Novena a San Martín de Porres
Aunque la festividad de nuestro amigo Martín de Porres es el 3 de noviembre, esta novena se puede rezar en cualquier época del año. Espero que te sirva de gran ayuda, y que durante los minutos que le dediques, conozcas más profundamente, desde el interior de tu corazón, la gran personalidad de este santo.
|
|
La novena consta de dos textos de meditación para cada día. El primero, referente a distintas virtudes del Santo, ha sido redactado por el padre Josep Coloma de la Orden de los Dominicos de Girona, mientras que el segundo ha sido redactado por Josep Maria Tor, sacerdote del Hospital de Santa Caterina de Girona y miembro de la Delegación de Pastoral Sanitaria del Obispado de Girona. El padre Tor nos orienta sobre la dedicación que hemos de ofrecer a los enfermos. Este segundo texto está especialmente indicado cuando se invoca a Sant Martín de Porres para conseguir por su intercesión la curación de un enfermo, el alivio de los sufrimientos o la fuerza divina para soportarlos. Desde El Ángel de la Web agradecemos muy encarecidamente la colaboración de los dos sacerdotes. |
Modo de rezar la Novena: durante nueve días rezarás los textos que a continuación se detallan, empezando cada día con la "Oración Preparatoria".
Oración preparatoria para todos los días: Señor Jesucristo, que has venido a la tierra para enseñarnos a vivir como enteramente hombres y enteramente hijos de Dios. Tu llamaste a San Martín de Porres a tu seguimiento, y él respondió a tu llamada con una vida de identificación por el amor contigo en la cruz y de entrega generosa y sacrificada y alegre a todos los necesitados sin distinción. Concédenos en estos nueve días que consagramos a la veneración e invocación de tu siervo, saber imitar su vida de fidelidad a las bienaventuranzas y sus ejemplos de caridad universal, de manera que, al invocar confiadamente su intercesión, obtengamos el auxilio en nuestras necesidades. Así sea. |
Primer
día / Segundo día / Tercer día / Cuarto
día /
Quinto día / Sexto
día / Séptimo día / Octavo día / Noveno
día
"Y la palabra se hizo carne y acampó entre nosotros" (Juan 1,14)
La Palabra, el Hijo eterno de Dios, se ha hecho carne,
se ha hecho como uno de nosotros y ha vivido entre nosotros y
como nosotros, compartiendo nuestra condición humana. Así nos
ha enseñado a vivir "encarnados" en esta tierra,
compartiendo las esperanzas y los sufrimientos de los demás
hombres. Y, de esta manera, somos llamados a ser, como
Jesucristo, enteramente hombres y enteramente hijos de Dios.
San Martín de Porres imitó a Jesucristo en la relación con
Dios Padre. Y el amor a Dios Padre fue el secreto de su
desbordante y universal amor a los necesitados. Como Jesucristo,
vivió "encarnado" en la tierra. Nada de lo humano le
era ajeno. Los testigos del proceso de beatificación hablan de
su sensibilidad hacia las ilusiones y esperanzas de las personas,
y, sobre todo, hacia sus carencias y sufrimientos, una
sensibilidad que se traducía en una incansable actividad de
apoyos palpables y cotidianos a las personas concretas.
Cuatro causas de sufrimiento que pueden afectar la vida de un enfermo:
1- El dolor físico, manifestado de
múltiples maneras y con intensidades diversas. Gracias a Dios,
la medicina ha logrado reducir muchísimo sus efectos.
2-El dolor social. Viene producido por las más diversas
situaciones de tipo social, como pueden ser la existencia de un
hijo disminuido, de un anciano con graves limitaciones...
3-El dolor psicológico. Producido por la incapacidad de afrontar
la situación causada por una enfermedad orgánica.
4-El dolor o sufrimiento espiritual que viene causado por no
encontrar sentido a la vida y a los acontecimientos que uno vive.
Puede darse en creyentes y no creyentes.
Llenar este vacío es fundamental para que el enfermo recupere la paz y la alegría. Decía Charles Peguy: "¿Creemos que la humanidad está sufriendo cada vez menos? ¿Creéis que el padre que ve a su hijo enfermo hoy sufre menos que otro padre del siglo XVI? ¿Creéis que los hombres se van haciendo menos viejos que hace cuatro siglos? ¿Que la humanidad tiene ahora menos capacidad para ser desgraciada?
