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Santa Rosa de Lima
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"Fue de natural muy sosegado y agradable, y la alegría de toda su casa, sin lloros e impertinencias que acompañan la niñez. De tres años dio muestra de grandes virtudes: de paciencia fue cuando, cayéndose la cubierta de una arca grande, le cogió el pulgar, sin quejarse escondió la mano, hasta que pudriéndosele la sangre, y llamado el cirujano, la sacó con unas tenacillas la uña, materia y carne gastadas, persistiendo ella sin movimiento de dolor y sentimiento, como si el pulgar fuera ajeno ..." (Texto de la biografía de Santa Rosa de Lima escrita por el padre Leonard Hansen).
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Rosa de Santa María, más conocida con el nombre de Rosa de Lima, nació en Lima el 20 de abril de 1586, ciudad fundada 50 años antes de su nacimiento por Pizarro. En aquella época, la capital del Perú tenía unos 25.000 habitantes aproximadamente, muy lejos de los más de 4 millones que tiene ahora. Su padre se llamaba Gaspar Flores y su madre María de Oliva, los dos eran descendientes de españoles pero ya nacidos en tierras americanas. Fue bautizada bajo el nombre de Isabel, suponemos porque así también se llamaba su abuela materna, pero muy pronto ella misma se lo cambió por el de Rosa, después que así la llamara una criada india que había en su casa, por la belleza que tenía aquella niña. También algunas leyendas afirman que el nombre de Rosa lo impusieron sus padres después que un día vieron con sorpresa la presencia de esta flor en su cuna. El cambio se hizo oficial el día que recibió el sacramento de la confirmación de manos del arzobispo, y también santo, Toribio de Mogrovejo. Años más tarde, le añadió a su nombre el "de Santa María", por la profunda devoción que tenía a la Virgen. |
La primera biografía de nuestra amiga la redactó en latín en 1664 el padre Leonard Hansen, provincial de los dominicos de Inglaterra, basándose en los informes del proceso de canonización. Un año más tarde, fue traducida al castellano. Al principio de esta página ya has podido leer un fragmento del texto que narra el valor de nuestra santa, ¡imagínate que a nosotros nos hubiera pasado lo mismo que a ella!. ¡Yo me moriría de dolor!.
Su deseo de consagrarse al Señor
Cuenta la biografía de Rosa que ya desde muy pequeña sintió la vida religiosa, un amor profundo a Dios y a la Virgen y un entrañable deseo de imitar a una santa dominica: Santa Catalina de Siena. Esto le llevó a frecuentar la iglesia de los padres dominicos de Lima y a entrar en contacto con dos religiosos que eran profesores de la Universidad de San Marcos, me refiero a Juan de Lorenzana y a Luis de Bilbao. Ellos fueron los que de una manera u otra, empezaron a guiar a nuestra santa por el camino de la oración, de la penitencia y del misticismo. Pero ... ¿cómo llevaba esta vida Rosa de Lima?. Pues... no como religiosa encerrada en un convento, sino desde su propia casa. Allí ayudaba a las tareas domésticas, a atender a sus hermanos, e incluso realizando trabajos de costurera, y como no, en el cultivo de rosas del jardín. Estas dos últimas ocupaciones ayudaban también al sostenimiento económico de la casa, ya que el negocio minero en el que estaba involucrado su padre había ido a menos.
El propósito de sus padres, como te puedes imaginar, era el de poder casar a su hija con un chico de la aristocracia o de una buena posición social. De hecho, contaban con una gran ventaja, y es que Rosa poseía una belleza envidiable, creo que como todas las que llevan este nombre. Pero ... no tenían en cuenta de cuál sería el deseo de ella. Imagino que se pondrían las manos a la cabeza cuando escucharon de Rosa la intención de quererse consagrar al señor mediante el voto de virginidad. Está claro, que, según la biografía del padre Hansen, su madre más que ponerse sus manos en su propia cabeza, lo que hacía era ponerlas en las de su hija, ya que en más de una ocasión la había sacudido cuando la veía dedicando grandes ratos a la oración. En plan de broma podríamos decir que, con la decisión de Rosa, dos personas se vieron aliviadas, ella misma porque decidió el camino que quería realizar, y por otra parte el futuro "novio" de ella, y es que ... ¡vaya suegra le habría tocado!. No me extraña que el biógrafo Hansen escribiese que María de Oliva tenía un carácter muy fuerte. Yo diría ¡fuertísimo!.
