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EL ESPECTRO DEL FASCISMO RECORRE EUROPA. SOLTÁNDOSE DEL LASTRE DEL
HOLOCAUSTO, LA EXTREMA DERECHA SE HA REINVENTADO A SÍ MISMA. EL
FASCISMO ESTA OTRAVEZ EN MOVIMIENTO. A LAS PUERTAS DEL MILENIO,
PRESENCIAMOS UN RENACIMIENTO FASCISTA.
RETAGUARDIA
El fascismo es la vanguardia de la reacción, por lo
tanto el antifascismo, por definición, es una respuesta de retaguardia.
El resurgimiento de la extrema derecha representa una amenaza tanto
política como física para todas las personas y organizaciones
progresistas y obreras, así como para otros grupos oprimidos que son
usados por el fascismo como chivos expiatorios. Esto es de por sí
evidente, sin embargo hoy, en muchos países, la amenaza política se
menosprecia o se ignora, mientras que la amenaza física es respondida
más en la teoría que en los hechos.
LEGALIDAD
Muchos se esconden cómodamente de la realidad
proclamando que si la extrema derecha de los años 90 no es similar a
los nazis de las películas en apariencia o discurso, entonces deben ser
vistos como demócratas inofensivos. En consecuencia, sólo las campañas
por los antirracistas llevadas estrictamente dentro de los límites de
la legalidad pueden ser justificadas como forma de protesta. Otros
creen que sólo los skins nazis son fascistas, así que si no hay skins
nazis no hay fascistas, etc.
PERDIENDO LA COSTUMBRE
El hecho es que la izquierda de clase media no
quiere combatir y hace años perdió la costumbre. La lucha la asusta,
así que inventa excusas.
Desde 1945 la izquierda ha abandonado a la clase obrera en Europa. El
dogma y las fórmulas falsas provocaron esto: a los errores se suma la
lealtad a doctrinas ya fracasadas en la lucha contra el fascismo. El
fascismo no es la causa del colapso de la izquierda sino el castigo por
esto.
SEPARAR
La función del antifascismo militante es primero
separar a quienes quieren luchar de quienes no quieren. Cuando se logre
esta distinción, la unidad entre los militantes es esencial.
ENEMIGO COMUN
El antifascismo no es la arena política apropiada
para el debate ideológico sobre las rivalidades históricas entre
estalinismo y trotskismo, marxismo y anarquismo, o para escoger bando
en los conflictos nacionales e internacionales. Tenemos un enemigo
común, y si queremos derrotarlo, debemos priorizar lo que nos une y no
lo que nos divide.
DESAFIO CON PROBABILIDADES DE EXITO
Por otro lado, la ambición del antifascismo
militante no es remover la amenaza de la extrema derecha contra el
orden político existente, para que las condiciones sociales que dieron
origen a esta amenaza vuelvan a ser ignoradas tranquilamente. Por el
contrario, el antifascismo militante cree que se necesita un cambio
radical. Nuestro papel principal es asegurar que si al sistema se le
plantea un desafío con probabilidades de éxito, sea de parte de la
izquierda.
IMPULSO O EXCUSA
La filosofía que gobierna todos los Estados
burgueses modernos es la habilidad de responder a los ciclos económicos
de expansión y recesión adoptando la forma política compatible con la
realidad económica. Esta es la defensa tradicional del sistema
capitalista.
Los argumentos reaccionarios que se manifiestan en la propaganda y
actividades de los partidos de extrema derecha sirven como impulso (o
excusa) que guía al Estado capitalista hacia un puerto adecuadamente
reaccionario. Un movimiento fascista no tiene que ser grande para
lograr este efecto.
SUBVERSIVO
El antifascismo militante es juzgado
automáticamente como subversivo, cuando trata de negarle a los poderes
dominantes la oportunidad de ejercer esta opción fascista. En
consecuencia esas organizaciones están sujetas a todo tipo de
vigilancia y trucos sucios: grabación de las conversaciones
telefónicas, interceptación del correo, apariciones en los medios de
comunicación, supuestos vínculos terroristas, sentencias punitivas,
agentes provocadores, etc.
CREANDO ESPACIO
El objetivo del Estado es hacer insostenible el
antifascismo efectivo. La estrategia es, por un lado, volver ineficaces
las tácticas de confrontación, mientras por otra parte se criminaliza a
los militantes.
Se espera que si se abandonan las tácticas militantes quedará espacio
para que florezca el programa de la extrema derecha. Cuando los
partidos capitalistas no pueden mantener su posición con la ayuda de la
democracia, optan por el estado de sitio. La historia muestra que su
compromiso con su propia democracia parlamentaria no es digno de
confianza.
AMENAZA COMUNISTA
Por primera vez desde los años 30 la extrema
derecha ha aparecido en el ámbito nacional, y simultáneamente, en
muchos países del continente europeo. Desde mediados de los 80, la
extrema derecha ha establecido su programa en Francia, cambió la
constitución alemana, ha sido socia del gobierno en Italia y se aseguró
el 27% del voto en las elecciones nacionales en Austria. Mientras los
paralelos con el escenario de la preguerra son claros, hay una
diferencia vital. El comunismo, reconocido desde hace mucho como el
enemigo natural del fascismo, que en la preguerra tenía el apoyo de
millones de personas de clase obrera, ya no existe. La muerte de la
"amenaza comunista" ha significado que muchas veces no es necesaria la
contra-amenaza visiblemente ofensiva.
