Novena a la Virgen María

CANTO DE ENTRADA
PARA CADA DÍA
| ¿A
quién debo yo llamar, vida mía, sino a ti, Virgen María? Todos te deben servir, Virgen y Madre de Dios, que siempre ruegas por nos y tú nos haces vivir. Nunca me verán decir vida mía, sino a ti, Virgen María. |
Primer Día / Segundo Día / Tercer Día / Quarto Día / Quinto Día /
Sexto Día / Séptimo Día / Octavo Día / Noveno Día
Todos
los siglos están mirando hacia ti. Tú nos lo diste
en Belén, en pobre portal, Toda la Iglesia
con fe eleva un clamor, |
María se puso en camino, nos dice el evangelista Lucas y se fue deprisa a la
montaña; al pueblo de su prima Isabel. Ésta era mayor y - por un milagro - quedó
encinta y fue madre de Juan el Bautista. Necesitaba ayuda. Alguien que la cuidara
y escuchara sus confidencias. Una persona que la saludara con afecto y que supiera
estar con ella en su nueva situación.
Nosotros, también somos viajeros diarios. Salimos de casa cada
día: al trabajo, al cole, a la universidad. Imitemos a María. Sería estupendo
poder decir cuando acabamos el día: hoy he saludado cariñosamente a un anciano,
a un niño, a un enfermo. Y he escuchado - alegremente - a un pelma... Me voy
a dormir más tranquila/o. Hoy he sido guay. A mi estilo. Gracias, María, por
tu ejemplo. Me ha ayudado.
María, Madre del amor entregado hasta el fin, en ti descubrimos el ejemplo necesario para vivir nuestro compromiso en la fe. Ayúdanos a ser apóstoles cristianos convencidos, testigos fuertes de la verdad, de la justicia y del amor liberador de nuestro Dios, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
| Proclama mi alma la
grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el todo poderoso ha hecho conmigo cosas grandes, su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. El hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres- en favor de Abrahán y su descendencia para siempre. (Palabras que se atribuyen a María
en el Canto |
"Soy la esclava del Señor, que se cumplan en mí tus palabras" (Lc
1,38). María es la joven del sí. Ella, una jovencita de Nazaret, no entendió
mucho qué le decía el ángel. Tampoco pudo prever las consecuencias de su decisión.
Sospesó maduramente las posibilidades, preguntó, intentó comprender, pero al
fin hizo un acto de abandono confiado en el Señor. El sí de María fue incondicional,
sin trabas, sin límites. Ella se abrió al misterio de Dios y confió totalmente
en Él sin exigir explicaciones. Por este sí, María se convirtió en sierva. Por
eso puede cantar el Magnificat: "Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación
de su esclava ..."(Lc 1,46-48)
María, tu canto del Magníficat proclama la confianza en el poder de Dios que salva y es el liberador de los débiles y oprimidos. Que tu ejemplo nos impulse a liberarnos de toda esclavitud interior (egoísmo, hipocresía, odio ...) o exterior (consumismo, lujos innecesarios ...); así gozaremos el Reino de justicia y libertad en el presente y con Jesús en la gloria del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
| Salve, Madre, en la tierra
de mis amores te saludan los cantos que alza el amor. Virgen santa, Virgen pura, vida, esperanza y dulzura del alma que en ti confía, Madre de Dios, Madre mía, mientras mi vida alentare, todo mi amor por ti, mas si mi amor te olvidare, Madre mía, Madre mía, aunque mi amor te olvidare, tú no te olvides de mí. |
María, en el Evangelio, reza un cántico de acción de gracias. Glorifica al Señor porque, siendo ella pobre y pequeña, la ha bendecido concediéndole ser madre de Jesucristo. Dar las gracias por un favor que nos hacen, es un acto que frecuentemente olvidamos. Estamos más predispuestos a la queja. Queremos más: mejor coche, vacaciones más caras, tener más que los otros. Seamos, al menos un día, como María. Demos gracias a alguien por tenerle, porque vive conmigo, porque me aguanta... Y, si podemos, demos un donativo a cualquiera que veamos mendigando en la calle. Y, un poquito más: démosle las gracias porque nos ha permitido ser generosos. Seguro que María sonreirá y pensará que, su ejemplo, nos ayuda a ser mejores.