(Rezo de 3 Padrenuestros, 3 Avemarías y 3 Glorias. Se puede acompañar con la gracia que se desea conseguir por intercesión de San Martín de Porres)
"Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos" (Mt 5,3)
Las bienaventuranzas son las directrices que
Jesucristo nos ha trazado para que, viviendo como él aquí en la
tierra, consigamos ser plenamente hijos de Dios. Prometen la
bienaventuranza o felicidad plena por caminos opuestos a los que
traza el mundo cuando éste anuncia felicidad. El mundo dice
"felices los ricos, felices los que ponen su esperanza en
las riquezas". Jesús dice "felices los pobres de
espíritu". Felices los que sea por privación real de
bienes de la tierra, sea por purificación interior de sus
deseos, no ponen su corazón ni su esperanza en las riquezas.
San Martín aprendió de Jesucristo a ser "pobre de
espíritu" en medio de la pobreza física de su procedencia
social y en contacto con los más pobres y necesitados. Desde el
convento del Santísimo Rosario de Lima ayudaba a los necesitados
de la ciudad, sirviéndose sobre todo de los recursos de los
ricos a quienes contagiaba de su convicción de que el pobre era
representante de Jesucristo. Amar a un pobre era amar a
Jesucristo.
La actitud de Jesús ante el dolor y sufrimiento
"Cristo no suprimió el sufrimiento y tampoco ha querido desvelar enteramente su misterio: Él lo tomó sobre sí, y eso es bastante para que nosotros comprendamos todo su valor" (Mensaje del Concilio Vaticano II). Jesús se conmueve profundamente ante el dolor de los demás, como podemos comprobar en Mt 9, 36. "Al ver (Jesús) a las gentes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas como ovejas que no tienen pastor", "Al desembarcar vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos" (Mt 14,14). Jesús no quiere el sufrimiento ni lo busca, pero sabe aceptarlo cuando lo encuentra en su propia vida, y lo asume activamente como la ocasión más realista para expresar su amor y confianza total al Padre y su amor y solidaridad incondicional con los hombres. La experiencia del sufrimiento no le endurece ni le encierra en si mismo, sino que le hace sensible al dolor de los otros hasta el punto de identificarse con todos los que padecen. Ver Mt 25, 35-40.
(Rezo de 3 Padrenuestros, 3 Avemarías y 3 Glorias. Se puede acompañar con la gracia que se desea conseguir por intercesión de San Martín de Porres)
"Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra" (Mt 5,4)
El mundo dice: "felices los
arrogantes que se imponen por la fuerza de su poder, felices los
que buscan y consiguen el prestigio y los honores". Jesús
dice: "felices los manos, felices los humildes y sencillos,
felices los que atraen por el aliciente de su bondad".
Los testigos del proceso de canonización resaltan la humildad de
San Martín de Porres. Identificado con Jesucristo, quiso
cumplir sus palabras: "No he venido a ser servido, sino a
servir". En el convento ejerció siempre los servicios más
humildes. Fue durante largo tiempo el encargado de la limpieza de
aquel gran convento que en su tiempo albergaba a 200 religiosos.
Con razón le llamarían "Fray Escoba". Imitó a Jesús
en su anonadamiento. Se consideraba el más indigno de los
religiosos. Huyó de todo tipo de distinción. Paradójicamente,
su humildad y mansedumbre fue una de las claves del gran impulso
bienhechor que ejerció en todos los estamentos de la sociedad de
Lima: gobernantes, militares, grandes señores, sabios teólogos
y también gente del pueblo llano, y sobre todo, en los
desheredados.
La actitud de Jesús ante los enfermos
Si elimináramos las escenas evangélicas
en las que aparece Jesús con los enfermos, se perdería una
buena parte del texto evangélico. Este hecho ya nos da de
entrada, una primera aproximación a la importancia dada por
Jesús a estas personas. Pero un análisis más profundo y
detallado, nos descubre en Él estos rasgos:
-Da a los enfermos protagonismo y los reintegra a la comunidad
civil y religiosa.
-Presenta las curaciones como respuesta a la pregunta de los
discípulos de Juan Bautista sobre si él es o no el Mesías. Es
decir, la atención en forma de curación a los enfermos, Jesús
la presenta como la señal de que ha llegado el Reino de Dios.
-Cuando envía a los discípulos a predicar el Reino, les
encarga: "Predicad el Reino y curad a los enfermos".
Une anuncio del Reino y atención a los enfermos.