Ahora es momento que prestes atención de cómo distribuía el tiempo nuestra amiga Rosa de Lima. Dedicaba doce horas a la oración, diez al trabajo con que sustentaba a sus padres y ... ¡dos a dormir!, o sea, dormía igual que tú cuando sales los sábados por la noche. Imagínate, todo el día trabajando, y toda la noche orando. ¡Sin duda, era una santa!. Podríamos decir que, aunque no vivía en un convento, se trajo el convento para su casa, ya que en su propio jardín se construyó un pequeño habitáculo en el que se encerraba para practicar sus ejercicios de oración y contemplación. Un recinto que existe aún hoy y se puede ver en el santuario de Santa Rosa de los Padres de Lima. De alguna manera, si miras la estampa de Santa Rosa, se puede entrever.
Pese a que no ingresó nunca en un convento, Rosa de Lima quiso entrar a formar parte de la Orden de Santo Domingo como terciaria. Los terciarios son una tercera orden que tienen muchas congregaciones religiosas que permiten a sus fieles llevar una vida laica bajo la regla del fundador y vestir el hábito blanco y negro de la congregación. Fue admitida el 10 de agosto de 1606. Cabe resaltar, que en la estampa de esta página, el hábito es marrón. ¡Esto se debe a un error de quien reveló la foto!.
La penitencia y la caridad
La
biografía del padre Hansen nos da datos realmente sobrecogedores de hasta que
punto puede llevar una persona el amor al Señor bajo una estricta penitencia,
observancia y consagración. Ya te he explicado antes un poco el horario que
tenía nuestra santa, pero aquello no es nada comparado de cómo lo vivía. Parece
ser que Rosa tenía una principal atracción a lo que fue la pasión de Jesús y
así, con el sufrimiento de Jesús en la cruz, quiso pasar el resto de su vida.
Lógicamente, hay personas que pueden amar muchísimo a Jesús y no hacer lo mismo
que hizo Rosa, ya que todos tenemos carismas diferentes, pero todo parece indicar
que el carisma de Rosa fue el de entregarse no sólo virgen a Dios, sino de la
misma manera como sufrió su hijo en la tierra.
En recuerdo de las sogas que ataron a Jesucristo, se puso en la cintura una
cadena cerrada con un candado, cuya llave tiró ella misma a un pozo que aún
se conserva en el jardín de su casa-santuario y al que los devotos arrojan hoy
papeles con intenciones dirigidas a la santa. Por la corona de espinas, se puso
un aro de hierro con púas en la cabeza disimulado con una corona de flores para
no disgustar a su madre; y por la cruz que Jesús llevó a cuestas, se cargaba
un tronco y con el andaba por el jardín cayéndose y levantándose a imitación
de la propia pasión. Se dice incluso que en memoria del sepulcro, ella misma
construyó una cueva de reducidas dimensiones donde pasaba buena parte de las
horas del día en una posición muy incómoda.
Son sin lugar a dudas unas penitencias que muchos de nosotros podemos considerar exageradas, pero también tenemos que tener en cuenta que en aquella época se estilaban este tipo de prácticas. Lo más curioso de todo, es que Rosa nunca presumió de ello y que tampoco quiso mostrar una cara triste ante los demás. Podríamos decir que nuestra santa tuvo bien presente el consejo de Jesús que refleja el evangelista Mateo (Mt 6,17-18): "Tú, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido".
Hay una curiosa anécdota recogida por el padre Hansen y que también se cita en la obra "Rosa de Lima, total entrega" de Joan Llopis publicada por el Centro de Pastoral Litúrgica de Barcelona, en la cual vemos como Rosa nunca quiso presumir de estas penitencias:
"Había
ayunado toda una cuaresma a pan y agua; la Semana Santa apenas gustó nada, y
del jueves por la mañana hasta el viernes a mediodía sin moverse, asistió en
la iglesia de predicadores delante el Sacramento, sin tomar en treinta horas
ni aun una gota de agua. Viéndola volver a su casa airosa y hermosísima, unos
curiosos la dijeron en chanza: "¡Cómo se regala!. A la cara le salen los
dulces que ha comido. ¿Así ayunan las beatas?".
Esto desagradó a la madre, pero al contrario, a la hija le pareció bien que
de tal suerte se escondieran sus ayunos, que la notaran de regalona y golosilla".
Hablando de golosinas, ¿quieres saber un secreto?. Pues... ¡¡¡Santa Rosa de Lima era muy golosa!!!, le gustaba en cantidad el chocolate. Y a pesar de sus ayunos y penitencias, de tanto en tanto le apetecía degustar este dulce. Entre las pocas cartas que se han conservado de Santa Rosa, hay una de agradecimiento hacia María de Uzategui, la mujer que la acogió tres años antes de su muerte. En esta letra agradece el gesto de aquella señora con estas palabras: " ... pedimos a Nuestro señor pague a vuestra merced con premio de gloria la limosna de anoche; que, cierto, llegó a tiempo de muy apretada necesidad. Nuestro Señor guarde a vuestra merced como yo deseo. Esclava de la Virgen María y Jesús, y sierva de vuestra merced".
