Via-Crucis en Lourdes
El camino de la cruz es también el camino de nuestra vida. Está en el centro del misterio de la Salvación, porque es la muestra del infinito amor de Dios que entregó a su Hijo por nosotros. Aquí podrá seguir a Cristo, recorriendo el itinerario del dolor, pero que desemboca en alegría, en la resurrección. La muerte se transforma en vida. Recordemos amigos cibernautas mientras hacemos este pasaje, a todos aquellos que, en nuestra sociedad, siguen actualizando la pasión y muerte de Jesús, a través de sus dolores, de sus penas, de su incomprensión ...
Nos va acompañar en este recorrido nuestra amiga Bernardette Soubirous, una chica pobre económicamente, pero rica de bondad y de espiritualidad, a quien la Virgen se le apareció en febrero de 1858 para darle un mensaje de amor por todos nosotros. "El Viacrucis en Lourdes" que vas a recorrer corresponde al texto oficial en español que edita el Servicio de Lengua Española del Santuario de Nuestra Señora de Lourdes. Sólo se ha añadido una oración conclusiva al final del mismo. Adelante y que la Virgen te proteja junto a Santa Bernardette.

Santa Bernardette
Primera estación: Jesús es condenado a muerte
Te
adoramos, oh Cristo, y te bendecimos;
pues por tu Santa Cruz redimiste al mundo
| Pilato preguntó a los
sumos sacerdotes y al pueblo: -¿Qué hago con Jesús, llamado el Mesías? Contestaron todos: -Que lo crucifiquen. Al ver Pilato que todo era inútil... entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran. (Mt 27, 22-26) |
Ha llegado la hora
y Jesús se entrega libremente, generosamente por nuestra
redención, cumpliendo la voluntad del Padre. Pero está solo.
Todos lo han abandonado. Y es condenado.
En los abandonos, en las injusticias, en los sinsentidos de que
son víctimas nuestros hermanos, Jesús sigue siendo condenado
hoy.
¿Quien era Bernardita aquel mes de febrero de 1858? A la vida miserable a la que se veía reducida la familia, se juntaba la vergüenza por la injusta condena impuesta a su padre, acusado falsamente de robo. Acorralados por el hambre; expuestos a todos los desprecios, sólo la fe y el amor los mantenían en pie.
OREMOS: Señor Jesucristo, que fuiste conducido al suplicio de la cruz por la redención del mundo: por tu bondad perdona nuestras culpas pasadas y presérvanos de las futuras. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
Segunda estación: Jesús carga con la cruz
Te adoramos, oh
Cristo, y te bendecimos:
pues por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
| Él soportó nuestros
sufrimientos y aguantó nuestros dolores; fué traspasado
por nuestras rebeliones, triturado por nuestros
crímenes. Nuestro castigo saludable cayó sobre él, sus
cicatrices nos curaron (Is 53, 4-5). Y Jesús, cargando con la cruz, salió al sitio llamado "de la Calavera" que en hebreo se dice Gólgota (Jn 19,17). |
Bernardita hubiera podido pensar que alguna maldición pesaba sobre los suyos, reducidos a la miseria y a la vergüenza del "calabozo" (la casa donde vivía). Pero ella, tras el encuentro amoroso tenido en la Gruta, supo aguantar el peso de la cruz que oprimía a su familia y decía: "Quiero seguir siendo pobre".
OREMOS: Escucha, oh Dios, nuestras oraciones, y danos la gracia de imitar la pasión de tu Hijo, para llevar con serena fortaleza nuestra cruz de cada día. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Tercera estación: Jesús cae por primera vez
Te adoramos, oh
Cristo, y te bendecimos:
pues por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
| Ofrecí la espalda a los
que me apaleaban, las mejillas a los que me tiraban de mi
barba; no me tapé el rostro ante ultrajes y salivazos.
El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes (Is
50, 6-7a). Os aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto (Jn 12,24) |
Jesús se tambalea bajo el peso
de la cruz. Un dolor intenso traspasa su cuerpo y alma y se
desploma extenuado.
