Síntesis 10: El sistema canovista. |
| Iniciaremos
la síntesis explicando el cambio político que
tiene lugar tras el pronunciamiento de Martínez Campos en
Sagunto (diciembre, 1874): se restaura la monarquía
borbónica en la persona de Alfonso XII y Serrano entrega el
poder a Cánovas, quien forma un gobierno-regencia
para preparar la llegada del nuevo rey (enero, 1875).
El sistema político de la Restauración fue diseñado por Antonio Cánovas del Castillo ("sistema canovista"). Básicamente perseguía tres grandes objetivos: en primer lugar, lograr la estabilidad política mediante un marco legal aceptado por las dos grandes corrientes liberales; en segundo lugar, evitar el monopolio del poder por parte de un partido a través de la alternancia en el gobierno; y, finalmente, evitar las injerencias del Ejército en la vida política, sometiéndolo a la autoridad civil y otorgándole autonomía en asuntos internos. Cánovas concretó sus planteamientos políticos en la Constitución de 1876, la más duradera de la historia de España. Era de carácter moderado ya que se basaba en la soberanía compartida, el bicameralismo, la confesionalidad católica del Estado y amplias prerrogativas para la Corona. Por otra parte, también recogía una amplia declaración de derechos, aunque su aplicación estaba sujeta al desarrollo normativo posterior.
Antonio Cánovas del Castillo Los tres pilares sobre los que se sustentó este régimen fueron: la Corona, los partidos dinásticos y el Ejército. El rey, que compartía el poder legislativo con las Cortes, era la cabeza del poder ejecutivo y la máxima autoridad militar. Se configuraron dos partidos dinásticos que aceptaban la monarquía y la Constitución: el Conservador (Cánovas) y el Liberal (Sagasta). El ejército permaneció ajeno a los avatares políticos hasta el desastre del 98. El funcionamiento de este sistema dependía del turno pacífico de los dos grandes partidos dinásticos. El rey, o la regente más tarde, nombraba al presidente del gobierno a quien otorgaba el decreto de disolución de las cortes. A continuación se celebraban elecciones con el fin de obtener una cómoda mayoría parlamentaria. Lógicamente, esto sólo era posible recurriendo al fraude electoral, orquestado desde el Ministerio de la Gobernación y llevado a la práctica por los caciques rurales. Conservadores y liberales se turnaron en diez ocasiones durante el último cuarto del siglo XIX. El sistema atravesó su peor momento con la muerte de Alfonso XII (1885) y las incertidumbres sucesorias. Cánovas y Sagasta pactaron en El Pardo mantener el sistema y apoyar a la Regente Mª Cristina de Habsburgo. Así mismo, se inició el "Gobierno largo" de Sagasta (1885-1890) que sirvió para lograr la adhesión de nuevos sectores políticos y aprobar importantes reformas (sufragio universal, 1890). |