellas historias que pasan de padres a hijos y que forma parte importante de la leyenda del santo: "la bota de San Ferreolo" (la bóta de Sant Ferriol). Cuando hablo de "bota" me refiero a un tonel de madera que en su interior puede llegar a albergar unos 500 litros de vino y no a la "bota de vino", que es aquel recipiente de piel de cabra impermeabilizado con tapón que es utilizado para el transporte de vino, y que muchos lo utilizan para ir de excursión o para ir al "fútbol". La narración está ambientada en una taberna, algunos la sitúan en la misma población de Besalú (hay quien va más lejos y asegura que estaba en el actual barrio de Fornells de esta villa) y otros, como Joan Amades en su "Costumari Català", en la calle de les Carretes, en el barrio antiguo de Barcelona. Cuenta la historia que nuestro santo, después de realizar una de sus trastadas dejó a su panda de bandidos en una taberna para ir a confesarse a la iglesia, como ya era de costumbre en él después de realizar un mal acto. La existencia de este capitán de ladrones era ya conocida por muchas personas y más aún por los sacerdotes que sabían que tarde o temprano podían recibir la visita de nuestro amigo. Como te puedes imaginar, Ferreolo fue reconocido por el ministro de Dios y éste le impuso como penitencia la siguiente máxima: "Lo que no quieras para tí no se lo desees a nadie" La frase impactó tanto al santo que cuando llegó a la taberna donde le esperaban sus "compinches" les anunció que quería dejar aquél "oficio". Los miembros de la pandilla, que ya estaban planeando otra de sus fechorías, lo trataron de cobarde y empezaron una larga discusión. Como que no lograron convencerlo y por miedo a que fueran delatados, lo mataron y lo introdujeron en el interior de unos de los toneles de vino que estaban en la bodega. Acto seguido se marcharon, pero la Divina Providencia hizo que fueran detenidos a pocos kilómetros. Al cabo de unos días, el tabernero se dio cuenta que en una de sus botas siempre salía vino y que éste nunca se acababa. Al principio no le prestó demasiada atención pero con el transcurso de los meses quiso averiguar aquel "misterio". Subió a la bota, la abrió y vio con sorpresa el cuerpo incorrupto del santo. Otra versión de esta leyenda explica que el cuerpo fue enterrado bajo la bota, pero con las prisas, los miembros de la banda no terminaron de cavar bien el agujero saliendo a la superficie la mano del santo, cosa que alertó al propietario de la taberna. |
Esta historia ha dado pie a la comparación de "esto parece la bota de San Ferreolo" aplicada a las cosas que duran mucho o no tienen fácil solución.
San Ferreolo ya estaba muerto cuando lo introdujeron en la bota, pero ... ¿te imaginas como debe salir un elefante de un tonel de vino?. Pues muy fácil: ¡con dos trompas! (perdona por este chiste tan malo).
Y aquí tienes la "bota de San Ferreolo". Nuestro santo te invita a degustar un copa de vino. Pulsa en el platillo que hay debajo del grifo y disfrútalo.

Protección del santo
San Ferreolo es invocado junto a San Dimas, por los ladrones, para arrepentirse de sus fechorías y llevar una vida digna. Se cuenta que cada 18 de septiembre los bandidos festejaban la onomástica del santo no realizando ningún robo, aunque pudieran recoger oro a kilos. Creo que ahora ya no lo deben festejar así, porque seguro que si leemos el periódico del día siguiente encontraremos alguna noticia relacionada con robos.
La tradición cuenta que San Ferreolo, con el fin de proteger a los campesinos de la acción de los ladrones da la facultad a las ocas de oír desde una gran distancia el ruido de las personas que se acercan a las masías. Cuando las ocas perciben la presencia de ladrones se ponen a gritar enfurecidamente y los payeses saben que vendrán personas no a tomar el té precisamente. Se le considera el santo protector de estos simpáticos animales (de las ocas). Si eres campesino y tienes ocas, confía en ellas y en San Ferreolo, pero... ¡no estaría de más instalar un servicio de alarmas, por si acaso!.
También se le considera el patrón de los "aficionados" a la bebida. Cuenta la leyenda que una vez, un grupo de borrachines que bebían de un mismo porrón de vino, chorreaba sin parar y cuánto más bebían más chorreaba. Los felices personajes atribuyeron aquél prodigio a San Ferreolo y llevados por la alegría le dedicaron al santo un baile para agradecerle aquel "servicio". El baile se hizo muy popular y pasó a llamarse "Ball de Sant Ferriol", que es danzado en muchas poblaciones catalanas. Este es el texto en catalán.
Ara ve Sant Ferriol.
No menjaràs si no tens pa amb
butifarra, Ara ve Sant Ferriol,
Tots en tenim de picor i de
pessigolles, Ara ve Sant Ferriol,
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Devoción
Tal como te he comentado anteriormente, nuestro santo es muy popular en Francia. Muchos pueblos llevan su nombre y tiene un santuario en Céret en el Valle du Tech. También le profesan aprecio en Marsella y tiene un bonito lago dedicado en la región de la Dordoña que puedes ver en http://www.ifrance.com/montagnenoire/stfe.html Así mismo, en Canadá existe un pueblo bajo su nombre. En la diócesis de Girona, a parte del santuario de Besalú, es muy conocida la capilla que hay en Olot.
La ermita de Sant Ferriol de Besalú

El santuario de nuestro amigo en Besalú dista a 7 kilómetros de esta villa, en el municipio que lleva su nombre: Sant Ferriol. Está compuesto por masías diseminadas con una extensión de 42 kilómetros cuadrados y con cerca de 200 habitantes. Si se viene desde Banyoles, antes de entrar en el conocido puente de Besalú se tiene que torcer a la izquierda, donde hay un parking. Allí ya encontraremos un camino no asfaltado, apto para turismos, que nos conducirá al santuario. Si se viene de Olot, se puede acceder por un camino que hay cerca del Campo de Golf, a pocos kilómetros de Besalú.
El Aplec (acto festivo) se celebra el tercer domingo de septiembre con diversos actos. Por la mañana hay una "subida a pie" al santuario, donde suelen participar cada año un centenar de personas, sardanas, oficio solemne y una paella popular para unas 800 personas. Los devotos que se dan cita provienen de diferentes puntos de las comarcas de Girona, incluso algún que otro francés. Como es costumbre en este tipo de actos se realiza un sorteo entre los participantes a la fiesta, de entre los objetos que se rifan hay, como es de esperar, una "bóta de Sant Ferriol", en este caso una bota de vino (no un tonel), aunque esta si que se acaba.
Se venera una reliquia del santo muy apreciada entre los devotos que consiste en huesos y trozos de su ropa. El relicario que los alberga es de gran importancia. También cabe destacar que después de la misa se obsequia a todos los asistentes con un pan bendecido.
Este santuario es muy antiguo, ya que se tienen noticias de el en el siglo XIII, aunque la actual capilla es del siglo XV. La iglesia solamente está abierta en el día de su Aplec, pero antaño fue muy concurrecido, ya que la hospedería llegó a tener unas 50 habitaciones, las mismas que aún hoy se pueden entrever. El auge que tuvo el recinto podría ser debido a que antiguamente era un sitio de paso para los comerciantes que iban de Banyoles a Olot. Desde hace años, el templo recibe restauraciones periódicas para embellecer lo que fue un gran centro de culto.
© Texto original de Ángel Rodríguez Vilagrán
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