-Jesús busca encontrarse personalmente con los enfermos. Les
acoge, les escucha, les comprende, interpreta sus deseos, les da
fe, ánimo y esperanza. Les libra de su soledad y les revela que
no están abandonados de Dios. Realiza una atención integral: en
el cuerpo y en el espíritu. Señor, déjanos participar de tus
mismos sentimientos.
(Rezo de 3 Padrenuestros, 3 Avemarías y 3 Glorias. Se puede acompañar con la gracia que se desea conseguir por intercesión de San Martín de Porres)
"Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados" (Mt 5,5)
El mundo dice: "felices aquellos que
nunca tienen que llorar, aquellos que no sufren ninguna
aflicción ni por si mismos ni por los demás, felices los que no
necesitan de consuelo". Jesús dice: "felices los que
lloran, felices los afligidos por los propios sufrimientos y
felices los que en la escuela de las propias adversidades, sufren
frente a los sufrimientos de los demás".
Era bien conocida la gran sensibilidad de San Martín de Porres
hacia los sufrimientos espirituales y corporales de sus hermanos,
los hombres, sensibilidad aprendida y afinada en los propios
sufrimientos y en su identificación con Jesucristo crucificado.
En los sufrimientos de su cuerpo veía la manera de expresar la
correspondencia al gran amor de Jesucristo, muerto en cruz para
salvar el mundo. Pese a sus esfuerzos por ocultar el uso de la
práctica de cruentas disciplinas en sus tiempos de oración
privada y al uso de dolorosos cilicios, son numerosos los
testigos del proceso de canonización que testimonian estas
penitencias voluntarias, interpretándolas como uno de los
caminos escogidos por el siervo de Dios para dar expresión a su
gran amor a Dios, del cual brotaba su ansia de entrega generosa y
sacrificada al prójimo.
La Iglesia y los enfermos
Los cristianos formamos parte de una Iglesia que desde los mismos apóstoles hizo suyo el mandato de Cristo de atender a los enfermos. Los apóstoles, desde el primer momento siguieron el ejemplo de Jesús con la atención a los enfermos. Lo leemos en los Hechos de los Apóstoles (3, 1-10; 5,15-16; 9,32-35; 19, 11-12 ...) La actitud de los apóstoles ha tenido continuidad permanente durante la historia de la Iglesia siendo pionera en la atención a los enfermos: instituciones de asistencia y beneficencia, hospitales, ambulatorios o dispensarios, hogares de ancianos ... También con la aportación de tantas congregaciones religiosas al servicio de los enfermos y ancianos (en España hay 74 congregaciones dedicadas a esta misión), la aportación del carisma de grandes atletas del servicio a los enfermos y ancianos desvalidos como San Vicente de Paul, Santa Luisa de Marillach, San Camilo de Lelis, San Juan de Dios, Santa Juana Jugan ... y otros que, sin fundar instituciones, han ejercido heroicamente el mismo servicio, como es el caso de San Martín de Porres. Formar parte de una iglesia así nos llena de gozo.
(Rezo de 3 Padrenuestros, 3 Avemarías y un 3 Glorias. Se puede acompañar con la gracia que se desea conseguir por intercesión de San Martín de Porres)
"Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia porque ellos quedarán saciados" (Mt 5,6)
Hambre y sed de justicia significan
sensibilidad frente a las injusticias y deseo eficaz de
restaurarla. La justicia es una virtud cristiana que se refiere a
la relación y trato de cada persona respecto a las otras. San
Martín de Porres expresó su hambre y sed de justicia en
acciones concretas y cotidianas. Tenía su día enteramente
ocupado en ser "justo" dando "lo debido" a
Dios y al prójimo. De esta manera, era "justo" en el
sentido amplio en que se emplea este término en la Sagrada
Escritura. Para él "lo debido" era, en primer lugar,
dar de "lo propio". Se sentía radicalmente deudor de
Dios y por eso le reservaba un tiempo de su vida sólo para él.
Aunque era un hombre de una desbordante actividad a favor del
prójimo, no sólo asistía a la oración litúrgica común del
convento, sino que sabía también encontrar dos largos espacios
de tiempo diarios para la oración en soledad con Dios: la
oración de la mañana y de la noche.
La intensa oración cotidiana de San Martín de Porres era el
secreto de su entrega, tan incansable y eficaz a favor del
prójimo. Las ocupaciones regulares de "servicio" a los
frailes dentro del convento eran numerosas y complejas: como
encargado de la barbería, de la enfermería, de la limpieza de
la casa, del cuidado de las plantas medicinales, de los animales
... Sin olvidar a los más próximos (los frailes de su
convento), su acción bienhechora se fue intensificando cada vez
más, con el permiso de sus superiores, en favor de los necesitados
de fuera del convento. Fray Martín fue hambriento y sediento de
justicia. Sacó su hambre y su sed entregando su vida para
asistir a los otros en sus necesidades. Una justicia sólo
comprensible desde su gran amor a Dios y a los hermanos.
