Religión escolar
La enseñanza de la religión (curso 04 - 05)
ECLESALIA, 16 de junio de 2004
Es
importante clarificar la actual situación de confusión sobre la
enseñanza de la Religión
Carlos Esteban Garcés, director de la revista Religión y Escuela.
Tras la suspensión de la asignatura de Sociedad, Cultura y Religión, prevista en la LOCE, y tras las numerosas declaraciones que sobre esta cuestión se han publicado en las últimas semanas, la confusión sobre la enseñanza de la religión es muy notable entre padres y alumnos, incluso entre los sectores educativos. Conviene clarificar, pues, qué es lo que se ha suspendido y cuál es la regulación actual, que se mantendrá al menos hasta el curso 2006-2007, sobre la enseñanza de la religión. Entre otras cuestiones, es necesario decir que es una asignatura evaluable y computable, a todos los efectos, con la única excepción de la nota media de Bachillerato para becas y selectividad.
Suspendida la implantación de Sociedad, Cultura y Religión
La implantación del nuevo marco para el saber religioso, Sociedad, Cultura
y Religión, establecido en la LOCE, se ha retrasado dos cursos académicos,
según de Real Decreto aprobado el pasado viernes 28 de mayo. Pero se
trata de un retraso únicamente nominal, puesto que en realidad es el
primer paso para una posterior y definitiva derogación. Mientras, en
ese entreacto, se pretende abrir un espacio de diálogo que nos llevará
a una nueva Ley Orgánica de Educación que sustituya la LOCE y
que conllevará una nueva consideración para la enseñanza
de la religión. Con esta paralización de la LOCE y de SCR
permanece, para la enseñanza de la religión, la anterior regulación
de 1994 (RD 2438/1994, de 16 de diciembre), que es la que está vigente
en el actual curso escolar.
Conviene no olvidar que el origen de esta nueva materia SCR, que ahora se paraliza, está en ese decreto de 1994, con un ministro socialista, asumiendo ya entonces la necesidad de garantizar a todos los alumnos un acceso al hecho religioso, bien como enseñanza confesional, bien como actividades alternativas sobre manifestaciones de las diferentes religiones. Aquella propuesta global (Religión-Alternativa) y el desarrollo de la alternativa (véase la Orden del MEC de 3 de agosto y la Resolución de Renovación Pedagógica de 16 de agosto de 1995) son la auténtica base de la nueva materia Sociedad, Cultura y Religión, establecida en la LOCE para abordar las religiones con el tratamiento académico que les corresponde por su importancia para la formación integral.
Se mantiene la solución de 1994 sobre la ERE
La regulación de 1994 para la enseñanza de la religión
fue necesaria porque en 1991 se suprimió, entre otras cosas (en las enseñanzas
mínimas para el currículo de cada etapa), la evaluación
de la asignatura de Religión y los tribunales sentenciaron que dicha
supresión era no conforme a derecho y, por consiguiente, nula. Ni la
regulación de 1991 ni la 1994 fueron pactadas. El decreto de 1994 fue
unilateral y produjo, recordemos algunas, estas reacciones: el Gobierno regula
la enseñanza de la religión sin dejar satisfechos ni a obispos
ni a padres... Nadie está contento... (titular de Sociedad, El País,
17-12-94); los obispos acusan al Gobierno de marginar la enseñanza religiosa
(titular de portada, ABC, 17-12-94); hemos comprobado con pena que esta regulación
no se ajusta a lo establecido entre la Iglesia y el Estado... la Religión
no será impartida en condiciones equiparables a las demás disciplinas
fundamentales... consideramos que se ha perdido una oportunidad. (Conferencia
Episcopal Española, 15-12-94). La solución de 1994, que permanecerá
dos años más, ante la paralización de la solución
SCR, no puede ser considerada nunca una solución definitiva ni satisfactoria.
Tampoco consensuada.
La asignatura de Religión, según este decreto del 94, es considerada evaluable a todos los efectos en la educación obligatoria, es decir: se evalúa y consta en el expediente; y es computable para la promoción de curso desde que se ha modificado la promoción automática. La excepción académica es solo para el acceso a la Universidad y para becas de la Administración pública en el Bachillerato. El artículo 5 del mencionado decreto establece que en la Educación Primaria y en la Educación Secundaria Obligatoria la evaluación de la enseñanza de Religión Católica se realizará a todos los efectos, de acuerdo con la normativa vigente, del mismo modo que la de las demás áreas o materias del currículo, haciéndose constar en el expediente académico de los alumnos las calificaciones obtenidas (artículo 5.1). Solo se contempla que la calificación no se compute para la nota media a efectos de acceso a la Universidad y becas de las Administraciones públicas (artículo 5.3)). Por tanto, si la Religión queda como estaba hasta este mismo curso escolar que ya finaliza, no es, como se ha dicho reiteradamente en las últimas semanas, ni evaluable ni computable. Más bien lo contrario. En cambio, las actividades alternativas, aunque sean sobre Sociedad, Cultura y Religión (en su versión original de 1995, no en la consideración de la Ley de Calidad), no serán evaluables.
Una nueva oportunidad para el consenso
El objetivo último del decreto de 28 de mayo es, paralizar algunos asuntos
controvertidos de la LOCE; pero, sobre todo, así se decía en uno
de los borradores, no obstaculizar innecesariamente un nuevo proyecto de ley
por parte del Gobierno para modificar lo regulado en la LOCE. Para esta nueva
ley de educación se abrirá un diálogo para procurar llegar
a un acuerdo, a un consenso para dar estabilidad a la reforma educativa, ha
señalado la vicepresidenta del Gobierno, tras anunciar el decreto recién
aprobado por el Consejo de Ministros.
