Síntesis
7.3:
El Sexenio Democrático (1868-1874)
En esta síntesis
debemos desarrollar los siguientes aspectos:
En primer lugar, explicaremos las causas de la "gloriosa revolución" de 1868:
por una parte, la triple crisis económica (financiera, industrial y de
subsistencias); por otra, la crisis política derivada de la actuación
autoritaria de los últimos gobiernos moderados, lo que lleva a las fuerzas de
oposición a agruparse mediante el Pacto de
Ostende (1866). Inicialmente son progresistas y demócratas quienes lo firman,
aunque tras la muerte de O'Donnell, también los unionistas lo respaldarán. A
continuación, relataremos el desarrollo de la revolución, empezando con el pronunciamiento de Topete
en Cádiz, la formación de
juntas revolucionarias en las principales ciudades y la victoria del general
Serrano en la batalla de Alcolea, hecho que desencadena la dimisión del gobierno moderado y
el exilio de Isabel II.
En segundo lugar, destacaremos la formación de un gobierno provisional
encabezado por Serrano y Prim, líderes de las dos fuerzas políticas que encauzan
la revolución en beneficio propio: unionistas y progresistas. Este gobierno
decreta la disolución de las juntas, lleva a cabo una serie de reformas legislativas
(entre ellas, la aprobación del sufragio universal masculino) y, tal como se
contemplaba en el Pacto de Ostende, convoca elecciones a cortes constituyentes
mediante sufragio universal. En ellas debía decidirse el régimen político que
iba adoptar España, pronunciándose el gobierno claramente en favor de la
monarquía, lo cual provoca una ruptura en el seno del P. Demócrata.
En tercer lugar, señalaremos los resultados de estas
elecciones: la coalición gubernamental (progresistas,
unionistas, demócratas) obtienen una cómoda mayoría absoluta, destacando
especialmente el buen resultado del P. Progresista, cuyo líder, el general Prim,
sale fortalecido. Cabe destacar también la presencia de grupos minoritarios
como los republicanos (escindidos del P. Demócrata),
los carlistas y los monárquicos isabelinos. Esta composición de la Asamblea
permite aprobar la nueva Constitución (1869) en un breve plazo de tiempo. En
ella se recoge, entre otras cuestiones, el sufragio universal masculino y la
monarquía como forma de gobierno.
Tras una laboriosa búsqueda, llevada a cabo por Prim, las
Cortes eligen a Amadeo I de Saboya como nuevo rey de España en 1870. El
asesinato de Prim coincidiendo con su llegada le dejará sin su principal apoyo
ante los graves problemas con los que se tiene que enfrentar: la guerra en Cuba,
las insurrecciones federales y el inicio de la tercera guerra carlista.
Finalmente, la crisis de la coalición de gobierno le lleva a presentar su
renuncia a comienzos de 1873.
Las Cortes, mayoritariamente monárquicas, deciden proclamar
entonces (febrero, 1873) la Primera República. Los republicanos, una minoría
social y política, intentan organizar el Estado con un nuevo proyecto constitucional
de carácter federal, que no llegará a aprobarse. Además de la Guerra de
Cuba y la Guerra Carlista, se producen las denominadas
insurrecciones cantonales, protagonizadas por republicanos intransigentes y
grupos anarquistas. Esto hará de la República un régimen inestable
políticamente, sucediéndose al frente del poder ejecutivo cuatro presidentes a
lo largo de 1873: Figueras, Pi y Margall, Salmerón y Castelar.
A comienzos de 1874, el general Pavía da un golpe de estado y
disuelve las Cortes, formándose un gobierno presidido por el general Serrano.
Éste pretende establecer un régimen presidencialista de carácter conservador
pero a final de ese mismo año, otro militar, el general Martínez Campos, se
pronuncia en Sagunto en favor de la restauración monárquica (Alfonso XII). Se
inicia así un nuevo periodo histórico conocido como la Restauración.
17/12/2006