Maneras correctas de acercarnos al enfermo
-Lo primero de todo: no hacer daño.
Actuar como cuando nos disponemos a tocar una llaga, como Moisés
que se descalzó ante la zarza ardiente.
-No querer ser protagonistas. El protagonista es el enfermo.
-Bajarse del podium de nuestras seguridades y compartir la
pobreza del enfermo. Ello nos pondrá a su nivel y desde esta
igualdad podremos ayudarle de verdad.
-Intentar con nuestra actitud, ser parábola del amor de Dios. Le
ayudaremos a recuperar su dignidad y a dejar de sentirse inútil.
-Escucharle más con el corazón que con el oído. Tenemos que
tener un corazón de discípulo, que más bien quiere aprender
que enseñar. A veces, un silencio lleno de afecto puede ser
nuestra mejor palabra.
-No olvidar que muchos enfermos necesitan más compañía que
visitas.
(Rezo de 3 Padrenuestros, 3 Avemarías y 3 Glorias. Se puede acompañar con la gracia que se desea conseguir por intercesión de San Martín de Porres)
"Bienaventurados los misericordiosos, porque de ellos alcanzarán misericordia" (Mt 5,7)
El mundo dice: felices los
inmisericordes, felices los duros de corazón y los que saben
permanecer impasibles ante la miseria de los otros, así podrán
disfrutar más tranquilamente de su opulencia. Jesucristo dice:
"felices los misericordiosos". Jesús ha venido al
mundo a mostrar el rostro misericordioso de Dios. La misericordia
es una palabra mucho más amplia que el perdón, aunque
ciertamente lo incluye. Significa amor a aquello que se considera
próximo a uno mismo, tan próximo que es considerado una parte
interior de uno mismo. El Hijo Eterno al hacerse hombre asumió
para sí, como parte de sí mismo, la miseria humana. La palabra
encarnada es la máxima expresión del amor misericordioso de
Dios.
Fray Martín experimentó vivamente en sí mismo la misericordia
de Dios por Jesucristo. Los frailes le habían sorprendido con
frecuencia llorando y sollozando y pegado físicamente al gran
crucifijo de la sala capitular del convento o al de la Iglesia,
durante la noche, cuando todos se habían retirado a descansar.
Fray Martín, identificado con Jesucristo, hacía suyas todo tipo
de miserias humanas de las personas que acudían a él para ser
acogidos o que eren buscadas por él para derramar sobre ellas el
aceite del buen samaritano. Su oficio de enfermero le ofrecía
numerosas ocasiones para poner en práctica su amor
misericordioso. Y toda su incansable actividad a favor de los
marginados estaba animada por su profunda actitud misericordiosa,
aprendida junto a la cruz de Jesucristo.
La formación
El respeto a la persona del enfermo y al
amor de Dios del cual estamos llamados a ser su ejemplo, piden no
ahorrar tiempo ni esfuerzo para formarnos. Los destinatarios de
nuestro amor y servicio viven momentos de gran fragilidad y
sensibilidad. Deberemos acercarnos al enfermo teniendo en cuenta
sus características personales:
-No es lo mismo un enfermo joven que adulto o anciano, con una
cultura o con otra, con según que enfermedad, en espera de
diagnóstico, o sabedor de una curación prevista o por el
contrario, con la esperanza truncada, acompañado o solo ...
-Creyente o no ...
-En según que etapa psicológico: negación de la realidad,
depresión, huída hacia adelante, aceptaciones de la realidad
...
Convendrá buscar plataformas de formación para intercambiar
puntos de vista, corregir talantes, perfilar criterios, recuperar
estímulos, aclarar conceptos fundamentales, aprender a integrar
nuestra aportación en armonía con la de los que presentan
otras atenciones al enfermo. En la tarea de servicio al enfermo
nadie sobra, mientras cada uno esté en su lugar.