Servicio al prójimo
Rosa de Lima también fue una persona entregada a los demás, a los más pobres y necesitados. A lo largo de su vida tuvo tiempo de socorrer a los indigentes que en busca de alimento llamaban a la puerta de sus padres e incluso, ella misma montó un pequeño hospital en su casa parar sanar a los enfermos pobres. Muchos de los que allí salían confortados y curados, atribuyeron aquellas curaciones a una imagen del Niño Jesús que existía en aquel pequeño hospital. El pueblo dio el nombre de "El Doctorcito" a aquella imagen que todavía hoy se venera.
El padre Getino fue otro de los grandes historiadores de Santa Rosa de Lima que se dedicó a recoger diferentes sentencias que dijo la santa. Una vez, después que su madre la reprendiese porque se había manchado mientras curaba a uno de los enfermos, le dijo:
"Cuando servimos a los enfermos, somos buen olor de Cristo; no es delicada la caridad, ni tiene fastidio de las llagas canceradas de los prójimos, acordándose que todos fuimos formados del mismo lodo y cieno. Y que habiéndose heredado la mortalidad de nuestros primeros padres, es propia cosecha nuestra la podre y gusanos, pues no hay quien nos traiga consigo la causa de la corrupción. (...) Más feamente mancillaron el rostro de mi Redentor, por nuestras culpas, las salivas y esputos asquerosos de los crueles sayones".
Una santa en el cielo
En diferentes libros de santos leemos que Rosa de Lima tenía apariciones de Jesús, de María y de Santa Catalina de Siena. También tuvo diferentes éxtasis, que ocasionaron las burlas de algunas gentes del pueblo sin que a ella le importaran. A pesar de ello, tuvo que hacer frente a la Inquisición. Se explica que este estamento abrió una investigación para ver si Santa Rosa estaba influenciada por el diablo y si se trataba de una bruja. Los padres Juan de Lorenzana y Luis de Bilbao -los profesores de Teología con quien ella contactó cuando eran joven- junto a un doctor de la ciudad llamado Castillo, tuvieron que redactar un informe alabando las virtudes de la santa. Un informe, que por suerte, resultó positivo, haciendo callar a los más ingenuos.
Los tres últimos años de su vida los pasó en casa de Gonzalo de la Maza y de María de Uzategui, un matrimonio acaudalado de Lima. Durante este tiempo, Rosa ya se encontraba muy enferma: cólicos nefríticos, pleuritis, parálisis ... Falleció el 24 de agosto de 1617 a los 31 años de edad, en la fiesta de San Bartolomé, santo, curiosamente al que también tenía una gran devoción. A fin de que la fiesta de Santa Rosa no se viera entorpecida por la celebración del mencionado apóstol, la iglesia estableció el día de su onomástica el 30 de agosto, pero después de la reforma del Concilio Vaticano II, se decidió situar la fiesta el día más próximo a su muerte, el 23 de agosto. A pesar de ello, muchas personas y especialmente en Perú, siguen celebrando la onomástica el día 30. Después de su muerte muchas personas imploraron a la santa y le reconocieron muchos milagros. La sociedad peruana se movilizó para que aquella jovencita fuera una persona apta para estar en los altares.
Santa Rosa de Lima fue la primera persona del continente americano en ser beatificada; era el 15 de abril de 1668 por el Papa Clemente IX. Tan sólo tres años más tarde, el 12 de abril de 1671, el Papa Clemente X la canonizó junto a otros santos como Francisco de Borja.
Patronazgos e invocaciones
Es la patrona del continente americano, así fue declarada cuando la canonizaron. Exactamente, el título es "patrona universal y principal de todas y cualesquier provincias, reinos, islas y regiones de tierra firme de toda la América y Filipinas". Es lógicamente la patrona de Perú y de Lima y le tienen también mucha admiración en Argentina.
Es la protectora de las floristas, aunque algunas también lo celebran por Santa Rita, y de los jardineros. Aunque Francisco de Sales y Juan Evangelista sean los patrones de los escritores, las poetizas y escritoras también les pueden pedir protección y ayuda.
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Oración del Misal Romano Dios nuestro, que impulsaste a Santa Rosa de Lima a apartarse de la vida del mundo por amor tuyo y a consagrarse sólo a ti, en la austeridad y la penitencia, concédenos, por su intercesión, que sepamos seguir, en este mundo, el camino que conduce a la verdadera vida, para que lleguemos a gozar del torrente de tus delicias allá en el cielo. |
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