La batalla por el control de las calles no es necesaria si no hay quien
lo dispute. Si no hay peligro físico, el fascismo no necesita un ejército privado. Si el fin se
puede alcanzar sin los medios tradicionales, no se necesita la mano
dura.
RADICAL/RESPETABLE
Y si un golpe de Estado violento no está a la orden
del día, los fascistas pueden parecer tanto radicales como respetables
al mismo tiempo. Reconocen que la combinación radical/respetable es
particularmente vital en la seducción política de las clases medias.
Además, con 30 millones de desempleados en Europa y la democracia
parlamentaria anunciando una impotencia indiferente, secciones de la
clase obrera, y los mismos desempleados, ya han sido, y seguirán
siendo, susceptibles al seudorradicalismo de la extrema derecha.
UNIDAD ENTRE LAS CLASES
La piedra fundamental de la estrategia preferida de
los antirracistas liberales, la izquierda conservadora y secciones de
los medios de comunicación es pedir acción legislativa o directa del
Estado para contener la propaganda o las actividades de los extremistas
de derecha. La lógica de esta estrategia hace necesaria la unidad entre
las clases y, en último término, la colaboración entre el antifascismo
y los elementos del Estado.
LAS CREDENCIALES APROPIADAS
Esta estrategia da como resultado que las
credenciales de la extrema derecha como radical se establecen en las
mentes de los mismos elementos que buscan un cambio social o político,
gracias a los mismos esfuerzos y propaganda de la oposición.
El antifascismo, en vez de ser identificado como una posición radical a
favor de la clase obrera, es identificado pública e indeleblemente con
el sistema. El resultado es que las secciones de la sociedad que buscan
el cambio son arrojadas literalmente a los brazos de la extrema
derecha, mientras que las tácticas que los liberales exigen al Estado
son empleadas con gusto contra todos los oponentes al sistema.
EL MAL MENOR
En un esfuerzo para justificar esta colaboración
con los partidos parlamentarios que por razones de conveniencia
electoral muestran cercanía a los prejuicios de la extrema derecha, la
izquierda conservadora citará el principio del "mal menor", que
traducido significa la implementación de un programa de extrema derecha
sin necesidad de que la extrema derecha tome el poder. Como el fascismo
tiende a ser alimentado por las concesiones, y no debilitado, esta
cobardía le permite al fascismo encaramarse
astutamente.
OPOSITORES ORGANIZADOS
El primer paso hacia la superación de la situación
es reconocer que a través de Europa y más allá, todos los opositores
del antifascismo militante están organizados. La extrema derecha, los
organismos de seguridad del Estado y los pacifistas de la izquierda de
clase media se organizan por separado, y ocasionalmente juntos, para
arrinconar, criminalizar, y en último término, aplastar la resistencia
militante. Aunque en la superficie cada uno busca diferentes objetivos,
es innegable que el impulso de la extrema derecha está colocando el
programa político que los demás están obligados a responder.
AISLAMIENTO
Hasta ahora la única gente que no está organizada
en el ámbito europeo e internacional son las secciones que generalmente son condenadas como extremistas por
todas las partes. Son los activistas políticos más propensos a
enfrentar el aislamiento en sus propios países, las organizaciones que
tienen más que ganar de la solidaridad internacional y la colaboración
a través de las fronteras, quienes carecen actualmente incluso de los
rudimentos de una red. Los militantes también se deben organizar.
MEDIOS PARA UN FIN
Al hacer esto debemos reconocer que el antifascismo
militante es un medio para un fin más que un fin en sí mismo. En muchos
países la extrema derecha está ganando sin dificultad la batalla en los
corazones y mentes de la clase obrera. Podemos detenerlos, pero sólo
tratando de darle reversa a todo el proceso.
UNA NUEVA IZQUIERDA
En el pasado los luchadores antifascistas venían de
las mayores organizaciones revolucionarias y progresistas. Eran primero
comunistas, anarquistas y socialistas. Su compromiso con el
antifascismo era un resultado de la iniciativa dada por la izquierda en
general. Hoy la vieja izquierda está liquidada, y debemos aprender de
sus errores y diseñar nuevas estrategias.
Mientras que históricamente, el movimiento antifascista fue creado por
una coalición de la izquierda, hoy es evidente que una nueva izquierda sólo puede surgir de las
fuerzas del antifascismo militante.
AMBICION
La última garantía contra una mayor penetración de
la extrema derecha no es un movimiento antifascista fuerte sino un
movimiento obrero fuerte y políticamente independiente. La extrema
derecha se ha reinventado a sí misma y nosotros debemos hacer lo mismo.
Para hacerlo, primero debemos competir con su ambición.
VICTORIA
En último término, el reto para el antifascismo
militante no es solamente destruir la influencia de los fascistas en
todas las áreas de la vida
de la clase obrera. El desafío real, para que nuestros esfuerzos
culminen en la victoria, es señalar cómo remplazarlos.
Para que esto suceda, no sirve simplemente negar el desafío
revolucionario del nacionalismo a la corrupción y
decadencia de la elite política.
Para que el antifascismo militante se arraigue en las comunidades de
clase obrera, debe conservar la habilidad de impedir la violencia
fascista, pero también debe cultivar la ambición en la batalla de los
corazones y las mentes para impedir su radicalización.
RED ANTIFASCISTA MILITANTE INTERNACIONAL
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