(Rezo de 3 Padrenuestros, 3 Avemarías y 3 Glorias. Se puede acompañar con la gracia que se desea conseguir por intercesión de San Martín de Porres)
"Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios"
Jesús llama en el Evangelio
"limpios de corazón" a aquellos que son interiormente
sencillos, rectos, fieles, auténticos. Corazón limpio es lo
mismo que espíritu limpio e interioridad limpia, sin la escoria
de la falsedad y de la hipocresía. Pocas cosas ha rechazado
Jesús de forma más radical que la hipocresía de los fariseos,
tan propensos a mostrar un exterior blanqueado a base de una
conducta apoyada en la ley, que servía para ocultar un interior
corrompido.
La sencillez y rectitud de corazón eran características muy
destacables de Fray Martín. No sólo no ocultaba la verdad de su
condición, sino, aceptándola en verdad y con humildad, la
mostraba. Profesó como hermano lego de obediencia y vivió en un
convento en medio de numerosos sabios sacerdotes dominicos. No
había tenido ocasión de estudiar, pero gracias a su corazón
limpio, sencillo y humilde, se le podían aplicar las palabras de
Jesús: "Gracias, Padre, porque has revelado la verdad a los
sencillos de corazón y la has ocultado a los expertos y
entendidos". Fray Martín aprendió mucho en contacto con
los otros a quienes se acercaba con la inmediatez del corazón y,
sobre todo, aprendió mucho en su contacto con su amigo
Jesucristo. Esta sabiduría de los sencillos le convirtió en el
gran consejero espiritual de sabios teólogos y de personas
seglares de todas las clases sociales. La promesa de Jesús
según la cual "los limpios de corazón verán a Dios",
se había empezado a cumplir en Fray Martín ya mientras estaba
aquí en la tierra.
Atención al entorno familiar del enfermo
Instintivamente, ante la noticia
inesperada de la enfermedad de un amigo o conocido, lo primero
que se nos ocurre es visitar al interesado. Y, lo importante es
que se imponga el discernimiento, intentar descubrir cuál es el
mejor camino para ayudar. Debemos actuar según una máxima de la
primitiva Iglesia: "Antes de dar una limosna, procura que
ésta sude en tu mano". Con ello se quería indicar que la
ayuda fraterna debe ser sin duda generosa, pero hecha con
inteligencia teniendo en cuenta la sensibilidad del atendido.
En muchas ocasiones, sobre todo en el primer impacto, la mejor
ayuda será apoyar a la familia para aumentar sus posibilidades
de dedicación al enfermo. Es importante respetar la intimidad
del enfermo y de su núcleo familiar más cercano. Nuestra
misión no debe ser la intromisión -aunque lleve el sello de la
buena fe-, sino el respeto expectante, la disponibilidad para
cuando los afectados decidan servirse de nuestra ayuda.
(Rezo de 3 Padrenuestros, 3 Avemarías y 3 Glorias. Se puede acompañar con la gracia que se desea conseguir por intercesión de San Martín de Porres)
"Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamdos los hijos de Dios" (Mt 5, 9)
Jesucristo, al establecer mediante su sangre, la nueva alianza entre Dios y la humanidad, puso el fundamento de la verdadera paz en la tierra. Pero es una paz que ha de construirse en la sociedad concreta en que vivimos con el esfuerzo de los hombres, que deberán asemejarse al Hijo de Dios encarnado. Por eso, en la medida en que los hombres sean pacificadores y obradores de la paz, podrán ser llamados "hijos de Dios". La construcción de la paz fue una de las líneas características de Fray Martín. Partió de una buena base, pues para contribuir eficazmente a la paz en el entorno próximo es necesario poseer primero la paz consigo mismo y con Dios. Y alimentaba cada día esta doble paz, primera y fundamental, en su contacto con la fuente de la paz que es Jesucristo mediante su oración y vida de entrega de sí mismo al servicio de los otros. Su contribución a la paz en su entorno no sólo era por su presencia serena, risueña y pacífica, que reflejaba la paz del propio corazón, sino mediante su conducta a favor de la justicia, a favor de los marginados, así como mediante sus consejos a grandes y pequeños en la solución de los conflictos que le planteaban. Como se deduce de los testimonios del proceso de beatificación, podríamos decir que fue un no-violento, antes de que se inventase la no-violencia. Para él, las criaturas de Dios, debían convivir todas en paz. Y no deja de resultar significativo, el hecho resaltado por sus coetáneos, que Fray Martín consiguiese incluso -como don singular y extraordinario de Dios- que animales instintivamente enfrentados como perros, gatos y gallinas (y ratas!) les obedeciesen y se aviniesen a comer juntos la comida que él les procuraba todos los días.