Jesús se identifica con todos los que caen, con los que se
equivocan, con los que no pueden o no saben estar de pie; con los
que sufren por los fracasos, las desilusiones, los olvidos, el
cansancio. Jesús da sentido a nuestra vida. Él nunca nos falla.
Bernardita, agobiada por la miseria, oye que la Virgen le dice: "No te prometo la felicidad en este mundo, sino la del otro". Desde ese día entran en el corazón de Bernardita la luz y el amor de este otro mundo, y puede proseguir con valentía y fidelidad el difícil camino de su vida.
OREMOS: Señor, con tu insignificancia has elevado al mundo caído. Haz que nos acordemos de tí en nuestras pruebas y desfallecimientos para que nunca falle nuestra fidelidad a Tí. Tú que vives por los siglos de los siglos. Amén.
Cuarta estación: Jesús encuentra a su santísima madre
Te adoramos, oh
Cristo, y te bendecimos:
pues por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
| María y José llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor. Simeón los bendijo, y dijo a María, su madre: "Este niño está destinado en Israel para que unos caigan y otros se levanten; será signo de contradicción para que sean descubiertos los pensamientos de todos; y una espada le atravesará el corazón". (Lc 2,34-35) |
El Hijo de Dios dijo al Padre: "Aquí estoy para hacer tu Voluntad". María había contestado al Ángel: "Aquí está la esclava del Señor; hágase en mi según tu palabra". Ahora, el uno frente al otro, ven redoblarse su dolor, pero también se renueva su entrega y su obediencia a la Voluntad de Dios. A todos los que queremos unirnos a Jesús en el sufrimiento, María nos sale al encuentro y nos abre el camino a la esperanza.
Bernardita, respondiendo con un sí a la invitación de la Señora que se le aparecía, a pesar de las dificultades y oposiciones, abrió un camino nuevo en su vida.
OREMOS: Jesús, Salvador del mundo, que muriendo destruiste la muerte y resucitando nos devolviste a la vida: por intercesión de tu Madre, consuelo de los afligidos, consuélanos con tu protección divina, para que confortados por tí, difundamos la alegría sobre aquellos que están en el dolor. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
Quinta estación: el cirineo ayuda a Jesús a llevar la cruz
Te adoramos, oh
Cristo, y te bendecimos:
pues por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
| Mientras lo conducían,
echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que volvía
del campo, y le cargaron la cruz para que la llevase
detrás de Jesús. (Lc 23,26). Jesús llamó a la gente y a sus discípulos y les dijo: "El que quiera venirse conmigo, que se niegue a si mismo, que cargue con su cruz y me siga" (Mc 8,34) |
Jesús de Cirene fue obligado por la fuerza. Pero cuando su vista se ilumina, descubre a Jesús y reconoce su grandeza, se ofrece a él con generosidad y comparte su cruz. Su gesto es el del cristiano que se compromete en la vida, que comparte el dolor de sus hermanos, que los ayuda y acompaña con la cruz de cada día. Jesús nos dice: "conmigo lo hicisteis".
En la mañana del 11 de febrero de 1858, Bernardita salió del "calabozo" (la casa donde vivía) porque, en la situación en que se encontraban, quería ayudar a los suyos, yendo a recoger leña. En la cueva de Massabielle tendrá el encuentro fundamental de su vida.
OREMOS: Señor, con qué amor miraste a aquel hombre que llevó tu cruz ... Ayúdame a llevar la cruz de los que sufren física o moralmente, viendo en ellos un signo privilegiado de tu presencia en el mundo. Tu que vives por los siglos de los siglos. Amén.
Sexta estación: Verónica limpia el rostro de Jesús
Te adoramos, oh
Cristo, y te bendecimos:
pues por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
| No hay en él parecer, no
hay hermosura que atraiga las miradas, ni belleza que
agrade. Despreciado, desecho de los hombres, varón de
dolores, conocedor de todos los quebrantos, ante quien se
vuelve el rostro, menospreciado, estimado en nada. (Is. 53, 2-3) |
El rostro desfigurado de Jesús,
el Siervo doliente de Dios, que contemplamos en esta estación,
nos remite a los rostros de tantos hermanos nuestros,
desfigurados, marcados por el sufrimiento.