Oh Dios, admirable siempre en tus obras, que has querido que la Inmaculada Virgen María participara en cuerpo y alma de la gloria de Jesucristo, haz que todos sus hijos deseen y caminen hacia esta misma gloria. Tu, que nos diste a María por madre, concede, por su mediación, salud a los enfermos, consuelo a los tristes, perdón a los pecadores y a todos abundancia de salud y de paz.
| Acordaos, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que uno solo de cuantos han acudido a vuestra protección e implorado vuestro socorro, haya sido desamparado. Yo, animado con tal confianza, acudo a Vos, oh Madre Virgen de las vírgenes: a Vos vengo, delante de Vos me presento gimiendo. No queráis, oh Madre de Jesús, despreciar mis palabras; antes bien, oídlas benignamente y cumplidlas. Amén. |
Existe un cuento que explica que cuando Dios creó el mundo vio que todo era
bueno. Pero cuando disfrutaba contemplando su creación, vio que una criatura
estaba triste y silenciosa: era el cordero. El buen Dios le preguntó:"¿Que
es lo que te hace falta?". "Soy una criatura débil e indefensa -respondió
el cordero-. ¿Porqué no me has dado armas defensivas? Otros animales tienen
cuernos, garras, colmillos, veneno, agilidad ... y pueden defenderse".
El buen Dios se conmovió, y le propuso:"Escoge lo que quieras, garras,
veneno ... para defenderte de tus enemigos". El cordero le contestó: "Yo
soy pacifista, Señor, y no quiero armas tan agresivas y peligrosas. Te pido
armas para olvidar las agresiones y soportar los sufrimientos". "Entonces
-dijo Dios- te daré las tres armas más poderosas de la esperanza: la no violencia,
el amor y la paciencia"
Pidamos al Señor por intercesión de la Virgen María que nos haga partícipes
de las armas de la esperanza. Solamente por el camino de la no violencia y del
amor, podremos creer en el sueño de un mundo unido basado en la convivencia
pacífica entre los pueblos y la etnias diferentes.
Os pedimos Virgen María que sintamos siempre la paz del Señor. Que nuestra mirada esté siempre limpia y clara. Que nuestros labios sólo pronuncien palabras limpias y de coraje. Que nuestro paso sea firme y nuestra actitud valiente, y que nuestras manos sean generosas para dar y prudentes para recibir.
| Oh cruz, única esperanza, donde Dios salva a los hombres, llenos de debilidad! Árbol de copiosos frutos, donde nace nueva vida, una nueva humanidad! Madre santa dolorosa, que la sangre de tu Hijo nos alcance su perdón. Que el fluir de su costado nos devuelva la esperanza, nos renueve el corazón. |
"Junto a la cruz de Jesús estaba su madre" (Jn 19,25). Podemos imaginar
a María, en pie junto a la cruz, serena aunque doliente. María ha acompañado
a su Hijo a lo largo de su vida terrena, le ha educado de niño, le ha apoyado
en su misión, ha sido la primera discípula. En el momento supremo de la prueba,
cuando todos le han abandonado, cuando el Padre calla, cuando es la hora del
fracaso, Ella está en pie a su lado. María sufre con su Hijo. Ella ha vivido
su misma vida, Ella muere su misma muerte. Como en la Anunciación, tampoco entiende
los porqués. Simplemente hace lo que nadie como Ella sabe hacer: fiarse de Dios.
En las pruebas de la vida, cuando el fracaso acecha, cuando estamos solos, cuando
nadie nos comprende, María está a nuestro lado y nos enseña a decir como Ella:
hágase tu voluntad, no la mía.
María, Tú alcanzaste la más alta santidad porque fuiste un sí radical y constante al Señor. Tu vida oculta en las tareas sin relieve es un canto a la perfecta grandeza en lo pequeño. Enséñanos a valorar nuestro quehacer humano y a ser constantes en la entrega por amor. Así, santificados, veremos a Dios, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
| Todos te deben servir, Virgen y Madre de Dios, que siempre ruegas por nos y tu nos haces vivir. Tanta fue tu perfección y de tanto merecer que de ti quiso nacer, quien fue nuestra redención. El tesoro divinal en tu vientre se encerró, tan precioso, que libró todo el linaje humanal. Oh clara virginidad, fuente de toda virtud!, no ceses de dar salud a toda la humanidad. |
Mira a tu alrededor, seguro que tienes como mínimo un televisor, una radio,
el ordenador, una bombilla eléctrica ... ¿Te has parado a pensar que el amor
de Dios es comparable a la corriente eléctrica? Esta analogía la vio la Madre
Teresa de Calcuta de esta forma: "Si miráis el interior de los objetos
eléctricos, veis a veces cables grandes y pequeños, nuevos y viejos, baratos
y caros, todos alineados. Hasta que la corriente no pase por ellos no habrá
luz. Ese cable somos nosotros. Y Dios es la corriente. Tenemos el poder de dejar
que la corriente pase por nosotros, nos utilice, produzca la luz del mundo.