Los profesionales sanitarios
¿Que sería de los enfermos sin los
profesionales sanitarios? Es difícil imaginarlos sin vocación
para su profesión. Pero como que se trata de una profesión que
se ejerce enfrentándose al dolor y muchas veces a la muerte,
pueden producirse heridas profundas en la sensibilidad. Ello
puede desencadenar mecanismos de autodefensa para no sucumbir al estrés. Los cristianos tenemos razones muy profundas para
ayudarles en el empeño de no sucumbir. El Evangelio nos motiva.
Los gestos de Jesús son nuestro paradigma. He aquí dos
actitudes que conviene tener en cuenta: -Valorar su aportación,
tan inestimable, al mundo de la salud, procurando que las
anécdotas negativas no sean sobreestimadas con peligro de
oscurecer sus innumerables gestos positivos.
-Ayudar a los enfermos y familiares afectados a hacer esta
valoración positiva, sobre todo en los casos en los que, a pesar
de un esfuerzo y dedicación ejemplar, el resultado ha sido
negativo.
(Rezo de 3 Padrenuestros, 3 Avemarías y 3 Glorias. Se puede acompañar con la gracia que se desea conseguir por intercesión de San Martín de Porres)
"Bienaventurados los que padecen persecución por la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos" (Mt 5,10)
La "persecución" presenta
muchas formas y una de ellas se concretaría en el daño que
inflige una categoría de personas a otra u otras categorías. En
tiempos de Fray Martín (y también en nuestros tiempos) las
diversas categorías de personas que llamamos
"discriminadas" sufrían unos daños por parte de otras
personas, daños que obstaculizaban el proyecto liberador de
Jesucristo. El trato injusto era a veces tomado como "lo
natural", de manera que no había conciencia de infligir el
daño al otro. Pero no dejaba de existir una injusticia objetiva
producida de unas personas contra otras.
Fray Martín sufrió en sí mismo los daños de este tipo de
injusticia, unos daños que le sirvieron para identificarse más
intensamente a Jesucristo crucificado. Percibió y sintió sobre
todo los daños más directamente enlazados con las condiciones
infrahumanas de vida de "los marginados" de la sociedad de su tiempo: indios, criollos, negros, mulatos y
pobres de todas las etnias. Los desposeídos, los necesitados y
los enfermos eran los grandes beneficiarios de su actividad
caritativa incansable. La que llamaríamos con lenguaje actual
"su acción social" estaba inspirada en el Evangelio de
Jesucristo e impulsada por su amor a Dios y al prójimo. Fray
Martín continúa en el cielo ayudando a los pobres, enfermos y
necesitados e impulsándonos a todos nosotros a que continuemos
su acción aquí en la tierra.
Oración a Jesús en este último día de la novena.
Señor Jesús: en la deliciosa escena de los discípulos de Emaús que "andaban comentando todo lo que había sucedido" (los hechos de tu pasión y muerte), te "acercaste y te pusiste a caminar con ellos" en unos momentos en que no entendían nada de los sucedido. Tú te convertiste en discreto compañero de camino para ayudarles a superar la profunda decepción que llevaban en su corazón. Nosotros esperábamos ... y ya ves ... les abriste el sentido de las Escrituras y la luz y el calor volvió a sus corazones y con ello el coraje para proclamar tu resurrección. Te pedimos que por intercesión de San Martín de Porres, que tanto los enfermos como nosotros sintamos la fuerza de tu presencia en el camino de la vida para proclamar -también en la noche del dolor- que es verdad: has resucitado y contigo podemos lo imposible.
(Rezo de 3 Padrenuestros, 3 Avemarías y 3 Glorias. Se puede acompañar con la gracia que se desea conseguir por intercesión de San Martín de Porres)
Oración final para todos los días Martín de Porres, seguidor fiel de Jesucristo, haz que nos esforcemos en imitar tus ejemplos de unión con Dios por la oración, de amor universal y de entrega sacrificada y gozosa al servicio de los necesitados, especialmente de los que más sufren física o moralmente. Confiamos en tu bondad y sensibilidad por los necesitados y te pedimos, querido hermano nuestro, que presentes a tu amigo Jesucristo nuestra petición de auxilio en nuestras necesidades. Así sea. |
Puedes dejar oraciones, mensajes, peticiones o lo que más te salga del corazón a San Martín de Porres en: El Libro de los Santos
© " El
Ángel de la Web" es una producción de Ángel Rodríguez
Vilagrán. Secretaria: Cristina Fernández Porcel. Fundada en enero
de 1999 y realizada en CATALUNYA-España.