Verónica significa "verdadera imagen". Su gesto, su
decisión, su entrega son algo que nos invita a descubrir la
imagen de Dios en nuestros hermanos que sufren.
Bernardita, en la novena aparición se ensució la cara con agua embarrada ... "Por los pecadores", le dijo la Señora. Nadie lo entendió y creyeron que estaba loca. Era el símbolo de tantos rostros desfigurados en que Dios se hace presente.
OREMOS: Señor, concédenos una gran valentía para que podamos dar testimonio de Ti en las dificultades. Imprime tu imagen en nosotros para que sepamos revelarte ante los hombres. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
Séptima estación: Jesús cae por segunda vez
TTe adoramos, oh
Cristo, y te bendecimos:
pues por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
| Cristo padeció su pasión por vosotros, dejando un ejemplo para que sigais sus huellas... Cargado con nuestros pecados subió al leño, para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Sus heridas os han curado. (1Pe 2, 23-24) |
Esta segunda caída nos ayuda a sentir más presentes y actuales el dolor, la soledad, la cercanía de Jesús junto a nosotros. Él se hace plenamente solidario de nuestras flaquezas y desfallecimientos y sufre en los tropiezos y caídas de los hombres y mujeres de hoy. Y para que nadie desespere vuelve a levantarse abrazado a su cruz.
Cuando Bernardita había experimentado ya el gozo de los éxtasis, la Señora le pide que ande de rodillas, que bese la tierra, que coma hierba... Como hacían los cerdos que venían a guarecerse en la Gruta. Por los pecadores ... Para que vuelvan a Dios los que se alejaron de él. Como el hijo pródigo, que toma conciencia de su pecado y se dice: Me levantaré e iré a mi padre.
OREMOS: Señor, concede a los fieles que sufren por tu nombre, espíritu de paciencia y caridad, para que se manifiesten siempre testigos verdaderos y fieles de tus promesas. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
Octava estación: Jesús encuentra a las mujeres de Jerusalén
Te adoramos, oh
Cristo, y te bendecimos:
pues por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
| Lo seguía un gran gentío del pueblo, y de mujeres que se daban golpes y lanzaban lamentos por él. Jesús se volvió hacia ellas y les dijo: "Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos; porque si así tratan al leño verde, ¿qué pasará con el seco? (Lc 23, 27-31) |
Jesús deja bien claro que la compasión que se queda en lágrimas es estéril. Llorar no es suficiente si a nuestros pecados personales, a las situaciones de pecado social, a la injusticia y a la opresión no aplicamos todos los remedios a nuestro alcance. Jesús quiere de nosotros lágrimas de conversión, que transformen nuestra vida.
Bernardita lloró durante la octava aparición. Y cuando le preguntaron porqué, respondió: "Porque la Señora estaba triste". La Virgen había repetido aquel día por tres veces: "Penitencia" y "Reza por los pecadores".
OREMOS: Perdona, Señor, nuestros pecados, y en tu misericordia rompe las cadenas que nos aprisionan a causa de nuestras culpas, y llévanos a la libertad que Cristo nos conquistó. Él que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
Novena estación: Jesús cae por tercera vez
Te adoramos, oh
Cristo, y te bendecimos:
pues por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
| Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrareis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera (Mt 11, 28.30) |
La insistencia de la devoción popular en ver cómo cae Jesús en el camino del Calvario, aunque el Evangelio no menciona tales caídas, nace, sin duda de la conciencia de nuestra propia debilidad. Esta tercera caída nos previene contra el miedo, la angustia, y nos asegura que no existe el fracaso definitivo; existen la vida, la esperanza, la felicidad ...
Al día siguiente de la novena aparición, cuando todos la habían abandonado tomándola por loca, Bernardita volvió, a pesar de ello, a la gruta. Ese día no hubo aparición, pero ella siguió haciendo los gestos de penitencia que le había pedido la Señora, y rezando "por los pecadores".