Siendo conscientes de que en esa nueva ley será necesario abordar, otra vez, la presencia del saber religioso en el sistema educativo, superando así, por una parte, la insuficiente regulación de 1994 y, por otra, la suprimida propuesta de la LOCE, estamos ante una nueva oportunidad para alcanzar un consenso educativo que nos aporte una solución estable para la clase de Religión.
Ese diálogo reclama la participación activa de todos los sectores implicados en la ERE. Convendría no desechar de antemano lo mejor de las distintas soluciones que la enseñanza de la religión han tenido desde la democracia (tiempos de UCD, del PSOE y del PP). La solución de 1994 es claramente insuficiente, pero aporta la evaluación de la asignatura de Religión y el valor de Sociedad, Cultura y Religión como alternativa; la solución de 1980 puede tenerse en cuenta por su equilibrio académico entre los que quieren la ERE y los que no la eligen; la solución LOCE de 2002 supone un planteamiento educativo sobre el hecho religioso en el sistema educativo abordado académicamente por su importancia para la formación integral.
La Iglesia, desde luego, debe favorecer y participar cívica y activamente en el de diálogo. Y así lo ha hecho en las últimas semanas. El presidente de la Conferencia Episcopal Española, Rouco Varela, en la inauguración de la última plenaria (3 de mayo), señaló por lo que toca a la enseñanza de la religión en la escuela se había llegado, según nuestro leal saber y entender, a una solución satisfactoria a través de la implantación del área Sociedad, Cultura y Religión. Sin ser la única posible, esta regulación conjuga la calidad académica con la libertad exigible en este campo, abriendo un horizonte de esperanza para la superación de los problemas que han acompañado a esta enseñanza en los últimos lustros. Confiamos en que la vía del diálogo, a la que la Conferencia Episcopal Española se ha acogido siempre en toda esta etapa de vida política española, ayude a resolver este asunto de modo estable, como pide el bien que está en cuestión.
No se trata de privilegiar ni de discriminar a nadie añadía el cardenal Rouco, sino de posibilitar el ejercicio real y pleno de un derecho tan básico como es el derecho a la educación... Naturalmente, ni la Ley establece ni nosotros pedimos que la enseñanza de la Religión Católica sea obligatoria para todos. Hay fórmulas adecuadas para ello, sin que nadie, ni los que optan por la Religión Católica ni los que no lo hacen así, resulten discriminados de ningún modo.
Así pues, una vez abierta esta nueva etapa de diálogo, todos hemos de cooperar para hacer posible una solución estable y consensuada para la educación en general y para la enseñanza de la religión en particular. Desde luego que los profesores de Religión habremos de participar activamente enriqueciendo el debate desde la realidad educativa. El próximo curso 2004-2005 será clave para este debate, puesto que se prevé que la nueva Ley Organiza de Educación comienzo su trámite parlamentario en otoño de 2005.
Hacia un nuevo currículo
Una de las consecuencias de la nueva ley de educación que se podría
iniciar en el curso 2006-2007 será establecer un nuevo currículo
escolar para todas las etapas en el que las claves pedagógicas se parecerán
más a la LOGSE que a la LOCE. Entre otras cuestiones, volverán
al currículo escolar los conceptos, procedimientos y actitudes. Para
ese currículo general habrá que elaborar también el correspondiente
a la enseñanza de la Religión Católica que se impartirá
en las condiciones que se establezcan en la nueva ley educativa cuyas primeras
reformas se espera sean implantadas en el curso 2006-2007.
En la actualidad, para la asignatura de Religión Católica, el currículo vigente es la reorganización de 2001 (desde el punto de vista técnico no es un currículo en sentido estricto no se publicó en el BOE, sino la reorganización del currículo de 1991 que sí se publicó en el BOE con la Orden de incorporarlos al currículo de cada nivel educativo). Estaba previsto que este currículo fuera sustituido por el de la opción confesional católica de SCR (Orden EDC 3509/2003 de 15 de diciembre, BOE de 17). En la mencionada Orden se estableció este currículo formando parte de la materia Sociedad, Cultura y Religión (artículo primero) y estableciendo que forme parte del currículo escolar. Sin embargo, el decreto de 28 de mayo paraliza la implantación de las enseñanzas previstas en la LOCE con carácter general y, por tanto, también queda suspendida la nueva materia de SCR. Puede entenderse, pues, que el currículo de la opción confesional católica, en el marco de SCR y del currículo general de la LOCE ha quedado suspendido.
La no aplicación, pues, del currículo de la opción confesional católica de SCR tiene una lógica razonable: fue diseñado en una clave pedagógica de la LOCE que no será implantada en el sistema educativo; fue pensado en el marco de una asignatura que tampoco será finalmente establecida; fue estructurado en paralelo a una opción no confesional que tampoco será realidad.
Los currículos de SCR, como los de todas las demás materias, aunque hayan sido publicados en el BOE, se han retrasado dos años en su implantación (según hemos indicado ya a la luz del decreto de 28 de mayo). Si la Iglesia, que tiene competencia para ello, quiere establecer el nuevo currículo de SCRc para Religión Católica, debe proponerlo oficialmente como tal a la Administración educativa para que ésta, incorporado al currículo general, establezca su implantación.
Añádase la complicación que supone no poder cambiar los libros de texto, según la legislación vigente (RD 1744/1998 de 31 de julio, BOE de 4 de septiembre), si no llevan un tiempo mínimo (cuatro años), a no ser que una Ley de rango superior así lo establezca (cosa que no ocurre ya al paralizarse la LOCE); y la dificultad de cambiar ahora conscientes de tener que cambiar de nuevo en breve.
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