También podemos negarnos a ello y dejar que la oscuridad se extienda. La Virgen
María fue el conductor más prodigioso. Permitió a Dios llenarla con su entrega
("Hágase en mí según tu palabra") y quedó "llena de gracia".
Estar lleno de gracia significa estar lleno de Dios. Permitamos que Nuestra
Señora entre también en nuestras vidas y haga que la corriente nos utilice para
recorrer el mundo y para que podamos seguir conectando los cables de los corazones
de los hombres y las mujeres a la corriente del amor".
Pidamos hoy que por la intercersión de la Virgen María se cumplan estas palabras de San Francisco de Asís: "Sea yo un instrumento de Tu paz, Señor. Permíteme sembrar amor donde hay odio; perdón donde hay agravio, fe donde hay duda; esperanza donde hay desesperación; luz donde hay oscuridad; alegría donde hay tristeza. Ayúdame, divino Maestro, para que no busque consuelo sino consolar; ni comprensión, sino comprender; ni amor, sino amar. Pues cuando damos, recibimos; cuando perdonamos, somos perdonados; y cuando morimos, nacemos a la vida eterna". Amén.
| María, Madre Nuestra, seas
el cojín de todos los enfermos del mundo, de los que en esta hora han perdido los conocimientos y van a morir, de los que han empezado la agonía, de los que han perdido toda la esperanza de curarse, de los que gritan y lloran de dolor, de los que no tienen asistencia por falta de dinero, de los que quieren andar y tienen que quedarse inmóviles, de los que tendrían que quedarse en la cama y la miseria les obliga a trabajar, de los que quieren una postura menos dolorosa, de los que pasan largas noches sin poder dormir, de los que se encuentran torturados por las preocupaciones de una familia necesitada, |
Más de una vez, mucho más de las que quisiéramos, tenemos que ir a un centro
médico, a un ambulatorio, a un centro de consulta ... . Fíjate con las personas
de la tercera edad que están allí esperando. Recuerdo una vez, que un pobre
anciano salió de la consulta bastante apenado y con dolor. "¿Tiene alguien
que le acompañe a su casa?" - le preguntó la enfermera -. "No. Mis
hijos no han podido venir" -respondió tristemente el abuelo mientras le
temblaban el par de recetas que le había indicado el doctor. Se marchó lentamente
hasta la puerta aguantándose con una mano en la pared y con la otra en el bastón.
Dedica ahora mismo a pensar en tus padres, en tus abuelos, ellos que te han
dado tanta sabiduría y cariño. ¿Les correspondes tal y como se merecen? Desgraciadamente,
algunos, para evitarse molestias, lo que hacen es aparcarlos en una residencia
como si fueran coches de segunda mano, o lo más triste, ignorarlos. "Ama
y sacarás amor", decía Santa Teresa de Jesús. O también... tal y como decía
un filósofo italiano: "Compórtate con tus padres de la misma forma que
tú desearías que se comportaran tus hijos contigo". Pidamos hoy al Señor
que, por intercesión de la Virgen María, nos ayude en esta tarea de amor gratificante.
María, tu grandeza desborda todo límite, pero tú te declaras la esclava del Señor, y te sitúas cerca del dolor y entre los pobres. Danos, María, poseer tu amor encendido, tu entrega diligente y humilde, tu generosa actitud de servicio a los demás.
| Tu eres, oh María, un faro
de esperanza que brilla de la vida junto al revuelto mar, y hacia tu luz bendita desfallecido avanza el náufrago que anhela en el Edén tocar. Impela, oh Madre augusta!, tu soplo soberano la destrozada vela de mi infeliz bajel; enséñale su rumbo con compasiva mano, no dejes que se pierda mi corazón en él. |
¿Te has parado a pensar que pasaría hoy si después
de cenar cerraras la televisión? ¿Cuánto tiempo dedicas a
escuchar a tus hijos, a tu mujer/ marido, a tus padres, a tu
familia ... ? Muchos de los problemas familiares existen por no
dedicar unos minutos a escuchar las inquietudes de los que tienes
más cerca. Hoy, y en presencia de la Virgen María a tu lado, te
propongo que leas esta historia, que aunque es un cuento, bien
podría trasladarse a la realidad actual.