OREMOS: Te rogamos, Señor, que tu gracia nos ayude en nuestra debilidad, para que vivamos siempre con aquel amor que te movió a dar la vida por la salvación del mundo. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
Décima estación: Jesús es despojado de sus vestiduras
Te adoramos, oh
Cristo, y te bendecimos:
pues por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
| Los soldados, cuando crucificaron a Jesús, cogieron su ropa haciendo cuatro partes, uno para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba abajo. Y se dijeron: "No la rasgaremos, sino echemos a suerte, a ver quién le toca". Así se cumplió la Escritura: "Se repartieron mis ropas y echaron a suerte mi túnica". (Jn 19, 23-24) |
Es el expolio, la desnudez, la humillación, la
pobreza más absoluta. Nada le ha quedado al Señor, sino un
madero.
Para llegar a Dios, Cristo es el camino; pero Cristo está en la
Cruz, y para subir a la Cruz hay que tener el corazón libre.
Desde la desnudez total de Cristo podemos empezar a comprender
porqué los pobres son bienaventurados, porqué vestir al desnudo
es garantía de justicia y salvación.
Bernardita decía: "La Señora me escogió porque era la más pobre"
OREMOS: Danos, Señor, el espíritu de una constante conversión: que la austeridad y el desprendimiento nos lleven a servirnos de tal modo de los bienes pasajeros, que estemos siempre adheridos a los bienes eternos. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
Undécima estación: Jesús es clavado en la cruz
Te adoramos, oh
Cristo, y te bendecimos:
pues por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
| Conducían también a otros dos malhechores para ajusticiarlos con él. Y cuando llegaron al lugar llamado "La Calavera", lo crucificaron allí, a él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Jesús decía: "Padre, perdónalos porque no saben los que hacen". El pueblo estaba mirando. (Lc 23, 32-35) |
"Tanto amó Dios al mundo ..." El amor hasta el extremo ha llevado a Jesús al Calvario. En actitud de amor supremo, abre sus brazos a la humanidad entera. A partir de este Cristo que se da totalmente, que nos da su Madre, su Espíritu, su perdón y su vida, nosotros ya no debemos poner límites a nuestra generosidad.
Bernardita, clavada a la cruz del dolor durante la mayor parte de su vida, hizo de sí misma una ofrenda al Señor, hasta poder decir en cada instante: "Toma mi vida, Señor".
OREMOS: Señor Jesucristo, que por la salvación de todos los hombres extendiste tus brazos en la cruz: acoge la ofrenda de nuestras acciones y haz que toda nuestra vida sea signo y testimonio de tu Redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
Duodécima estación: Jesús muere en la cruz
Te adoramos, oh
Cristo, y te bendecimos:
pues por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Después, sabiendo que todas las
cosas están a punto de ser consumadas, para que se
cumpla la Escritura, dice: -Tengo sed. (Jn 19,28) |
Bernardita, moribunda, repite una por una casi todas las palabras de Jesús en aquel primer Viernes Santo.
OREMOS: Concédenos, Señor, vivir el misterio de tu Pasión y Muerte de manera que, correspondiendo a tu amor, estemos dispuestos a dar la vida por los hombres, nuestros hermanos. Tu que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
Decimotercera estación: Jesús es bajado de la cruz
Te adoramos, oh
Cristo, y te bendecimos:
pues por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
| Fueron los soldados, y viendo que ya había muerto, uno de ellos, con la lanza, le traspasó el costado y al punto salió sangre y agua. Después de esto, José de Arimatea pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús (Jn 19, 32-34.38) |
Entre José y Nicodemo toman el cuerpo de Jesús y lo dejan en brazos de su Santísima Madre. María, Madre de la Iglesia. A partir de esta hora, todos los que van a nacer de la muerte y resurrección de su Hijo, la tendrán siempre por madre.
