Manuel Azaña

 

Síntesis 10.1: La Constitución de 1931 y el Bienio Reformista.


Abordamos aquí la etapa constituyente y el gobierno reformista de Azaña, es decir, el periodo comprendido entre abril de 1931 y septiembre de 1933:

En primer lugar, explicaremos el proceso de proclamación de la República a partir de los resultados de las elecciones municipales del 12 de abril. El exilio de Alfonso XIII y la formación de un Gobierno provisional son las consecuencias más inmediatas. Recordaremos la composición del gobierno (firmantes del Pacto de San Sebastián, 1930) y su actuación: primeros decretos y convocatoria de elecciones a Cortes Constituyentes. Durante las primeras semanas se asiste a una importante conflictividad social y al resurgimiento del anticlericalismo (incendio de edificios religiosos).

Las elecciones dan una holgada mayoría a la coalición  republicano-socialista, que va a tener las manos libres para elaborar una constitución a su medida. Los partidos de la derecha apenas se encuentran representados en las nuevas cortes. Aquí conviene detallar aquellos aspectos más significativos de la Constitución de 1931: su carácter republicano, la preeminencia de las Cortes unicamerales, el reconocimiento del derecho a la autonomía de las regiones, la separación Iglesia-Estado, el sufragio femenino, la posibilidad de expropiación ... Debemos resaltar el carácter polémico de algunos de estos principios (la cuestión religiosa y el derecho a la autonomía), incluso dentro de la coalición gobernante.

Tras la aprobación de la constitución, Alcalá Zamora es nombrado Presidente de la República y Manuel Azaña preside el Consejo de Ministros hasta 1933. Este es el denominado "Bienio Reformista" por las reformas que se llevan a cabo, continuando las ya iniciadas por el Gobierno provisional. Explicaremos las principales reformas: la del Ejército ("ley de retiro de la oficialidad", cierre de la Academia Militar de Zaragoza, eliminación de Tribunales de Honor...), la separación Iglesia-Estado (libertad de cultos, supresión del presupuesto del clero, prohibición del ejercicio de la enseñanza, "ley de Congregaciones"...), la reforma agraria (decretos iniciales y ley de 1932), la reforma del Estado centralista (proceso de aprobación de los Estatutos de autonomía de Cataluña y el País Vasco) y, finalmente, las reformas sociales (ley de contratos de trabajo, jurados mixtos, semana de 40 horas) y educativas (creación de escuelas, contratación de maestros, misiones pedagógicas...)

Por último, haremos una referencia a la reorganización de las fuerzas políticas conservadoras (Iglesia, Ejército, latifundistas, empresarios) como reacción ante la política reformista ; destaca la aparición de la CEDA, diversos grupos monárquicos y los primeros núcleos de carácter fascista (J.O.N.S, Falange Española). En este contexto se enmarca el golpe militar de Sanjurjo (1932). Por otra parte, también cunde la impaciencia entre sectores izquierdistas ante la lentitud e insuficiencia de las reformas, produciéndose la radicalización de la CNT y la UGT así como el crecimiento del PCE. Las movilizaciones impulsadas por estos sectores dan lugar a enfrentamientos y a episodios violentos como el de Casas Viejas (1933) que contribuirán a resquebrajar la coalición gubernamental y precipitarán la convocatoria electoral de noviembre de 1933.


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11/03/2007