Se explica que una vez, un niño recibió a su padre a la entrada
de su casa justo cuando éste volvía del trabajo: "Papá
... ¿cuánto ganas en una hora?". Su padre le contestó con
un gesto severo :"Mira hijo, este tipo de informaciones ni
tu madre las conoce; no me molestes, que estoy cansado". El
pequeño insistió: "Pero papá, dime por favor cuánto
ganas en una hora?". El padre, aunque sólo fuera para
sacárselo de encima, le respondió: "ochocientas
pesetas". El niño siguió preguntando: "Papá, me podrías prestar cuatrocientas pesetas?". El padre se
enfadó y bruscamente le recriminó: "Así que esta era la
razón de saber lo que gano, eh? Venga, vete a dormir y no me
molestes más, aprovechado!". Al cabo de unas horas, entrada
ya la noche, el padre meditó lo que había pasado y se sintió
mal. A lo mejor su hijo quería comprar alguna cosa ... Queriendo
descargar su conciencia dolida, se fue a la habitación de su
hijo y, abriendo suavemente la puerta le preguntó:
"¿Duermes, hijo?". "No, papá", le
respondió él con un suave bostezo. "Aquí tienes el dinero
que me has pedido", le dijo el padre. "Gracias
papá", contestó el pequeño; y poniendo la mano bajo el
cojín, sacó unas monedas. "Ahora ya lo he reunido todo,
papá. Tengo ochocientas pesetas. ¿Me podrías vender una hora
de tu tiempo?".
Oh Virgen María, tu que eres la Madre del Cristo, haz más inmenso mi corazón y llénalo con amor. Tú que estás llena de vida, dame el gozo de vivir y que siempre brille mi alegría. Que mi corazón esté siempre abierto para amar, que camine hacia donde sea útil y que mi vida sea radiante y generosa como la tuya. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén
| Dios te salve, benignísima Madre de misericordia; Dios te salve, reparadora de la gracia y del perdón. ¿Quien no te amará? ¿Quien no te honrará? ¿Quién no se encomendará a Ti? Tu eres en las cosas dudosas nuestra luz, en las tristezas consuelo, en las angustias alivio y en los peligros y tentaciones fiel socorro. Tu eres, después de tu Unigénito Hijo, salud y esperanza nuestra. Bienaventurados los que te aman y los que por santidad de vida se hacen tus familiares siervos y devotos. A tu piedad recomiendo, Señora, mi alma y mi cuerpo: rige, enseña y defiéndeme en todas las horas y momentos, oh dulce amparo y vida mía. |
Hoy, último día de esta novena, es bueno hacerte recordar que nuestra Madre siempre está dispuesta a escucharnos. Dedica, aunque sea sólo unos minutos, a hablar con ella, a contarle tus inquietudes, tus alegrías, tus vivencias; María siempre está a tu lado para escucharte. Aquí tienes unas líneas que te pueden servir de pauta para dirigirte a ella antes de acostarte:
"Buenas noches, María. Cuando la oscuridad cubre nuestras calles, te saludamos con el corazón lleno de gozo y esperanza. Tú eres nuestra estrella, tu eres la luz de la luna de nuestra noche: el sol que nace de Dios te ilumina el rostro para que podamos verte cuando apenas divisamos el cielo. Queremos sentir tu mano, al tiempo que descansamos a tu calor y abrigo, para rescatar fuerzas; porque mañana, al amanecer, seremos enviados al mundo, como mensajeros y testigos de vida, del amor y de la paz. Al amanecer queremos inpregnar nuestra personalidad a la luz de la Palabra de tu Hijo, queremos ser como tú, María, hermanos de Jesús, porque somos capaces de cumplir su palabra. Queremos testimoniar que ser discípulos de Jesús nos hace descubrir la bienaventuranza de la dicha de los humildes, según tu estilo, María; queremos entregarnos, como Jesús, a la lucha por la solidaridad en un mundo lleno de desigualdades y atropellos. Madre y Señora nuestra, ayúdanos. (Puedes completar la oración nocturna con una Ave María, un Padre Nuestro, Un Gloria y tus intenciones).
Oh Dios, tú que nos diste a María por madre, concede, por su mediación, salud a los enfermos, consuelo a los tristes, perdón a los pecadores y a todos abundancia de salud y de paz.
| Oh María, tú que has sido, con humildad la esclava del Señor, danos tu misma disponibilidad para el servicio de Dios y para la salvación del mundo. Abre nuestros corazones a las inmensas perspectivas del Reino de Dios. Virgen valiente, inspira en nosotros fortaleza de ánimo y confianza en Dios, para que sepamos superar todos los obstáculos que encontremos en el cumplimiento de nuestra misión. Virgen Madre, después de rezarte esta novena, guíanos y sosténnos para que vivamos siempre como auténticos hijos e hijas del pueblo de tu Hijo y podamos contribuir a establecer sobe la tierra la civilización de la verdad y del amor, según el deseo de Dios y para su gloria. Amén. |
A continuación se rezan tres Padrenuestros, Tres Avemarías y un Gloria. Se da gracias a la Virgen María y se pide a Dios que por intercesión de ella nos de los beneficios que queremos conseguir.
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