Bernardita escribe en su diario: "Hay que meditar a menudo en los sufrimientos que María, nuestra Madre, padeció al pie de la cruz, en la que estaba clavado su querido Hijo. Oh María, fue en la cumbre del dolor y de la prueba cuando te convertiste en madre nuestra. Debo, pues, tener una grande y total confianza en ti: cuando me vea en la prueba, en la tentación y en la desolación, vendré a refugiarme en tu corazón, oh Madre buena, y a pedirte que no me dejes sucumbir ... "
OREMOS: Oh Dios, que quisiste que junto a tu Hijo, levantado en la cruz, estuviese presente su Madre dolorosa: haz que tu santa Iglesia, asociada a ella en la pasión de Cristo, participe en la gloria de su resurrección. Él que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
Decimocuarta estación: Jesús es colocado en el sepulcro
Te adoramos, oh
Cristo, y te bendecimos:
pues por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
| José de Arimatea, tomando el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia, lo puso en el sepulcro nuevo que se había excavado en la roca, rodó una piedra grande a la entrada del sepulcro y se marchó. María Magdalena y la otra María se quedaron allí, sentadas enfrente del sepulcro (Mt 27, 59-61) |
Del grano de trigo que se entierra nacerá la espiga. Los que mataron su cuerpo no pudieron arrebatarle a Jesús su íntima unión con el Dios de la vida. Y Dios tiene siempre la última palabra, Palabra de Vida. Hemos de hacer nuestra la vida y la muerte de Cristo. Morir a nosotros mismos, para que la vida y el amor de Cristo estén en nosotros.
El cuerpo de Bernardita, "molido como un grano de trigo", como ella decía, por la enfermedad y los sufrimientos, fue encontrado intacto 46 años después de su muerte. Es como una señal gozosa del cielo. La muerte de los cristianos, aceptada con amor, es semilla de vida y de Resurrección.
OREMOS: Danos, oh Padre, la gracia de unirnos en la fe a la muerte y sepultura de tu Hijo, para resucitar con él a la vida nueva. Él que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
Decimoquinta y última estación: la Resurrección
Te adoramos, oh
Cristo, y te bendecimos:
pues por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
| El primer día de la semana, de madrugada, las mujeres fueron al sepulcro llevando los aromas que habían preparado. Encontraron corrida la piedra del sepulcro. Y, entrando, no encontraron el cuerpo de Jesús. Dos hombres con vestidos deslumbrantes les dijeron: "Porqué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí. Ha resucitado" (Lc 24, 1-6) |
La tumba está vacía en la mañana de Pascua. El jardín del cementerio se ha convertido en el jardín del encuentro con aquél que ha subido a su Padre y a nuestro Padre (Jn 20.17). Aquella mañana de Pascua, Jesús dijo a María Magdalena: "Vete a decir a Pedro y a los Apóstoles que me verán en Galilea". Y, tras aquel anuncio, la Iglesia se prepara para la misión que le espera.
A Bernardita, joven y humilde seglar, le dice María: "Vete a decir a los sacerdotes que se construya aquí una capilla y que se venga en procesión" y, como respuesta a esa invitación, se manifiesta en Lourdes una nueva vitalidad de la Iglesia.
OREMOS: Señor, tú que has vencido al pecado y a la muerte, aumenta en nosotros la fe, la esperanza y la caridad, para que seamos testigos de tu Evangelio. María, Madre de la Iglesia, acompáñanos hoy en nuestra tarea, como lo hiciste con los apóstoles al comienzo de la Iglesia.
ORACIÓN FINAL:
|
Oh Virgen de Lourdes, María Santísima, madre de Dios y Madre de todos los hombres. A tí han llegado las multitudes de todos los pueblos. Tu elegiste a Bernardina por su humildad y sencillez. Ella nos muestra el camino que da alegría al Padre. Te pedimos por todos los que sufren, por todos los que están angustiados ante una próxima operación médica. Oramos también por los enfermos de los hospitales, admirablemente atendidos, pero que padecen solos, algunos separados de sus familias. Te pedimos especialmente por los niños enfermos, por los ancianos incurables ... Queremos ser sus portavoces ante ti e implorar tu misericordia. Madre y Virgen de Lourdes, enséñanos a querer los unos a los otros, a ser útiles para los demás, a vivir el evangelio de tu hijo Jesucristo tal como tu lo viviste y así formaremos con Él un mundo más justo. |
Ahora, si quieres, puedes pedir a Jesucristo nuestro Señor, que por intercesión de Nuestra Señora de Lourdes, te conceda las peticiones que más necesitas. Acuérdate de los que más sufren.
Recuerda que puedes dejar tus
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